Tratos No Negociables
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Capítulo 1 – Los Jóvenes
La ciudad de Portland del estado de Oregón, había despertado con una mañana resplandeciente.
La luz del sol era tan fuerte que podía ver cómo atravesaba las persianas de mi habitación; mientras tanto, los autos ya empezaban a circular por las calles, acudiendo como cada día a sus destinos.
Me levanté a estirar un poco mi cuerpo; aún me sentía agotado, por la carga laboral de la semana y las últimas tareas de la universidad, que me estaban consumiendo lentamente.
Por suerte, solo faltaban unos días para empezar mis prácticas y ejercer mi carrera de Negocios Internacionales, ya fuera en una empresa local o en el exterior.
Estudiaba en la Universidad Estatal de Portland y vivía cerca de allí con la compañía de mi gran amigo, Balto Cavendish.
Balto, era un Pastor Alemán de veintitrés años, cuyo padre era el más reconocido y adinerado del estado; podía sonar exagerado, pero su familia poseía varias cadenas de supermercados más importantes del país.
El joven Balto lo conocí hace tres años.
No tenía muchos amigos, pero poseía un carisma sin igual y algo que casi nadie valoraba en su relación con los demás: humildad.
Pese a su inmensa riqueza, mi amigo era inocente y fiel con quienes le caían bien.
Yo aún conservaba grandes recuerdos con Balto; era poco sociable, sin embargo, cuando empezó a ganar mi confianza, me vio como al hermano que nunca tuvo.
Sus padres Neithan y Nicole Cavendish también compartían esa misma perspectiva; era como si, en el fondo de sus corazones, hubiesen encontrado esa pequeña pieza que les hacía falta para ver a su hijo feliz, ya que el pastor alemán pocas veces había compartido gratos momentos con sus seres queridos.
- ¿Hay algo que quieras contarme, oso apestoso? […]– me cuestionó mientras mi mente se había desconectado por haber pensado en lo que habíamos compartido.
- Una disculpa, me quedé pensando en la última fiesta de cumpleaños que te organizó tu mamá hace un año. Ese día me tocó traerte casi alzado, estabas muy ebrio – conté mientras preparaba el desayuno.
- Ese día me excedí en tragos, pero la pasamos muy bien con ellos. Mi padre no dejaba de reír con tus chistes – recordó mientras soltaba pequeñas risas.
- Ja, pero al menos estaba sobrio. Bebiste dos whiskys y perdiste la cabeza – reí mientras buscaba la bolsa de leche en el refrigerador.
- En fin ¿Debes trabajar en el concesionario? O ¿trabajas online? – preguntó.
- Tengo entendido que debo ir a resolver un inconveniente con un cliente, pues el repuesto que había solicitado salió defectuoso. Ya sabes, es lo que tengo que vivir día a día – expresé con poco entusiasmo.
A veces los animales no sabían tolerar sus emociones. Trabajaba como vendedor de repuestos en la marca de Volkswagen, tenía conocimientos básicos en cuanto mecánica automotriz, un sueño que también anhelaba cumplir en un futuro a mediano plazo.
- Que pocos modales los de ese tipo, espero te vaya bien y te deseo las mejores de las suertes.
Avísame a mediodía cuando estés en la universidad para almorzar.
¿Hoy es tu último día, cierto? Espero ya tengan respuesta para que empieces a hacer tus prácticas – expresó mientras comía rápidamente sus huevos revueltos con tocino.
A veces no comprendía cuál era su afán, como si estuviese jugando su vida contra el reloj; ni sus padres comprendían exactamente la razón por la cual ejecutaba sus acciones tan rápidamente.
- Te vas a atragantar si comes así – refuté con tono de preocupación.
- Tranquilo, nada más no deseo llegar a tarde a mis clases de Circuitos, los temas que ya han sido abarcados tengo que ponerlos en práctica en mis laboratorios – emitió después de haber bebido un buen sorbo de leche tibia – Te quedó muy bueno, nos vemos.
- Cuídate y por favor deja de correr tanto, no te precipites – agregué antes de que saliera por la puerta.
