Capítulo 24 – Sangre Alemana
Sangre, traición, dolor; tres palabras para tres sufrimientos.
La agonía se regocijaba en mi interior como un remolino que amenazaba con destruir los cofres de mis recuerdos más preciados.
No tenía relevancia seguir combatiendo contra animales que huían sin mostrar sus verdaderas intenciones; para ellos, las armas de fuego eran su única forma de sonreírle a la vida cuando el peligro los acechaba.
Arktos Montgomery era eso: un delincuente oculto entre las sombras que cazaba a sus víctimas bajo amenazas de muerte.
Yo había caído en su trampa, ignorando que sus designios no eran más que un juego de palabras teñidas de resentimiento.
En ese instante, mis progenitores se defendieron a través de la sangre que corría por mis venas; el dolor moldeó mi carácter y la traición se convirtió en el combustible con el que destruiría al oso polar.
Esas tres palabras me enseñaron, con amarga sabiduría, en qué animales podía confiar realmente.
Los primeros olores que mi nariz absorbió fueron una mezcla punzante de alcohol, desinfectantes, antisépticos sumados al rastro metálico de fluidos corporales y medicamentos.
Mi cuerpo carecía de fuerzas; no podía moverme.
Abrí los ojos lentamente y lo primero que divisé fueron las máquinas monitoreando mis constantes vitales.
El catéter inyectado en mi antebrazo transportaba un líquido rojo proveniente, nada más y nada menos de mi hermano.
Balto, el joven pastor alemán, había salvado mi vida convirtiéndose un héroe.
Lo encontré profundamente dormido en el sofá-cama a mi lado. Me sentía desconcertado, como si caminara por un sendero sin brújula; había perdido la noción del tiempo. Supuse que no habían transcurrido más de veinte horas desde que la tragedia estalló en aquel despacho.
- ¿Balto? – empecé a llamarlo, pero mi voz no tenía fuerza suficiente. Sentía la garganta en llamas, como si me hubieran obligado a tragar fuego. – Baltito, hermano.
Vi que se movía hasta que logró despertar.
- ¡Carving! ¡Cielos santos! – exclamó, rompiendo a llorar de felicidad. Quería compartir su emoción, pero mi cuerpo era prisión de debilidad – ¡Qué susto nos diste a todos, hermanito! – sollozaba mientras yo, con las pocas fuerzas que me quedaban, intentaba acariciar su lomo.
- No tengo palabras para describir lo valiente que fuiste. Creí que moriría en ese callejón sin que nadie me auxiliara. Agh – Un pinchazo en el abdomen me cortó la respiración.
- ¡No hables, por favor! Quédate quieto. Tu herida acaba de ser tratada. Tuviste mucha suerte de que nuestro tipo de sangre coincidiera; no sabía que eras B+ - dijo mostrándome el vendaje en su propio antebrazo – Llamaré al doctor, descuida.
Presionó el botón de emergencias y el médico acudió al instante.
- ¡Despertaste, señor Walker! Por poco te pierdes en el camino; si no fuera por tu amigo, que logró contener la hemorragia con sus propias prendas.
Eres un milagro viviente, Carving – explicó el doctor mientras revisaba mis monitores – El disparo penetró en el flanco derecho, pero afortunadamente no hubo una pérdida masiva de sangre.
Tardarás semanas o quizás meses en recuperar tus niveles de glóbulos rojos; tendrás fatiga constante, lo que llamamos Anemia Residual por ahora, el joven Cavendish logró estabilizarse con su donación.
Debes descansar. En cuatro días te daremos de alta.
Le diré al señor Brutus que ya puede pasar – concluyó el médico, dejándome en una inmensa sensación de gratitud.
Balto me tomó mis garras, negándose a soltarme.
- Gracias, doctor – alcancé a decir con una leve sonrisa. Luego miré a mi amigo - ¿Cómo lograste hallarme?
- Desde el principio te dije que jamás pretendía abandonarte – recordó Balto, evocando nuestra charla en Forest Park - Tras dejarte en la puerta, decidí esperarte a unos edificios de distancia.
Pasadas las dos horas, me alarmé cuando vi que las luces del bloque se apagaban.
Tengo que confesarte algo: cuando respondí la llamada del señor Grizzly, activé la grabación de voz desde tu teléfono y compartí nuestras ubicaciones en tiempo real.
No quise decirte nada para no levantar sospechas frente a Arktos; tu reacción te habría delatado.
Hizo una pausa, tragando saliva para continuar.
- Como perro pastor alemán, es un honor de haberte salvado.
Te encontré en un callejón tirado, como si fueras un deshecho.
El oso quemó toda su ropa ensangrentada para borrar el rastro del crimen.
Llamé a la policía y a la ambulancia de inmediato; usé mi chaqueta y camiseta para presionar la herida.
Tu pulso era casi imperceptible… estabas muriendo.
El tiempo pasaba como si una tortuga intentara cruzar una meta infinita.
Me mantuve firme solo por la esperanza. Lloré porque tenía pánico de perderte, pero cuando sentí tus patas acariciar mis orejas en aquel callejón, supe que todavía estabas ahí, luchando por volver.
La historia de Balto hizo que soltara las lágrimas que tenía contenidas.
Intenté no alterarme por mi condición, pero era imposible resistirse ante la magnitud de sus acciones que devolvieron mi vida.
No sólo construimos una simple amistad; él era parte de mi familia, el hermano que siempre anhelé tener a mi lado cuando apenas era un osezno. Tal parece que mi deseo fue concedido.
- No encuentro la forma ni palabras para agradecerte. En este momento quisiera darte un discurso, pero mi cuerpo se niega a cooperar. Tengo que compensarte de alguna manera – expresé, tratando de mantener la voz firme.
