Capítulo 33 – Huellas del Hogar #3
- Que detalle tan lindo de su parte – sonrió ligeramente – Hablaré con Jack para coordinar las exportaciones de este viernes y les informaré que retomaremos actividades hasta el martes – añadió estirando su imponente cuerpo.
- Perfecto. Mañana tendré que conectarme todo el día en la plataforma para recuperar mis horas de ausencia – expliqué - También te adjunté los archivos de los nuevos compradores de Toronto.
En ese instante, recibí la notificación del señor Stephenson; ya venía en camino.
- Gracias, peludito – me abrazó y luego lo ayudé a ajustar su camisa para recibir a nuestra visita.
Más tarde, mi marido y yo nos instalamos en la sala principal a esperar al agente, contemplando la fuerte lluvia helada que cubría por completo las calles de la avenida. Parecía una manta blanca que arropaba todo su alrededor; gélida y, paradójicamente, acogedora a la vez.
Había olvidado la profunda tranquilidad de vivir aquí; los residentes del condominio no suelen frecuentar las calles, y es poco común ver animales transitando o cachorros jugando en el exterior.
Recordé que, en mi infancia, teníamos vecinos muy amables, que desafortunadamente, se mudaron a Washington D.C.
atraídos por mejores ofertas laborales. En aquel entonces, mis padres se reunían a platicar con ellos mientras yo jugaba en mi habitación con mis juguetes; escuchaba su parloteo y me resultaba tan complejo que sentía como si hablasen en otro idioma.
Solo ahora comprendía el valor de esos lazos y de la paz que nos rodeaba.
Pasados unos minutos, el señor Stephenson llegó a la casa y llamó la puerta de manera prudente. Le inquiné a mi amado que yo lo recibiría, mientras él se encargaba de calentar un poco de café que la señora Elizabeth había dejado.
- Buenas noches, señor agente – saludé al dóberman con cortesía, estrechando su pata– Siga, por favor.
- Eres Carving Walker, ¿verdad? – cuestionó él, con un matiz de confusión en su voz.
- Si, señor. ¿Ocurre algo? – inquirí mientras cerraba la puerta de Ipé.
- No es nada; solo que, cuando hablamos por teléfono, tu voz sonaba como la de adulto de treinta y dos años – recalcó, mientras guardaba su pata derecha en el bolsillo de su bléiser.
- Me veré muy joven, pero gracias por cumplido, supongo – respondí con una leve sonrisa – Por favor, siéntese.
- Gracias, - Stephenson se acomodó en la sala principal– Bien, joven. Me comentaste que habías sido víctima de una amenaza con flores de condolencia y un mensaje hostil de parte de Arktos dirigido al señor Brutus Grizzly ¿Es correcto?
- Así es, señor Stephenson. Me urge contratar un paquete de protección ejecutiva cuanto antes. – expliqué, viendo a mi amado acercarse - Mi amor, él es el agente Stephenson White.
- El gusto es mío, señor Grizzly – dijo el agente, aceptando la taza de café mientras exponía sus servicios – Carving me comentaba su urgencia.
Puedo ofrecerles tres paquetes: el de Protección Personal —escoltas 24/7—, el de seguridad Residencial —vigilancia de perímetro y tecnología avanzada— y el de Transporte Seguro —vehículos blindados y logística de evasión—.
Tomé la palabra para precisar nuestra situación logística.
- Tengo que aclararle varios aspectos. Fui víctima de un disparo; Arktos me hirió en el flanco y apenas puedo moverme sin agitarme demasiado.
Mi marido debe trabajar en su empresa y me aterra pensar en su seguridad durante el trayecto.
Yo me quedaré aquí trabajando en mi computador y este viernes tenemos un viaje a Florida por temas personales, ¿Qué plan se ajusta mejor a nosotros?
- Entiendo – asintió el agente - Combinaríamos la Protección Ejecutiva y el Transporte Seguro.
Asignaré a cuatro de mis mejores hombres: dos custodios permanentes para esta propiedad y dos escoltas que escoltarán al señor Grizzly.
El costo es de $4.500, pero por ser amigos de Zoe, se los dejo en $4. 300.
Brutus, con su habitual determinación empresarial, intervino para cerrar el trato:
- Redondeémoslo en: $4.000 dólares y le transfiero el dinero ahora mismo. No seré egoísta; quiero que mi prometido tenga vigilancia aquí mientras yo trabajo ¿Le parece bien, señor White?
- Trato hecho, señor Grizzly – asintió el agente estrechando su pata – Le mandaré los datos a su esposo. Tengan la seguridad de que Arktos no los volverá molestarlos.
Stephenson terminó su café y se despidió con la misma prudencia con la que llegó. Mañana a primera hora, el bunker de Eastmoreland tendrá su propio ejército privado.
Me sentí como si mi propio padre me hubiese defendido de los altos lideres de su empresa cuando estos intentaban rebajarme con sus juicios.
Me había transformado en un barco sin velas, flotando a la deriva en un mar de incertidumbre: sin mapa, ni brújula que me guiara.
El océano frente a mí se abría como un gran pozo sin fondo, donde mi propia vida peligraba cuando las olas enfurecidas golpeaban mi pequeña lancha.
En medio de esa tempestad, mi marido era el único faro que iluminaba mi camino para llegar a puerto, permitiéndome regocijarme en la solidez de sus cimientos, tal como lo hace cualquier viajero exhausto tras una larga y peligrosa travesía marítima.