Después de haber desayunado y haber organizado un poco el departamento, al cabo de una hora ya me encontraba Armstrong, en el área metropolitana de Portland; allí estaba ubicado el taller automotriz de la marca.
Normalmente, mi trabajo consistía no solo vender refacciones, sino en asegurarles a los clientes de que los repuestos tenían garantía hasta por tres meses.
Había iniciado en Volkswagen a medio tiempo para costear mi sustento, ya que, por alguna razón, mi universidad había quedado asegurada desde que terminé la preparatoria, antes de que mis padres murieran en un accidente aéreo.
Si, quedé huérfano a mis diecisiete años.
Luego de su fallecimiento, un representante legal del abogado me llamó para leer el testamento.
Tal vez no lo pareciera, pero mi padre me había dejado una gran fortuna en uno de los bancos en los que más confiaba.
No era tan millonario como Balto y tampoco quería que él supiera de dicha herencia; prefería mantener un bajo perfil, sin glamur, pues disfrutaba ganar mi sustento con el esfuerzo y la dedicación que me apasionaban.
La partida de mis padres me ocasionó un daño psicológico tan fuerte que perdí las esperanzas de curarme en su totalidad.
No podía contenerme en aquel lugar; la depresión aumentaba debido a la ausencia que sentía los primeros días.
Su amor, su cariño y, sobre todo, el hogar que habíamos construido se había transformado en un completo infierno, lleno de agonía y desesperación, como si mi propia alma ardiera en llamas a causa de la gran tristeza.
Poco tiempo después, renté la casa a un precio justo y pagué la renta de un apartamento sencillo, donde pudiera sobrevivir.
Fue con el paso del tiempo conocí a Balto, mi salvador.
Actualmente, con el dinero que ganaba, compraba mis víveres y me daba ciertos lujos; para redondear una cifra exacta, ganaba alrededor de $3.500 dólares al mes. Además, las clases de economía me otorgaron beneficios para aprender a administrar el dinero y poder ahorrar en los años transcurridos.
- Buen día, Carving, necesito que me des un informe del inventario que tenemos hasta el día de hoy – expresó mi jefe de ventas, quien era un tigre de bengala. Siempre lo había admirado por su determinación, animaba a sus trabajadores para no perder la motivación.
- En seguida, tenemos: 10 juegos Bujías de la marca ATE, Volkswagen y Bosch, 90 correas de accesorios de la marca propia, 2 alternadores y 5 cuerpos de aceleración que es lo más solicitado en la semana.
En el otro estand, tenemos 5 prototipos mecatrónicos de la caja de cambios de la Volkswagen Tiguan para modelos 2020 y 2024.
– expuse mientras miraba el cuaderno de los últimos repuestos que se habían vendido.
- Perfecto, envíame ese reporte sobre un Excel, junto con los precios estipulados de cada uno. Además de eso, en la bodega de la planta inferior hay dos cajas de cuchillas limpiaparabrisas, hay varios carros que vamos a reemplazar sus plumillas. – añadió, mirando otras anotaciones en su cuaderno.
- Jefe, por seguridad al bolsillo del consumidor, tenemos que verificar el estado de sus repuestos.
Usualmente se les haría el reemplazo cada año y medio, tenemos que asegurarnos de que valga la pena.
– expliqué, ya que los últimos días estaban haciendo cambios sin el consentimiento de los propietarios, lo cual es una falta grave para los mecánicos.
- Buena sugerencia, señor Walker. Tomaré tu consejo para futuras prevenciones.
Vaya, el tiempo cada vez es más rápido, mira la hora, es mejor que te prepares para que tomes tu expreso a la Universidad.
– agregó, viendo su reloj, pues eran más de las once y tenía que preparar los documentos para el inicio de prácticas.
– Carving, antes de que vayas, ya le mencioné al gerente sobre tu situación y me dijo que no tenía inconvenientes, puedes venir en las mañanas o si es harto trabajo puedes laborar desde casa y en la tarde podrás cubrir tus horas como pasante depende donde te asignen.
- Le agradezco mucho, señor. Tenga un excelente día – expresé mi despedida tomando mi chaqueta lo más rápido posible.
