Tratos No Negociables Capítulo 23 – La Cita Indeseada #2
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Capítulo 23 – La Cita Indeseada #2

- Eres inteligente – dijo con una mirada perversa - Me sorprende que no cayeras en esa mentira. Pero la verdad es que él nunca pagó mis honorarios, y ahora tendré que cobrármelos contigo, de una u otra forma.

- ¿Qué clase de negocio propone? –Si tanto quiere la herencia, quédesela. – dije, mientras el miedo empezaba a consumirme.

- Eres solo un niño, Carving. – se levantó, mirando el ventanal donde la noche ya devoraba el atardecer– Tu estúpido dinero no me importa. Quédatelo. Pero habrá consecuencias para ambos. Deseo el trofeo que Britahny y James, no me permitieron tener.

Al girarse, tenía la camisa desabrochada, revelando su cuerpo voluminoso y trabajado. Quise escapar, pero sus ojos gélidos me congelaron en el sitio.

- Si accedes a ser mío por unos cincuenta minutos, desbloquearé tu cuenta y…

- Abrió un cajón y extrajo algo metálico: un arma de fuego que me observaba como el ojo oscuro de una cobra lista para lanzar su veneno de plomo - Dejaré que tu patético novio siga con su miserable vida.

Si te niegas, Brutus terminará sepultado antes de que alguien lo note.

Mi cuerpo reaccionó por puro instinto de supervivencia.

Corrí hacia la salida, pero al tocar la manija, escuché el trueno seco del arma.

Un relámpago de plomo cortó el aire. Las imágenes de mi vida se fragmentaron en mi mente; sentí el impacto en mi costado derecho como si rompieran un saco de arena que se desinflaba en el suelo.

- Esa fue la peor decisión que pudiste tomar – Sentenció Arktos mientras yo caía - Ya obtuve una mejor recompensa. Matar al hijo del James Walker. Salúdamelos de mi parte. Es una lástima no haber tocado esa piel tuya. Hasta nunca, joven Carving. Ahí tienes tu premio.

La libreta de la herencia cayó como un objeto pesado sobre mi abdomen. El brillo de su mirada empezó a desvanecerse; el mundo se veía borroso y mis latidos, cada vez eran más lentos por el sangrado, se perdieron en el silencio de la oficina.

Más adelante, sentía como unas patas me izaban.

Mi cuerpo se sentía ligero, como una marioneta con hilos cortados.

Mientras Arktos me arrastraba por un callejón oscuro lograba divisar su silueta despojando de las prendas ensangrentadas y de los guantes que borraban el rastro de su crimen.

Envolvió el arma en un pañuelo, ocultándola en lo profundo de una bolsa de basura y se marchó riéndose de mi agonía.

No tenía fuerzas ni a quién pedir auxilio.

Supuse que aquel era el fin de mi existencia, derramando sobre el asfalto la sangre que mis padres me otorgaron.

De pronto, desperté en un gran valle inmenso.

Era un mundo donde el aroma de las flores parecía absorber y potenciar gran parte de mi felicidad.

Caminé explorando aquel lugar en silencio absoluto, lejos del ruido de la ciudad; era como haberme adentrado en uno mis sueños más anhelados, en una introspección total.

Entonces, escuché las voces de un hombre que me llamaba por mi nombre.

El eco procedía detrás de una gran montaña.

Corrí hacia el lugar donde provenía aquel llamado.

Al alcanzar la cima, me topé con algo que jamás imaginé volver a contemplar: el avión de mis padres.

No había gravedad, solo una atracción magnética hacia las voces que creía perdidas.

Ver los restos de la aeronave no me causó dolor, sino que reconfortó mis recuerdos; sentí cómo el vacío de mi corazón se llenaba lentamente, como si hubieran estado esperando mi llegada desde siempre.

- ¿Mamá...papá? - ¿Son ustedes de verdad? – titubeé incapaz de procesar el milagro.

- Carving, mi pequeño. ¡Cuánto has crecido! No pensamos verte tan pronto, cariño – habló mi mamá acariciando mis mejillas con una calidez que había olvidado.

- No tuve mucha suerte. Desahogué mi ira en contra de Arktos y él me disparó – confesé con la voz quebrantada.

- Jugaste con fuego, hijo. Montgomery fue consumido por la oscuridad desde que empezó a envidiar mis logros – explicó mi padre, observando fijamente las brasas de la fogata – Fue un error dejar mi fortuna en manos de aquel abogado; en ese entonces, no vi otra opción.

Él conocía cada movimiento financiero y se apoderó de tu herencia.

Estos fueron los resultados de mis propias omisiones – se lamentó.

- No iba a vender mi cuerpo ni a poner en riesgo la vida de Brutus por mis malas decisiones. Quise escapar, pero eso era justo lo que él quería; verme aquí sin vida, junto a ustedes – argumenté, defendiendo mi honor.

- De eso no tengo dudas, hijo – dijo él, poniendo su pata sobre en mi hombro – He visto como has crecido estos años y nunca imaginé verte triunfar con la fuerza con la que lo haces ahora.

Tienes una vida entera por delante junto con tu hermano Balto y tu pareja, Brutus.

Hemos sido testigos de cada uno de tus sacrificios.

No dejes que nada ni nadie manche tu apellido.

Eres un Walker, renace con mayor fortaleza y conviértete en alguien destacable.

Lo abracé por última vez, sintiendo que mis logros finalmente daban frutos gracias a una fuerza que emanaba en lo más profundo de mi ser

- Te amamos, vive y cumple tus sueños con abundancia.

De pronto, el espacio astral fue succionado por un vórtice de realidad.

La calidez del reencuentro se transformó en el peso brutal de mi cuerpo herido.

A lo lejos, escuchaba voces confusas; entre ellas, los sollozos de Balto, quien lloraba como si algo en su interior se hubiera roto para siempre.

Nunca lo había oído sufrir de tal manera.

Lentamente, abrí los ojos. Su cabeza peluda reposaba sobre mi pecho, dificultándome la respiración.

Acaricié tiernamente sus orejas para tranquilizarlo y, de inmediato, su tristeza se disipó, reemplazada por una reacción de asombro y alivio, como si el regalo más anhelado del mundo hubiera regresado a sus brazos.