Capítulo 293 - ¿Acaso te importa?
H an Yiran había sobreestimado enormemente sus capacidades. Eso fue lo que comprendió cuando por fin se encontró en el mismo carruaje que Shen Ruizhe.
La diferencia de estatus y posición entre ambos no podía ser más evidente.
Shen Ruizhe era un venerado maestro de pico, un renombrado gran maestro del mundo del cultivo, alguien que se había labrado un nombre desde joven.
¿Y Han Yiran? Un simple discípulo interno del Pico Wuchang, el pico menos prestigioso de la Secta de los Siete Pilares del Cielo.
Shen Ruizhe estaba reclinado contra el respaldo del carruaje, leyendo un libro con expresión seria.
Han Yiran adoptó una postura correcta pero extremadamente rígida. Con cada sacudida del carruaje, se balanceaba de un lado a otro, aunque intentaba desesperadamente mantener la espalda perfectamente recta. Al cabo de apenas una hora, la tensión le había provocado un dolor de espalda considerable.
Cuando dejó escapar un pequeño quejido, Shen Ruizhe alzó la vista y lo atravesó con una mirada gélida.
—¿Vas a quedarte ahí sentado sin decir nada hasta que lleguemos?
Han Yiran tragó saliva con dificultad. La ansiedad era tal que se clavó las uñas en las rodillas hasta que los nudillos se le pusieron blancos.
—M-Maestro de Pico Shen, he venido a disculparme.
—¿Oh?
Shen Ruizhe se inclinó ligeramente hacia la ventana, apoyó el codo en el marco y se sostuvo el mentón con la mano.
—¿Y por qué, exactamente, te estás disculpando?
Han Yiran bajó la mirada, incapaz de sostener los intensos ojos de Shen Ruizhe.
—E-Eso, Maestro de Pico Shen, lo que sucedió ayer fue enteramente culpa mía. Shixiong Mo... Shixiong Mo no hizo nada. Todo fue cosa mía.
El joven se postró ante Shen Ruizhe una y otra vez. De no haber estado viajando en un carruaje, habría golpeado la frente con fuerza contra el suelo.
—Estoy profundamente arrepentido de mis actos. Maestro de Pico Shen, si ha de enfadarse, por favor, enfádese conmigo.
Han Yiran esperó con la cabeza profundamente inclinada, tanto que solo veía el suelo del carruaje. Finalmente, Shen Ruizhe se dignó a responder.
—Si te preocupan las consecuencias de tus actos, quédate tranquilo: no tengo intención de informar al líder de la secta.
En cuanto se mencionó a Wu Mansong, Han Yiran sintió un escalofrío que le recorrió la espalda. ¿Cómo había podido olvidarse de su propio shizun? ¿Qué diría Wu Mansong si se enteraba del beso?
Al instante, sus preocupaciones pasaron a otro nivel completamente distinto.
Ya no se trataba de un simple beso. Se trataba de un beso entre dos discípulos, ambos hombres para colmo.
Aunque Han Yiran no estaba seguro de si aquello violaba las reglas de la secta, estaba bastante convencido de que Wu Mansong no lo vería con buenos ojos.
¿Y si los expulsaban a ambos por un solo beso?
—¡Maestro de Pico Shen, por favor! ¡Por favor, no le diga nada de esto a mi shizun! ¡Le prometo que jamás volveré a hacer algo así!
Han Yiran golpeó la cabeza repetidamente contra la estera de paja, y solo se detuvo cuando oyó suspirar a Shen Ruizhe a cierta distancia. El maestro de pico parecía ligeramente molesto, más que nada aburrido por las continuas disculpas y súplicas de Han Yiran.
—¿No me has oído? Ya he dicho que no voy a decir una palabra.
—...Oh.
Han Yiran levantó lentamente la cabeza y miró a Shen Ruizhe, aliviado pero también confundido.
—Maestro de Pico Shen, jamás volveré a interferir en su relación con Shixiong Mo —dijo con plena determinación—, o que un rayo me parta.
Shen Ruizhe lo observó un instante con rostro inexpresivo, pero luego, inesperadamente, soltó una risita.
—¿A qué viene semejante juramento? ¿Acaso te lo he pedido?
—..........
—Tú y Mo Zhiyuan sois libres de hacer lo que queráis. No me concierne en lo más mínimo.
Las palabras de Shen Ruizhe transmitían completa indiferencia, pero su mirada gélida las contradecía por completo. Parecía estar luchando contra el impulso de abofetear a Han Yiran varias veces.
Han Yiran no sabía qué más decir. Sin duda, Shen Ruizhe hacía honor a su reputación como la estatua de hielo viviente de la Secta de los Siete Pilares del Cielo.
Y él que pensaba que su amor no correspondido por Mo Zhiyuan era lo bastante trágico...
Hoy, Shen Ruizhe le había abierto los ojos y le había hecho cuestionar la profundidad de su sufrimiento.
Quizá no fuera tan malo, después de todo.
Aun así, la curiosidad le cosquilleaba por dentro. Antes de darse cuenta, ya había soltado la pregunta.
—Maestro de Pico Shen, ¿acaso... acaso no le importa Shixiong Mo en absoluto?
En respuesta, Shen Ruizhe enarcó una ceja. Una comisura de sus labios se elevó en una mueca burlona.
Acto seguido, retomó su libro e ignoró a Han Yiran durante el resto del viaje.