Capítulo 27 – La Nieve Curativa
La cascada del tiempo fluía sin revertir el pasado; el agua caía en un pozo infinito de recuerdos.
Era como si pudiese volver a lanzarme de aquel risco donde solía divertirme nadando con amigos, desafiando todas las preocupaciones que antes habitaban mi mente.
Ya había pasado un mes desde mi incidente.
Mi herida se había transformado en una costra sólida y, aunque mi pelaje aún no crecía en la zona tratada, los tejidos rosados revelaban una lenta constante reparación.
Recordé a un maestro mencionar que este proceso se llama hemostasia; un centro de rehabilitación donde las membranas actúan como una barrera y motor de una reparación.
Me alegraba recuperar la movilidad, aunque todavía no podía llevar mi cuerpo al límite para evitar lesiones.
Así que, empecé una rutina de ejercicios moderados madrugando a las cinco de la mañana junto a mi prometido, quien no se separó de mi en todo el proceso.
Brutus, que de vez en cuando trabajaba desde casa, había fortalecido algunas alianzas con los socios exportadores de Canadá para reducir barreras normativas y maximizar la presencia del extranjero.
Le aconsejé asociarse con REP Fitness, con el propósito de aumentar sus ingresos mediante su red de distribución y equipos de alta calidad en los hogares; una estrategia que superaría cualquier expectativa de crecimiento.
Noviembre llegó, y con él, el silencio puro que se filtraba a través de las rendijas de las ventanas; la pureza de una página en blanco, como si tomaras una pluma para reescribir tu propia historia.
Para muchos, el periodo invernal se trataba de corregir la ausencia de los errores del pasado, queriendo despojar toda malicia que abundaba en sus corazones.
Algunos la interpretaban como un aislamiento tranquilo pero profundo.
Yo no solía hacer mucho contacto con el frío, pues desde muy pequeño me provocaba resfríos que me obligaban a quedarme en casa, sin poder disfrutar de aquel manto blanco que arropaba las calles de Portland.
En cuanto a Montgomery, Zoe investigó los rincones más sombríos de la ciudad, pero ningún stripper conocía al “Polar Noel”.
La agente asumió que los encuentros de Arktos eran peticiones privadas, solicitadas por animales que poseían espacios ocultos tras puertas cerradas.
La señora Abernathy nos advirtió que debíamos permanecer bajo sitios sobrios, evitando que nuestras sombras llamaran la atención en la calle, como un siniestro esperando en la esquina.
Posteriormente, llevé el Jetta a su primer mantenimiento de los primeros cinco mil kilómetros.
Leonel recomendó no preocuparme por las millas extra; la garantía seguía intacta mientras no saliera de la casa de Volkswagen.
Le mencioné que revisaran detenidamente un cable de tierra, ya que esto provocaba problemas en la transmisión; me alivió saber que era uno de los afortunados cuyo sensor se encontrara bien ensamblado.
Hace unos días leí un reporte de la marca que decía que, principalmente en algunos Jettas Highline modelos 2025 – 2026 un sensor mal conectado ocasionaba dificultades y sobrecalentaba el motor con riesgo a un incendio inesperado.
Cabía mencionar que sólo el dos por ciento de la población se les presentó el inconveniente; sin embargo, no hubo reportes de vehículos incendiados.
Por suerte, la marca reconoció su error de ensamble y el mantenimiento fue gratis.
Mi querido amigo Leonel, me felicitó por ser un dueño cauteloso, ya que mi Jetta estaba en óptimas condiciones; lo único que hicieron fue rellenar el depósito del agua con jabón limpiaparabrisas.
Ahora me hallaba trabajando en la sala, mientras Balto hacía deberes calladamente; parecía un cachorro regañado por el silencio.
Las llamadas del concesionario no eran constantes, sin embargo, debía estar pendiente de los repuestos que no se encontraban en stock.
Las baterías, cuchillas limpiaparabrisas, pastillas de freno y neumáticos, eran los protagonistas ahora; en tiempos de lluvia y frio, las piezas de los vehículos sufren el desgaste de las calles congeladas, gritando por un reemplazo antes de que el invierno los detenga por completo
- ¿Deseas chocolate y pan? – pregunté, estirando mi cuerpo con cautela, sintiendo cómo mis músculos se despertaban tras el reposo.
- Muchas gracias. ¿Lo preparaste tú? – cuestionó Balto, sin apartar la vista de los cálculos que bailaban en su laptop.
- Así es. Brutus le encantó, se tomó dos tazas y quedó con el corazón contento – añadí con una sonrisa -. Debe estar por llegar, y Michael también vendrá acompañarnos un rato.
- Estoy muy cansado. Estos últimos días no he podido pegar el ojo; las noches se han vuelto desvelos infinitos – expresó, rodeando la taza con sus patas como si buscara refugio en su calor – Los proyectos de la universidad son interminables.
