Trascender la semilla del mal (Trascendiendo la Semilla del Mal 4) Capítulo 261 - La Novia del Dios Serpiente (6)
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Capítulo 261 - La Novia del Dios Serpiente (6)

E n cuanto el jefe de la aldea se enteró de que Shen Ruizhe había despertado, acudió presuroso como un ministro que va a informar al emperador.

—¡Gran Cultivador Inmortal! —exclamó al ver a Shen Ruizhe en la cama—. ¿Cómo se encuentra? Sus discípulos me dijeron que el Dios Serpiente lo envenenó. ¡Estaba tan preocupado! Por suerte, tiene mucho mejor aspecto ahora.

Parecía otro hombre, como suele ocurrir con quienes cargan con una inmensa culpa. Mo Zhiyuan estuvo a punto de soltar una carcajada.

Shen Ruizhe, en cambio, ni siquiera sonrió.

—Jefe de la aldea, ¿qué trato tenía con el llamado Dios Serpiente?

La sonrisa se borró del rostro del jefe de la aldea.

—¿Q-qué quiere decir, Gran Cultivador Inmortal? —tartamudeó bajo la mirada penetrante de Shen Ruizhe.

—Un demonio atormenta su aldea y exige sacrificios humanos cada año, y aun así usted accede de buen grado a tan despreciable petición. ¿Por qué?

—¿Q-que por qué, pregunta...? —El jefe de la aldea soltó una risa nerviosa—. No puedo hacer nada... ninguno de nosotros puede. Si no hago lo que me pide, todos moriremos.

—Ya veo.

Shen Ruizhe esbozó una sonrisa siniestra.

—En ese caso, ¿por qué no hago yo lo mismo? Deberá enviar una décima parte de su cosecha anual a la Montaña Tianhe, o destruiré su aldea entera.

—...

Temblando de la cabeza a los pies, el jefe de la aldea cayó al suelo y se arrastró hacia la cama, presa del pánico.

—¡Gran Cultivador Inmortal, tenga piedad! ¡Por favor, tenga piedad! Nuestra aldea es pobre. ¡No tenemos mucho que ofrecerle!

—Eso dice usted, pero...

Shen Ruizhe extendió la mano y tomó la tela de la cortina de la cama entre el pulgar y el índice.

—... incluso la cortina de la cama en su habitación de invitados está hecha de seda bordada del sur. Debe de haber costado una fortuna.

—Yo... Fue... fue un regalo...

El jefe de la aldea intentó desesperadamente inventar una excusa, pero sabía que se le había acabado el juego. Su ostentosa riqueza, evidente en las numerosas posesiones valiosas que lo rodeaban, contrastaba de forma escandalosa con los aldeanos empobrecidos que vivían fuera de sus muros.

—El demonio serpiente se le acercó hace años y le ofreció un trato, ¿verdad?

El jefe de la aldea negó con la cabeza sin dejar de suplicar piedad.

—A cambio de sacrificios humanos anuales, le prometió riquezas sin fin, las suficientes para saciar su codicia.

Se oyó un fuerte jadeo y todas las cabezas se volvieron hacia la puerta.

Xiao Wen estaba allí, con los ojos desorbitados por la conmoción y una mano tapándose la boca.

No estaba sola. Las otras jóvenes también estaban allí, presumiblemente las huérfanas que serían entregadas al Palacio del Dios Serpiente en los años venideros.

—C-chicas...

El jefe de la aldea se puso de pie tambaleándose.

—Chicas, no es lo que piensan...

Xiao Wen y las otras jóvenes retrocedieron un paso. Las lágrimas empezaron a rodarles por las mejillas mientras miraban al hombre que las había criado como ganado, para sacrificarlas llegado el momento.

—Jefe de la aldea, ¿cómo pudo...?

Sin esperar a oír la explicación del jefe de la aldea, se dieron la vuelta y huyeron.

Ahora todo tenía sentido. La inmensa riqueza del jefe de la aldea.

El hecho de que las novias del Dios Serpiente siempre fueran elegidas entre las huérfanas que él criaba.

Por qué todas eran mujeres. ¿Eran realmente huérfanas? ¿De dónde venían...?

Mil preguntas surgieron en un instante, pero no cabía la menor duda sobre la complicidad del jefe de la aldea con el Dios Serpiente.

Su jefe de aldea llevaba años traicionando su confianza.

El jefe de la aldea sabía que estaba acabado, pero aún quería intentar salvar la situación. Al fin y al cabo, llevaba más de dos décadas siendo el jefe de la aldea. Seguro que los aldeanos confiarían en él y no en un grupo de forasteros.

El hombre, normalmente tan poderoso e imponente, se alejó tambaleándose, pero Shen Ruizhe no lo detuvo.

La verdad había salido a la luz y, como una pequeña bola de nieve que empieza a rodar por una montaña empinada, crecería rápidamente, arrastrando consigo la confianza rota y el resentimiento acumulado durante años por los aldeanos oprimidos por el Dios Serpiente.

—Xukai.

Shen Ruizhe extendió la mano hacia Zhang Xukai, quien se la tomó de inmediato.

—¿Sí, Shizun?

—Nos vamos —dijo el maestro de pico con un largo suspiro.