Trauma de amor (City General Series 3) Capítulo 20 #2
75%

Capítulo 20 #2

Tara gimió cuando Gabby cambió su atención al pezón izquierdo.

Notó las manos de la joven bajarle a la cintura y, en cuestión de segundos, le empujaban los vaqueros y la ropa interior por el trasero y los muslos.

No quería que Gabby se separara de su pezón pero, a la vez, estaba desesperada por librarse de las ataduras de la ropa.

Alzó las piernas en un intento de quitárselos de una patada mientras atraía la boca de Gabby más cerca, agarrándole puñados de pelo.

Por fin, libre de toda la ropa, sintió cada roce, cada caricia de Gabby contra su piel.

Gabby le posó las manos en la base de la espalda, guiándola lejos de la puerta hacia el centro del amplio recibidor.

Sin mediar palabra, se hundieron en el grueso pelo de la moqueta gris oscuro.

Tara notó las manos de Gabby sosteniéndola mientras se tumbaba con suavidad de espaldas.

Arrodillada entre las piernas de Tara, Gabby estaba magnífica, y ella abrió un poco más las piernas, queriendo que se acercara.

Observó con atención cómo Gabby se quitaba la parte de arriba y el sujetador antes de dedicar su atención a sus propios vaqueros y ropa interior, deshaciéndose de todo con absoluto abandono.

A medida que cada parte del cuerpo de Gabby quedaba al descubierto, Tara notaba acelerársele el pulso.

Quería sentirla entre las piernas, el peso de su cuerpo, el calor, el olor y, como si percibiera exactamente lo que le pasaba a Tara por la cabeza, Gabby se inclinó hacia delante, bajando su peso sobre el cuerpo de Tara.

El olor a jazmín y naranja del pelo de Gabby, al caerle alrededor de la cara, era precioso, y las caderas de Tara se alzaron instintivamente a su encuentro.

—Vaya, alguien está emocionada —exclamó Gabby al notar el centro de Tara frotarse contra ella.

Tara se mordió el labio inferior. El latido de su corazón le llenaba los oídos y, mientras los dedos de Gabby se le deslizaban por los pliegues de su húmeda necesidad, sentía como si estuviera a punto de estallarle del pecho.

Empujando contra el cuerpo de Gabby, notó los dedos que había estado buscando deslizarse bien adentro de su cuerpo y, de forma instintiva, se movió contra su mano.

Su excitación creció al notar el pulgar de Gabby rozarle la punta del clítoris.

Hacía tantísimo que no tenía un orgasmo, pero nada había sido como esto.

La necesidad de su cuerpo se había apoderado de ella, vaciándole la mente, permitiéndole perderse en el momento.

—Creo que deberíamos frenarte un poquito. —La voz de Gabby era tan provocadora como dulce y, cuando Tara alzó la vista, no pudo evitar reflejar la sonrisa que veía en aquellos ojos azules—. ¿Por qué no cambiamos de posición? ¿Qué te parece ponerte encima?

Gabby retiró los dedos y volvió a sentarse sobre los talones antes de tenderle la mano. Al agarrar la mano de la joven, Tara pudo sentir su propia humedad. Un rubor repentino le subió por el cuello, haciéndola sonreír con timidez mientras la ponían en posición sentada.

—Quiero que te pongas a horcajadas sobre mí.

—Las palabras de Gabby fueron simples, y Tara observó cómo Gabby se tumbaba de espaldas—.

Siéntate aquí. —Sus palabras fueron dichas con ternura, y se dio unas palmaditas en la parte baja del vientre.

Tara clavó los ojos en los de Gabby y se movió hacia delante, alzando la pierna para ponerse a horcajadas sobre el regazo de la joven, apoyando el trasero contra sus muslos suaves.

Tara no había apreciado hasta qué punto se había excitado, y estaba resbaladiza contra Gabby. El vello púbico recortado de la rubia volvió a estimularla.

—¿Te arrodillas un poco más arriba? —La sonrisa de Gabby era plena y suave.

Tara era mayor, y su superiora, pero seguir las instrucciones de Gabby resultaba natural.

Arrodillada sobre ella, observó cómo Gabby bajaba la mano.

Notó los dedos de la joven buscarle el clítoris hinchado, provocando y frotando con suavidad.

Rompió el contacto visual cuando un hormigueo de euforia se le extendió por el cuerpo, haciéndola echar la cabeza atrás, jadeando.

—Bájate sobre mí, ¿por favor? —Las palabras de Gabby se alzaron al final. Una pregunta, no una orden.

Mientras Tara se bajaba, notó los dedos de Gabby hundírsele bien adentro, llenándola.

No tenía ni idea de cuántos dedos se deslizaron dentro, pero con cada subida y bajada de la pelvis, la sentía llegar más hondo.

Los jadeos se habían convertido en gemidos a medida que aumentaba el ritmo de sus movimientos.

El pulgar de Gabby empezó a jugar con su clítoris, y el aire entre ellas se llenó de gemidos.

Su respiración era corta y áspera, y su cuerpo se había apoderado de ella, empujándola a mayores cotas de placer.

Una ligereza la llenó hasta que se descubrió estampándose sobre la mano de Gabby.