Al menos un compañero me está colaborando con su parte correspondiente – contó dándole un sorbo a mi bebida – ¡Qué delicia!
- Me alegra que te haya gustado – respondí, contemplando su expresión noble, esa que siempre me recordaba a la calma de la lluvia – Deberías descansar, Baltito. Llevas un buen rato adelantando ese trabajo sin realizar pausas activas.
- Tienes razón, mañana seguiré avanzando; quiero tomarme un descanso. Hoy sorprenderé a mi novio– soltó, realizando una mueca picara que rompió su seriedad.
- ¿Y ahora en qué estás pensando? ¿Acaso piensas bailarle en su regazo? – cuestioné, dejando que la curiosidad encendiera el interés.
- Algo así. Compré unos arneses para atrapar su atención mientras le hago un striptease.
Brendis me contó que Michael guarda fetiches un poco extraños.
– confesó, con un brillo en sus ojos que delataba sus ansias - Lo haré porque sé que la intimidad se ha quedado dormida después de lo que te pasó.
Nuestros tiempos no han podido coincidir, como dos bahías que no logran cruzarse.
Él llega agotado y yo me hundo en mis deberes.
- Comprendo, hermanito. Es completamente normal que las mareas de la pasión bajen por un tiempo. También ayuda fortalecer su comunicación y a mejorar la conexión emocional – reiteré, mientras mis ojos escaneaban las notificaciones de los clientes, como quien vigilia a un ser desconocido.
- Nosotros hablamos de todo lo que favorece la relación.
Él me escucha con la devoción de un padre cuando le hablo de mis metas.
Últimamente hemos visitado a mis padres, les lleva su comida favorita y se preocupa por mi bienestar.
Lo amo, es un ser de azúcar. Es mucho más risueño que yo cuando lo consiento; literalmente se convierte en un cachorro – contó mientras lavaba su taza.
- Que lindo escuchar eso, hermanito – lo abracé, sintiendo nuestra calidez de nuestra hermandad– ¿sabes qué haría que ese traje que fuera perfecto? Espérame un segundo – mencioné mientras emprendía el ascenso por las escaleras, como quien escala una montaña de seda.
Recurrí a la habitación con pasos medios extrayendo el regalo que había mantenido bajo la cama como un tesoro esperando su momento.
Lo envolví en una caja de un negro profundo entrelazando alrededor un gran moño rojo que resaltaba como una herida de pasión por la oscuridad.
No pesaba más de un kilo, su ligereza relataba con una intensidad al igual que su alma pura y noble.
Era, simplemente, un tributo que él merecía; la ofrenda para aquel se convirtió en una estrella fugaz que había iluminado el sendero de mi vida.
- Balto, eres mi hermano. Te adoro. Gracias por lo que hiciste por mi – le dije, entregándole la caja, su expresión era un mapa no descubierto, como si no lograra descubrir su contenido.
- ¿Me vas a proponer matrimonio, Apestoso? – bromeó frunciendo el ceño, intentando ocultar su nerviosismo bajo su capa de humor ¿Qué es esto?
- No preguntes, solo ábrelo – solté con mucha emoción.
- ¡Carving!, no debiste –susurró con voz quebrantada – Wow, que hermosa cadena ¿es de plata? – cuestionó.
- No, es de oro blanco – aclaré - Esa cadenilla simboliza tu fuerza y temple bajo una apariencia refinada y brillante; un metal precioso que no necesita gritar para demostrar tu valor.
No te pregunté si la querías porque sé que me la habrías rechazado, pero lo que hiciste por mí, siempre lo llevaré grabado en mi corazón.
Gracias – enfaticé mientras mis ojos volvían por un breve segundo al ordenador, tratando de anclar mis sentimientos.
- Te la habría rechazado, tienes razón – confesó entre risas – Sabes que no suelo portar este tipo de joyas; no porque no me gusten, sino porque el valor material no suele llamar mi atención pese a su valor.
Sin embargo – dijo, tomando el dije entre sus dedos - no puedo resistirme a este mensaje “My Hero” gracias, hermanito.
En un impulso de afecto puro, me abrazó, pero sus brazos rodearon por accidente la herida de mi flanco.
- Ahggg, me duele – chillé.
- ¡Perdón, perdón! - exclamó, retirándose de inmediato y rascándose la cabeza con un gesto de culpa - Me dejé llevar por la emoción y olvidé que eras de porcelana.
Más adelante, Brutus y Michael llegaron a casa trayendo hamburguesas para cenar.
Cada vez que mi prometido me besaba, al final de nuestro encuentro romántico, rozaba su nariz con la mía.
Su rastro húmedo y áspero, una caricia primitiva que se había convertido un saludo único y especial entre nosotros.
Ya no éramos solo novios, habíamos transbordado hacia una etapa enfocada en la planificación de un futuro, formalizando nuestra unión bajo los pilares de lealtad y fidelidad.
