Capítulo 4 – Un Nuevo Proyecto
Una vez más, en Portland se había iniciado su estrépito alboroto de los animales que viajaban de regreso a sus hogares.
Las calles rebosaban de autos que se acumulaban poco a poco debido al alto tráfico que se presentaba del momento; me sorprendía que, en los últimos años, los tiempos de viajes hubiesen incrementado significativamente.
Los ingenieros y otros trabajadores planeaban rediseñar puentes y otras calles para mejorar la accesibilidad de las intersecciones que conectaban a las autopistas principales.
Esa misma tarde llegué al departamento muy exhausto tras una jornada tan larga; aún así, mi mente quería enfocarse en hacer un poco de ejercicio en un gimnasio que quedaba a tres cuadras donde vivía.
Media hora más tarde, Balto llegó de la universidad con una maqueta del proyecto que había mencionado hace semanas atrás. Su rostro parecía feliz, intuí que él también había completado otras de sus tareas satisfactoriamente.
- Hola, hola, Perro loco. ¿Qué tal tu día? – pregunté reclinando mi hombro sobre la pared de la sala.
- No, no, no… no pienso decirte nada sin antes escuchar acerca de tu entrevista en FitnessEnterprices. ¡Por favor dime que te aceptaron! – exclamó eufórico acercándose intrépidamente hacia mi.
- No, Balto. Me temo que sus preguntas fueron difíciles de responder.
– Su rostro cambió radicalmente intentando comprender el suceso – No…
¡hasta que mis respuestas los haya dejado atónitos!
Claro que me aceptaron. Hubieses vistos la expresión de los líderes; el señor Grizzly no dejaba de admirar mi determinación y compromiso con la empresa – le conté, dándole un gran abrazo.
- ¡No me vuelvas asustar de esa manera, Carving! es de mal gusto – replicó señalándome con el dedo –. Yo aprobé el proyecto de laboratorio; mi maestro me felicitó ante toda mi clase.
- ¡Felicitaciones! Ese es el resultado de tu esfuerzo que has aplicado todo este tiempo. – Le devolví el abrazo por su gran logro.
- Oye, justamente quería entrenar un poco. Llevo más de un mes sin ir al gimnasio. ¿Te gustaría a acompañarme? – cuestioné, sacando mi ropa de ejercicio del armario.
- Por supuesto que sí. Encantado de ir contigo; creo que me vendría bien ejercitarme un poco. Siento que he perdido considerablemente mi masa muscular, debido a las desveladas que he tenido – expresó, tocándose los brazos y su abdomen.
Un tiempo después, íbamos caminado hacia Lloyd Athletic Club, uno de los mejores gimnasios de la ciudad, donde la mayoría de los animales realizaban rigurosamente sus series de entrenamiento.
Le mencioné a Balto que nuestras actividades físicas se basarían en levantamiento de pesas, ejercicios de pecho y terminaríamos con flexiones de pierna al fallo.
Obviamente, su educación física no era tan atlética como la de un entrenador, así que debía procurar que no llevara su cuerpo al límite.
Al llegar al establecimiento, notamos que era una excepción: usualmente los animales frecuentaban el lugar para hacer sus ejercicios de noche tras su jornada laboral, pero esta vez se encontraba vacío.
Iniciamos con flexiones de pecho para calentar nuestras articulaciones; le propuse a mi amigo hacer tres series de quince con un descanso de cuarenta segundos.
Cinco minutos después, continuamos en la máquina de press inclinado.
Le pedí a Balto que apoyara sus patas bajo la barra para asegurarme mientras yo ejecutaba el ejercicio con treinta kilos en cada extremo.
Balto realizó la misma actividad, pero con menor peso.
Más adelante, nos enfocamos en bíceps, alzando mancuernas de quince kilos aproximadamente.
En el tercer piso se localizaban las máquinas de Smith, hacka, y la prensa, entre otras. Yo no era muy entusiasta de los ejercicios de cuádriceps y femoral; me sorprendía que muchos animales priorizaran en aumentar su masa muscular del tronco inferior.
