Capítulo 36 – Compromiso Eterno #2
Mientras esperábamos el servicio, entablamos una conversación sobre los autos que Brutus deseaba renovar.
Me aseguró que no vendería el Taos, ya que era nuestra camioneta favorita; ese vehículo marcó el inició de nuestra relación durante mis pasantías en su empresa.
Sin embargo, mencionó su interés por Toyota, específicamente para reemplazar la Fortuner por una Toyota Sequoia Capstune, de última generación con un sistema híbrido I -FORCE MAX, que combinaba un motor V6 biturbo, 3.
5 litros, generando 440 caballos de fuerza y 750 Newton Metro Torque.
Le comenté que era una opción excelente y muy cotizada, al igual que la Toyota Grand Highlander Platinum.
Estimamos que su valor rondaría entre los $80.
000 y $85.000 dólares, dependiendo de las especificaciones.
Mi marido me pidió el favor de contactarse con el concesionario de inmediato para apartar una unidad con un abono de $1.
000 dólares. Lamentablemente, comentamos cómo las entregas se han retrasado debido a los problemas logísticos en los puertos que han afectado las operaciones globales desde 2024 hasta la fecha.
Al caer la noche, decidimos arreglarnos con un estilo casual-elegante: mi prometido optó por una camisa manga corta con estampados de palmera de estilo tropical, jean negros y tenis.
Por mi parte, elegí una camisa blanca, también manga corta, estampada con estrellas de mar negras, jean grises y tenis.
Acudimos al restaurante Onda, cuya reserva había gestionado incluso antes de iniciar el viaje.
Me sentía nervioso mientras aseguraba la caja con la sortija en mi bolsillo trasero; era como estar en una montaña rusa donde mis emociones subían, bajaban y daban vueltas conforme nos acercábamos al lugar de mi declaración.
El restaurante Onda se caracterizaba por su espacio libre bajo una pérgola que, al anochecer, permitía cenar bajo las estrellas.
En ocasiones, la luna se posaba frente a los huéspedes, regalando un panorama esplendido.
Pedimos algo ligero, pensando en que debíamos madrugar a las cinco de la mañana para llegar a tiempo al aeropuerto; elegimos unas empanadas de chorizo con plátano dulce y un mojito de sandía.
- Que vista tan hermosa para nuestra última noche, ¿no lo crees, peludito? – inquirió Brutus, mientras disfrutaba de la cena.
- Si, osote. Ojalá pudiéramos habernos quedado más tiempo – añadí.
- Fueron días maravillosos. Pasarlos juntos me ha relajado por completo; me olvidé del trabajo y de lo que nos ocurrió. Jamás había bebido tanto tequila, y menos en tu compañía – rió mientras el mesero retiraba nuestros platos.
- Es verdad, y por suerte no pasó nada grave. – afirmé, tomándole de las patas - ¿Sabes que cuando bebes te pones muy serio? –bromeé.
- No eres el único que lo dice; Brenda también lo ha notado. – añadió con una sonrisa -
Sabes que me cuesta esconder lo que siento.
El tiempo es un mar de recuerdos y aún me cuesta creer que pronto nos casaremos.
Ver el anillo en tu dedo me hace imaginar una vida envejeciendo juntos, quizás con hijos, fortaleciendo la empresa hasta que decidamos descansar.
Conocerte fue lo mejor que me pudo pasarme, siempre te estaré agradecido por abrirme tu corazón. Mira lo lejos que hemos llegado.
Sus palabras se sentían tan reales que mi ansiedad se transformó en determinación.
- Peludote – comencé –, estar contigo implica apoyarnos, en lo fácil y en lo complicado. Me has hecho un mejor animal y no hay nada más especial que despertar a tu lado, sabiendo que somos un equipo incondicional. Te amo de todas las formas posibles, señor Grizzly, y por eso…
Me arrodillé ante él mientras el sonido de las olas compasaba los latidos de mi corazón. Saqué la pequeña caja y, bajo la luz de las estrellas de Florida, le ofrecí el anillo de oro con el diamante en forma de pata.
- Deseo estar contigo hasta que la muerte nos separe – solté con voz quebrantada por la emoción.
Sus lágrimas brotaron de inmediato ante la sorpresa.
- Carving, cielos santos... Eres una caja de sorpresas - me abrazó, sellando el momento con un beso – Esto confirma que nuestro amor ya no se construye con pilares frágiles.
Ahora son bases de acero indestructibles, imposibles de derribar.
Esto lo hace oficial: por supuesto que deseo casarme contigo.
Todos los animales que presenciaron mi confesión aplaudieron, reconociéndonos como una de las parejas más amorosas de los últimos años.
Más tarde, tras concluir la cena, mi prometido y yo decidimos bailar en la playa bajo la luz de las estrellas, acompañados por música relajante.
Nuestros pasos seguían la tonalidad de I´m With You de Avril Lavigne.
Pese a que la letra evoca melancolía y sentimiento de desamparo, también expresa la necesidad vital de alguien que te brinde apoyo cuando te sientes solo o incomprendido.
Nosotros la interpretamos como una balada al amor, prometiéndonos estar presentes en las peores condiciones, sin importar el sacrificio necesario.
Bailar sobre la arena mientras la intérprete quebraba su voz en el coro final creó una conexión tan profunda que sentíamos ser como dos palmeras inclinando sus copas para entrelazar sus hojas, permaneciendo así hasta que la vida terminara con ellas.
Esa noche habíamos culminado el encuentro romántico regresando a nuestra habitación, donde compartimos una ducha en la tina acompañada de champaña para conmemorar nuestra unión.
El agua que bañaba nuestros cuerpos parecía purificar nuestra entrega; no solo sellaba la piel, sino un compromiso mutuo y profundo.
El vapor borraba por completo el mundo exterior, dejando solo la esencia de lo que éramos: una unión indisoluble.
A la mañana siguiente, en el aeropuerto de Florida, nos encontrábamos sumidos en la somnolencia mientras esperábamos el embarque.
De repente, recibí una llamada de Zoe advirtiéndome que había un contratiempo en el plan para arrestar a Arktos.
No mencionó detalles, ni tampoco nombres hasta que llegáramos a Portland; sus palabras fueron como páginas en blanco, cuya amargura invadía mi cuerpo, algo que se lograba apreciar a simple vista, como olas enfurecidas creando tsunamis, que derribaban a las edificaciones de una gran ciudad.