Capítulo 13 – Día Entre Amigos
James Walker, mi padre, fue mi gran ejemplo a seguir cuando era un osezno.
Se casó con Britahny Harper en los noventa, antes de que yo naciera.
Mi papá era un comerciante elogiado y reconocido tras haber construido un negocio de importación de café tostado con el propósito de venderlo en cafeterías y minoristas.
Dedicó su tiempo a forjar su empresa desde muy joven para que pudiéramos tener una vida digna y con prestigio.
La mayor parte del tiempo no estaba en casa debido a su agenda apretada; yo empezaba a percibir su ausencia como si un fantasma estuviese viviendo entre nosotros.
Mi mamá ocupaba ese vacío: me crio con excelentes valores, siempre fui el mejor de mis clases con buenas notas y habitualmente platicábamos sobre sentimientos y relación próspera de ellos dos.
Papá fue un oso muy respetuoso; cada noche, tras su extensa jornada, preparaba su cena sin molestar a mi madre.
Antes de ir dormir, entraba a mi habitación y me daba un beso; sentía su amor como el roce suave de un pétalo en mi mejilla.
Sus susurros al oído eran pequeños cantos que decían “Te amo, hijito. Perdóname por no estar contigo todo el tiempo”.
Mis lagrimas brotaron como si me hubiesen dado un golpe directamente al corazón.
Cada noche recordaba fragmentos de mi familia e imaginaba cómo celebraban mis logros; estaba seguro de que los habrían puesto muy felices.
Tres meses después, el domingo en la tarde, salí con Balto a dar una pequeña vuelta en mi auto hasta Portland Saturday Market, ubicado en Tom McCall Waterfront Park.
Allí, más de cien vendedores ofrecían productos elaborados a mano: joyería, ropa, arte y decoración para hogar.
Me parecía un acto de buen corazón que los animales recurrieran a ese sitio para apoyar el talento artesanal.
El costo del estacionamiento era de veinticinco dólares; no era algo exorbitante, pues además del arte culinario había música en vivo y gastronomía de excelente calidad.
El uso diario de mi Jetta me había dejado sin palabras.
El modo ECO funcionaba de manera estable en la ciudad sin exigirle demasiado al motor; las revoluciones se mantenían entre dos mil y dos mil quinientas vueltas por minuto.
También había creado un perfil de usuario en la pantalla de infoentretenimiento, lo que me permitía personalizar los modos de conducción.
La tecnología del vehículo era perfecta para mi gusto; incluso Balto quedaba sorprendido por todo lo que ofrecía la marca.
- ¡Qué carro tan bonito, Apestosito! Se ve que le has dado un buen uso – alardeó Balto mientras nos adentrábamos en las casetas que nos llamaban la atención.
- Gracias, hermano. Me ha gustado mucho; la marca no decepciona al cliente siempre que le des sus respectivos mantenimientos. Me faltan tres mil kilómetros para su primera revisión – dije, interesado en unas manillas elaboradas con granos de café.
- ¿Tan pronto? ¿No se supone que es a los diez mil? – cuestionó, buscando una gorra.
- Es una pequeña revisión del estado del vehículo; es decir, evalúan el desgaste que ha tenido en estos últimos días. Revisan discos, pastillas, niveles de líquidos y estado del aceite – argumenté, sintiendo la calidad de la manilla que pretendía regalarle a mi pareja.
- Comprendo. Eso nunca me lo mencionó Audi y he tratado de respetar las garantías – afirmó, mientras buscaba algo que también le interesara.
- Pese a que Volkswagen es la matriz de Audi, sus servicios al cliente son diferentes – expliqué - Le compraré esta manilla a Brutus, me parece muy simbólica – le mostré.
- ¡Qué lindo! – admiró - ¿Y cómo ha progresado tu relación con el señor Grizzly?
- Diría que bastante bien, el respeto mutuo nos ha fortalecido como pareja y nuestras decisiones han abarcado una serie de acontecimientos inolvidables.
Por ejemplo, el viaje a Nebraska fue el comienzo de nuestro vinculo.
Estos últimos días me ha propuesto quedarme una semana en su casa para acompañarlo en las tardes.
Nuestras charlas a veces tocan temas de trabajo, como recordarle sus citas o reuniones, pero es muy cariñoso; le gusta que lo consientan y no le importa lo que la gente diga.
Brutus es firme en demostrar quién es, sin ocultarse tras de una máscara.
