Tratos No Negociables Capítulo 6 – Taller Automotriz
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Capítulo 6 – Taller Automotriz

Mi infancia abarcó una serie de acontecimientos memorables junto con mis padres.

Pequeños fragmentos me otorgaban una pisca de felicidad; como cuando mi madre jugaba conmigo a la escondidas en nuestra antigua morada.

La casa se constituía de estructuras rígidas de un excelente material; las habitaciones eran grandísimas, con baños privados y armarios de más de cinco metros cuadrados construidos.

En ese entonces, vivíamos en un condominio no muy lejos de aquí, conocido como Eastmoreland, ubicado en las zonas montañosas a las afueras de la ciudad.

Dicho lugar era prestigioso y asequible, dado que en esos tiempos las casas tenían diseños clásicos.

Además, gozaba de una popularidad donde el silencio y el susurro de la naturaleza se apoderaba del entorno, manteniendo la serenidad que contrastaba con la ciudad, la cual parecía hablar por si sola al caer la noche.

Más adelante, terminando de construir la tabla de ventas en mi laptop, mi compañero Leonel Ross, el mecánico más servicial que jamás en mi vida había conocido, se acercó a mi puesto comentándome que un oso preguntaba por mí.

Ross era un joven león, un año menor que yo, destacado por su lealtad empírica hacia la marca.

Los clientes valoraban sus consejos profesionales, ya que les recomendaba cuidados automotrices que no cualquiera brindaba.

- Bro, hay un cliente que te está llamando, dice que te conoce – asumí que ese gran oso se trataba del señor Grizzly.

- Hey, bro. Déjame adivinar; ¿es propietario de una Taos, matricula terminada en NDA? – Inquirí, posando mis patas en la cintura, demostrándole a mi amigo que conocía al cliente.

- Déjame chequear – reconfirmó la información en su tableta, donde aparecían todos los autos que ingresaban al taller – Si, acertaste. ¿Quién es? – cuestionó mientras yo agarraba mi mochila para salir del establecimiento.

- Es mi jefe de FitnessEnterprices, de seguro viene a cambiar el aceite. Tiene veinte mil kilómetros recorridos; asegúrate de no manchar sus asientos y también conserva la limpieza del motor. Es un oso muy impecable – informé, caminando hacia donde mi jefe se encontraba.

- No te preocupes, sabes que soy muy cuidadoso. Oye, Carving tienes gran potencial para trabajar con mi equipo. Espero verte muy pronto – alardeó, reconociendo mis capacidades como mecánico.

- Jeje, gracias, Leonel. Que así sea – chocamos nuestras palmas.

Recientemente, las acciones del señor Grizzly se habían convertido en entusiasmo o encaprichamiento como si una pequeña chispa hubiese encendido su interés, denotando una afección profunda y emocional.

Su apego era tan evidente que ni él mismo podía notarlo; sin embargo, podía asumir que dicho afecto me propagaba interés y atracción.

Incluso cuando se quitaba el bléiser y dejaba la camisa arremangada, se le marcaban perfectamente la robustez de sus antebrazos.

En consecuencia, era inevitable que mi piel, hasta entonces dormida, reaccionara con un chispazo eléctrico que recorrió mi espina dorsal.

En cuanto llegue a sala de espera, el señor Brutus me recibió con un apretón de patas y una sonrisa muy carismática. Se percibía en él un aura serena, como si el océano de sus pensamientos calmara cualquier complicación personal en el momento que se levantó de su asiento para saludarme.

- ¡Hey, Carving. Qué gusto saludarte – soltó, tomándome de los hombros dirigiéndonos a las afueras del concesionario.

- Señor Grizzly, que bueno verlo por estos lados. ¿Dejó su camioneta para mantenimiento? – cuestioné, aun sabiendo la respuesta.

- Es correcto, le realizaré su cambio de aceite para nuestro próximo viaje – respondió tomando su teléfono para llamar el taxi.

- Me alegra saber eso; su auto estará en buenas manos, no se preocupe – repuse mientras buscaba una gorra de sol en mi mochila, ya que el viento se sentía como si me azotaran con aire caliente que penetraba con fuerza en la piel – Por cierto, señor Grizzly.

¿Tiene idea sobre los precios estipulados de los productos que venden en las sucursales?

– formulé la pregunta para avanzar en mi proyecto.

- Te podría dar el listado de todos los artículos con sus respectivos costos – aseguró mientras bebía un buen sorbo de una botella de agua– Carving, ¿tienes planes para este fin de semana después de entregar tus avances en la Universidad?

Su pregunta me cayó como si me hubiesen lanzado un baldado de agua fría.

- No, señor, no tengo nada planeado. ¿Tiene algo importante qué hacer? – cuestioné; pude notar que la propuesta alteró ligeramente sus nervios.

- ¿Te apetece ir a cenar mañana en la noche con Michael, Brenda y Jack? – Me relajé un poco al escuchar que también los otros socios nos acompañarían.

- Encantado, sería bueno compartir un momento agradable – añadí con una sonrisa.

Más tarde, un taxi llegó a recogernos para llevarnos a la empresa, en un entorno de meditación.

Preservamos durante un largo recorrido, como si preparáramos otras de nuestras pláticas cargadas de mensajes indirectos.

