Capítulo 21 – Se Acabó La Espera
El tiempo era un río que nunca dejaba de fluir; una cascada infinita donde el agua se negaba a detenerse, como si cada gota esparcida reflejara los mejores momentos de nuestras vidas.
Era octubre, y el frío comenzaba a filtrarse hasta en el orificio más mínimo.
Las hojas otoñales representaban la transición de los eventos que debíamos soltar.
Los animales con depresión lo interpretaban como recuerdos del pasado que se negaban a desprenderse de las ramas; su única esperanza era la energía que los árboles preservaba para el invierno.
Era mi estación favorita; por alguna y extraña razón la naturaleza me invitaba a la introspección, sus colores rojos, amarillos y anaranjados evocaban calidez melancólica y acogedora.
Me hallaba en el departamento de Balto, empacando las últimas prendas de mi armario.
Nunca imaginé que llegaría este momento; no era una despedida definitiva, sino, un recuerdo que atesoraría en lo más profundo de mi ser.
Durante los últimos meses, ya no frecuentábamos su propiedad; él también había tomado la decisión de vivir con Michael varios días atrás.
Al empacar, me asaltaban todo tipo de recuerdos cuando me mudé aquí: Balto me abrió las puertas de su corazón y de su hogar con la más sincera hospitalidad.
Guardaré las noches de desvelo como un símbolo de mi mayor esfuerzo; en ese entonces, los trabajos de la universidad se convertían en pesadillas que no me dejaban dormir.
Mi amigo también pasaba veladas, estudiando y memorizando fórmulas que requerían de práctica constante.
Aún atesoro aquel fragmento del pasado en el que yo lo ayudé a estudiar para su examen final; se esforzó como si entrenara para ganar el maratón de su vida.
Viví grandes experiencias junto a mi gran hermanito y sentí como se aguaban los ojos; son reminiscencias que llevaré hasta el día de mi muerte.
Antes de salir por la habitación, escuché que alguien introducía la llave en el acceso principal.
Supuse que Balto había olvidado alguna mochila, sin embargo, me sorprendió ver al señor Neithan ingresando al departamento de su hijo.
Al principio quería esconderme, pero mis impulsos me obligaron a quedarme; quería averiguar algo que él sabía perfectamente cuando conocí al señor Montgomery.
Era un misterio que se ocultaba tras las paredes, como si él hubiera observado cada paso que daba.
- ¿Señor Neithan? ¡Qué alegría volver a verlo! – Saludé, apoyando mi hombro contra el marco de la puerta.
- ¡Carving! No pensaba encontrarte por aquí, campeón. ¿Cómo has estado? ¿Ya de salida? – cuestionó, overeando mis maletas con interés.
- Si, acabo de retirar mis últimas prendas.
Ya es un hecho; me mudo con mi pareja – expresé, recorriendo las paredes con la mirada como si fueran testigos mudos de mis mejores años junto a Balto - Quería aprovechar para agradecerle su hospitalidad.
Sin su apoyo, no estaría donde estoy ahora.
Déjeme expresarle que su hijo Balto tiene un potencial increíble, al igual que usted. – añadí con elocuencia.
- Fue todo un placer, Carving. Me alegra que nos consideraras parte de tu camino hacia la cima.
Recuerda que siempre seremos una familia más para ti; nunca lo dudes.
– respondió, dándome un abrazo paternal – Balto decidió rentar su departamento y uno de mis clientes está interesado verlo.
Por cierto, me enteré de que pronto comprarás un local en Alberta.
¡Felicidades! Es una excelente forma de poner a trabajar el dinero.
- Así es. Hoy mismo iré al banco a gestionar lo de la herencia de mi papá. Hace poco cerramos el negocio con el dueño, que estuvo fuera de Portland un buen tiempo – justifiqué, el retraso de la compra.
- Me alegra que se haya concretado. Brutus debe estar orgulloso. Y no creas que olvidé la invitación que hiciste para celebrar el progreso de tu relación – recordó, aludiendo a aquella cena familiar.
- Ese Balto se apresuró en arruinar la sorpresa…. es un loquillo. – reí sumamente – Pero aprovechando el tema, desde ese día no volví a ver al señor Arktos – añadí, entrando en materia.
- Es un oso muy ocupado. A decir verdad, él es quien está interesado en vivir aquí – confesó y sentí un escalofrío que recorrió mi espalada al escucharlo.
- Señor Neithan, perdóneme si me entrometo, pero… ¿Qué intenciones tenía esa noche respecto a mis padres? Parecía conocerlos más que bien – pregunté con el máximo respeto.
- No me extraña que lo preguntes, también me intrigó su reacción. Lo único que logré averiguar es que eran muy buenos amigos; no me soltó prenda de nada más. Quizás solo se asombró de ver lo mucho que has madurado. – comentó mientras comenzaba a tomar fotografías del lugar.
