Tratos No Negociables Capítulo 16 – Familia Cavendish
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Capítulo 16 – Familia Cavendish

Como experto en la marca alemana, sabía que Volkswagen mantenía como estrategia global centrada en la “Movilidades para las generaciones”.

La compañía buscaba beneficios estratégicos en el mercado automotriz mediante la diversificación de productos, una fuerte apuesta por la electrónica y adaptación regional con el fin de ajustar costos y tiempo.

Actualmente impulsaba un alto volumen en el segmento, expandiendo su presencia en Norteamérica y Suramérica, mientras mantenía un liderazgo en Europa.

Su alcance se extendía a más de ciento cincuenta países, liderando además un conglomerado de marcas como Lamborghini, Škoda, Bentley o Audi, para asegurar una adaptación en diversos mercados.

Volkswagen distribuía vehículos para consolidarse como un referente impulsor tecnológico, con la meta de ser una marca confiable y asequible en varias regiones del mundo.

La estrategia de exportación se basaba en la segmentación geográfica, por ejemplo, en regiones con terrenos exigentes, solían priorizar SUVs como el Atlas o Atlas Cross Sport.

En Portland, el portafolio preferido se inclinaba hacia autos más robustos y grandes, a diferencia de Latinoamérica, donde el mercado buscaba alternativas más económicas enfocadas en sedanes y SUVs compactos.

El día de la reunión con la familia Cavendish amaneció con una soleada mañana y silenciosa.

Por fin, después de mucho tiempo, la contaminación acústica había disminuido; era sábado y los cuidados se tomaban la libertad de un fin de semana de descanso, tras una larga semana laboral cargada de estrés.

Me hallaba en el departamento de Balto desayunando huevos cocidos, crema de naranja y un trozo de pechuga asada.

Mientras comía, revisaba los mensajes de Brut, quien que me deseaba un lindo día y me recordaba que por la noche me esperaba para ver películas con palomitas de maíz.

De repente, escuché la puerta de Balto abriéndose lentamente, como si un fantasma intentara asustarme. El joven pastor caminó hacia mí, somnoliento y sin ánimos de cocinar, simplemente reposó su cabeza en mi hombro y se quedó dormido otra vez.

- A ver… parece que el señor Balto llegó tarde a su propio apartamento. ¿Qué hiciste esta vez? - pregunté sin apartar la mirada de mi teléfono.

- Nada… Michael, la señorita Brenda y yo estuvimos hasta tarde platicando en un restaurante italiano – emitió murmullos que apenas se lograba entender – Pero tranquilo, no bebimos una gota de alcohol.

A Brenda le interesaron mucho mis aportes sobre las tecnologías electrónicas que están implementadas en sistemas de programación y telecomunicaciones – recitó con orgullo.

- Suena interesante; no sabía que a Brendis le gustara esos temas de ingeniería – afirmé mientras le servía crema de naranja.

- A mí también me sorprendió. Hablé sobre diversos temas que le parecieron atractivos y Michael también prestaba mucha atención. Ese perrote es muy lindo – afirmó, mordiéndose los labios con una sonrisa.

- Ya que lo mencionas, ¿Cuál fue la primera impresión de tus padres? - Recordé de repente.

- Bueno, ya que no hemos tenido tiempo para conversar, te daré los detalles.

Antes de llegar a la casa, Michael decidió llevarles pollo frito de su lugar favorito.

Cuando entramos, mi mamá nos recibió con un fuerte abrazo.

Pude percibir que él estaba un poco nervioso, pero en ese momento recordó algo que tú le mencionaste en la fiesta, y esas palabras lo tranquilizaron.

Nos dispusimos a charlar en la sala; mi papá no dejaba de mirarlo, sin embargo, Michael respondía con mucha confianza a todas sus preguntas.

La única advertencia que recibió fue que mi padre no quería verme llorar en caso de que…

bueno, de que terminara nuestro romance Solo espero que eso no suceda; estamos muy enamorados y él ha sido muy protector conmigo – contó mientras cortaba la pechuga.

- Me sorprende que tu familia haya aceptado a tu pareja en tan buenos términos. Ojalá pudiera decir lo mismo de la mía, hermano. – expresé una sonrisa melancólica.

- Le diré a mis papás que tú también quieres presentarles a alguien. Te aseguro que se interesarán mucho en conocer al señor Brutus – afirmó, acariciando mis hombros con mucho cariño.

Más tarde, los mensajes de mi amigo Leonel no dejaban de llegar, como una insistencia que me hizo temer que algo malo hubiera ocurrido.

Me preocupé y decidí responderle de inmediato para preguntarle si todo andaba bien; no obstante, me tomó por sorpresa que sus intenciones eran una serie de saludos efusivos para felicitarme por haber culminado mi carrera profesional.

Me agradaba que mis compañeros del concesionario compartieran mi logro, a pesar de que no hubiera estudiado una ingeniera directamente relacionada a mi trabajo actual.