Nuestro último ejercicio consistió en flexiones de pierna y sentadillas de forma intercalada.
Escogí la segunda actividad mientras Balto terminaba sus series.
Le introduje dos discos de veinticinco kilos en cada extremo de la barra, incorporándome con mucha severidad al entrenamiento.
Cuando estaba finalizando mi última rutina, sentí que mis piernas empezaron a temblar de manera repentina, como si estuviesen a punto de partirse en dos.
Cerré mis ojos por un instante, tratando de empujar arduamente la barra hacia arriba; sin embargo, estuve cerca de perder el equilibrio.
De pronto, sentí como unas patas gigantes se apoyaron contra las mías, ayudándome a hacer contrapeso junto con el barrote.
- Jovencito, ¿está bien? – La voz de aquel animal me sonaba muy familiar, hasta que me di la vuelta; no esperaba encontrarme con la gran sorpresa de que el señor Brutus estuviese allí. Su rostro cambió al ver que era yo – ¿Carving, eres tú?
- ¡Señor Grizzly! Qué fortuna de verlo por aquí.
Su sola presencia llenaba la habitación, como si su cuerpo hubiera sido forjado con la densidad de un roble centenario. Había una armonía salvaje en su figura: hombros que cargaban el peso del mundo con facilidad y extremidades que denotaban una potencia contenida, grabada en cada línea de su piel.
- Me diste un buen susto, ¿Por qué no pediste ayuda antes de que venciera el peso? – cuestionó, mirándome a los ojos.
- Si, perdón. Fue un error que no volveré a cometer – emití un poco avergonzado; era la primera vez que me ocurría algo parecido.
- Ustedes los jóvenes nunca dejan de sorprendernos ¿Vienes con alguien? – preguntó mirando a nuestro alrededor.
- Si, señor, estoy con mi mejor amigo. ¿Y usted viene acompañado? – pregunté, ya que no veía a nadie buscándolo.
- No, Carving, me gusta pasar mi tiempo libre solo; ni siquiera tengo esposa o hijos – confesó; sin embargo, a simple vista podía intuir que ocultaba algo que no todos lograban detectar.
- Supongo que es una excelente forma de despejar la mente después de una extensa jornada – le seguí la conversación mientras él seguía observándome detenidamente – Bien, supongo que ya debo irme.
En el transcurso de la semana tendré que adelantar el proyecto que mencioné en la junta – dije, mientras me disponía a buscar a Balto.
- Carving, espera – me tomó de forma abrupta - ¿Es posible que dispongas de tiempo para beber algo en la cafetería?
- ¿De qué quiere hablar exactamente? – pregunté. No comprendía su comportamiento errático; parecía que en el fondo de su corazón se desbocaba una cascada de palabras contenías y resguardadas en lo más profundo de su ser – Si, por supuesto Déjeme decirle a mi amigo que estaré con usted.
Busqué a Balto rápidamente con el propósito de comentarle lo sucedido, pero para mi sorpresa no lo hallaba en ninguna parte. Tomé mi teléfono para enviarle un mensaje.
“Balto, ¿En dónde te metiste? Mi feje, el señor Grizzly me está pidiendo que lo acompañe a Tov Coffee, curiosamente me lo encontré aquí en el gimnasio”
“Perdón por no avisarte, Apestoso. Como andabas tan ocupado con tu jefe, decidí no molestarte. Me avisas cuando llegues a casa, por favor. Cuídate”
“No te pases, hermano. Gracias.”
El señor Grizzly y yo abandonamos el establecimiento dirigiéndonos al estacionamiento a buscar su auto.
- Así que te gusta Volkswagen, ¿verdad? – cuestionó, buscando las llaves en su mochila – Ten; solo espero que sepas manejar – me entregó el control remoto de dicha marca. Intenté identificar de qué vehículo provenía – Esa es mi camioneta – señaló, y no esperé que coincidiera tanto con mis gustos.
- No le creo, señor Grizzly - refuté admirando la SUV que estaba estacionada perpendicularmente frente de nosotros – Una Taos Highline modelo 2024. ¡La camioneta de mis sueños!
