Tratos No Negociables Capítulo 44 – Carving y Brutus
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Capítulo 44 – Carving y Brutus

El bosque se había vestido con una tela dorada; los árboles serían los testigos silenciosos del gran evento de nuestro matrimonio.

El sol de esa bella tarde se posó tras la arbolada para condecorar los últimos detalles, brindando su luz cálida.

Afortunadamente el cielo estaba despejado: un día perfecto para recibir el anillo.

Faltaba poco para que los invitados llegaran, todavía no me había puesto el traje de boda; quería esperar a mi hermano Balto para hacerlo.

Percibía nervioso a mi futuro esposo, aunque sabía ocultarlo bien.

Me hallaba en la habitación principal revisando las notificaciones de mi teléfono cuando abrí el chat de Leonel, quien me envió un mensaje expresándome sus mejores deseos y suerte en mi matrimonio con Brutus.

Le agradecí por tan tiernas palabras mientras mi esposo se sentaba a mi lado para saludarme.

- Hola, peludito quedaste muy bien con ese cambio de look – me dijo mientras me besaba la mejilla.

- Tú también quedaste muy guapo, osote – le mostré mi teléfono para que leyera el mensaje de mi amigo – Leonel te manda a decir esto.

Él comenzó a leer mentalmente mientras yo me dirigía hacia la ventana.

- Que lindo de su parte, es una lástima que no haya podido acompañarnos – agradeció.

- Todo esto es increíble. Aún no logro creer que vayamos a casarnos – afirmé mientras él se paraba a mi lado.

- Yo tampoco, peludito. Tengo mucho miedo de cometer un error – confesó. Entonces, guíe su mentón hacia mí.

- Mi amor, ninguna relación es perfecta y lo más lindo que hemos hecho hasta ahora es apoyarnos mutuamente. Afortunadamente, coincidí con un oso noble y puro, a pesar de su grandeza. No temas al fracaso, yo siempre estaré para ayudarte en lo que necesites – lo besé para amortiguar sus nerviosos.

- Gracias, mi vida. Has sido el único que me ha entendido perfectamente – me abrazó justo cuando escuchamos el primer vehículo aproximarse. – Nunca había visto ese carro – comentó, admirando el vehículo del señor Neithan: un Mercedes Benz GLS.

- Creo que es la camioneta del papá de Balto, parece que todos vinieron juntos – observé mientras todas las puertas se abrían.

Más adelante tras recibir a la familia Cavendish, mi marido y yo decidimos vestirnos antes que llegaran el resto de los invitados.

Mi hermano y yo nos encerramos en el cuarto para platicar mientras desempacaba del traje de boda.

Balto quedó impresionado por su belleza; tenía un diseño personalizado con ramas de pino impregnadas en resina, otorgándole una estética orgánica, como si perteneciéramos a la naturaleza.

Me comentó que pretendían llegar después de la una de la tarde; sin embargo, tuvieron un contratiempo: pensaban viajar en el carro de mi hermano, pero lastimosamente estaba en mantenimiento, debido a que no había realizado su cambio de aceite en más de diez meses.

Le aconsejé a Balto que no debía descuidar los plazos de mantenimiento, especialmente por la degradación de los insumos.

Posteriormente, me preguntó sobre el documento que debía firmar al finalizar la ceremonia.

Le expliqué que su función, al igual que la de Brenda, era dejar constancia de que el matrimonio se había realizado.

La decisión de casarnos a lo civil fue algo que ambos tomamos como quien tiende un puente sobre el vacío: una línea sólida bien estructurada, que conecta con la incertidumbre del exterior con el refugio que hemos forjado.

- ¡Wow, hermanito! Quedaste hecho todo un galán – admiró mientras me veía en el espejo.

- Es extraño verme así. – reconocí, pues nunca imaginé cansándome alguien.

- Tranquilo, todo saldrá bien. Al menos tú serás mi ejemplo cuando me case con Michael – reímos y le di un abrazo.

- Eso es verdad – añadí sonriendo - Por cierto, quiero que cargues esto cuando estés a mi lado en el altar.

Abrí mi mochila y le entregué algo sagrado que aún conservaba entre mis pertenencias más preciadas.

- ¡Carving! Esto… - se sorprendió, casi a punto de llorar - ¡Qué lindo!

- Ellos también merecen presenciar este gran momento que me marcará de por vida. Te elijo como mi acompañante para caminar por el pasillo central, cargando con esta fotografía.

- ¡Claro que sí, hermanito! Lo haré con mucho honor - me abrazó – Wow, ya son más de las seis y media. Estuvimos platicando tanto que el tiempo transcurrió más rápido de lo que pensaba.

- ¿Qué? ¿Tan pronto? – tomé mi teléfono para confirmar la hora exacta.

- Parece que todo el mundo se encuentra ubicado en sus puestos; incluso los hijos del señor Jack ya están en su posición antes de que anuncien tu entrada – observó por la ventana, y los nervios comenzaron a invadirme.

- ¡Carving, Balto! ¡Los están esperando! – anunció Hanna tocando la puerta.

