Tres almas y una profecía CAPÍTULO 8
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CAPÍTULO 8

Al salir del trabajo, Alfonso se dirigió a casa de su amiga. Los padres estaban encantados de que se quedase en su casa, pues les daba tranquilidad saber que alguien de confianza la acompañaba.

El chico había pasado por el supermercado y había comprado algo para picar, unas cervezas, cocacolas y helado de chocolate, el favorito de Sofía.

Sonreía como un tonto pensando en la película que habría elegido la chica y cruzaba los dedos porque no fuese otra vez Pretty Woman, la película más increíble del mundo, según palabras textuales de Sofía cuando tenía trece años y por desgracia para él, la más vista por ambos.

Llamó al interfono, ajeno a los extraños que vigilaban a la joven y subió por las escaleras hasta el cuarto piso, donde Sofía se encontraba esperándolo.

—Parece que tienes ganas de ver Pretty Woman—le dijo soltando una risotada y dejándole pasar.

—Pues claro que sí—respondió él mientras pensaba:

«Lo sabía…, otra vez…».

—¡Anda, pasa! —exclamó dándole dos besos e indicándole la cocina.

—Ya sabes donde está todo. Veo que traes municiones para todo el día.

—Lo siguió y comenzó a fisgar lo que había comprado.

—Mmm, qué rico—se relamió. —Helado de chocolate, se me hace la boca agua.

¡Y palomitas! —exclamó dando palmas como una niña pequeña. —Voy a meterlas al microondas.

Mientras las palomitas explotaban en el interior del aparato, Alfonso respondía a las preguntas de Sofía.

—¿Qué tal está Hugo? ¿Alguna novedad estos días?

—La verdad es que estamos todos alucinando con lo que ha sucedido, el doctor Avellaneda no da crédito a la curación del niño.

El pobre ha repasado mil veces los informes desde el día en el que le detectaron la enfermedad buscando algún posible error, pero por más vueltas que lo dé, no va a encontrar nada.

Todos los hemos visto y Luis no ha cometido ningún fallo.

—Pobre hombre, me imagino que está feliz por la curación, pero al mismo tiempo se pregunta si ha pasado algo por alto o si el diagnóstico era incorrecto.

—Es uno de los mejores médicos con los que he trabajado y en muy poco tiempo he aprendido un montón con él.

—Tengo que pasar un día por allí a saludarles. Les echo mucho de menos y estoy aburrida de estar todo el día en casa.

—Prescripción médica —afirmó Alfonso —. Por cierto, Luis me ha pedido que te examine el brazo.

Sofía puso cara de aburrimiento y extendió el brazo mientras abría el bote de helado, hincaba una cuchara y lo saboreaba con deleite.

Alfonso retiró con cuidado las gasas hasta que dejó el brazo al descubierto y soltó un grito de sorpresa.

—¿Has visto cómo está? — preguntó con los ojos como platos.

—No, me dijo el doctor que lo tuviera tapado hasta la próxima revisión —respondió girando el rostro hacia su brazo.

—Pero… está prácticamente curado—afirmó frunciendo el ceño. —¿Esto es normal?

—Para nada… ¿Qué está pasando? Primero Hugo y ahora tú.No me digas que no es raro.

Ambos se quedaron mirando sin decir nada, aunque cada uno tenía sus propias ideas.

Al fin, Alfonso rompió el silencio tratando de quitar hierro al asunto.

—Bueno, vengo preparado para ver Pretty Woman mientras devoro cientos de palomitas.

—Me temo que no va a poder ser porque hoy vamos a ver La ciudad perdida, me la ha recomendado mi amiga Ana y dice que nos vamos a reír.

—Perfecto, justo lo que estábamos necesitando.

Durante dos horas se rieron viendo la absurda pero entretenida película en la que Brad Pitt moría cómicamente mientras el héroe conseguía sobrevivir contra todo pronóstico.

Sofía se acurrucó en los brazos de su amigo con la confianza que dan los años de amistad, mientras Alfonso suspiraba en su fuero interno por el amor no correspondido.

Después de cenar estuvieron jugando al Just Dance en la Xbox y riéndose de la torpeza del chico.

Cuando llegó la noche estaban agotados pero felices. Sofía se fue a su cuarto y Alfonso se acostó en el sofá.

Antes de meterse en la cama, Sofía miró al cielo y vio una hermosa luna creciente que brillaba con fuerza en la oscuridad. Se tumbó en la cama y poco a poco el sueño la fue venciendo.

Un enorme lobo marrón se acercaba a ella con los dientes fuera. Sus ojos reflejaban rabia y furia mientras acortaba el espacio que les separaba. Se lanzó sobre ella y apresó su brazo con fuerza zarandeándola como si fuera una muñeca. Lanzó un grito y después otro.

Entonces sintió alguien que le abrazaba y reconfortaba y despertó. Alfonso estaba junto a ella hablándola en susurros y retirando el pelo húmedo que le había caído sobre la frente.

—Ya pasó, ha sido una pesadilla —afirmó el chico.

Sofía estaba temblando y sus ojos reflejaban miedo.

—Es tan real… es como si otra vez me volviese a atacar. Era una loba enorme.

—¿Una loba?

—Si, el chico que me llevó al hospital me dijo que era una loba.

—¿Cómo va a saberlo?

—Él lo tenía muy claro.

—¿Cuándo te lo dijo?

—El día que me visitó en el hospital.

—No me lo contaste —le recriminó disgustado.

—Lo siento, han sido unos días muy complicados y no le di importancia.

—Me hubiera gustado conocerlo y darle las gracias.

—Va a ser complicado, pues solo sé que se llama Alex.

—Alex.

—Vamos a dejarlo, ahora lo único que quiero es dormir toda la noche de un tirón y dejar de tener miedo.

Mientras tanto, varios personajes rondaban en el exterior de la casa de Sofía sin que ella se percatase de ello.

Alex y Martina se soportaban a duras penas guardando las distancias entre sí mientras esperaban el momento idóneo para acercarse a ella.

El joven se contenía para no coger a la loba y darle un buen puñetazo.

Esa mujer nunca sabía dónde estaban los límites y con el mordisco que le asestó a Sofía las cosas podrían cambiarlo todo.

El aire sopló levemente y un olor llegó al fino olfato de Alex, que alzó la cabeza encontrándose con un antiguo conocido.

Ian lo miraba burlonamente desde la azotea del edificio y sus miradas se encontraron.

Ambos la mantuvieron con odio retándose, hasta que Ian esbozó una sonrisa y le enseñó los dientes.

—¡Ese maldito vampiro sigue tan chulo como siempre! —se dijo Alex —Sabía que tarde o temprano aparecería por aquí, pero también me llegan otros olores de vampiros que no conozco. Si no tengo cuidado esto va a terminar fatal.