Capítulo 40 – Persecución Polar #2
Salí de la comisaría hacia la patrulla. Brutus estaba allí, respondiendo algunos mensajes de su teléfono. Decidí saludarlo de una manera diferente.
- Hola, ¿es usted el señor Brutus Grizzly? – le extendí la pata y él comprendió el juego de inmediato.
- Así es, muchacho ¿eres Osborn Belmont? – recordó mi nombre falso mientras me subía a la patrulla.
- Así es, caballero. Me dijeron que esperaba alguien, un tal Carving, ¿es correcto?
- Si, él es mi prometido – respondió alegremente –; aún debe estar cambiándose para la misión.
- Hablé un rato con él y me contó muchas cosas sobre de usted – inicié, mientras él me observaba con atención – Dijo estar agradecido por haber encontrado el amor de su vida; que gracias a usted tiene una nueva razón de ser.
Carving percibe algo que usted no nota a simple vista; que, sin importar lo que sauceda, él siempre lo acompañará.
Usted ha sido la única luz que acudió a sus suplicas cuando estaba enterrado en un hoyo donde la depresión lo carcomía.
Por eso, pidió que no se preocupara. Él lo ama incondicionalmente y lo lleva aquí.
Puse sus patas en mi corazón. Sus ojos comenzaron a aguarse y me besó, como si aquel afecto fuera un mensaje silencioso.
- Envíale de eso mi parte. – susurró – Dile que yo también lo amo más de lo que imagina. Deséale mucha suerte.
Más adelante, tras emprender el viaje a la propiedad de Arktos, recordé las últimas indicaciones del agente Stephenson, quien interceptó mi encuentro con Brutus antes de subirme al vehículo encubierto.
Mencionó que nos esperarían estacionados frente a la entrada de la finca en caso de una persecución; era probable era que el oso polar hubiera contratado a otros animales para disfrazarse y detenernos al intentar capturarlo.
Esto representaba un riesgo que no solo atentaba contra mi vida, sino también contra la de mi compañero, quien seguía tan calmado como una pluma que cae solemnemente ante el conflicto que se avecinaba.
Tenía poca fe qué en Nanook deseara ayudarnos realmente; temía que pudiera confesar la verdad ante ese oso convertido en un vil criminal.
Sin embargo, me sorprendería que Arktos cambiara su forma de pensar y se entregara por voluntad propia sintiendo remordimiento; esos eran pensamientos falsos, como si intentara abrazar una nube que se desvanece al instante.
Tiempo después, nos encontrábamos en la propiedad.
Su casa no se parecía a ninguna otra; era una mansión repleta de lujos que me cautivaban a primera vista, como si admirara un lago rodeado de árboles, absorbiendo su aroma balsámico y amaderado.
Antes de salir por la puerta del vehículo, Zoe recordó nuestras funciones para no dar un paso en falso; no podíamos separarnos, independientemente de a donde fuéramos.
A Arktos le gustaban los osos jóvenes, por lo tanto, debíamos llamar su atención, entablando una conversación animada hasta que nos llevara a una de sus salas privadas.
Le juré a Brutus que no tendría contacto físico con ese tipo, aunque él me aclaró que, si la situación lo requería para mantener la calma y no levantar sospechas, debía hacerlo.
Finalmente, la señora Abernathy nos instaló unos pequeños micrófonos bajo las prendas para que escucharan nuestras conversaciones en todo momento; estos conectaban con el equipo del señor Stephenson y con la comisaria.
Pasados unos minutos, tras recibir nuevamente las indicaciones, Nanook y yo caminamos juntos hasta la imponente puerta, elaborada en madera maciza de alta densidad, donde un pequeño reno que aparentemente se llamaba Spyke controlaba el ingreso de la propiedad.
Detallé a dos grandes guardias, parados como dos postes en cada esquina de la entrada, vigilando atentamente los alrededores.
- Buenas noches, bienvenidos. ¿Podrían darme sus nombres, por favor? – preguntó Spyke mientras activaba el buscador de su tableta.
- Soy Yukon Livingston y mi amigo Osborn Belmont – respondió Nanook con un tono pacifico.
- Perfecto. Veo que son amigos de la señora Eleanor, ¿es correcto? – inquirió nuevamente mientras admiraba nuestros disfraces.
- Así es. Ella llegará en media hora, nos dijo que podíamos adelantarnos – hablé con absoluta tranquilidad.
- ¡Listo, muñecos, ya pueden entrar! ¡Pásenla bien! – exclamó animado.
Accedimos sin ningún problema, cruzando el umbral hacia el interior de la propiedad.
Mi compañero y yo decidimos sentarnos en uno de los sofás disponibles para contemplar el ambiente fiestero.
Me sentía incómodo ver tantos animales, tanto machos, como hembras, con tan poca ropa; percibía el lugar como si estuviéramos en una playa nudista.
No hallaba rastros de Montgomery ni en la sala ni en la piscina.
Ese tipo siempre aparecía en el momento menos indicado, tal como el día en que el señor Neithan me lo presentó.
Por lo pronto, no debíamos bajar la guardia hasta encontrarlo. Le sugerí a Nanook que recorriéramos el lugar para mimetizarnos con el ambiente, manteniendo siempre la precaución de no entablar conversaciones innecesarias con la gente.