- Comprendo, bueno, debo retirarme. Brutus me espera en el estacionamiento. Dale mis saludos a mamá Nicole y la señora Carmenza. – me despedí con un último abrazo, soltando simbólicamente los retazos de mi antigua vida.
- Que te vaya bien, campeón. Suerte con lo del banco – concluyó, volviendo a sus asuntos.
Más adelante, Brut y yo nos encontrábamos viajando entre las avenidas W Harvey Milk St, y Overlook.
Mientras subía al Taos, le confesé los motivos de mi tardanza en el departamento; su reacción fue serena, demostrando su felicidad a través de sonrisas cálidas.
Ya no había nada que nos resultara desconocido, pues habíamos identificado patrones de convivencia y estándares que hacían sobresalir como pareja.
Al unificar los factores que fortalecían nuestro amor, consolidamos la confianza y la complicidad necesarias para trabajar en equipo, una verdadera dinámica de pareja.
Afortunadamente en los siete meses transcurridos, jamás hemos tenido conflictos por infidelidades, tareas domésticas, abusos o problemas financieros.
Construimos nuestro noviazgo integrando el respeto, la confianza y la libertad individual donde ambos crecíamos como animales y la empatía.
Me costaba asimilar la rapidez con la que adoptábamos nuevas personalidades: Balto y yo nos reuníamos cada domingo con el fin no perder la comunicación de años atrás.
Michael y él lograron sostener su noviazgo gracias al apoyo mutuo; el joven pastor alemán aprendió a gestionar sus emociones.
La última vez que paseamos por Forest Park, se expresaba más con una seguridad renovada, como flor que resplandece ignorando a las que envidaban su glamur.
Percibía sus músculos más relajados al platicar; aunque las llamadas eran constantes, yo escuchaba con atención su progreso: se sentía protegido y amado dentro de un capullo.
A llegar al estacionamiento, la brisa gélida se filtró a través de mis prendas; era como si copos de nieve invisibles se adhieran a mi pelaje, dándome el abrazo congelado del otoño.
Las calles se tiñeron en tonalidades cálidas bajo un ambiente cada vez más frio.
Algunos transeúntes más pequeños aprovechaban a jugar sobre las montañas de hojas que acumulaban los limpiadores de Portland.
Las ganas de lanzarme a jugar con los cachorros eran inevitables: me recordaba a mis días de osezno cuando hacía lo mismo con mi madre, deshaciendo toda su limpieza.
Ese recuerdo me hizo sonreír con ternura.
Más tarde, entramos al banco United States National.
Saqué el turno y nos dispusimos a esperar.
Brut y yo seguíamos con las patas entrelazadas; los conocidos que lo distinguían se acercaban para saludarnos cordialmente.
Era gratificante ver cómo la gente respetaba el aura que habíamos construido, aunque me divertía que a veces nos confundieran con hermanos o incluso que pensaran que yo era su hijo.
Tras varios minutos, fuimos llamados por el asesor: quien era una pantera muy amistosa.
Nos saludos estrechando nuestra patas; sentía que una nueva victoria estaba punto de lograrse.
Solo quedaba agradecer, en silencio a mi padre.
- Dígame, señor Carving, ¿cuál es el motivo de su visita? – interrogó el señor Smith mientras ingresaba mis datos en el sistema.
- Como verá señor Smith, vengo a disponer de una parte del dinero que dejó mi padre el señor James Walker – respondí embozando una sutil sonrisa.
- Con que usted es el hijo del señor Walker…
Déjeme verificar el monto exacto que custodiamos para usted – Nunca en mi vida me había detenido a pensar cuánto dinero habría ahorrado papá – Bien señor, Carving.
Su padre era un cliente frecuente en nuestra institución, manejaba sumas considerables tanto en activos como en pasivos.
Su herencia asciende a los: $20.000.000 de dólares ¿Cuánto desea retirar?
- ¿Perdón? –Brutus se enderezó de golpe – Carving, pequeño… eso te sitúa en el dos por ciento de la población ultra rica. Debes tener mucho cuidado, dale un buen uso a ese patrimonio– me susurró, visiblemente impresionado.
- Tranquilo. Lo hare con sensatez, grandulón – respondí, dándole un beso rápido en su mejilla – Quiero retirar $550.000 dólares para la compra de una bodega en Alberta Street - Apenas podría creer la cifra que mi familia había logrado superar.
- Perfecto, procederé con la solicitud de la plataforma–dijo Smith, mientras tecleaba. Brut y yo nos miramos con complicidad y alegría hasta que el asesor se detuvo – Disculpe, ¿usted tiene hermanos?
- No señor ¿sucede algo? – pregunté muy confundido con la pregunta fuera de lugar.
- Me temo que no es posible realizar el movimiento. Alguien congeló la cuenta de su padre ante cualquier retiro o consignación. ¿El abogado que leyó el testamento no le comentó al respecto?
- Fue hace muchos años; envió un representante en su lugar. Jamás mencionó el inconveniente, sólo aseguró que la cuenta estaba libre cuando yo decidiera disponer de ella – expliqué, sintiendo que la calma se me escapaba.
