Capítulo 12 – Entrega Inmediata
Las semanas transcurrieron como vendavales que borraban los días, como si la misma brisa hubiese alterado la velocidad del tiempo.
Mi relación con Brut había comenzado a evolucionar satisfactoriamente, respetando siempre nuestros espacios.
Dentro de la empresa, muy de vez en cuando recurría a su oficina sólo para pedir su consentimiento sobre los avances de mi proyecto.
La solicitud de la transportadora fue aceptada gracias a la colaboración de mi pareja quien negoció la comisión que les íbamos a proporcionar.
Mi trabajo dentro de FitnessEnterprices abarcaba ahora diversas tareas: desde recibir a los socios en la sala de juntas, hasta colaborar con Martin creando nuevas estrategias tácticas para atraer a los clientes en las sucursales del todo el país.
Mi progreso con la plataforma llegaba a su fin; lo único que me faltaba por terminar era agregar las opciones de pago vinculándolas con empresas financieras como, por ejemplo: PayPal y Stripe, las cuales era muy populares entre las entidades que iniciaban sus emprendimientos.
Tuve que acercarme a Jack con el fin de recibir una asesoría sobre cómo vincular y configurar las cuentas en los botones de compra.
- ¡Jack, ¿tienes un minuto, hermano?! – pregunté antes de acceder a su oficina.
- Adelante, amiguito ¿Necesitas ayuda? - Dijo él, mientras cerraba la tapa de su laptop.
- Siento interrumpirte – me acerqué a él, mostrándole los avances – Desconozco los procedimientos para asociar la cuenta bancaria del señor Grizzly en la página web, ¿Cuál es el paso a seguir? – inquirí pensativo.
- Tengo entendido que Brutus está asociado a una cuenta con PayPal, Si es así, solo debes ajustar la moneda y configurar los métodos de pago para tarjetas débito y crédito – explicó el procedimiento, evitando tecnicismos innecesarios.
- Perfecto, muchas gracias, Jack – agradecí, guardando mi ordenador en mi mochila – ¿Qué harás esta noche? – pregunté con curiosidad, intentando entablar una nueva conversación.
- No tengo planes muy elaborados; pensaba invitar a mi esposa a cenar cerca de casa – respondió, acomodándose su reloj - ¿Por qué? ¿Pensabas salir?
- No, en realidad, tengo una diligencia más tarde en el concesionario – expresé sutilmente, pues esa misma tarde mis jefes de Volkswagen habían programado la entrega de mi nuevo vehículo.
- Carving, - me llamó antes de cruzar por la puerta ¿podrías aconsejarme por qué se encendieron los testigos del ABS y control de tracción de mi Ford Explorer?
- Para empezar, revisa si el sensor ABS tiene circuito abierto; de lo contrario, acude al taller de la marca para que limpien la zona.
Hoy en día, el sensor de frenado integra el sensor de velocidad; por tanto, es probable que el velocímetro marque erróneamente la trayectoria del vehículo.
En ese caso, lo recomendable es reemplazar el sensor por uno nuevo y original – expliqué con seguridad técnica.
- Se ve que sabes bastante, agradezco tus consejos. Nos vemos, amiguito – se despidió alzando su pata.
Brutus me esperaba en el estacionamiento y me saludó con un beso amoroso; sentir sus labios era como si un fresco sabor a vainilla se impregnara en mi boca.
Debía admitir que su cariño me llenaba de orgullo y pasión.
Más adelante en el camino, le pedí amablemente que recogiéramos a Balto en la universidad, pues quería que ambos me acompañaran a recibir la nueva adquisición.
No podía imaginar la reacción que tendrían al estar allí.
Después de veinte minutos, recogimos a Balto fuera de la institución.
Estaba muy desconcertado por lo que acontecía, dado que había planeado salir con su pareja esa misma tarde.
Por primera vez en mucho tiempo, Brutus había decidido conducir un vehículo distinto al Taos; ese día salió en su Toyota Fortuner, un todoterreno con motor diésel que rara vez se hallaba en la ciudad.
Normalmente, en Portland, la marca japonesa vendía modelos híbridos o gasolina como la Toyota Rav4, Toyota Highlander, Toyota Land Cruiser y 4runner.
Vehículos robustos cuya fiabilidad atraía a los clientes.
Al cabo de unos minutos llegamos a Armstrong.
Me sorprendió al ver que la avenida se sentía un poco desolada a esa hora, pues conducir sobre las cinco y media solía ser una completa odisea.
Les pedí cortésmente que se bajaran del auto, intentando que mis acciones no revelaran lo que pretendía hacer.