- ¡En seguida, creo que ya es hora! – expresé con voz temblorosa.

Más adelante, cuando el cielo se tornó de un azul profundo y la luna y las estrellas se volvieron cómplices de nuestra ceremonia, Balto indicó a los músicos que debían anunciar mi llegada.

La Marcha Nupcial comenzó a sonar y, en ese instante, cuando los reflectores apuntaron hacia nosotros, iniciamos nuestra caminata lenta por el pasillo central.

Todos los invitados voltearon para observarnos; sus miradas eran una mezcla de felicidad y asombro al contemplar la fotografía de mis padres que el mismo Balto cargaba con honor.

Y ahí estaba él: Brutus, esperándome en el altar, profundamente conmovido al sentir que sus difuntos suegros presenciaban algo mágico.

Los pajecitos de Jack se sentaron juntos, aguardando el momento exacto en que nuestros anillos de compromiso se convirtieran en los eslabones de un círculo inquebrantable de nuestra realidad.

Tras haber finalizado la misa y haber comulgado, Brenda se tomaba la molestia de limpiar nuestras prendas y ajustar nuestros zapatos en momentos que requeríamos ayuda.

La madrina era como una madre, adaptando las tradiciones clásicas a una esencia moderna y personalizada.

Ella se encargó de acompañarnos en todo momento, brindándonos un pilar de apoyo fundamental.

Brenda había participado activamente en la planificación de cada detalle, como la elección del menú hasta la decoración y los preparativos finales.

Antes de que comenzara el rito, mencionó que entre Balto y ella nos entregarían los anillos, actuando como nuestros representantes legales en ese acto simbólico.

Le dije que no había problema; estaba completamente de acuerdo con la decisión que había tomado.

- Queridos hermanos, amigos y familiares.

Nos hemos reunido hoy aquí, ante la presencia de Dios, para celebrar el amor y la unión de Carving y Brutus.

El amor es un regalo divino; cuando dos seres deciden compartir sus vidas, protegerse y apoyarse incondicionalmente, el Señor se manifiesta en ellos – anunció el padre.

Se sentía como un gran tsunami aproximándose a toda velocidad, no para derrumbar nuestra isla, sino para purificarla con agua bendita que fortalecería nuestras tierras.

- Amén – expresamos juntos, intercambiando una mirada profunda.

- Hoy no solo es el acto civil, es la unión de dos almas que deciden caminar juntas, emprendiendo viajes difíciles que deberán sostenerse mutuamente.

La biblia nos dice “donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" Que este espacio se llene de luz – cerramos nuestros ojos mientras nos bendecía – Carving y Brutus, han venido aquí para unir sus vidas hasta que la muerte los separe, les pregunto ¿Vienen de manera libre, voluntaria y sin coacción?

- De manera libre, por supuesto – respondió Brut.

- También de manera libre – afirmé con tranquilidad.

- ¿Prometen amarse, respetarse y cuidarse mutuamente en la salud y en la enfermedad, en la alegría y la tristeza todos los días de sus vidas?

- Lo prometo – dijo Brutus.

- Lo prometo – respondí.

- Siendo así, les invito tomar sus patas derechas para declarar su consentimiento ante Dios y a esta comunidad.

- Yo, Brutus Grizzly, te tomo a ti, Carving Walker, como mi legitimo esposo. Prometo amarte, respetarte, cuidarte y protegerte siempre. Ser tu refugio en nuestros viajes marítimos y tu alegría al pasear por los bosques – juró mirándome a los ojos.

- Yo, Carving Walker, te tomo a ti, Brutus Grizzly como mi legitimo esposo. Prometo serte fiel, amarte y respetarte cada día. Caminar a tu lado, creciendo juntos con fe y amor - juré con una sonrisa.

- Que Dios bendiga estos anillos como un símbolo de amor y felicidad – Hanna y Balto introdujeron nuestras sortijas – Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.

Basado en el amor sincero y en el compromiso que han manifestado.

Solo me resta decirles que los declaro esposos ante Dios y la iglesia. Pueden besarse.

Mi esposo me inclinó hacia atrás, dándome un beso de película.

Todos aplaudían y otros lloraban de felicidad.

Cuando nuestros labios se encontraron, fue un estruendo de luz que rompió el sello del silencio.

En ese momento, el tiempo se detuvo y el aire a nuestro alrededor vibró como si al fin, después de un largo viaje por el océano, tocáramos tierra firme; una promesa que nos unificaba como uno solo.

Sentimos cómo el peso de un mundo hostil se convertía en cenizas ante la intensidad de nuestra entrega. La ternura con la que sus labios reclamaban lo que le pertenecía fue como si el agua bendita purificara las heridas del pasado, dejándonos honestamente casados.

Más tarde, los abrazos y las felicitaciones de nuestros amigos fueron como un regalo que fortalecían nuestro compromiso tras recibir el anillo que finalmente nos declaraba legítimos esposos.

Mamá y papá Cavendish no pudieron contener sus lágrimas, agradeciéndome por haberles permitido entrar en mi vida como los padres que tiempo atrás me adoptaron, gracias a las buenas acciones que tuve con su hijo, Balto.