- ¿Y usted no conoció qué abogado representaba al señor James en aquel entonces? – La pregunta me dejó sin palabras.
- No, señor – solté mientras Brutus escuchaba con seriedad imponente.
- Disculpe, señor Smith. – intervino Brutus, intentando ayudarme - ¿Tiene los datos del anterior abogado del señor Walker? Bloquear el acceso a los fondos sin una base legal justa o para beneficio propio, es motivo de queja ante la Comisión de Disciplina Judicial.
- Puedo brindarle los datos para que procedan a la denuncia. Permítanme un momento – Smith chequeó su ordenador – Según el sistema, el responsable del bloqueo es el abogado Arktos Montgomery.
Golpeé la mesa con el puño, dejando que la furia acumulada estallara.
- ¿Me está diciendo que ese oso polar bloqueó mis fondos?
—exclamé, sintiendo que la sangre me hervía.
La presión en el pecho me dificultaba respirar; era la primera vez en años que la indignación me superaba de forma tan eufórica.
Montgomery no solo conocía a mi padre; estaba intentando controlar mi futuro.
- ¡Carving, basta! – Brutus me corrigió gritándome – Este no es lugar para escenas. ¿Dices que no lo conoces, pero reacciones así? - cuestionó, apoyando su pata en mi hombro para contenerme.
- Escuchen… no tenía idea de quien era hasta que el señor Smith mencionara su nombre.
Lo conocí hace tres meses por un amigo mío, el señor Cavendish.
Pido una disculpa – sentencié antes de retirarme del banco para esperar a mi pareja en el estacionamiento, con el corazón martilleando contra mis costillas.
Mi mente estaba bloqueada; sentía como el sudor de mi espalda recorría la llanura de mi pelaje, humedeciendo todo a su paso.
No tenía razones para enojarme con Brutus; él había hecho lo correcto en reprender mis acciones.
No hubo golpes y agresiones verbales: solo usó términos simples cargados de firmeza fácil de comprender.
Tomó mis patas, que reposaban tensas sobre mi regazo, la suavidad con la que entrelazaba sus dedos era una muestra inherente de su paciencia.
Su amor y su bondad seguían allí, intactos, esperando a que yo confesara lo que ocurrió ese día de la cena.
El silencio en la Taos no era tenso, sino una invitación a la honestidad que ya no podía seguir postergando.
- La furia no es la mejor opción si piensas solucionar todo este embrollo – aconsejó con calma – Había escuchado rumores sobre el señor Montgomery en varias ocasiones; es un oso extremadamente ocupado al que nunca lo ves por las calles.
Dime, peludito, ¿Qué te dijo exactamente cuándo lo conociste?
– Quiero que confíes en mí. Todo saldrá bien.
- Mi padre y él eran amigos. Esa fue la respuesta que me dio el señor Neithan cuando se lo pregunté en el departamento.
– conté, mirándolo fijamente a los ojos - No quise contarte, porque no le vi relevancia; para mi es un personaje que solo conocí un día cualquiera.
Sabía que su admiración por mis logros no eran más que palabras vacías.
No te preocupes, yo hablaré personalmente con el señor Arktos.
- ¿Estás seguro de que no quieres que te acompañe? – cuestionó Brutus, con un rostro de preocupación en la mirada - Sé lo persistente que eres y cuánto te gusta ganarte la vida con esfuerzo. No permitiré que tu sueño se derrumbe. Permíteme pagar el costo de la propiedad por ahora…
- Brut, no. No lo hagas, déjame que… - me silenció con un beso tierno, pero firme.
- Aún no he acabado. Yo puedo pagarla, y en cuanto se solucione todo este problema legal, me devuelves el dinero sin prisa.
¿Contento? – Lo abracé con fuerza dejando que mis lagrimas humedecieran su bléiser – Tú eres mi nuevo sueño, peludito.
Lamento haberte gritado de esa forma. Te amo mucho, Carving Walker; nunca me canso de repetirlo.
- Siempre me demostraste la nobleza de tu corazón, Brutus Grizzly. Detrás de esa imponente apariencia, hay un oso maravilloso a quien amo con toda mi alma. Gracias, mi amor… tus palabras me devuelven a la vida – le confesé, sellando mi gratitud con un beso cargado de deseo y alivio.
Sus palabras eran sinceras; no las pronunciaba portando una máscara.
Desde el fondo de mi corazón, me hubiese gustado que me acompañara; sin embargo, la valentía que debía portar ese día no tenía comparación alguna.
La firmeza, la decisión y el valor eran motores para cruzar la meta, superando cualquier obstáculo que se interponía en mi camino.
Todo aquello implicaba perseverancia y enfoque absoluto.
El apoyo de Brutus me salvó, pero no deseaba que nadie se compadeciera de mis derrotas.
Mi guerra con el señor Montgomery acababa de empezar.