Esa misma tarde, Hanna me acompañó al centro comercial; quería comprarme una chaqueta nueva, procurando dar la mejor impresión ante los señores Cavendish. Llevaba más de un año y medio sin verlos; el último evento que compartimos fue una pequeña reunión que organizaron para los cumpleaños de Balto.

Al llegar, me sorprendió ver la cantidad de gente; parecía que todos los animales de la ciudad se habían dado cita en el mismo lugar, y mi tienda preferida estaba colapsada.

Decidimos entrar entonces a Pioneer Place, que ofrecía marcas icónicas y un ambiente de lujo.

Me pareció una excelente opción, especialmente porque promovían descuentos para quienes tenían correo institucional.

Pioneer, además de vender productos electrónicos, contaba con diseños de ropa urbana, casual y versátil, ideales para diversas ocasiones.

Las asesoras aseguraron que los materiales eran de alta calidad y enfocados a la protección; Hanna, por su parte, destacó que las chaquetas estaban diseñadas para resistir al viento, siendo perfectas para el otoño y el invierno.

- Carving, todas se ven preciosas, ¿no te gusta aquella de azul oscuro? – señaló Hanna con el dedo hacia una que colgaba en el otro stand contiguo.

- No tiene mal aspecto y se nota que es de mi estilo – dije, sintiéndome muy interesado – ¿Qué costo tiene? Pregunté, mientras sentía la textura de su tela gruesa y resistente.

- Ya le confirmo – respondió la asesora, buscando en su lista de precios – Cuesta $1.200 dólares y como me indicó que es estudiante, el valor total con el descuento de: $1.080 dólares.

- Perfecto, me la llevo – dije soltando un fuerte suspiro de alivio y satisfacción.

- Buena elección. Regálame tus datos para diligenciar la factura electrónica, por favor ¿pagas con tarjeta o efectivo? – cuestionó mientras escaneaba el código de la prenda.

- Tarjeta de débito – expresé, mientras buscaba mi billetera en el bolsillo.

Minutos después, invité a mi amiga a beber una malteada mientras dejábamos transcurrir el tiempo.

Balto me envió un recordatorio: en dos horas pasaría a recogerme.

La razón por la cual decidí dejar mi Jetta en el estacionamiento del apartamento fue porque Hanna había pasado por mí en su Toyota Corolla Cross – Modelo 2022.

Me sorprendió gratamente su buen gusto para los vehículos; el modelo que había adquirido contaba con tecnología híbrida, lo que permitía un consumo eficiente de apenas 90 Km por galón en ciudad.

- ¿Puedo preguntarte algo sin que te ofendas? – sugirió Hanna, como intentando adivinar qué pasaba en mi mente.

- Si, por supuesto, ¿qué sería? – asentí, absorbiendo la última gota de mi refresco con sabor a café.

- ¿Cómo murieron tus padres?

Su pregunta entumeció mi cuerpo, como si me hubieran congelado con un arma de hielo.

- Murieron a causa de un accidente aéreo, Lamentablemente, una de las turbinas falló, mientras sobrevolaban las montañas cerca de Los Ángeles y el avión colisionó en cuestión de segundos.

Tranquila… es doloroso contarlo porque no ha sido fácil superar este trauma en estos años – confesé jugando con el pitillo dentro del vaso vacío – Créeme, estuve dos años en terapia con un psicólogo para sobrellevarlo.

- Siento escucharlo, pero veo que eso te ayudó a convertirte en un gran oso. Eres muy independiente – afirmó ella, apoyando su cabeza en mi hombro.

- Si, supongo. Sin embargo, Balto y su familia me acogieron tiempo después de habernos conocido; ellos son mis salvadores – afirmé con convicción.

- Comprendo, cambiemos de tema entonces ¿A qué se debe la cena que tienes con ellos hoy? - Cuestionó, consultando la hora de su teléfono.

- Nada en especial, simplemente nos invitaron a comer. Pero quiero llegar muy presentable y contarles todo lo que he logrado hasta el momento – enfaticé con orgullo.

- De seguro de te irá de maravilla– dijo ella mientras nos levantábamos de las sillas para caminar un poco más por el lugar.

Al cabo de tres horas, llegamos a las zonas exclusivas de la ciudad: Overlook, es una avenida que ofrece seguridad y vistas panorámicas para quienes gozan posición acomodada; el área es mayoritariamente residencial, con casas históricas bien conservadas, calles arboladas y un excelente ambiente inmejorable.

Fue una sensación parecida a cuando mi madre me esperaba en casa después de la escuela; casi podía oler el pollo recién horneado con puré de papa.

A diferencia de Alameda, este sector mantenía una atmosfera más relajada para quienes les gustase la tranquilidad, evitando el bullicio de la vida urbana.

Enseguida, Balto tocó la puerta. Su madre lo besó con efusividad conmovedora, llenándolo de besos por todos lados, como si no lo hubiera visto por mucho tiempo.

- ¡Mis niños preciosos! ¿Cómo están? – saludó abrazándome con fuerza, seguido de un beso en la mejilla.

- Buenas tardes, señora Nicole. Tanto tiempo sin verla – saludé a la elegante Pastora Alemana mientras cruzaba el umbral de su casa.