CAPÍTULO 7
Dos días después, Sofía se encontraba cómodamente instalada en su casa. Carmela y Gabriel habían preparado una comida especial de bienvenida y sonreían satisfechos al tener a su pequeña, como la llamaban, en casa. Después de comer se sentó en el sofá y se quedó profundamente dormida.
Al despertar, la tarde había caído, se levantó desperezándose y fue en busca de sus padres.
Escuchó voces y se dirigió al dormitorio, pero el tono de su voz le llevó a caminar más despacio.
—Hay que pedir ayuda, el momento ha llegado y tenemos que estar preparados —decía Malcom a Carmela.
—¿Estás seguro de lo que dices? ¿Realmente crees que ha despertado?
—No completamente, pero ha comenzado. Lo he sentido cada vez que me acercaba a ella en el hospital —afirmó con pesar.
—No sé cómo voy a poder soportarlo, es nuestra pequeña. Me aterra imaginar que algo pueda salir mal —respondió ella. —La quiero tanto.
—Ven aquí, cariño —pidió Malcom abriendo los brazos para acoger a su esposa. —Hay que tener fe y confiar en ella, estoy seguro de que hará lo correcto.
Sofía se había detenido al oír la extraña conversación que mantenían sus padres y escuchaba atenta tras la puerta.
«¿Qué demonios están diciendo? ¿Qué puede salir mal? ¿Despertar?», se preguntaba sorprendida».
—Tenemos que ir a ver al consejo, ellos nos ayudarán —insistía su padre.
—No pienso esperar más tiempo, vamos a preparar las maletas —decidió la mujer.
Sofía retrocedió en silencio hasta el salón y se tumbó nuevamente cerrando los ojos cuando escuchó sus pisadas.
—Sigue dormida, dejemos que descanse y se recupere —pidió Carmela a su marido, el cual asintió con la cabeza.
Sofía permaneció un tiempo que le pareció eterno fingiendo que estaba dormida y dándole vueltas a la conversación que había escuchado. Suspiró y se levantó. Su madre se acercó en cuanto la escuchó.
—¿Cómo te encuentras? Has dormido mucho.
—Mejor —respondió al tiempo que pensaba que realmente se encontraba perfectamente.
Su padre hizo acto de presencia y viendo el buen aspecto que presentaba Sofía, le comentó como si tal cosa…
—Por cierto, hija, le estaba explicando a tu madre que tengo un congreso en Suiza y que me gustaría que me acompañase. Así, cuando terminen las ponencias, podremos visitar la ciudad y tomarnos unos días de relax en pareja. ¿Qué te parece?
—Os vendrá muy bien ya que viajas mucho y estáis mucho tiempo separados.
—¿No te importa quedarte sola? —intervino Carmela.
—Ya tengo veinticinco años, mamá, claro que me puedo quedar sola —respondió Sofía poniendo los ojos en blanco.
A pesar de estar disgustada por la conversación que acababa de escuchar y de ser consciente de que sus padres la estaban mintiendo, también sabía que la querían con todo su corazón, y que tarde o temprano le contarían lo que fuese que le estaban escondiendo.
—Está bien, pues vamos a preparar las maletas.
—¿Cuándo os vais?
—Mañana.
—¡Qué pronto! Pensé que en unos días.
—En un principio no pensaba acudir, pero tu madre me animó y me propuso el plan en pareja. ¿Cómo iba a decirle que no a la mujer de mi vida? —Abrió los brazos acompañando a la pregunta con un gracioso gesto.
Cuando Alfonso fue a visitarla y se enteró de que su amiga iba a quedarse sola se negó en redondo.
—Vamos a ver —se enfadó. —¿Por qué demonios no quieres que me quede contigo? Sabes perfectamente que estás convaleciente y lo peor de todo, que tienes pesadillas.
—No quiero que todos estéis pendientes de mí —respondió acongojada.
—Para eso están la familia y los amigos, y yo soy tu mejor amigo desde que éramos así —indicó con una mano la altura que se supone que tenían cuando se conocieron. Así que deja de rechistar y vete pensando qué película vas a querer ver cuando salga del trabajo. Yo traeré las palomitas.
Sofía no pudo evitar sonreír al escuchar a Alfonso.
—Está bien —accedió satisfecha—, pero te aviso que voy a escoger una peli que no te va a gustar.
—Todo sea por que te recuperes rápido —suspiró Alfonso teatralmente.