Capítulo 253 - Viaje al Este (3)
M ientras Mo Zhiyuan estaba en el tejado reparando la gotera junto a Gongyi Xiao, podía oír a la joven forcejeando con Chen Yuhuan.
—No hace falta, buen señor, yo... ¡ah! ¡No tengo dinero para pagar el tratamiento! —gritó aterrada.
—Le pedí que tratara su herida, no tiene que pagar ni un céntimo —respondió Shen Ruizhe.
—Pero, pero yo... ¡esta pequeña herida sanará en tres días... ahh!
Mo Zhiyuan se asomó por el agujero. Quería ver dónde estaba herida la joven, pero su mirada fue a parar justo a la impecable figura de Shen Ruizhe. El joven puso los ojos en blanco con desdén.
—El Maestro de Pico Shen tiene muy buen ojo —reflexionó Gongyi Xiao—. Ni siquiera Chen Shixiong se dio cuenta al principio.
Mo Zhiyuan no tardó en replicar.
—Bah, dudo que sea algo grave.
Al fin y al cabo, no eran ciegos. La joven caminaba y se movía sin problemas.
Cuando terminaron de reparar el tejado y volvieron al interior de la pequeña cabaña, les recibió una ráfaga de aire cálido.
Han Yiran, a quien Shen Ruizhe no había asignado ninguna tarea, tomó la iniciativa de preparar té para todos.
Mientras tanto, Shi Qingqing sujetaba a su anfitriona para que Chen Yuhuan pudiera tratar el corte profundo que tenía en la palma derecha. A juzgar por su reacción, nunca la había atendido un médico en toda su vida. Incluso se sobresaltó varias veces cuando Chen Yuhuan le vendó la mano.
Mo Zhiyuan entrecerró los ojos mirando a la joven.
Era muy joven, probablemente ni siquiera tenía veinte años. Y vivía sola en una cabaña tan pequeña. ¿Cómo se había hecho el corte?
Shen Ruizhe se hacía las mismas preguntas.
—Señorita, ¿cómo se hizo el corte? —preguntó.
La joven apretó los labios, reacia a hablar. Sin embargo, bajo la mirada insistente de Shen Ruizhe, acabó respondiendo.
—Yo... trabajo como sirvienta en la casa del jefe de la aldea. Ayer rompí un cuenco de porcelana mientras lavaba los platos.
Shen Ruizhe arqueó una ceja.
—¿Jefe de la aldea?
—S-sí. Yo... soy huérfana. El jefe de la aldea acoge a todos los huérfanos y los cría. Cuando crecen, pueden marcharse si quieren. Yo no tengo ni talento ni habilidad, así que me acogió como sirvienta...
Shi Qingqing frunció el ceño.
—El jefe de la aldea parece tan amable y bondadoso. ¿Por qué te dejó marchar sin curarte la herida? —preguntó.
La joven se estremeció.
—Yo... Sí que me la curó, pero me quité los vendajes mojados al lavarme las manos...
La joven mantuvo los ojos fijos en el suelo mientras hablaba. Al ver su aspecto lastimero, Shen Ruizhe decidió no presionarla más.
Afuera, la lluvia intensa se convirtió en tormenta. Cuando un trueno rasgó el cielo con un rugido ensordecedor, la joven soltó un grito y se refugió en una esquina, donde se acurrucó aterrorizada.
Han Yiran se acercó a ella con algo de comida de sus provisiones de viaje. Ya la había calentado en la chimenea.
—¿Le tienes miedo a los truenos? No te preocupes, estarás bien. Come algo para distraerte.
La joven se quedó mirando el tierno bollo blanco que humeaba en la mano de Han Yiran. ¡Nunca había visto, y mucho menos probado, semejante manjar!
—Yo... ¿De verdad puedo comerlo? —tartamudeó, mirando a Han Yiran con esperanza.
Han Yiran sonrió.
—Pues claro. De hecho, tenemos bollos de carne y bollos vegetarianos. Este es de carne. Si no comes carne, puedo...
—¡N-no! ¡Me gusta la carne! ¡Me encanta la carne!
La joven le arrebató el bollo de carne de la mano a Han Yiran y lo devoró con avidez. Cualquiera diría que no había comido carne en años.
A medida que avanzaba la noche y la tormenta no daba señales de amainar, acabaron preguntándole a su anfitriona si podían pasar la noche allí.
Su joven anfitriona, con la boca llena de bollos, no podía estar más entusiasmada. Habría aceptado incluso si le hubieran pedido quedarse una semana.
Los ocho andaban eligiendo los mejores sitios para dormir en la pequeña cabaña cuando se oyó un golpe resonante en la puerta.