Más tarde, en el instituto, me encontraba en la facultad de economía charlando con los directivos sobre mis pasantías.
Mis compañeros de clases rumoreaban sobre trabajar en una de las grandes empresas de Portland, aún no tenía claro el nombre de dicho establecimiento; sin embargo, me llamó la atención, puesto que sería una gran oportunidad para emprender nuevas metas.
- Muy bien, señor Walker. – mi corazón empezó a latir más fuerte, como si tocara tambores de guerra -.
Viendo su rendimiento a comparación de sus otros compañeros, la Universidad Estatal de Portland le otorgará un chance laboral, aclaro, NO pagos, en la empresa de FitnessEnterprices, una gran experiencia que adquirirá como nuevo pasante – indicó el director con la mirada fija en mí, como si intentara amenazarme de alguna manera.
- Ya había oído sobre dicha entidad, FitnessEnterprices, se encarga de exportar sus productos de mancuernas, discos de peso y entre otros artículos hacia Canadá.
No recuerdo quien lo dirige, pero tengo entendido que es el señor Grizzly – expliqué.
gracias a una revista empresarial que había leído meses atrás, era una oportunidad que no pretendía desperdiciar así nada más.
- Es correcta la información, señor Walker.
Después de finalizar sus prácticas pueda que el señor Grizzly le dé un puesto oficial dependiendo del cargo que le asigne.
Cabe recalcar que, si logra brindar mejoras a dicha empresa, ese sería su proyecto de graduación.
– añadió, entrelazando sus dedos entre sí, demostrándome una excelente manera de exponer una información.
- Perfecto, muchas gracias, director. Aquí le anexo mis datos que imagino que irán con estos para la empresa. No los voy a defraudar. – Dije saliendo pacíficamente del edificio conteniendo mis ganas hasta ver a Balto.
Pasada unas horas, me hallaba en el restaurante de la Universidad esperando a Balto para almorzar juntos, tenía muchas ganas de compartir mi felicidad con él, era como si les dijera a mis padres sobre mi gran logro, supuse que ellos también estarían muy felices al respecto.
- Hola, hola, veo que el Oso Apestoso está muy feliz – intentó adivinar por mis gestos, pero no lo logró.
- Seré muy franco contigo, ¡haré mis pasantías con FitnessEnterprices! Estoy muy emocionado – festejé con él zambulléndolo.
- ¡Hermano, que felicidad! – me abrazó con mucho cariño – Mis padres creo que conocen al jefe e incluso dicen que es un oso muy gentil.
- No pues, estoy encantando. – sonreí.
- ¿Y cuándo empiezas? - indagó cruzándose de brazos.
- El lunes después de mi trabajo y los sábados tendré que venir aquí para dar mis reportes sobre lo que ha avanzado con ellos – expliqué, mirando los apuntes que tenía en mi libreta.
- Ya es un hecho, me sorprende que un oso como tú, de veinticinco años esté superando sus límites – refutó sorprendido de mis destrezas.
- No es nada, me gusta enfocarme en mis metas, sabes perfectamente que tengo otros proyectos por delante – reiteré recordándole sobre mis sueños.
- Lo sé, eres muy persistente, aun así, me alegra mucho que todo te esté saliendo a tu manera - Le di un gran abrazo y salimos para el departamento.
El ruido de la ciudad había disminuido en gran parte debido al tráfico denso, Vivíamos en un cuarto piso y, pese a que era una distancia considerable respecto a la calle, se lograba escuchar los cláxones de los autos; a veces me gustaba adivinar la marca por su tono.
Aparentemente, Balto también había tenido un buen día. Cursaba sexto semestre de Ingeniería electrónica y su sueño era poder trabajar en Intel, en alguna empresa multinacional o, quizás, fuera del país.
Por las noches veíamos películas, cuando aún reservábamos algo de nuestra energía para no quedarnos dormidos, o platicábamos sobre nuevos intereses, como el deseo de tener pareja o planes a futuro.
A Balto le gustaban los machos de su misma especie.
Portland era una ciudad grande; aunque resultaba difícil coincidir con alguien así, me tranquilizaba saber que sus padres ya conocían sus gustos, así que no tenía por qué preocuparme.