Tratos No Negociables Capítulo 43 – Despedida de Solteros #2
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Capítulo 43 – Despedida de Solteros #2

A Balto le fascinaba Riahanna; por lo tanto, comenzó a sonar la canción Shut Up and Drive.

Aunque la canción relataba escenas metafóricas donde la cantante se describía a sí misma como una máquina de velocidad supersónica, —preguntándole a su pareja si podía manejar las curvas o mirar bajo el capó—, en realidad se refiere a un encuentro íntimo.

Me divertía ver a los animales con expresión desconcertada de otros conductores al pasar; sin embargo, estábamos disfrutando del momento como dos hermanos que se quieren muchísimo.

Al llegar a la casa de Balto, me tomó por sorpresa el festín que habían preparado para mi prometido y para mí. Resultó que Balto, su familia, Michael y los socios de la empresa organizaron un encuentro familiar con la intención de celebrar nuestra despedida de solteros.

Nosotros fuimos los primeros en llegar al sitio planeado, sentándonos en una de las sillas que quedaba en el jardín trasero. La señora Carmenza preparó comida típica de su país y me abrazó con mucho cariño tras haberla invitado a nuestra ceremonia junto a su hijo, Sebastián.

Más adelante, los invitados comenzaron a llegar y abracé a cada uno en agradecimiento por organizar este encuentro tan especial; fue como si diseñaran una última misión de alto riesgo antes de la boda.

Una noche de juego final, donde me dieron el último pase de lujo antes de colgar las botas.

Poco después llegaron Michael y Brutus, quienes se habían tardado a causa de que el tráfico comenzó a congestionarse.

En ese momento tan emotivo, abracé a mi marido mientras los demás aplaudían con mucho entusiasmo.

El señor Neithan afirmó que la sorpresa que nos tenían preparada a los dos fue gracias a Michael, Balto y al grupo de trabajo, quienes se hallaban organizando las actividades dentro de la casa; tal parece que lo habían ocultado bien.

- Bueno, la intención de esta reunión es que todos participemos de un juego que armamos entre mi perrito, la señora Nicole y yo, También le pedimos amablemente a la señora Carmenza preparar un festín para conmemorar este evento, antes de que este par de osos se consoliden como uno solo, viviendo felices por el resto de sus vidas – anunció Michael muy entusiasmado - El juego consiste en ver quién conoce más al otro.

Les haremos preguntas y todos contestarán basándose en ellos. ¿De acuerdo?

- ¿Eso quiere decir que también los enamorados pueden responder? – reconfirmó el señor Neithan.

- Si, señor. Así es – respondió Michael leyendo la primera tarjeta – Bueno, la primera pregunta dice: ¿Cuál fue el primer carro que compró el señor Brutus cuando comenzó a ejercer su empresa?

Jack y yo levantamos los brazos al mismo tiempo.

- Adelante, Carving. Fuiste más rápido que yo– cedió Jack.

- Gracias, amigo. Pero me gustaría escuchar tu respuesta para ver si coincidimos – añadí.

- Bueno, creo que era un Mazda… 3, pero no recuerdo el modelo – contestó Jack confuso.

- Incorrecto, perrote – dijo Michael.

- El primer carro de mi prometido fue un Mazda 6 – modelo 2011 – corregí con seguridad.

- ¡Correcto! – todos aplaudieron.

- Siguiente pregunta: ¿Qué día entró Carving a hacer sus pasantías en FitnessEnterprices? - Hanna levantó el brazo - ¡Hanna!

- El 28 de marzo del año pasado lo cité a la reunión. – habló orgullosa.

- Es correcto. Aquí viene otra ¿Quién de los dos osos es más vulnerable en su relación?

Brutus levantó su pata.

- La verdad es que, soy yo quien ha demostrado más sensibilidad cuando mi peludito me consiente. Él es el único que ha logrado volverme más risueño – sus palabras provocaron ternura en todos.

- ¡Qué lindo! Ahora: ¿Por qué motivo Carving le apasionan sus autos? – Balto alzó el brazo –Adelante, pastorcito.

- Es fácil; porque además ser un exportador, mi hermano tiene la capacidad para ser un excelente mecánico. Se defiende bastante bien en cada situación; díganmelo a mí, que viví mucho tiempo con él – la respuesta de Balto fue como un tesoro compartido.

- Es verdad, ¡Sabe mucho gracias a su amigo Leonel! – añadió Martin para alentarme.

- Una más, ¿Por qué el señor Grizzly se enamoró de Carving en aquel primer encuentro? – Brenda sabía esa respuesta mejor que yo.

- Más que amor a primera vista, el señor Brutus tuvo la suerte de coincidir con alguien que valorara sus sentimientos. Carving lo intuía y se dejó conquistar. Se casan porque al fin encontraron a alguien que comprendía perfectamente su soledad. El destino los preparó para este momento.

