Tratos No Negociables Capítulo 10 – Un Viaje Aventurero
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Capítulo 10 – Un Viaje Aventurero

Los primeros rayos del sol comenzaron a aparecer, brindando una tenue luz en la carretera, como si una diminuta flama iluminara solemnemente el camino en medio de la recóndita oscuridad.

La proyección de la luz LED del vehículo desaparecía lentamente conforme el día aclaraba, hasta que se apagó de forma autónoma gracias a sus sensores.

Me detuve a desperezarme en una estación de servicio muy cerca de Boise, ya que me sentía entumecido tras haber estado inmóvil cuatro horas seguidas.

Decidí comprar provisiones para el camino, con el fin de amortiguar el hambre más adelante sin necesidad de detenernos continuamente.

- ¡Holaa, grandulón! ¿Dormiste bien?! – pregunté mientras acomodaba la comida en la parte trasera.

- La verdad es que sí. Lamento no haber podido acompañarte con una charla esta madrugada; el sueño me dominó por completo – se excusó mientras revisaba las notificaciones de su teléfono.

- No te disculpes, después de todo apenas iniciamos nuestro recorrido. Estamos a unos kilómetros de Boise; de aquí en adelante transitaré con más precaución, respetando los límites de velocidad – dije, subiéndome al vehículo nuevamente.

- Nunca te había visto usar ropa de verano. Te ves muy lindo con esa bermuda negra – halagó, acariciando tiernamente mi pierna.

- ¿Eso crees? – me acerqué hacia él para darle un beso cariñoso – Tus palabras me derriten como el hielo cuando me halagas – Te quiero mucho.

- Y yo también te quiero mucho, pequeño – respondió mientras yo ponía en marcha el motor - No sabes cuánto anhelé que llegara este momento para disponer en un lugar donde no conversemos de trabajo – agregó.

- Dime algo, grandulón. ¿En qué momento te diste cuenta de tu sexualidad? - cuestioné, observando los espejos retrovisores.

- Desde mi infancia, solo que mantuve una discreción tan alta que nadie se daba cuenta a simple vista.

A decir verdad, nunca he tenido intimidad, ni siquiera con mis amigos más cercanos – reveló su historia mientras mantenía la mirada perdida en el panorámico – ¿Y qué hay de ti?

¿Solo te atraen los machos o también las hembras?

- En mi adolescencia si tuve pequeñas relaciones amorosas con chicas, pero nunca llegamos a tal punto de intimar.

Nos brindábamos afecto con abrazos, cartas, besitos…

Sin embargo, no me generaba emoción. Desde entonces reconocí que mi interés estaba en los machos, y esta sería la primera experiencia real de mi vida…

con quien está a mi lado – confesé mirándolo de reojo, manteniendo la concentración en el camino.

- Muchas gracias por la oportunidad que me diste. Lo que menos deseo es lastimarte – mencionó nuevamente, reafirmando sus intenciones.

Al cabo de varias horas, habíamos atravesado paisajes montañosos y boscosos de Columbia River Gorge, en dirección hacia los desiertos de Idaho.

La mayor parte del recorrido estuvimos platicando sobre motivos por los cuales me gustaban tanto los carros.

Le mencioné que, desde muy pequeño me fascinaban las grandes obras de la ingeniería automovilística, no justamente por su estética, sino porque admiraba e investigaba cómo se construían explicando hasta el detalle más mínimo.

Toyota, por ejemplo, es una marca altamente reconocida por su fiabilidad y duración en sus vehículos.

La tecnología japonesa utiliza recursos que producían una excelente relación de calidad-precio, enfocándose en las necesidades del cliente.

Actualmente Toyota lidera la fabricación de autos orientados al sistema de motores híbridos; su estrategia se basa en reducir emisiones y rentabilidad superior en una tecnología madura.

No obstante, otras reconocidas marcas como Mazda, Subaru y Nissan también habían empezado a implantar este tipo de avances en sus futuros modelos.

Después de un trayecto de más de diez horas conduciendo, optamos por almorzar en Laramie, Wyoming, conocida como “Ciudad de las Llanuras”, que conservaba un ambiente jovial y tranquilo.