- Es correcto, también tengo un Jetta GLI modelo 2025, una Toyota Fortuner modelo 2023 y una Teramont Modelo 2022 V6 de 3.6 litros.
- Wow, cuatro carros, es increíble. ¿De verdad quiere que conduzca? – pregunté, aún sin poder creer que tuviera dicho privilegio.
- Un conocedor de autos debe saber conducir. Súbete. – agregó, montándose en el asiento del copiloto.
Recordé en ese minuto la primera vez que mi padre me enseñó a conducir cuando tenía quince años; su carro era un Mazda 3 último modelo, con un motor 2.
0 litros que generaba una potencia de 160 caballos de fuerza.
Ese mismo año lo tuvo que vender, ya que optó por adquirir un carro más grande que también lo vendió al poco tiempo.
La versatilidad y el poder que poseía la SUV eran indescriptibles, viajamos a una pequeña cafetería que quedaba a unas cuantas cuadras de la de la avenida Armstrong.
El señor Grizzly aprendió un poco sobre los cuidados que requerían los motores turbo, debido a que, con el uso inadecuado, era probable que se dañaran durante el paso del tiempo.
- No abusaré de este espacio compartido; sé perfectamente que mañana debes estar muy temprano en el concesionario – aclaró, bebiendo un gran sorbo de café – Escucha, Carving.
Quiero proponerte un trabajo aparte de mi empresa, o algo por el estilo – Empecé a escuchar atentamente la propuesta; esperaba no dejarme endulzar por sus palabras, pues sabía hacia donde iba la conversación – Quiero que seas mi conductor elegido.
- ¿Perdón? ¿A qué se refiere con eso? – fruncí el ceño al escuchar dicha oferta.
- Verás, cada dos semanas tengo que partir a la ciudad de Kansas para cubrir la entrega de mercancía en una sucursal que adquirí no hace poco.
Desafortunadamente, no cuento con los camiones necesarios para transportarla, por lo tanto, debo viajar en alguna de mis SUV’s para hacer llegar los productos.
Es un trayecto de más de 2500 kilómetros; una duración de dos días.
Podríamos acomodar los horarios: saldríamos los sábados de madrugada para llegar los lunes, quizás a la misma hora.
Respecto a tu pago, será en base en el recorrido de ida y vuelta – explico la situación calmadamente.
No era un mal negocio, estaría ganando cinco mil dólares en dos días.
No obstante, quise negociar con el valor de mi tiempo, pues no permitiría arriesgar mi trabajo en Volkswagen.
- Muy bien, señor Brutus, me llama la atención su oferta, aunque le sugeriría que le aumentara mil dólares más, ya que mi tiempo está comprometido en el concesionario.
Cabe recalcar que, si usted me ayuda a hablar con mi jefe de ventas para convencerlo que dicha ocupación es parte de mis pasantías, tomaré este trabajo sin ningún problema – expuse mi respuesta, hablando con la profesionalidad de un empresario.
Su mirada había quedado pasmada sobre la propuesta.
- Definitivamente eres alguien que empiezo a admirar en su forma de negociar.
Está bien: el pago sería de seis mil dólares y en estos días pasaré al concesionario para charlar con tus jefes.
La próxima semana saldríamos para Kansas en la Taos para mayor comodidad.
Creo que es hora de volver a nuestros hogares, ¿Dónde vives?
– cuestionó, un tanto curioso. Las palabras que brotaban de él me hacían sentir ligero y confiado de mí mismo.
- En Alameda y muchas gracias por llevarme – respondí alegremente.
En aquel entonces, interpreté la confianza que el señor Brutus depositó en mí en tan muy poco tiempo como si uno de sus anhelos más ocultos fue haber encontrado a alguien que compartiera sus mismos gustos y charlas amenas.
Me gustaba ofrecer mi ayuda en mis espacios libres; la experiencia que pronto adquiriría como chofer de un gran empresario, también era parte de mis aprendizajes explorando nuevos recursos.