Capítulo 2 – Pasos A Seguir
La >, es un término simple, pero al mismo tiempo poco comprendido por quienes aseguraban tener cambios en su vida.
Todos podíamos evolucionar, soltar viejos hábitos y construir nuevos pensamientos; sin embargo, muchos de nosotros preferían aferrarse al pasado, como si tuviesen una barrera al frente que les impidiera progresar, atrapados en un cajón sin salida.
Tal vez era inevitable perder la cordura; no obstante, conllevaba la dificultad de salir de la zona de confort y gestionar la incertidumbre.
O eso creía tras haber adoptado una nueva vida con los animales que llegaron a salvarme.
Tras haber superado la depresión, comprendí que dicho término no era precisamente cambiar o dar saltos a la ligera; con mi trabajo y ahora con mis pasantías debía adquirir nueva vestimenta y nuevas enseñanzas.
El domingo en la tarde, Balto me insistió que fuéramos a Wooburn Premium Outlets, un lugar muy concurrido por sus excelentes precios, alta calidad de ropa y también ofrecían perfumes refinados a costos exorbitantes.
- Espero que el señor Apestocín logre encontrar lo que necesita – señaló dándome un puño en el hombro.
- Auch, tranquilo, señor fanfarrón, no tardaré, soy muy decidido al momento de comprar ropa nueva sin tener que medírmela en el vestidor – añadí mientras me quitaba el cinturón de seguridad – ¿Vas a esperarme aquí o tienes que hacer algo?
- Pues, pensaba comprar unas hamburguesas de aquel establecimiento, son muy buenas. – habló mientras se bajaba del auto – Mis sospechas eran ciertas: tenía la intuición de que no me iba a acompañar mientras escogía los trajes de paño y camisetas que deseaba adquirir; era muy predecible.
- Está bien, no tardaré más de treinta minutos, nos vemos aquí mismo. – expresé mientras me perdía de vista.
No quería comprar algo que me destacara o que influyera en mi apariencia; usualmente adquiría ropa cómoda, de buena calidad y de marcas neutrales.
Desconocía completamente los trajes de paño, ya que toda mi vida solo los había usado una vez para mi entrevista de trabajo en Volkswagen.
Para ser sincero, alquilé dicha vestimenta porque no pensaba guardar algo que no iba a necesitar más adelante; a pesar de ello, me encontraba en un outlet escogiendo trajes de gala.
- Buena tarde, caballero. ¿Le puedo ayudar en algo? – se acercó una vulpeja muy refinada preguntando amablemente.
- Buen día, señora. La verdad si, necesitaba una pequeña asesoría respecto a estos trajes, ¿Cuál es la diferencia en cuanto a sus colores? ¿Cada uno es para una ocasión en específica? - pregunté sin saber si mis preguntas estaban bien formuladas.
- Es correcto, sus colores se diferencian por el tipo de evento que va a asistir.
Los estilos varían desde trajes de dos piezas para negocios, hasta cruzados, o tres piezas para mayor formalidad, aunque, lo expreso para celebraciones o actos muy relevantes – explicó señalándome los trajes que poseían una tela más gruesa.
- Comprendo, necesitaría algo más sofisticado, me explico, para una empresa muy grande – añadí.
- ¡Claro que si!, acompáñeme por este pasillo y le enseñaré lo que usted está buscando – la seguí mientras admiraba la cantidad de ropa que tenía en otras vitrinas – Vea, estos son Cortes, de Slim Fit, tenemos negro, azul oscuro y gris o también trajes cruzados —Double – Breasted— mismos colores con dos botones y solapas anchas –
- Bien, llevaré dos cruzados: negro y azul, y tres de corte: negro, azul y gris – escogí al azar para no retrasarme más de lo que estimaba.
- Buena elección, sígame hasta la caja. ¿Desea factura electrónica? – cuestionó mientras escaneaba el precio de las prendas - ¿Tarjeta o efectivo?
- Tarjeta a dos cuotas, por favor – No había comprado algo tan costoso después de mucho tiempo; la última adquisición que hice fue un televisor para ver mis series favoritas.
Treinta minutos después, Balto y yo nos dirigimos a Forest Park, un gran parque forestal lleno de árboles silvestres donde muchos animales compartían gratos momentos en familia o en pareja; ya fuera caminando o sentándose en las bancas a comer un helado o un pícnic.
