Tratos No Negociables Capítulo 34 – Viaje Veraniego
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Capítulo 34 – Viaje Veraniego

Las estrictas recomendaciones del señor Stephenson se estructuraron como una cadena que amarraba mi cuello, privándome de toda libertad alguna.

Era como volver a la infancia, pidiendo autorización a mis padres para salir, solo que ahora me acompañaban dos imponentes animales encargados de mi integridad.

Mis guardianes eran Richard, un águila de mirada penetrante, y Boster, un lobo negro de porte atlético.

Por su parte, los protectores de mi marido eran Milo, un oso panda experto en logística, y Roger, un gorila cuya sola presencia imponía respeto.

El agente White nos envió por teléfono las funciones detalladas de cada uno.

Al fusionar los dos paquetes, adquirimos un plan de Supervisión Avanzada.

Esto nos obligaba diseñar un itinerario minucioso de nuestras jornadas, incluyendo un protocolo de investigación, definiendo del círculo de confianza y planes de respuesta ante emergencias.

Aunque mi condición medica limitaba mis salidas, —pese a que ya podía moverme con mayor fluides y menos dolor en la herida—, debía formalizar una lista de contactos autorizados.

Incluí a mi amigo Balto Cavendish y a su pareja, Michael Grayson, como los únicos allegados con acceso permitido; era como redactar una lista de invitados para un evento privado donde la entrada estaba estrictamente reservada.

Brutus, por su parte, fue más selectivo, limitando su círculo de confianza a Jack, Brenda y Michael.

El señor Stephenson recalcó que contar tres vehículos —el Jetta Highline, el Taos Highline y el Toyota Fortuner—, representaba una ventaja estratégica para diversificar nuestras rutas; aunque, advirtió que el riesgo persistiría si no variábamos las rutinas.

Nuestros vehículos dejaron de ser simples medios de transporte, ahora se convirtieron en activos de seguridad por terceros para garantizar nuestra protección.

Ese día la operativa fue milimétrica. Para que mi marido gestionara sus exportaciones en su empresa, Milo tomó el volante del Volkswagen Taos, haciendo gala de su especialidad en maniobras de evasión.

Roger se apostó en la entrada del negocio, monitoreando cada motocicleta y transeúnte sospechoso.

Siguiendo el protocolo, Brutus se ubicó en el asiento trasero, en el lado opuesto al conductor, para maximizar su visibilidad y capacidad de salida rápida.

En casa, Richard tomó posición de vigía en la entrada principal, mientras Boster se mantenía carca de mí, patrullando puntos críticos como los patios, garajes y azoteas.

Ese era el costo de seguridad tras la amenaza de Arktos; una protección necesaria, pero tan invasiva que empezaba a asfixiar la intimidad que tanto ansiaba recuperar con mi pareja.

La noche del jueves se sentía áspera y gélida, como si un pincho de hielo atravesara mi estómago, derramando sangre fría mientras mi cuerpo se congelaba por completo.

Había leído reportes que advertían que el invierno de este año sería extremadamente crudo; los meteorólogos recomendaban portar múltiples capas de ropa técnica en lugar de una sola gruesa, priorizando tejidos térmicos en lugar del algodón.

Aproveché el tiempo para empacar la maleta de mi marido antes de que llegara del trabajo.

Su vestimenta para los próximos días veraniegos consistía en cuatro camisas manga cortas con estampados de flores, asemejando al estilo de Hawái, tres pantalones cortos, sandalias y una gorra para el sol que le compré por línea.

Mi indumentaria era similar, aunque que mis camisas lucían estampados por palmeras y conchas de mar.

También guardé con celo el anillo para nuestra última cena, la cual reservé frente a la playa.

Había invitado a Balto para que conociera mi casa y nos despidiéramos, así que le envié la ubicación exacta.

Antes de nada, le expliqué, debido a la contratación de los escoltas, ellos se encargarían del traslado al aeropuerto por protocolo de seguridad.

Él comprendió de inmediato, aceptando que solo cumplían su deber de protegernos.

Decidí esperarlo en la entrada principal junto a mis guardaespaldas, aclarándoles que mi amigo venía de visita pacífica.

Intuí que Michael lo acompañaría; así que reiteré a Richard y Boster que debían bajar la guardia ante la llegada de quienes considero familia.

Diez minutos después, mis sospechas se confirmaron al reconocer la placa del auto y al percibir el aroma del perfume de Mickey que solía usar.

- ¡Perrotes! – los abracé, agradeciéndoles de corazón por haber venido - ¿Y esto? –

pregunté al ver que me entregaban a una caja.

- ¡Hermanito! Llevábamos un buen rato sin platicar en persona– saludó Balto con un abrazo – Trajimos una torta de cumpleaños y ropa nueva para el señor Grizzly.

- ¡Muchas gracias! Que lindos de su parte – agradecí, justo cuando Boster me tomó del hombro.