- Descuida, no tienes que agradecer nada.
Para mí fue un privilegio salvar a mi hermanito.
– respondió, dándome un beso protector en la frente – Brutus...
– añadió con un rastro de preocupación– no ha podido estabilizarse emocionalmente, Jack, Brenda y Michael lo acompañaron toda la noche.
Llegó justo en el momento en que la ambulancia recogía tu cuerpo y se deshizo en un mar de lágrimas.
Se culpa así mismo por haberte dejado sólo.
Espero logre calmarse cuando te vea despierto.
Al escuchar aquello, mi necesidad de verlo se volvió urgente Si era necesario calmar sus demonios y su culpa, estaba dispuesto a no callarme nunca más.
La puerta de la habitación crujió al abrirse lentamente.
La alegría que emanó de mi cuerpo fue un alivio transformador, capaz de iluminar un entorno sombrío.
Sus ojos brillaron al instante; cada gota que resbalaba por sus mejillas parecía contener un recuerdo único de nuestros momentos más maravillosos.
La sonrisa, aunque melancólica, rompió la tensión con un gesto en una acogida absoluta.
Era un contraste poderoso: como si su flaqueza se desvaneciera al verme, sustituyendo el terror de haberme imaginado en mi lecho de muerte por una paz repentina.
Sus brazos rodearon mi nuca con una delicadeza extrema, aliviando por instante el dolor punzante en mi flanco.
Sus lamentos eran desgarradoramente reales; se aferraba a mí como un pequeño cachorro abrumado por la culpa, castigándose por haberme dejado marchar a aquella cita.
- Mi peluditooo… – sollozó Brutus mientras yo acariciaba su espalda con ternura – Yo…
debí llegar antes de la tragedia. Tal como habíamos acordado, perdóname, osito.
Me quedé platicando un poco más con los socios…
Cuando vi el alboroto frente del edificio pensé que te había perdido.
Lo siento tanto… - se disculpó, cargando con la culpa de mis propias decisiones.
- No te castigues, peludote. Yo mismo advertí que me encargaría por mi propia cuenta. Corrí el riesgo y pagué las consecuencias; si no fuera por Balto, ahora los estaría protegiéndolos desde los cielos – respondí, dándole un beso reconfortante para sellar su perdón.
- Es un sádico – intervino Balto. Estaba analizando la grabación de mi teléfono, justo en la parte donde Arktos me ofrecía aquel trato perverso – Este tipo es más astuto de que lo que esperaba; usó un silenciador para no alterar a nadie dentro del edificio – añadió con precisión técnica.
- Eso ya no importa – sentencié – Pude haber salvado una herencia manchada de sangre, pero no iba vender mi cuerpo a un psicópata, ni a poner tu vida en riesgo, Brut.
No preví que su malicia superara mi estrategia, y él tenía motivos para disparar; no quería que la policía investigara– afirmé, mientras me ayudaban a acomodarme.
Sin embargo, noté que Brutus se alteró, Su expresión cambió por completo, parecía un volcán a punto de estallar.
- ¡Es un maldito cobarde por haberte atacado así! – rugió – Voy a contratar servicios externos para gestionar esta situación – sacó su teléfono con furia.
- ¿Acaso quieres convertirte en un asesino igual que él? – Inquirí, frunciendo el ceño – No hace falta, las autoridades ya están investigando y es probable que ese oso nos esté buscando. Él conoce perfectamente cada uno nuestros movimientos.
- ¿Por qué piensas eso de mí, Carving? – la tensión entre ambos se volvió eléctrica - Quiero justica por lo que te hizo. No puedo imaginar qué sería de mi si hubieras muerto. Mi vida no tendría sentido si no estás a mi lado.
- Te entiendo, osote. Pero la venganza no es el camino.
Sé qué harías lo imposible por matarlo, pero yo no puedo aceptar esa idea.
Piensa en nosotros, por favor. No perdonaría a ese bastardo si terminas bajo tierra por un impulso.
¿Crees que es fácil para mi estar aquí postrado mientras tú arriesgas la vida exponiéndote así nada más?
– lo cuestioné con firmeza – Me sacrifiqué justamente para evitar eso.
Esto es lo que él quiere: separarnos. Te amo, Brutus.
Pero no podría soportar este dolor si no estás conmigo.
Mi llanto finalmente logró calmar la marea intrépida de su ira.
Cautivé su mirada desde mi lugar en la cama, reconociendo claramente el punto al que deseábamos llegar.
No estábamos peleando ni discutiendo: solo quería protegerlo.
Tenía miedo y él sabía cómo consolarme: el eco físico de sus palabras eran producto de un beso, sellando las promesas de su piel y convirtiendo lo que antes era un simple sonido en una verdad tangible que ahora vivía en mi boca.
Había extrañado la sensación de ser amado por alguien externo a mi familia, y no estaba dispuesto a perderlo.
- ¿Eso te hace sentir mejor, peludito? – Preguntó Brutus, tras separar sus labios de los míos.
- Mejor que nunca. Sigo viviendo por ti, osote. Pero no hagas nada estúpido, por favor – recalqué, mientras Balto me ayudaba a recostarme sobre su hombro para estar más cómodo.
- Descuida, hablaré con una vieja amiga. Es una agente muy importante en la ciudad, ella podrá ayudarnos a resolver el caso legalmente – me besó la nariz con ternura – Dejaré que la familia Cavendish pase a visitarte. Te amo, mi amor.
Antes de salir, vi cómo Brutus se acercaba a Balto y le daba un beso en la frente.
- Gracias por cuidar a tu hermano. Haré que todos reconozcan tus valiosas acciones – le dijo con gratitud sincera.