Capítulo 16 – Familia Cavendish #2
- Carving, ya te había dicho que no seas tan formal conmigo. Sería lindo que me llamaras “mamá Nicole” – me rogó mientras nos guiaba a la sala de estar – Tu papá baja en seguida, está terminando de arreglarse.
- ¡Vale, vale! – intervino Balto, inhalando profundamente – Ese olor lo reconozco perfectamente.
- Espero que traigan mucha hambre, porque no pienso tirar comida a la basura – agregó Carmencita, la ama de llaves, una perrita de raza Xoloitzcuintle que era el alma de la cocina.
- ¡Carmencita, que alegría verte! – saludó Balto, abrazándola por espalada.
- ¡Hola, mijito! Qué gusto. La patrona me contó que viniste el miércoles con tu nuevo morro.
¡Felicidades! – correspondió ella con un abrazo – Ándale, échale una probadita a esta crema de tomate – añadió mientras Balto buscaba una cuchara – ¡Pero qué ven mis ojos!
Joven Carving, mijito. ¿Cómo me le ha ido? Tiempos sin verlo.
La estreché en un abrazo sincero.
- Ay, Carmencita, más de un año. Lamento no haber venido antes a visitarla y charlar con usted. – me disculpé, tomándole de las patas -
- No pasa nada, mijito. Sé que le ha tocado chambear duro. Aquí los patrones también me tienen de aquí para allá; un desmadre completo – contó entre risas – Bueno lávense las manos, que ya voy a servir, chamacos.
Dentro del baño, decidí lavarme la cara; me sentía sudoroso, como si mi cuerpo ardiera en llamas a causa del calor que envolvía toda la casa.
En ese momento, el timbre de la puerta rompió el silencio del pasillo.
Me generó cierta curiosidad, ya que no esperaba a que nadie se uniera a la cena, pero supuse que Balto había invitado a su pareja de último momento para darle una sorpresa.
Con esa idea en mente, así que no le di más importancia al asunto y terminé de refrescarme.
- Apestoso, ¿te encuentras bien? Te estamos esperando – habló Balto, dando unos ligeros golpes a la puerta.
- Ya estoy terminando de asearme. No te preocupes, ya salgo – le respondí, intentando recuperar la compostura, antes de enfrentar al resto de la familia.
Cuando regresé al comedor, me detuve en seco; no me esperaba encontrarme con otro invitado a la mesa. El señor Cavendish, ya que se encontraba sentado, se puso de pie con elegancia e inició las presentaciones.
- ¡Carving, que gusto tenerte por aquí, campeón! – Neithan se puso de pie para estrecharme en un abrazo afectuoso.
- Hola. Señor Neithan, tiempo sin vernos. Tengo mucho que contarle – respondí con una euforia que apenas podía contener.
- Ni que lo digas, campeón. Por cierto, quiero presentarte a mi abogado tributario, alguien muy reconocido en toda Portland.
- Mucho gusto, jovencito. Arktos Montgomery, a tus órdenes – saludó un oso polar de complexión fuerte, cuya presencia imponente recordaba a la de Brutus.
- El gusto es mío, caballero, Carving – dije mientras estrechábamos nuestras patas.
- Por favor, Carving. No seas tan modesto. Di tu nombre completo – ordenó el papá de mi amigo.
- Carving Walker, caballero. Encantado – añadí.
Al escuchar mi apellido, el señor Montgomery detuvo su copa en el aire. Sus ojos se entrecerraron, como si estuviera procesando un dato crucial en su memoria.
- ¿Walker? ¿Hijo de Brithany y James Walker? – pronunció sus nombres con una familiaridad que me dejó helado. Este oso polar sabía quiénes eran mis padres.
- Es correcto, señor Montgomery. Soy su hijo. ¿Cómo… cómo obtuvo esa información? – pregunté frunciendo el ceño por la sorpresa.
- Trabajé con tu padre realizando algunas gestiones fiscales durante un tiempo antes de que partieran de este mundo. Lamento mucho tú perdida. – expresó con una elocuencia respetuosa - Eran osos de gran corazón; se nota claramente que su ausencia vive dentro ti.
- Gracias… me alegra mucho saberlo.
A mitad de la cena, el señor Neithan y mamá Nicole demostraban un interés genuino por todos los eventos que habían marcado mi vida en los últimos meses.
Con orgullo, les conté que ya tenía puesto fijo en FitnessEnterprices como exportador, les mencioné la adquisición de mi Jetta y, finalmente, formalmente los invité a mi ceremonia de graduación.
No obstante, notaba que el señor Montgomery no dejaba de observarme; lo hacía con una fijeza extraña, como si mi presencia le recordara a alguien sumamente relevante en su vida.
Balto también se había percatado del asunto, intercambiando conmigo miradas de complicidad en los momentos oportunos, compartiendo la misma duda que me inquietaba.
- ¿Y el señor Brutus cómo se encuentra? – preguntó Nicole, antes de beber un poco de jugo.
- ¡Es el novio de Carving! - Soltó Balto de manera imprudente, lanzando la noticia como una bomba en medio de la mesa.
- ¿Qué? ¿Eso es verdad, campeón? – asombró el señor Cavendish, se le veía confundido, pero no demostraba señales de molestia o euforia.
- Si, no voy a negar la realidad. Actualmente es mi pareja y llevamos más de cuatro meses. – respondí, mientras lanzaba una mirada fugaz y molestia hacia Balto por su indiscreción.
- Vaya... bueno, estoy a favor. Siempre y cuando se cuiden. Ya saben que hay muchos peligros por ahí afuera, niños. – habló Nicole, tratando de suavizar el ambiente.
- ¿Usted conoce al señor Brutus Grizzly? – dirigí la pregunta directamente a Arktos, queriendo probar su reacción.
- He oído que es un gran empresario, pero jamás nos hemos cruzado en la vida .
– repuso con frialdad mientras se limpiaba las comisuras con una servilleta – Bien, señor Cavendish, lo espero en su oficina para platicar de nuestro asunto.
Una última cosa, Carving… guarda este número. Puede que lo necesites.
Arktos Montgomery era un misterio andante.
Sus movimientos, su carisma, su personalidad; parecían esconderse en las sombras, navegando en la profunda oscuridad tan profunda que ni el más potente faro de luz lograría iluminar su espíritu.
Sentía que traía algo entre manos respecto a mi familia; mis instintos me advertían que sus intenciones podrían no ser del todo buenas.