Brutus y yo nos miramos, comprendiendo lo que significó estar solos.

- Muchas gracias por tu respuesta, Brendis – felicitó Michael – Bien, ¡ahora disfrutemos de este festín, unos tragos y más actividades.

Pasadas unas horas, tras beber y comer un poco, le dije a mi marido que debíamos volver a casa para descansar.

Queríamos relajarnos en la ducha con la intención de conciliar el sueño toda la noche, ya que debíamos madrugar antes de las seis de la mañana.

En cuanto nos despedimos de todos, ellos también desalojaron la casa de la familia Cavendish, no sin antes de recoger todo el desorden que habían hecho.

Más adelante, nos encontrábamos atravesando las avenidas necesarias para evadir el tráfico de Overlook.

Mi marido se hallaba un poco ebrio; no obstante, su felicidad evocaba sentimientos de nobleza y carisma mientras me acariciaba el abdomen.

Era como una sutil chispa provocando un incendio forestal donde las llamas no quemaban lo árboles, sino expandían su fuego al deseo que él y yo anhelábamos en ese momento.

Lo miré, y su expresión provocativa fue como si abriera paso a través de la neblina que había cegado nuestras incertidumbres; la noche de lluvia atestiguaría nuestras acciones placenteras antes de nuestra boda.

Cuando llegamos a casa, no solo fui cargado hasta la habitación sintiendo sus marcados brazos, sino que estos empezaron a marcar esa noche transcendental.

La víspera de la boda se transformó en un nido de amor, un espacio donde el tiempo parecía haberse suspendido.

El aire de tensión que sentimos hace tiempo pareció desvanecerse tras culminar todas nuestras preocupaciones; éramos él y yo, envueltos en una electricidad serena, la misma que precede a los momentos que cambiaban el destino para siempre.

No era el deseo que nos empujaba; era la urgencia de sellar con el cuerpo la promesa que mañana pronunciaríamos ante el mundo.

Las risas entre nosotros se volvieron infantiles, como si recordáramos el primer momento en que nos tocamos cuando viajamos hasta Nebraska, dejando que nuestros corazones se fusionaran en una alegría infantil qué conocíamos.

El primer contacto fue la de dos mundos que chocaban tiernamente, creando una expansión estelar; no había dudas entre nosotros, cantamos victoria a través de besos que sabían a alivio y comprensión.

Sus patas, las cuales sostendría mañana para conformar nuestra alianza, hoy me reconocían con voracidad tierna; como si cada centímetro de mi terreno boscoso le perteneciera por última vez a dos individuos, antes de fundirse definitivamente en un proyecto de vida.

El encuentro fue una coreografía bajo las sábanas, sincronizando cada movimiento en susurros que se perdían en la almohada.

Mi prometido danzaba como si hubiese encontrado los acordes que acompañaban aquella melodía que tanto deseaba alcanzar; una armonía perfecta.

En la penumbra, por fin, después de mucho tiempo nuestras raíces fueron amarradas bajo una tierra que perdurarían sin ser lastimadas.

Ya no había disturbios ni malos pensamientos; solo dos capitanes marítimos llevando el cargamento hasta la isla donde consolidarían su encuentro en el altar.

No podíamos parar; cada vez que el cansancio intentaba asomarse, una mirada, un roce o incluso el pensamiento de lo que sucedería al despertar nos encendía de nuevo.

Las flamantes llamas de ese bosque no podían apagarse en ese instante, era como si disfrutáramos del espectáculo, observando las olas de calor que habían fusionado nuestros cuerpos, bañados en sudor.

Hacer el amor esa noche fue como tejer un refugio que protegía la entrada de cualquier perjuicio.

Cada movimiento solemne era un afecto único de su parte; él siempre me correspondía, abriendo un regalo por adelantado mediante una afirmación física que expresaba sentimientos de ternura en pleno acto.

Cuando finalmente el sueño comenzó a ganarnos la batalla, quedamos unidos como si la marea alta cubriera la orilla durante toda la noche, dejándonos fusionados.

El amor que emanábamos no era un sentimiento estático; era tan puro como el de la nieve que cae sobre los bosques más hermosos; limpia y fresca.

Le agradecí, presionando mis labios contra los suyos, con el corazón latiendo al unísono mientras cerrábamos los ojos.

Estábamos listos para despertar más unidos que nunca, mostrándole al mundo lo que un verdadero amor puede hacer.

Mis últimos pensamientos volaron hacia el recuerdo de la primera vez que vi sus ojos color arena al ingresar aquella oficina.

Un oso pardo de treinta y nueve años y yo habíamos establecido una relación que culminaría en un beso matrimonial, el cual nos unificaría por el resto de nuestras vidas.