- Apestoso, ¿qué sucede? ¿Acaso olvidaste algo tan importante que tenías qué hacer? – cuestionó el pastor alemán, poniéndose su pata derecha en la cintura.
- No preguntes, sólo vengan. Quiero que conozcan a alguien – mentí, soltando una leve risita –
- Será mejor que lo sigamos, joven Balto. Empiezo creer que se molestará sin no le seguimos la corriente – intuyó Brutus mientras entrábamos al concesionario.
- Es todo un loquillo – rió Balto.
Dentro del concesionario, pude observar el Jetta cubierto por un manto negro, coronado con un moño azul que le daba un toque de emoción al evento. Sentí como la felicidad se había esparcido por todo mi cuerpo, hasta el punto de que mis ojos comenzaron a humedecerse de pura alegría.
- ¡Hey, Hey. Bro! ¿Emocionado? – preguntó Leonel, compartiendo mi felicidad.
- Más bien, ansioso. Traje a mi pareja y a mi mejor amigo para que presenciaran este gran momento – expresé muy feliz.
- Bueno, trajiste a los animales más importantes de tu vida – agregó Leonel, guiándome hacia el jefe de ventas, quien haría la entrega formal del vehículo.
- ¿Carving nos puedes explicar qué está pasando? – cuestionó Balto, un tanto desconcertado.
- Señores… destápenlo – solté eufóricamente, dejando caer mis lagrimas – Lamento no habérselo dicho antes, pero este es el nuevo vehículo que adquirí hace tres semanas.
Un Jetta Highline con motor TSI, en color Negro Profundo Metalizado.
La entrega se retrasó por temas de puerto, algo muy normal –expliqué sollozando.
- ¡Apestositooo, felicidades! Por fin lo hiciste. De haber sabido lo de la entrega, lo habríamos celebrado – me abrazó con mucho orgullo.
- Parece que el señor Walker había guardado muy bien su secreto, ¿verdad, pequeñito?
habló Brutus – Me enorgullece porque sé perfectamente que te lo mereces; además, de nada sirve gastar palabras recordándote los cuidados que le vas a dar.
Ven aquí, pequeñito. – me besó en la frente – Este es uno de los resultados de tus esfuerzos y dedicación.
- Muchas gracias por el apoyo y la confianza que me han brindado; también Volkswagen. Para nadie es un secreto lo mucho que estimo a la marca. Gracias por acompañarme en este proceso – todos aplaudieron y el jefe del concesionario me entregó el control remoto.
Cuando activé el botón de desbloqueo, las direccionales del Jetta parpadearon dos veces.
Las luces LED diurnas se encendieron como parte de la bienvenida gestionada por el módulo llamado BCM.
El olor a carro nuevo me fascinaba; era como a un valle floral donde tus instintos se ahogaban en el néctar de las plantas.
El panel de instrumentos marcaba apenas 15 kilómetros recorridos; estaba tan extasiado que no dejaba explorar cada detalle lo que mis emociones estaban a flor de piel.
- ¿Me quieres invitar a dar una vuelta, pequeñito? – preguntó Brutus, subiéndose en el asiento del copiloto.
- Por supuesto, señor Grizzly. – contesté, dándole un beso.
- ¡Qué lindo Jetta! Es igual a su dueño, por supuesto – rio mientras acariciaba las mejillas –
- ¡Tú siempre comparando las cosas conmigo, grandulón!
Por eso te amo – expresé, rosando mi nariz con la suya – Hanna era la única que sabía de esto.
Me gustan mucho los carros, aunque, sé que no es la mejor inversión, ya que no genera ingresos, pero en verdad lo necesitaba – expliqué, mientras Balto me abrazaba tiernamente desde los asientos traseros.
- Es un gasto, tienes razón, pero escucha, Carving: estás conmigo, Balto te apoya incondicionalmente y tienes buenos empleos.
Entiendo que las cuotas puedan ser un compromiso, pero la vida no se trata de limitarte mientras ves a otros progresar.
Te mereces esto por tu dedicación. Despreocúpate.
¿Qué dices, Baltito? ¿Nos damos una vuelta?
—me reconfortó Brut con palabras sabias.
Comprendí que tenía razón y no debía arrepentirme.
Giré su cabeza hacia mí para darle un beso de gratitud.
- No tengo palabras para agradecerte, pero si puedo demostrarte mi amor, grandulón. Gracias por el consejo.
- Mi mamá siempre decía, Apestoso – recordó – “La vida es simple, arriésgate o pierdes la oportunidad” – recordó Balto – No discutas más, esto es obra de tu gran empeño.
Puse en marcha el vehículo, adentrándonos en la ciudad con los nuevos sueños y la prosperidad que me esperaban más adelante.