Capítulo 33 – Huellas del Hogar #2
- No reprimas tus sentimientos, déjalos salir – me abrazó, mientras me estrechaba - ¡Achú!, esta gripa me va a matar – añadió tras un sonoro estornudo.
- Si no cuidas tu garganta, vas a empeorar – le advertí, rodeando su cuello con mi propia bufanda para que entrara en calor.
- Te ves guapo con ropa de invierno – le dije antes de besarlo.
- ¿¡Todo bien allá arriba?! – gritó la señora Elizabeth desde la planta baja - ¡Ya les tengo servidas las onces!
Minutos después, tras haber inspeccionado cada habitación, la señora Elizabeth nos sirvió bebidas calientes y galletas de chocolate.
Me sorprendía notar cómo se filtraba la gélida brisa como si las ventanas de la casa estuviesen abiertas de par en par.
El crudo invierno de finales de noviembre representaba la calma de quien ha sobrevivido a una tormenta, pero también como una advertencia de que la calidez es un recurso valioso y fugaz.
Era como resistir a un naufragio en una isla desierta, donde la comida era escasa y poco nutritiva, sobreviviendo cada noche con el tenue resplandor de una fogata.
- ¿Hay algo que debas mencionar respecto al estado de la propiedad? – cuestionó la señora Elizabeth, mientras terminaba de limpiar la mesa de centro.
- No, señora, todo está en perfecto orden – respondí, bebiendo el último sorbo de mi taza – Más adelante me encargaré de renovar el mobiliario, eso es todo.
- Te agradezco profundamente por habernos brindado un techo todos estos estos años.
Mañana mismo te haré el pago del alquiler de este mes – agradeció mientras recogía las tazas – Lavaré esto y los dejaré solos; mi esposo y yo tenemos algo de prisa.
¿Ustedes piensan quedarse? – añadió con curiosidad.
- Si, señora. – contestó mi marido con seguridad – Ahora que Carving me comentó que ustedes se mudarían a otro estado, decidí que era el momento ideal para realizar unas reparaciones a nuestra casa habitual.
Nos quedaremos aquí un buen tiempo mientras le hacen el mantenimiento – mintió Brutus, ocultando con destreza nuestras verdaderas razones - ¿Cierto, mi amor?
– me reconfirmó, estrechando mis patas entre las suyas.
- Así es; además, quería que conociera un poco de mi pasado – añadí, siguiendo su juego.
- ¡Qué maravilla, me alegra saberlo! – exclamó ella justo cuando el claxon de un vehículo sonó frente a la propiedad – Parece que ya llegaron por mi. No olvidaré tu amabilidad, Carving; mi esposo y yo siempre estaremos agradecidos.
Se despidió recogiendo sus maletas.
- Cuídense y gracias por todo.
- Saludos al señor Howard – Respondí. Ella me guiñó el ojo, y finalmente la paz en mi propia casa descendió como un mar en absoluta tranquilad.
Mi pareja y yo decidimos tomar una breve siesta mientras esperábamos la llegada del agente.
Sin embargo, mi sueño se vio interrumpido por la sibilancia nasal de mi marido; era un silbido irregular que delataba su congestión.
Parecía que la aromática comenzaba a surtir efecto, aunque lamenté no haberle preguntado a la señora Elizabeth qué plantas había utilizado para la infusión.
A pesar de la fatiga, decidí que era el momento de entregarle el regalo de cumpleaños a Brut, el cual estaba aún guardado en mi bolso dentro de la camioneta.
Tomé el control remoto y me apresuré a buscarlo antes de que se despertara.
La nieve acumulaba en las manijas de la puerta bloqueaba el acceso, por lo que tuve que dar pequeños golpes alrededor para romper el hielo; afortunadamente no hubo daños en las chapas ni en el mecanismo de la puerta.
Ya de vuelta en la casa, con el sobre de manila negro, besé sus labios. Él me correspondió de inmediato, despertando con suavidad y acariciando mi lomo con ternura.
- ¿Y ese beso tan tierno a qué se debe? – cuestionó risueño.
- ¡Feliz cumpleaños, mi amor! Espero lo disfrutemos mucho – respondí, entregándole el sobre de manila.
- ¿Qué es esto? – abrió el sobre con una mezcla de curiosidad y confusión.
- Léelo en voz alta, por favor – sugerí mientras lo llenaba de besos, recorriendo todo su cuerpo con ternura.
- Me estás haciendo cosquillas, peludito – rió suavemente antes de comenzar a leer – “Estás cordialmente invitado a un viaje a Florida. Te hospedarás por cuatro días y tres noches en el hotel The Boca Raton - Yacht Club en la mejor suite. Feliz cumpleaños, Osote. Te amo mucho.”
Al terminar de leer, su expresión de felicidad me llenó el alma; era como si su corazón de cristal quedara expuesto. Su mirada suave y vulnerable, delataba que el mensaje había tocado sus fibras más profundas.
- Ay, Osito. Muchas gracias… no tengo palabras para expresar lo que siento en este momento.
- No pasa nada, grandulón. La idea es relajarnos y compartir de un hermoso momento juntos. Creo que unos días de descanso nos vendría de maravilla con todo lo que hemos pasado. – le sugerí con un abrazo.
- Nuestro vuelo sale el viernes a las tres de la mañana. Le pedí el favor a Balto que nos acercara al aeropuerto – instruí, mientras comenzaba a ponerme las botas.