Y si, lo admitía, aunque no pudiese creerlo, el señor Grizzly demostraba actitudes muy cordiales que eran sinónimo de atracción; por ende, tampoco descartaba el hecho de que me gustaba, pese al poco tiempo que llevábamos en conocernos.

Reconocí que restringía mis sentimientos para una ocasión donde no establezcamos conversaciones de nuestras actividades diarias; ansiaba que ese momento fuera crucial para mi vida.

Mis labores durante el día consistieron instaurar los precios en la página web, gestionando los costos de envió con la transportadora West Cost Moving, la cual se caracterizaba por una marcada reputación de experiencias de usuarios con excelentes reseñas.

Ya tenía un cuarenta por ciento avanzado en el proyecto que muy pronto iba a presentar.

Si la suerte seguía siendo mi aliada, llevaré a cabo una asamblea ordinaria con el fin de promocionar la plataforma.

Al cabo de unas horas, me hallaba recogiendo mis pertenencias para tomar el colectivo antes de que el tráfico volviese a acumularse. Cuando me dirigí al ascensor, escuché que alguien me llamaba con insistencia, un rottweiler se acercó a mi con una caja de pizza que traía entre sus patas.

- Perdón por llamar tu atención de esa manera. ¿Eres… Carving? ¿El pasante de la Universidad Estatal de Portland? – preguntó, recordándolo perfectamente.

- Así es, mucho gusto – saludé con un apretón de patas.

- El placer es mío, amigo. Soy Martín Dowson, el coordinador del grupo de Marketing, Soy un tanto distraído; hasta hoy me di cuenta de que estás trabajando en nuestro equipo como Creador de Contenido – comentó, guardando su pata derecha en los bolsillos.

- Si, estoy trabajando en un proyecto de grado enfocándome en una tienda virtual para la empresa – expresé con entusiasmo.

- Wow, eso suena bastante bien. Nosotros podríamos ayudarte a lanzar la publicidad por toda la ciudad generando un código QR que redirijan al usuario al vínculo correspondiente - añadió de forma amena – Espero que esta novedad funcione; últimamente las promociones que hemos publicado no han tenido mucho éxito – agregó con una expresión melancólica.

- ¿Ustedes han estado publicando artículos de temporadas pasadas a precios razonables para promocionar los nuevos lanzamientos a un descuento acorde? – cuestioné, ya que me parecía una estrategia coherente.

- ¡Qué potencial, amigo! Eres muy inteligente.

No lo hemos puesto en práctica, pero lo tendremos en cuenta para satisfacer a los clientes – me felicitó, tomando apuntes en su teléfono – Por cierto, aquí te envía esto el señor Michael, hay una pequeña nota dentro – me entregó la caja de pizza; yo no terminaba de comprender lo que sucedía– Ten linda noche, nos vemos.

- Muchas gracias, hasta pronto – respondía, saliendo de la empresa en dirección al departamento.

Al cabo de hora y media, llegué al apartamento de Balto exhausto, con la única intención de recostarme en mi cama.

Lo más afortunado era que no tenía que madrugar, ya que no trabajaba los fines de semana.

Exhalé un fuerte suspiro y me tumbé por un breve tiempo en el sofá mientras esperaba a Balto pacientemente.

Pasada media hora, me había quedado dormido, pero desperté sobresaltado tras escuchar el ruido de la puerta, que comenzaba a abrirse.

- ¡Apestoso! – me saludó con un fuerte abrazo – ¿Me esperabas? Te ves terrible.

- Lo sé, siento que mi cabeza está punto de estallar de tanto ajetreo – contesté, estirando un poco el cuerpo – Tu gran amigo, el señor Michael, envió esa caja de pizza. Por cierto, no me contaste anoche lo que ocurrió entre ustedes dos – agregué interesado riéndome de su expresión coqueta.

- Relájate, solo se llevó una buena impresión de mí. Además, me sorprendió que se divirtiera tanto conmigo. Creo que le gusto – contó, mientras cortaba las cintas que protegían la caja.

- Me alegra saber eso; al menos ya tienes a alguien con quien contar – dije, mientras buscaba una cerveza para compartir la comida.

- Aww, que lindo, mira esto – me pasa la nota –.

“Carving, una vez más me disculpo contigo, admiro mucho la amistad que tienes con el joven Balto. Olvidé expresarte personalmente lo bien que la pasé anoche. Dile a Balto que se cuide y que ojalá podamos vernos pronto; envíale un fuerte abrazo de mi parte. Aquí le dejo mi número de teléfono. La pizza que te compré es un acto de mi agradecimiento. Nos vemos”

- Ujujuyyy, parece que el señor Cavendish conquistó a alguien – tomé una rebanada de pizza.

- Gracias, Apestoso. Sé que no fue planeado lo que pasó anoche, pero me siento agradecido contigo de haber armado una cita clandestina – me abrazó, dejando caer accidentalmente queso derretido en mi traje.

- No hay de qué… Heyyyy – lo alejé arrojándoselo a la cara.

Balto había cambiado su perspectiva sobre mi: empezó a contemplarme como su hermano, consejero y fiel compañero, como si un pequeño cachorro acudiera tiernamente el llamado de su madre para ser consolado del peligro que lo rodeaba.

El lazo de nuestra amistad se reforzó con sentimientos y vínculos profundos que actuaban como un refugio incondicional e inquebrantable.