Trascender la semilla del mal (Trascendiendo la Semilla del Mal 5) Capítulo 335 - Tu vida es mía
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Capítulo 335 - Tu vida es mía

—¿T ienes prisa por morir, o qué? —replicó Mo Zhiyuan.

Shen Ruizhe se apartó de su pecho empujándolo con ambas manos.

—Suéltame —espetó—. ¿No te da vergüenza? Creía que esta vez no eras de manga cortada.

Mo Zhiyuan enarcó una ceja mirándolo. Finalmente lo soltó, retirando los brazos de su cintura y desenredando sus piernas.

—¿Qué quieres decir con «esta vez»? Nunca he sido de manga cortada.

—Claro —murmuró Shen Ruizhe con sarcasmo destilado en cada sílaba.

Rodó hacia un lado y se alejó de Mo Zhiyuan a rastras, poniendo toda la distancia posible entre ellos.

¿Qué hombre heterosexual estaría tan obsesionado con otro hombre como para arrasar el reino mortal solo por vengar su muerte?

¿Qué hombre heterosexual se acostaría con otro hombre como una bestia, llegando a hacerlo hasta siete veces seguidas sin parar?

¿Y qué hombre heterosexual besaría y abrazaría a otro hombre como él había hecho con Shen Ruizhe toda la noche, completamente desnudos?

Cuanto más lo pensaba Shen Ruizhe, más se enfadaba.

Pero Mo Zhiyuan aún no había terminado con él.

—Espera.

El más joven se abalanzó sobre él de nuevo, rodeándole la esbelta cintura con un brazo robusto y atrayéndolo hacia sí.

—¡Mo Zhiyuan! —siseó Shen Ruizhe, furioso—. ¿Qué más quieres?

—Se te han reabierto las heridas —señaló Mo Zhiyuan.

Lo giró e inspeccionó las manchas de sangre que salpicaban el vendaje blanco.

—Deja que te las vende de nuevo.

—No hace falta.

—Deja de ser terco o te dejaré inconsciente otra vez.

—.................................

Poco después, el maestro de pico yacía boca abajo mientras Mo Zhiyuan le retiraba el vendaje viejo, le aplicaba una nueva capa de medicina y le envolvía el cuerpo con un vendaje limpio.

Las manos del más joven trabajaban con eficiencia y rapidez, sin demorarse en Shen Ruizhe más de un instante. Aquella presteza le produjo una oleada de alivio, aunque empañada por una sutil e inexplicable punzada de decepción.

—Listo —anunció el más joven al cabo de un rato, y Shen Ruizhe se incorporó de la cama.

—Creía que estabas sopesando si valía la pena matarme —comentó Shen Ruizhe mientras empezaba a vestirse capa tras capa—. ¿Qué te hizo cambiar de opinión?

El joven lobo le enseñó los dientes. Se movió con rapidez para colocarse detrás de él y ayudarle a atarse la faja de la túnica.

—Sí quiero matarte —admitió—. Pero seré yo quien decida cuándo y cómo. Los demás no tienen ese derecho.

Shen Ruizhe hizo una mueca de dolor cuando Mo Zhiyuan le apretó deliberadamente la parte superior de los brazos, lo que hizo que las heridas de la espalda se le tensaran y ardieran.

El más joven se le acercó y sus labios recorrieron el costado de su cuello con aire depredador.

—Tu vida es mía, Shen Ruizhe —susurró—. No lo olvides nunca.

—¡Ahh...!

Un gemido de dolor escapó de sus labios cuando Mo Zhiyuan le hundió los dientes en el hueco del cuello.

—¡Mo Zhiyuan! ¿Qué estás haciendo? ¡Suéltame!

El maestro de pico forcejeó para liberarse, pero el agarre del joven era como grilletes de acero.

Atrapó un pellizco de carne entre los dientes y lo mordisqueó varias veces hasta quedar satisfecho.

Dejó una marca de mordisco evidente en la piel, por lo demás inmaculada, de Shen Ruizhe, como una flor prohibida floreciendo en un campo de nieve.

Mo Zhiyuan sopesó la idea de lanzarle un hechizo demoníaco para convertirla en una marca permanente. Así, todos sabrían que Shen Ruizhe tenía dueño. Quizá debería dejarle varias más por todo el cuerpo. Cerca de su erección, por ejemplo...

Apenas había terminado de formarse el pensamiento cuando Shen Ruizhe se giró y le cruzó la cara con el dorso de la mano. El golpe hizo que Mo Zhiyuan viera las estrellas durante unos segundos.

—¿Ya has terminado? —le gritó al más joven, quien le dedicó una sonrisa desvergonzada—. Por ahora.

Shen Ruizhe recogió la ropa de Mo Zhiyuan del suelo y se la arrojó a la cara.

—Vístete y prepara los caballos. Nos vamos ahora mismo.

—Sí, Maestro de Pico —respondió Mo Zhiyuan con obediencia.

Tras vestirse, salió de la habitación.

Por fin a solas, Shen Ruizhe se dejó caer junto a la cama. Mientras el pulso se le ralentizaba y la tormenta de su mente empezaba a amainar, el pecho le seguía pesando, oprimido por una maraña de emociones encontradas.

Puede que ahora habitara un cuerpo más joven, pero su mente era la de un hombre de cincuenta años que ya había muerto una vez. Creyó haber abandonado todo apego al reino mortal cuando cerró los ojos entonces, pero se equivocaba.

Los recuerdos de sus encuentros anteriores, de su relación rota y de los sentimientos prohibidos que habían florecido en su corazón no dejaban de repetirse en su cabeza.

Con ellos llegaba un torbellino de emociones que luchaba desesperadamente por reprimir.

Amor y odio, confianza y traición, esperanza y desengaño, todo se arremolinaba caóticamente en su corazón.

Cuando cerraba los ojos, aún podía sentir el aliento acechante del más joven contra el lóbulo de la oreja, el calor abrasador que sus labios le dejaban en la piel y la sensación electrizante de sus manos recorriéndole el cuerpo.

No venía a cuento.

Lo sabía de sobra.

Pero no podía evitarlo, aunque supiera que el corazón de Mo Zhiyuan latía por otra persona.

El maestro de pico dejó escapar un suspiro doliente.

Al menos, quería enmendar los errores del pasado. Solo entonces Mo Zhiyuan quedaría libre. Solo entonces podría vivir feliz junto a su amada. Solo entonces el reino mortal se salvaría del reinado de terror del Emperador del Anochecer.