Reconocía perfectamente que emprendimos una relación de ocho meses que culminó con un compromiso, y aunque para algunos pudiera parecer una decisión apresurada Brut y yo lo interpretamos como una travesía basada en la certeza emocional, la compatibilidad intensiva y madurez.
En poco tiempo, nuestro vinculo se transformó en una conexión profunda y estable como un puerto seguro tras la tempestad.
No negaba que existían encuentros donde surgían inconformidades, pero siempre las solucionábamos navegando a través de lo que cada uno sentía, hasta reconocer nuestros propios errores.
Me aliviaba saber que él no era un oso orgulloso, siempre mantenía calma ante toda situación, haciendo gala de esta templanza de gran negociante y exportador que lo caracterizaba.
Su madre adoptiva lo había educado con una rectitud admirable.
En resumen, era un compromiso no acelerado, sino un proyecto cuyo éxito radicaba en la intensidad mutua y claridad absoluta de nuestros propósitos.
- ¿Y qué tal la empresa? Intrigué, dejando que la curiosidad explorara en el universo de los negocios.
- Bien, la compañía de REP Fitness respondió al correo para iniciar los nuevos contratos de la asociación – afirmó Brutus con una expresión que iluminaba su rostro.
- También mencionaron que incorporarán más productos enfocados a los entrenadores profesionales de Canadá. – añadió Michael, entusiasmado por la expansión del inventario.
- Me alegra saber que estamos en el camino correcto –dije, mientras servía jugo para todos– México también recibió sus artículos satisfactoriamente; la señora Francis me confirmó que todo salió tal como ella lo había proyectado en sus deseos – le mostré el mensaje a mi oso y el me agradeció con un beso que sabía a vitoria compartida.
- ¡Qué bien! Por cierto, Zoe me llamó. Tiene noticias de… ya sabes quien – Brutus se abstuvo en pronunciar su nombre, como si no quisiera invocar nubarrones sobre nuestra mesa.
- ¿Qué te dijo? – Cuestioné, dándole un mordisco a mi hamburguesa, intentando mantener la calma.
- Contactó a uno de los amigos de Martin; resulta que es su expareja.
Un oso polar de treinta años. No pensé que ese tipo compartiera nuestras mismas orientaciones.
En fin, este muchacho sabe dónde se encuentra, pero Zoe quiere que nos veamos con él.
Dijo que su relación fue estable por dos años, pero tuvo que terminar con Arktos, porque su familia lo obligó a casarse con un hembra.
Fue sacrificio forzado– agregó Brutus manteniendo su mirada fija en la mía - ¿Tú qué opinas?
- Puede que Arktos guarda resentimiento contra él – intuí, observando el ultimo pedazo de carne como quien analiza un mapa de intenciones.
- Tal vez. Aún no lo sabemos con certeza; la reunión es el próximo jueves – recordó Brut mientras comenzaba a levantar la loza.
- Tranquilo, Apestoso. Nadie te hará daño esta vez. Nosotros te vamos a proteger, confía – intervino Michael. Ya lo sentía como un amigo más. Aunque nunca le había preguntado por qué decidió atacarme con severidad desde el primer día de mis prácticas.
- Gracias, Mike. – le sonreí – Oye, ¿Por qué fuiste tan duro conmigo aquella primera vez?
- Estuve esperando mucho tiempo a que me lo preguntaras.
Balto lo sabe porque él me reprendió; yo mismo se lo conté.
Verás, amigo, no fue por envidia. Algunos pasantes no ofrecían ideas, solo se dedicaban a molestar por ser el “bodeguero” sin saber que soy inversionista y que parte de mi capital fluye en las acciones del señor Grizzly.
Era hiriente recibir esos comentarios y yo tomaba medidas severas, pero tú no te pareces en nada a ellos.
Balto me enseñó que, sin importar el animal, no es correcto regañar de esa forma.
Lo siento mucho. – confesó, paseándose por la cocina con la honestidad a flor de piel.
- Gracias por decirme la verdad. Tus acciones recientes ya han borrado cualquier rastro de aquel mal comienzo. – respondí, apoyando mis brazos en el mesón con una sensación de paz.
- No, a ti, amigo, por escucharme – añadió mientras se limpiaba las patas – Bueno, mi perrito, vamos a casa. Cuídense. Adiós
- Nos vemos, hermano, adiós señor Grizzly – Balto me guiñó el ojo con complicidad; ese gesto era la señal silenciosa que mañana me contaría cada detalle de su plan para esta noche.
Nuevamente, el silencio se apoderó del lugar como si pausáramos nuestras acciones sumergiéndonos en una necesaria introspección.
Mi marido y yo nos retiramos a la cama; a través del cristal, la nieve que caía se podía interpretarse como una lentitud profunda o como la muerte simbólica de la naturaleza durante el invierno.
En ese momento, divisé a Brut y lo abracé, regocijándome cuidosamente entre sus brazos.
La paz que emanábamos era como pequeñas flores de hielo, resaltando la belleza delicada de los copos en medio de la penumbra.