Gritó suavemente su nombre una y otra vez hasta que, en un glorioso instante, una sensación de euforia absoluta le hizo tensarse, y descargar, y palpitar, y latir, y estremecerse, y temblar, todo a la vez.

En una serie de pequeños estremecimientos, notó el cuerpo quedársele flácido, y se permitió caer hacia delante, apoyando una mano a cada lado de la cabeza de Gabby. Sus cuerpos estaban calientes. Gotas de sudor les corrían por el cuerpo, mezclándose donde su piel se tocaba.

Gabby se incorporó, robándole un pequeño beso de los labios a Tara.

—Vaya, eso ha sido sexy de ver.

Tara soltó una risa, y se dejó caer hacia un lado.

—Bueno, ¿ha estado bien para ti? —Gabby rodó de lado para mirarla.

Los dedos de Tara le acariciaron el brazo a Gabby, pensativa un momento.

—Nunca había sentido nada parecido. —Apartó la mirada. De no haber tenido ya la cara tan encendida, estaba segura de que su vergüenza se le habría notado.

Alzándose sobre el codo, era consciente de que Gabby le estudiaba la cara.

—¿En serio? ¿Nunca? ¿Nunca antes habías tenido un orgasmo?

Tara se puso la mano sobre los ojos; no podía mirar a Gabby.

—Bueno, supongo que me emocioné un poco.

Nuestra vida sexual nunca fue muy intensa.

Los dos hacíamos turnos largos y, bueno, Bob era mucho más rápido que yo, así que nada duraba demasiado.

—Deslizó la mano lejos de los ojos, atreviéndose a echar un vistazo a la cara de Gabby—.

No echas de menos lo que no has tenido. —Intentó quitarse de encima con un encogimiento de hombros cualquier incomodidad.

—Bueno, pues hay todo un mundo nuevo esperando a ser explorado. —Gabby le apartó a Tara un mechón de pelo oscuro de la cara, deslizándoselo detrás de la oreja antes de besarla de lleno en los labios—. Nos lo vamos a pasar genial.

Tara acurrucó su cuerpo más cerca del de Gabby, de modo que no quedara ni un pelo de espacio entre las dos y luego, en un movimiento rápido, la empujó de espaldas, deslizando una de las piernas entre los muslos de la joven.

—¡A lo mejor he desatado a un monstruo! —bromeó Gabby, y Tara se preguntó si tendría razón.

Los besos que depositaba en el cuerpo de su amante provocaban gemidos de placer, animándola mientras se abría camino hacia abajo por su torso.

Deslizándose entre las piernas de Gabby, con la cara justo sobre su centro, vaciló un momento, respirando hondo.

—No tienes por qué hacer esto. —Gabby le tendió la mano, pasándole los dedos por el pelo a Tara—. No hay prisa. Podemos hacer esto a tu ritmo.

—Me estoy tomando mi tiempo. —Tara aspiró hondo de nuevo—.

Quiero saborear este momento. Quiero olerte, saborearte.

—Cuando su cálido aliento le alcanzó el clítoris a Gabby, la oyó soltar una respiración pequeña y superficial.

Tara sabía que quizá estaba haciéndose la tranquila, pero su cuerpo estaba traicionando la necesidad que tenía.

Sonriendo para sí, dejó que la lengua se le hundiera en la humedad que tenía delante.

Saboreando a Gabby por completo, Tara la oyó gemir mientras se retorcía contra su boca. No pudo evitar sonreír. Poder darle placer así a alguien a quien quieres era eufórico, y no se detuvo.

Tara no perdió tiempo en aprender qué hacía feliz a Gabby.

Aunque aquello era territorio nuevo, aprendió rápido, dejando que la lengua provocara y azotara a Gabby hasta convertirla en un caos ardiente de desesperación y necesidad.

Al percibir que necesitaba más, Tara hundió la lengua bien adentro.

Se maravilló ante la sensación de sumergir la cara bien adentro del centro de Gabby hasta apenas poder respirar.

En lo que pareció un instante, el cuerpo de Gabby se sacudió, antes de tensarse y, en una embestida final contra su cara, gritó:

—¡Ay, joder, Tara!

Tara se pasó el antebrazo por la cara antes de trepar por el cuerpo de Gabby para abrazarla fuerte. Observó cómo los estremecimientos le recorrían el cuerpo a Gabby. La joven tenía los ojos cerrados, y se mordía el labio inferior.

—¿Estás bien? —La voz de Tara era queda, suave, mientras se inclinaba hacia delante y le besaba la frente a la joven.

—¿Que si estoy bien? —Gabby rodó de lado para mirar a Tara—. ¿Dónde coño has aprendido a hacer eso si nunca has estado con una mujer? —Negando con la cabeza, sonrió y le pasó un dedo por el borde de la cara a Tara—. No me quejo. Puedes hacer eso cuando quieras.

—Bueno, la próxima vez que entres en mi despacho, nunca se sabe lo que podría llegar a hacer…

—Bueno, ese es el mejor incentivo que me han dado nunca para llegar puntual al trabajo. —Los ojos de Gabby vagaron por la cara de Tara, bebiéndosela—. Siempre he tenido esta cosa con los escritorios…