Brut comentó que el lugar combinaba un rico patrimonio del viejo oeste con una vibrante cultura artística, bares y accesos a actividades al aire libre.

- La camioneta ha tenido un buen desempeño después de un trayecto tan largo – dijo mientras bajaba del vehículo - ¿Qué haces? - Preguntó, frunciendo el ceño al ver que yo no apagaba el motor.

- Un motor turbo necesita estabilizar revoluciones tras haber optimizado su máximo potencial – le mostré el tacómetro mientras la aguja bajaba lentamente – Debes esperar hasta que hayan disminuido a ralentí; así podrás apagar el vehículo sin ningún problema – expliqué una vez más.

- Definitivamente ya tengo a mi mecánico de confianza – sonrió mientras se ponía sus gafas de sol – Debes de tener hambre; buscaremos un restaurante muy cerca del estacionamiento y después seguiremos con nuestro camino – sugirió.

- Me parece bien, estoy que aúllo por comerme un buen pedazo de carne y papas a la francesa – afirmé, sobándome la barriga.

- ¿Estás seguro de que no sientes síntomas de cansancio? – preguntó preocupado, reposando sus patas sobre mis hombros.

- Mientras tenga comida en el estómago, todo estará bien – solté una pequeña risita.

- Confío en ti, pequeño – se acercó, dándome un tierno beso en la frente.

Horas después, continuamos nuestro recorrido hasta llegar a Nebraska, mi cuerpo empezó a manifestar dolores musculares tanto en la espalda como en los tobillos. Sentía pequeñas punzadas craneales que fácilmente alguien podría tolerar.

Brutus reservó una suite en los mejores hoteles campestres de la ciudad justo antes de que llegáramos a la estación de servicio, pues habíamos vaciado casi todo el tanque.

Uno de los mayores errores de los conductores es permitir que el testigo de gasolina se visualizara en el tablero; esto podía implicar daños en la bomba de combustible al no estar sumergida, ya que el mismo líquido actuaba como refrigerante para mantenerla a una temperatura adecuada.

- A la próxima, toma la curva hacia la derecha y llegaremos al hotel South Sioux City Marriott Riverfront. Allí podremos descansar – sugirió, guardando el teléfono en su mochila.

- Relajaré mi cuerpo en el Jacuzzi. Definitivamente acabo de romper un récord – señalé con voz exhausta.

- Acabas de manejar casi veinte horas seguidas, pequeño. Mañana no quiero que toques el volante. Me encargaré que descanses bien – contribuyó mientras aparcábamos.

La habitación que solicitó mi pareja era casi del tamaño de un departamento.

Me sorprendía que el espacio se prestase para un comedor proporcionalmente grande, un estudio y un sofá.

El baño tenía una tina donde podíamos caber sin ningún problema; no obstante, en ese momento empecé a comprender que Brut había planeado el viaje con la única intención de que nos conociéramos más a fondo.

Antes de llegar al hotel, los encargados del alojamiento decoraron la cama King con pétalos de rosas, formando un inmenso corazón sobre los tendidos.

- ¿Qué es todo esto, grandulón? – pregunté extasiado, sin poder creer lo que estaba viendo.

- Seré muy franco contigo, pequeño. En realidad, nuestro viaje termina aquí.

Mañana mismo, unos transportistas vendrán a recoger los artículos que serán llevados justamente hasta Kansas.

Lo sé, debí habértelo dicho antes, pero no quería arruinar la sorpresa – confesó, sentándose en el sofá mientras se rascaba la cabeza nerviosamente – Espero no te incomod…

Me aventé hacia él, correspondiéndole con un rotundo beso antes de que pudiera terminar su frase.

- ¿Incomodarme? Grandulón, diría que no me lo esperaba en lo absoluto. Esta es una de las mejores sorpresas que me han dado. – felicité, abrazándolo y manifestando todo mi cariño.

- No sabes lo mucho que me agrada oír eso. Te amo, Carving – soltó, emanando sentimientos eufóricos.

- Yo también te amo, Brut.