Capítulo 29 – Testigos del Pasado #2
La llamada de Brutus fue alarmante, cargada de una urgencia similar a la de haber pedido un activo de gran valor.
Me reconfirmó si había recibido el mensaje del cliente solicitando la inspección aduanera; le respondí con serenidad que los datos ya habían sido despachados a su correo electrónico.
Le sugerí que revisara la carpeta de spam, ante la eventualidad de que el servidor no los hubiese filtrado directamente a la bandeja principal.
Momentos como esos solían ponerlo bajo una tensión extrema; sin embargo, él siempre se dirigía a mi respetando sus límites de su euforia.
Yo siempre le había recalcado que, dentro las instalaciones, debía tratarme como a un empleado más.
En mi caso, mantenía el protocolo llamándolo por su nombre o, más habitualmente, como el “jefe Grizzly”.
Le aconsejé que debíamos gestionar nuestras operaciones con máxima profesionalidad, transparencia y discreción para evitar cualquier conflicto de intereses.
Para nosotros, era crucial separar los mundos de lo personal y lo laboral, incluso si eso significaba resignar proyectos específicos para evitar situaciones de subordinación que pudieran comprometer nuestra equidad.
- ¿Me llamabas, jefe? – averiguó Martin, entrando a mi despacho– ¿Ocurrió algo malo?
- No, amigo, quería disculparme si la señora Abernathy te interrogó demasiado el día de la celebración – añadí, buscando su complicidad – De todas formas, ella quiere corroborar en el caso y recordé lo que mencionaste antes del incidente.
- Relájate, estoy encantado en poder ayudar, oso amigo – dijo, dándome unas pequeñas palmadas de aliento en los hombros – El mundo es un pañuelo, amigo.
Un compañero del colegio resultó ser su pareja por un tiempo, se llama Nanook.
Ese oso realmente amaba a ese tipo, pero tengo entendido que él presionó a Arktos para volverlo un Stripper y lo bautizó con ese apodo tan distinguido.
Parece que tenía fetiches algo oscuros – contó, analizando cada detalle con seriedad.
– En fin, Nanook nunca demostró gustos diferentes frente a nosotros, muchos creíamos que era heterosexual – añadió – Tengo entendido que hoy lo vas a visitar.
- Así es, al menos quería saber su nombre antes de verlo. La agente Zoe no debe tardar en llamarnos. - expresé fijando la mirada en el ventanal, donde el cielo de Portland parecía guardar sus propios secretos.
- Bueno, te deseo mucha suerte, jefe. Tengo que coordinar las estrategias para los próximos lanzamientos de los productos que el señor Grizzly acaba de asociar. Nos vemos – se despidió, dándome una palmada amistosa en el brazo.
- Muchas gracias, Martin – alcé el brazo para despedirme, agradecido por la información.
- ¡No hay de qué! – exclamó mientras cruzaba.
En las horas de la tarde, viajamos a la comisaría ubicada cerca de Kenton.
Al entrelazar mis dedos con los de Brutus, sentí un anclaje profundo que me devolvía a la realidad; su agarre era un escudo, como promesa silenciosa de que no estaba solo frente a los fantasmas que estábamos a punto de invocar.
La señora Zoe nos recibió con un cálido abrazo y nos dirigió a una amplia sala de reuniones privada.
Nanook, quien nos había esperado por un breve tiempo, nos saludó con una sonrisa forzada; sin embargo, yo podía percibir el miedo que emanaba de su mirada, un rastro invisible pero nítido que flotaba en el aire de la habitación.
- Señores, les presento a Nanook Blackwell. Él es el joven del que les hablé. Necesito que escuchen con atención la información que les tiene para nosotros – anunció Zoe mientras entrábamos a la sobria habitación.
- Dinos, Nanook. ¿Cómo conociste a Arktos? – preguntó Zoe, caminando de un extremo a otro midiendo el espacio con autoridad.
- Bueno, Arktic no es lo que parece. Tuvimos una relación de dos años que inició en 2022.
Nos conocimos por una aplicación de citas– contó Nanook – La noche del 25 de agosto llegó a mi departamento.
Recuerdo que bebimos tequila y platicamos por horas.
Admito que tengo ciertos fetiches; le pedí que se probara un traje de Santa Claws y él accedió sin problemas.
Empezó a seducirme y… bueno, ya imaginarán el resto.
Con el tiempo se volvió detallista; me compraba chocolates, flores y comida.
Yo soy chef y él era mi inspiración; cada receta nueva la creaba pensando en delatarlo.
Pero un día, mis padres me obligaron a terminar con él.
Habían seleccionado mi esposa sin mi consentimiento; yo era su único hijo y debía dejar un heredero.
Nunca le confesé los motivos reales para no lastimarlo, y ahora entiendo que fue el peor error de mi vida.