Poco después, tras beber un par de tragos sólo por mezclarnos con la multitud, Nanook y yo no sentamos en las gradas del jardín. Desde allí, nos dispusimos escuchar lo que Spyke tenía que decir desde una de las tarimas situadas a unos metros de la alberca.
- Bueno, mis amores. Les tengo preparados a uno bailares que quizás quieran conocer cuando la fiesta se ponga interesante – Anunció Spyke – ¡Presentemos a los protagonistas de esta noche!
Con ustedes: Lesslie –una grifa vestida en traje de baño antifaz – Justin – un toro fornido usando arneses - Y un personaje muy importante que pocos conocen: ¡El Polar Noel!
Spyke señaló detrás de nosotros. Era el mismísimo Arktos Montgomery, vestido como Papá Noel provocativo; su chaqueta abierta mostraba su cuerpo esculpido y también usaba shorts para atraer las miradas, exhibiendo gran parte de su pelaje.
Usaba un antifaz, pero lo habría reconocido en cualquier lugar. Una vez más, lo tenía frente a mí.
- Disculpen, muchachos – nos dijo mientras bajaba por las escaleras y le cedíamos el paso - ¡Qué guapos! Supongo que ya tengo con qué entretenerme más tarde, después de mi presentación – añadió, mientras el resto de los invitados lo recibían con un aplauso ensordecedor.
Mi corazón latía de manera exorbitante. Sentí que mi cuerpo comenzaba a sudar tras encontrarme con sus gélidos ojos de asesino, ocultos tras el disfraz.
Era como si la marea de un océano se hubiese alterado repentinamente por una tempestad.
Nanook parecía ser todo lo contrario; además de aplaudir con naturalidad, ayudaba a que la misión no se viera afectada por mi reacción, lo cual delataba una fuerte invasión de miedo.
Tiempo después, una vez presentados a los anfitriones de la noche, mi compañero y yo decidimos sentarnos en el pequeño bar que había en sala. Mientras bebíamos un poco whiskey, noté que la señora Zoe se acercaba a nosotros con la intención de decirnos algo importante.
- Lo están haciendo muy bien. – nos felicitó Zoe, hablando entre dientes mientras pedía una cerveza – Los guardias de la entrada salieron a patrullar en su auto; cuatro de mis hombres van a ingresar por la puerta trasera para asegurar su posición.
Las ventanas están bloqueadas, así que esa era la única vía.
Los otros guardias vigilan la piscina y, por lo que intuyo, ningún otro está disfrazado.
Miren quien viene… por favor, actúen con normalidad.
Zoe se retiró dejando una propina justo cuando Arktos se acercaba con la determinación de un depredador acechando a su presa.
- ¡Hola, jóvenes! – saludó, apoyando los antebrazos sobre la barra – Espero estén disfrutando de la fiesta.
- Si, por supuesto; sólo aprovechamos para beber un par de tragos – habló Nanook. Yo ni siquiera podía tragar el whiskey por culpa del miedo.
- ¡Claro, está bien! Tú voz se me hace familiar… ¿nos conocemos? – cuestionó Arktos, y el pánico cundió por un instante.
- Me debe estar confundiendo con alguien más – replicó Nanook con inteligencia.
- Quizás, - Arktos rió - ¿Son pareja? – inquirió, pidiendo un Vodka.
- No, somos amigos; es algo tímido – soltó mi compañero. No podía dejar de pensar en la angustia que debía estar pasando Brutus ese momento, escuchando todo desde la patrulla.
- Lo siento, mi nombre es Osborn – dije, estrechando mi pata para saludar al criminal.
- Encantado, jovencito ¿y el tuyo, guapetón? – reiteró, visiblemente interesado en Nanook.
- Yukon, pero puedes decirme Yuk – rió él, simulando confianza.
- El placer es mío – sonrió el oso polar – No le digan a nadie, pero… – susurró acercándose a nosotros – Mi nombre es Arktos. Si lo desean, podemos ir a un lugar más privado; seguro les encantará uno de mis mejores movimientos.
Nanook me tomó de la pata derecha para que lo siguiéramos.
- ¡Por supuesto que sí! - ¿No te parece increíble que el mejor anfitrión nos invite a su sala privada, amigo? – exclamó Nanook, haciendo una mueca que yo solo podía entender.
- ¡Qué loco! ¡Seremos los primeros! – añadí, fingiendo una alegría que no se sentía.
Una vez dentro de su habitación, noté que no había nada extraño en ella.
Creí que encontraría alguna clase de pósteres de animales exhibiendo sus cuerpos o algo parecido; por el contrario, su sala era tan normal como cualquier otra, con sus prendas de invierno dobladas ordenadamente encima de la cama.
Sólo tenía que seguirle la corriente sin importar lo que pasara; no obstante, Brutus se aparecía en mi mente todo el tiempo, recordando sus últimas lágrimas cuando asumí mi personaje.
- Siéntense, no los voy a morder – dijo, señalando la esquina de la cama - ¿Quién quiere ser el primero? Cuestionó mientras nos sentábamos.
- Yo, yo – Nanook levantó su brazo como si fuera un estudiante ansioso.