Trascender la semilla del mal (Trascendiendo la Semilla del Mal 5) Capítulo 363 - La historia jamás contada del Clan Dugu (2)
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Capítulo 363 - La historia jamás contada del Clan Dugu (2)

D esde el día en que nacieron, a los niños del Clan Dugu se les había advertido que no socializaran con extraños, ya fueran humanos o demonios. Yongli y sus amigos no eran la excepción. Pero era la primera vez que veían humanos fuera de su refugio, y la curiosidad los embargaba.

Sin darse cuenta, los jóvenes ya se habían ayudado mutuamente a salir del barranco y habían comenzado a hablar sobre las circunstancias que los habían llevado hasta allí.

Los tres monjes estaban en una misión importante para liberar a toda una aldea del ataque de los demonios. Por desgracia, en su camino de regreso al templo, fueron emboscados por una manada de lobos. De no haber sido por la intervención de Yongli y sus amigos, habrían muerto sin remedio.

En aquel entonces, el concepto de cultivo apenas llevaba dos décadas establecido.

Aun así, la fuerza excepcional y las habilidades de combate incomparables que Yongli y sus compañeros de clan demostraron no pasaron desapercibidas para los monjes.

Incluso las armas que habían fabricado con sus propias manos eran impresionantes, por no hablar de la coordinación perfecta que desplegaron al luchar contra los lobos.

Era evidente que estos jóvenes, vinieran de donde vinieran, estaban bien entrenados en combate.

Por eso, los monjes no pudieron resistirse a pedir más información sobre el Clan Dugu, con la esperanza de que estos tuvieran la clave para vencer a los demonios.

Y fue entonces cuando los jóvenes del Clan Dugu se cerraron en banda, sin atreverse a compartir ni la más mínima información sobre ellos mismos, y mucho menos sobre su clan.

—Venimos de una aldea de cazadores —mintió Yongli—. Nuestros padres son cazadores, y nuestros abuelos lo fueron también. Sabemos cómo luchar contra animales salvajes, pero no sabemos cómo defendernos de los demonios.

La incredulidad se reflejaba en los rostros de los monjes, pero ¿por qué iban a acusar de mentir a sus benefactores? Además, les debían la vida a estos jóvenes desconocidos, y no al revés.

—Nuestro Templo de la Misericordia Infinita está en deuda con ustedes. Si alguna vez alguno de ustedes necesita ayuda, nuestras puertas estarán abiertas —anunciaron los monjes antes de separarse y regresar a sus respectivos hogares.

Yongli y sus compañeros no se fueron de inmediato. Cargaron los cadáveres y dieron varios rodeos antes de regresar finalmente a casa. Incluso después de cruzar la barrera protectora, no dejaban de mirar hacia atrás, por si acaso los monjes los hubieran seguido en secreto.

—Yongli, esto es un asunto serio —dijo uno de sus amigos—. Nunca debemos contarle a nadie lo de los monjes. Nuestros ancianos son muy estrictos. No queremos perjudicar a todo el clan.

—Por supuesto que no —asintió Yongli, mientras pensaba que los monjes parecían bastante inofensivos. Ni siquiera habían podido defenderse de los lobos. Si se atrevieran a infiltrarse en el territorio del Clan Dugu, era fácil adivinar quién saldría vencedor.

Xuezhi se puso contentísima cuando Yongli le entregó la capa prometida.

Por desgracia, los jóvenes que se atrevieron a aventurarse fuera de las fronteras terminaron siendo castigados por los ancianos.

Nadie creyó sus historias sobre lobos salvajes que se habían acercado a su territorio por error.

Menos mal que todos mantuvieron la boca cerrada sobre el encuentro con los monjes.

De lo contrario, podrían haberlos colgado boca abajo de los árboles durante días.

Los primogénitos de la familia de Yongli habían sido designados líderes del Clan Dugu durante muchas, muchas generaciones.

Yongli también fue preparado para suceder a su padre.

Una vez que dejó atrás la infancia, su padre comenzó a llevarlo al exterior para que viera el Reino Humano tal como era en aquel momento.

—Aunque no nos ponemos del lado de los demonios ni de los humanos, es importante que siempre estemos al tanto de lo que sucede en el exterior —dijo su padre en voz baja mientras se abrían paso entre los restos de un campo de batalla reciente.

A su alrededor, los restos mutilados de ambas razas yacían entrelazados en una extensión silenciosa y macabra, abandonados a la intemperie.

Yongli había presenciado semejante carnicería antes, pero la familiaridad del horror no le ofrecía ningún consuelo.

Por el contrario, lo abrumaba enormemente.

—Padre, ¿por qué no nos ponemos del lado de los humanos?

La pregunta se le escapó sin pensar, y el rostro del Jefe del Clan cambió en un instante.

—Porque no somos humanos —fue la respuesta.

—Pero Padre, somos humanos —insistió Yongli—. Puede que nuestros ancestros fueran demonios, pero nuestro linaje se ha diluido tanto que ahora no nos diferenciamos de los humanos.

El Jefe del Clan respiró hondo y le dio una palmada en el hombro a su hijo.

—Yongli, no estás equivocado, pero tampoco tienes toda la razón. En cualquier caso, ahora vivimos en paz. ¿Por qué debemos entrometernos en las guerras entre demonios y humanos? Debemos ocuparnos de nuestros propios asuntos y no hacer nada imprudente que pueda poner en peligro nuestra existencia.

—Pero Padre, a este paso, los humanos van a perecer. Cuando eso suceda, el Reino Humano se convertirá en un segundo Reino Demoníaco. Nuestro clan tendrá que huir de nuevo, ¡y no podemos huir al Reino Celestial!

La mano que descansaba sobre el hombro de Yongli se tensó, y el Jefe del Clan clavó la mirada en los ojos de su hijo.

—Si te digo que no te metas, no te metas. Recuerda lo que sufrieron nuestros ancestros para darnos la vida que tenemos ahora. ¡No tendré valor para mirar a la cara a nuestros ancestros si el clan cae durante mi mandato!

El viaje al exterior se interrumpió abruptamente, y regresaron a casa a toda prisa. Yongli ya no expresó su opinión, pero estaba claro que no podía ignorar el asunto sin más. Le preocupaba la supervivencia de su pueblo, por supuesto, pero también le gustaba pensar a largo plazo.

Esconderse y huir no era la solución.

Y puesto que ya formaban parte del Reino Humano, tenía sentido ponerse del lado de los humanos y luchar contra los demonios hasta restaurar el equilibrio entre el bien y el mal en el reino.

Envalentonado por un espíritu juvenil y el impulso de contribuir al bien del reino mortal, Yongli reunió todo su valor y le expuso su plan a su padre.

Quería llevar a varios buenos guerreros del clan para ayudar a los humanos.

Una vez que la Puerta del Infierno se cerrara, regresarían y retomarían su vida pacífica sin más sobresaltos.

La determinación de Yongli era inquebrantable, pero también lo era el deseo de su padre de proteger al clan.

Al final, el debate se convirtió en discusión, y la discusión escaló hasta una confrontación en toda regla. Yongli se ganó una bofetada de su furioso padre, y se le prohibió salir del refugio para siempre.