Además, dentro y fuera de la empresa lo respetan mucho – conté, mientras guardaba las manillas en una pequeña bolsa.
- No sabes cuánto que me enorgullece oír eso.
Michael también es un perro muy amable y tierno.
Tiene muchas ganas de conocer a mis padres, y hablando del tema; la invitación de mis padres en su casa es dentro de una semana, el sábado por la tarde – soltó Balto, mientras adquiría una gorra con la letra >.
- De acuerdo, me parece bien – sonreí, guardando mi billetera.
Más adelante, decidimos comer algo en las plazoletas de comidas a unos quinientos metros donde se localizaban los puestos.
Mi teléfono empezó a vibrar: era Brut quien llamaba interesado por saber cómo transcurría mi día; adicionalmente, preguntó si me apetecía quedarme esa tarde en su casa, a lo cual accedí sin problemas.
Mi amigo Balto me pidió de forma muy amable que lo acercara a Goose Hollow, precisamente donde residía su pareja, mencionando que también deseaba pasar la noche juntos.
Después de habernos deleitado con buen banquete, optamos por sentarnos en las bancas del parque a escuchar un poco de música en vivo.
El ambiente se sentía divertido y sereno, como si los animales pudiesen disfrutar de un momento tranquilo, envueltos de alegría rítmica que desprendía las guitarras y la voz del cantante con melodías folclóricas.
A Balto parecía gustarle el country, nunca imaginé contemplar a mi hermano perruno cantando armónicamente canciones regionales del sur.
Me generaba simpatía verlo tan alegre; parecía un cachorro que jugaba plácidamente en el patio, su espontaneidad nunca dejaba asombrarme.
Horas después, dejé a mi amigo en la puerta del departamento de Michael. Él insistió en que me quedara más tiempo con ellos; y no pude negarme, dado que desde hacía tiempo no compartíamos momentos tan célebres juntos como los de esa tarde.
- Hola, mi pastorcito, ¿Qué tal el día entre amigos? – curioseó Michael desde la puerta.
- Holaaa, perrote. El día estuvo genial; no pensé que hubiese tanta gente reunida en un parque tan pequeño – contó Balto, dándole un beso en los labios – Mira, como te gustan las gorras, te traje esto – le entregó su regalo.
- Aww, Baltito, muchas gracias, no te hubieses molestado ¿Siempre fue así de tierno, Carv? – preguntó Michael, dirigiendo su mirada hacia mí.
- Así es, y aún te falta conocer más de sus sentimientos. Es un perrito al que adoro por su nobleza y su gran corazón – expresé, rodeándolo con medio brazo.
- Si que eres un apestoso, ¿Qué estuviste haciendo hoy? – cuestionó Balto a Michael, mientras buscaba algo de beber.
- Nada en realidad. Sabes que aprecio mucho mis días de descanso para relajarme y gozar de mi departamento; apenas salí a comprar víveres para el mes. Mañana en la tarde tengo una junta con Carv y los socios – emitió Michael, comiendo una tostada con leche.
Era cierto; la reunión se basaba en la entrega de mi proyecto.
Por fin, después de tres meses de arduo sacrifico, expondría mi gran logro para el beneficio de FitnessEnterprices.
A lo largo de la semana, había preparado minuciosamente el discurso que daría aquel día, escribiéndolo en la libreta que Volkswagen me entregó cuando inicié a trabajar con ellos.
- Bueno, los dejaré para que sigan charlando a solas. Iré a casa de Brutus a acompañarlo esta noche – dije, mientras buscaba el mando del Jetta.
- Está bien, Apestoso. No te seguiré obligando a quedarte. Muchas gracias por este día tan especial, te quiero mucho – me abrazó con una fuerza inusual - ¿Esta semana te quedarás en el departamento? De lo contrario, empacaré mi maleta y me quedaré el resto de los días con el perrote.
- Creo que haré lo mismo, Baltito. No sabes cuanto te voy a extrañar, hermanito. Llámame si quieres que nos veamos estos días. – expresé, dirigiéndome hacia la puerta –
- Está bien, estaremos en contacto – se despidió alzando su pata.
Durante el viaje hacia la casa de Brutus, me percaté que la avenida Armstrong había sido bloqueada por reparaciones; dos enormes baches afectaban gravemente a la zona comercial.
Seguí una ruta alternativa que marcaba el GPS en pantalla de mi vehículo.
A pesar de que los nervios atenazaban mi pecho, intenté mantener la calma; mañana era la presentación y por fin demostraría a todos lo que era capaz.