- Jefe, será mejor que entre a su propiedad. No es prudente permanecer afuera – aconsejó el lobo, escaneando alrededores con cautela.

- Dame unos segundos – le pedí – Sigan, quiero mostrarles la propiedad de la familia Walker – expresé con orgullo – Olvidé traer la decoración y el confeti que guardaba en casa de Brutus – mencioné mientras caminábamos hacia el interior.

- Descuida, aquí trajimos un par de cosas que servirán – contribuyó Michael, admirando la estructura ¿Y qué tal los escoltas?

- Bien; diría que son muy protectores. Saben coordinarse bastante bien para ser el primer día – dije mientras les servía un poco de jugo.

- Me alegra saber que el agente White los esté atendido bien, aunque sea temporal. ¿Aún no te han dado detalles del caso? – preguntó Michael, mientras Balto abría los preparativos.

- Están investigando la finca de Montgomery, Zoe mencionó que la estaban preparando para su fiesta; al parecer, estuvo abandonada por mucho– detallé, ayudando a poner el letrero de cumpleaños.

- ¿Y en qué hotel se hospedarán? – preguntó Balto mientras inflaba los globos.

- En el hotel The Boca Raton - Yacht Club. Hanna me dijo que es uno de los mejores hoteles de la zona– respondí.

- Si, he oído maravillas de ese lugar. Esperemos que les vaya muy bien; realmente lo necesitan después de lo que pasaron – comentó Michael preparando el confeti – ¿Y cómo te fue trabajando desde aquí?

- Bastante bien, hoy tuvimos muchos clientes solicitando repuestos para el invierno que se avecina; pidieron baterías, pastillas de freno, llantas y entre otras refacciones – conté con satisfacción – También recibí más pedidos de la señora Francis.

Sus clientes no han dejado solicitar más de nuestros artículos.

El martes me pondré en contacto con ella para realizar la exportación a México.

- ¡Qué bien!, me alegra escuchar eso. Creo que ya estamos listos para recibirlo – culminó Bato, abriendo la caja de la torta –Jack me acaba de avisar que ya vienen en camino.

Más adelante, mientras esperábamos al cumpleañero y a Jack, aprovechamos para ponernos al día con los acontecimientos que no habíamos podido tratar.

Primero, Balto mencionó que ya había presentado todos sus exámenes; sin embargo, las calificaciones aún no se reflejaban en el sistema, por lo que debía esperar una semana más hasta que los profesores terminaran de procesarlas.

Por su parte, Mickey y Balto ya habían comprado los pasajes para sus vacaciones en Medellín, Colombia, e invitaron a sus suegros con la intención de pasar las fiestas con toda la familia.

Me pareció un momento oportuno para que consolidaran su relación y compartieran la Navidad y Año Nuevo, siendo aceptados por sus seres queridos.

Me alegré por ellos, aunque les recomendé ser precavidos, ya que el ambiente allí es muy distinto al de aquí.

Tuvimos el tiempo justo para charlar antes de que divisara por la ventana el vehículo de mi prometido, aparcando frente al garaje.

Les pedí a todos que esperaran junto a los preparativos, mientras yo me ubicaba detrás de la puerta con un gorrito de fiesta.

Cuando sus voces se aproximaron al acceso principal, sentí que el corazón me latía con fuerza, anunciando su gran bienvenida.

- ¡Feliz cumpleaños, señor Grizzly! – animaron todos al unísono.

Recibí a mi marido con un beso de inmersión, inclinando su cuerpo con firmeza y sosteniéndolo en una pose artística que desafiaba la gravedad.

- ¿Te gustó la sorpresa, osote? – inquirí, manteniendo la posición.

- ¡No me lo esperaba, peludito! Me encanta cuando tomas la iniciativa y usas esa voz grave que tanto amo – confesó agradeciendo el gesto con otro beso – Gracias por este encuentro tan emotivo. Te amo mucho.

- ¡Qué viva los novios! – exclamó Balto, iniciando un aplauso que los demás siguieron con entusiasmo.

- ¡Tranquilos, tranquilos! Sé que quieren devorarse a besos, pero aquí afuera nos estamos congelando – interrumpió Jack con humor, esperando a que termináramos nuestro acto para poder entrar.

- ¡Lo siento, Jack! Adelante, por favor – dije, dándoles paso a la calidez de mi hogar.

Una vez dentro, tomé la palabra frente a todos.

- Esta era una pequeña sorpresa que Michael y Balto querían darte antes de nuestro viaje. Agradezco infinitamente que hayas llegado a mi vida, espero seguir acompañándote cada año que cumplas. Te amo mucho, grandulón.

- Y yo a ti, mi pequeño – respondió él, rodeándome con sus brazos - Estoy muy feliz de poder compartir este momento con ustedes.

Este jovencito, no es solo mi prometido; es la estructura que me reconforta día tras día.

Tenerlo a mi lado es lo único que me mantiene en forma.

No necesito lujos ni posesiones para sentirme pleno; su sola presencia hace que mi corazón lata con fuerza.