A mi alrededor observaba a los demás animales disfrutando de un domingo en ese bello lugar; la brisa que chocaba con mi pelaje me hacía sentir como si la madre naturaleza acariciara tiernamente mis mejillas mientras inhalaba aire puro.
Era una sensación que jamás en mi vida había experimentado.
Mi amigo también parecía gozar de un momento como ese.
Tenía que admitir que, de alguna forma, admiraba su estilo único; pese al tiempo que llevábamos de conocernos, al entablar una conversación era como si nos hubiésemos conocido desde hacía décadas, me halagaba ser alguien muy importante en su vida.
- ¿Qué me miras tanto, Apestoso? – frunció el ceño – Espero que no te hayas enamorado de mi – añadió.
- Tendrías que estar soñando si algún día sucede algo entre nosotros. Sabes perfectamente que mis gustos son completamente diferentes a los tuyos – emití burlándome de él.
- Ay, Carving. Un oso tan guapo como tú merece tener a alguien que valore todo de ti. – habló, entendiendo perfectamente mi soledad.
- Comprendo tu preocupación, amigo. Ahora no tengo tiempo para estar buscando a alguien; dejaré que los días fluyan a su ritmo, tal como las hojas.
Cuando la brisa sopla los limbos, ellas caen lentamente hasta donde el mismo viento no pueda levantarlas otra vez; es ahí donde encontraré al ser que he estado esperando por mucho tiempo – recité mis palabras inspiradas desde el corazón, cuya procedencia venía desde el gran abismo que tenía en mi alma.
- Wow, es la primera vez que te escucho tan poéticamente; nunca imaginé que tuvieras talento para expresarte de manera tan lírica. Tienes razón, en eso estamos completamente de acuerdo – me manifestó una gran sonrisa de punta a punta de sus mejillas.
La noche iba cayendo lentamente y la ciudad de Portland se había iluminado con luces tenues, recordándole a los ciudadanos que era hora de descansar.
Decidimos caminar a paso lento por el centro para dispersar un poco la mente; por el contrario, me resultaba difícil mantener mis pensamientos templados.
Me sentía muy ansioso, puesto que mis pasantías iniciaban el día siguiente; no por miedo, sino de felicidad.
Tenía la certeza de que les iba dar una excelente impresión a los grandes socios de FitnessEnterprices.
No me consideraba un oso al que se le facilitara mantener una conversación estable con animales de alto nivel sobre negocios que enriquecieran y prosperaran el crecimiento económico de una compañía.
Por lo tanto, muchos de los que conocía habían comentado que mis capacidades para negociar un producto o realizar nuevas estratégicas de marketing eran habilidades de un talento excepcional; no obstante, para otros competidores, las cosas no salían como lo planeado, debido a que sus resultados no eran beneficiosos para entidades que superaban sus expectativas.
Poco tiempo después, tras haber guardado el auto de Balto en su garaje, preferimos sentarnos en el sofá a ver una película con palomitas de maíz y una jarrada de Coca-Cola.
Al cabo de unos cuarenta minutos, me di cuenta de que el perro alemán se había quedado profundamente dormido; lo llevé cargado hasta su cama arropándolo completamente.
Guardé la comida en una bolsa y me tomé la molestia de lavar los trastes. En cuanto finalicé mi tarea, mi teléfono empezó a vibrar sobre el mesón de la cocina; era un mensaje de un número no agregado.
“Buenas noches, señor Walker. Le habla Hanna Clifford, espero no incomodarlo a altas horas de la noche. Quería informarle sobre la entrevista que tiene con el señor Brutus Grizzly en la empresa FitnessEnterprices en las horas de la tarde del lunes 28 de marzo. Por favor, no falte a su cita., lo esperamos. Atentamente, su asistente personal.”
“Buenas noches, señorita Clifford, confirmo mi cita. Le agradezco, Quedo atento a cualquier mensaje.”
Me quedé releyendo el mensaje de la asistente una y otra vez hasta quedar completamente dormido, la felicidad que sentía en el momento era indescriptible; no podía seguir esperando ni un minuto más hasta que llegase el gran día en el que las puertas de las esperanzas se abrían por completo ante mi.