Trascender la semilla del mal (Trascendiendo la Semilla del Mal 5) Capítulo 336 - Relación problemática
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Capítulo 336 - Relación problemática

L os dos caballos que Mo Zhiyuan había llevado a la orilla del lago fueron robados tras abandonarlos para regresar a la Aldea Tianle.

Como resultado, cuando Mo Zhiyuan volvió donde el dueño, tuvo que aguantar una buena reprimenda y pagar por los dos animales robados antes de que el anciano gruñón accediera a alquilarle otros dos.

—¡Por favor, no vuelva a abandonarlos, joven! —seguía gritándole el hombre descontento mientras Mo Zhiyuan se alejaba—. ¡Si no, me los pagará con caballos aún mejores!

—Sí, sí —murmuró Mo Zhiyuan.

No es que hubiera planeado abandonarlos. Todo había sido culpa de Shen Ruizhe.

Cuando regresó a la posada, encontró un séquito de hombres esperando afuera. Por sus uniformes, supo que eran sirvientes de alguna casa noble. Mo Zhiyuan intentó pasar junto a ellos para entrar, pero los que estaban al frente le bloquearon el paso de inmediato.

—Lo siento, señor. ¿Podría esperar afuera, por favor? Nuestra señora está terminando de hablar con un invitado.

Mo Zhiyuan los miró con fastidio.

—¿Acaso su señora es la emperatriz de algún estado? ¿O esta posada pertenece a su padre? Soy huésped aquí. Tengo derecho a entrar.

La discusión entre él y los sirvientes subió tanto de tono que hasta las dos personas que conversaban en una mesa del rincón los oyeron.

Al cabo de un rato, Shen Ruizhe salió con expresión grave.

—Mo Zhiyuan, contrólate —lo reprendió—. No pierdas las formas.

Mo Zhiyuan desvió la mirada hacia la mujer de mediana edad que había detrás del maestro de pico. Era la Señora Qiu, la madre de la joven que habían encontrado muerta en el lago.

La Señora Qiu lo observó largamente antes de preguntar, vacilante:

—Maestro Shen, ¿este es...?

Shen Ruizhe giró ligeramente la cabeza y su mirada se suavizó al dirigirse a la señora.

—Señora Qiu, este es Mo Zhiyuan, un discípulo de mi secta. Ayer ayudó a recuperar el cuerpo de la Segunda Señorita Qiu del lago.

La Señora Qiu se llevó una mano a los labios para contener una exclamación.

—Joven Maestro Mo —dijo, inclinando la cabeza en señal de gratitud—, muchas gracias por su ayuda de ayer. Gracias a usted y al Maestro Shen, nuestra familia Qiu por fin podrá enterrar a Ling'er como es debido.

Esta madre era demasiado irresponsable. Debería haber buscado la manera de sacar ella misma el cadáver de su hija del lago en lugar de dar las gracias a otros. Su insolencia era sencillamente intolerable.

Mo Zhiyuan abrió la boca para arremeter contra la Señora Qiu, pero una mirada severa de Shen Ruizhe bastó para silenciarlo.

Al final, se limitó a gruñir:

—Un placer.

La Señora Qiu había visitado la posada para agradecer personalmente a Shen Ruizhe por sus esfuerzos.

En los días siguientes, Qiu Ling sería enterrada en el panteón ancestral de su familia.

Para asegurar que su alma llegara a salvo al más allá, habían convocado a un grupo de monjes para que rezaran junto a su ataúd hasta el día del sepelio.

Mo Zhiyuan siguió a Shen Ruizhe hasta la residencia Qiu con visible desgana para encender incienso y presentar sus respetos a la fallecida.

Una vez cumplidos todos los ritos, emprendieron por fin el camino de regreso a la Montaña Tianhe.

Shen Ruizhe cabalgaba absorto, sin dirigirle la palabra a Mo Zhiyuan. Probablemente seguía enfadado porque Mo Zhiyuan le había mordido el cuello esa mañana, así que el más joven decidió dejarlo en paz para que se le pasara el enfado.

Tras cabalgar casi todo el día, llegaron por fin a la Montaña Tianhe cerca de la medianoche. Shen Ruizhe se dirigió al Pico Jinlian sin mediar palabra, y Mo Zhiyuan regresó al Pico Wuchang igual de callado.

Así era ahora la dinámica de su relación.

Se separaban tras una pelea o una discusión y no se veían durante un tiempo. Luego se encontraban por casualidad y fingían que nada había pasado. Incluso iban juntos a alguna misión o pasaban un rato bajo el mismo techo, solos o en presencia de otros. Y entonces el maldito ciclo volvía a empezar.

Ya era difícil cuando Shen Ruizhe aún no había recuperado sus recuerdos del pasado, pero era aún peor ahora que sabía de lo que Mo Zhiyuan era capaz. Que era la encarnación del mal destinada a traer el fin del mundo de cultivo conocido en el reino mortal.

Cada vez que sus miradas se cruzaban, prácticamente podía leer la hiriente acusación en los ojos de Shen Ruizhe. No solo era desagradable, sino también aterrador.

En otro tiempo, enfrentarse a los supervivientes de las diez grandes sectas desde su trono como Emperador del Anochecer le había hecho hervir la sangre de emoción. Ahora, sin embargo, intentar semejante hazaña en su estado actual no sería más que un suicidio.

No quería morir, y necesitaba que Shen Ruizhe mantuviera la boca cerrada.

Pensándolo bien, quizá debería dejar de provocar a Shen Ruizhe cada vez que se encontraban.

El maestro de pico ya tenía bastante con la apertura de la Puerta del Infierno y las Semillas del Mal causando estragos por todo el reino mortal.

No tenía tiempo para ocuparse de Mo Zhiyuan, así que no iba a complicarle la vida a propósito a alguien mucho más joven que él.

Lo único que tenía que hacer Mo Zhiyuan era estarse quieto.

¿No había sido ese su plan desde el principio?

Ser un buen discípulo del Pico Wuchang, hacer lo que le pidieran y mantener un perfil bajo.

Irónicamente, pese a su aparente humildad, el Pico Wuchang era también una guarida de sinvergüenzas que ponían a prueba constantemente el autocontrol de Mo Zhiyuan.

Esta vez no fue distinto.