Él se llenó de odio y rencor, pero conmigo nunca fue violento.
Al escucharlo sentí que la sangre me hervía de furia.
- Puede que con usted no haya sido violento, caballero.
– intervine, con la voz cargada de euforia.
– Pero a mi casi me mata. Me disparó sólo porque reclamé la herencia de mis padres.
¿No se da cuenta de la gravedad? Me puso en una posición imposible: acostarme con él a cambio de la vida de mi prometido ¿Y qué obtuve?
Esto– dije, señalando con amargura la cicatriz de mi herida.
- Nunca me dijiste tu nombre, jovencito. – respondió Nanook, recuperando la compostura.
- Soy Carving Walker – pronuncié con orgullo.
- Así que eres el joven Walker. – Nanook asintió lentamente – Ahora recuerdo que mi expareja llegó una vez con documentaciones sobre casos que había trabajado. Encontré cartas y fotos dirigidas a tu padre que no tenían nada que ver con temas empresariales. Es fácil deducirlo si eres observador.
- Mi padre jamás tocó a ese oso. Fue un esposo y padre ejemplar. – refuté intentando mantener el ralentí de mis emociones.
- No he terminado. Arktos me confesó que, además de ser un excelente empresario, tu padre nunca le dio el mérito que se merecía. Por alguna razón, Artick se enamoró en secreto, pero tu padre nunca se enteró ni le dio importancia.
- Si este tipo, Montgomery, desató una furia irreversible tras el rechazo de Nanook, quiso cobrar venganza al conocer Carving – interpretó Zoe con agudeza, encajando los engranajes del caso -.
Arktos no solo se sentía estafado por el pasado; proyectó su frustración en el joven Walker exigiéndole algo repugnante para pisotear su dignidad.
Quería poseer una parte del oso que lo ignoró una vez. Eso lo hace más perverso.
- Me genera una duda – intervino Brutus- ¿Por qué nunca le confesaste la verdad, Nanook?
- Por miedo. Siempre evadía el tema de mis padres como si levantara un gran muro de hierro imposible de fundir. Amo a mi hijo. Pero a principios de este año me divorcié de mi esposa. Amaba a ese oso y lamento profundamente este dolor – concluyó Nanook con los ojos humedecidos.
- El peor error de una relación es callar la verdad, aunque duela hasta desterrarnos de este mundo – sentencio Brutus con una fuerza que me llegó al alma - Tal vez habría luchado por ti.
Tú lo salvaste de un abismo una vez, pero permitiste que las decisiones de tus padres pesaran más que su apoyo incondicional.
Carving y yo hemos solidificado nuestros pilares confesando nuestras inseguridades, y por eso que nos vamos a casar.
Estoy orgulloso de este joven que arriesgó su vida por mí y que, a pesar de todo, jamás ha perdido la cordura.
Sentí que las palabras de Brut besaban mi espíritu, estabilizando mi ritmo cardiaco en una experiencia de pura empatía y vulnerabilidad.
- Comprendo. Gracias por sus palabras señor… - Nanook dudó.
- Grizzly, Brutus Grizzly. – reconfirmó Brut, estrechándole su pata.
- Son una pareja muy unida – añadió Nanook – Por cierto, aunque soy un amigo de Martin, yo no soy quien llama a Arktos para sus encuentros casuales.
Pero tengo un contacto: un reno, menor que yo, a quién él contrata para bailes privados.
Montgomery sigue en Oregón, en su finca, pero no sé la ubicación exacta.
- Gracias por tu tiempo, Nanook. -me despedí con un apretón de patas - Lamento si me exalté un poco, pero temo que tu expareja debe pagar. Buena suerte.
- Hasta pronto, Carving. Gracias – Se marchó Nanook con una profunda sombra de tristeza.
Esa misma tarde cuando llegamos a casa. Brut y yo guardamos silencio absoluto sobre lo ocurrido.
Nanook no poseía una información técnica valiosa que ayudara a resolver el crimen de forma inmediata; no obstante, confesó algo que jamás esperé de Arktos: un profundo enamoramiento hacia mi padre.
Me tranquilizaba recordar que papá fue un oso que jamás compartió sus sentimientos con animales con los que no confiaba plenamente; supuse que, en algún momento, su instinto le advirtió sobre sus verdaderas intenciones de aquel sujeto y decidió mantener la distancia.
Nos encontrábamos en la sala viendo televisión, dejando que el ruido blanco nos desconectara del mundo.
Me senté en el regazo de mi prometido, agradeciéndole de corazón las palabras que había nacido de lo más profundo de su ser durante la reunión.
Mi oso había vertido luz sobre mi alma con su intervención: lo miré con orgullo y, antes de sellar el encuentro con un rotundo beso, le susurré “Gracias por ser mi sol”.