Trascender la semilla del mal (Trascendiendo la Semilla del Mal 5)
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Capítulo 292 - La indiferencia de Shen Ruizhe
P or mucho que lo intentara, era difícil distinguir el rostro de Shen Ruizhe a través de la mirilla. Pero que no se molestara en indagar sobre el asunto y siguiera comiendo lo decía todo sobre su indiferencia.
Mo Zhiyuan volvió a su habitación sin hacer ruido. Dentro, Han Yiran lo esperaba temblando de nervios. Estaba tan ansioso que no había conseguido probar bocado.
—¡Mo... Mo Shixiong! —exclamó en cuanto Mo Zhiyuan cruzó la puerta.
—Sssh.
Mo Zhiyuan se sentó al borde de la cama y suspiró. Han Yiran se acercó enseguida.
—Mo Shixiong, ¿está todo bien? ¿Le has dicho a Zhou Shixiong que no se lo cuente a nadie?
Mo Zhiyuan le respondió con una leve sonrisa.
—Por desgracia, llegué tarde. Ya se lo había contado al Maestro de Pico Shen.
Han Yiran tomó aire y lo contuvo. ¡De todas las personas a las que Zhou Yamen podría habérselo contado! ¿Por qué tenía que ser precisamente el Maestro de Pico Shen?
Han Yiran no podía creer las terribles consecuencias de su único acto impulsivo. Él también estaba enamorado. Si estuviera en el lugar de Shen Ruizhe, sin duda se sentiría dolido. Y ni siquiera era culpa de Mo Zhiyuan. Era suya.
Había vuelto a causarle problemas a Mo Zhiyuan.
Y encima, había sembrado la discordia entre Mo Zhiyuan y Shen Ruizhe, perturbando su relación.
Han Yiran estaba lleno de remordimientos.
—Mo Shixiong, yo... —sollozando, Han Yiran se cubrió el rostro con las manos y se postró ante Mo Zhiyuan—. Mo Shixiong, todo es culpa mía. Por favor, déjame hablar con el Maestro de Pico Shen. Se lo explicaré todo.
Mo Zhiyuan frunció el ceño al ver a Han Yiran postrado. No se le ocurría nada peor. Le tendió la mano, lo agarró de los brazos y lo incorporó.
—Yiran, te equivocas. A él no le importa en absoluto.
Han Yiran se quedó boquiabierto. No sabía si Mo Zhiyuan solo intentaba aliviar su culpa o si de verdad era tan despistado.
—Mo Shixiong, claro que le importa... ¿cómo no le va a importar...?
Mo Zhiyuan soltó un gruñido de exasperación. Tenía que poner fin a esa cadena de malentendidos.
—Yiran, tenemos que hablar de la noche del Festival del Medio Otoño...
Mo Zhiyuan quería aclarar algunos hechos y asegurarse de que Han Yiran no sacara conclusiones precipitadas sobre su pérdida de compostura aquella noche. Sin embargo, no esperaba su reacción.
Abrió los ojos de par en par, sorprendido, y negó con la cabeza enérgicamente antes de interrumpir a Mo Zhiyuan.
—Mo Shixiong, lo siento, pero... no estoy preparado para oír eso.
—...
La verdad era que no pensaba contarle toda la historia, así que ¿a qué venían tantos nervios? Aquello hizo que Mo Zhiyuan se sintiera muy incómodo.
—No hace falta estar preparado ni nada. No es nada —murmuró.
«No es nada» era el resumen más breve y conciso de lo ocurrido aquella noche.
No había sido más que un beso nacido de su instinto animal y del recuerdo de su primera noche juntos.
En aquel beso no había ni amor ni afecto, solo lujuria descontrolada.
¿Estaba obsesionado con el cuerpo de Shen Ruizhe? Sí.
¿Seguía queriendo desnudar a Shen Ruizhe y hacer con él lo que le viniera en gana? Le daba vergüenza admitirlo, pero sí.
Y ahí acababa todo.
Por tanto, no había motivo para que Han Yiran se sintiera herido u ofendido por aquel beso.
Pero Han Yiran ya se había tapado los oídos con las manos, decidido a no escuchar ni una palabra de la explicación de Mo Zhiyuan. Lo único que pudo hacer Mo Zhiyuan fue soltar otro suspiro.
En fin.
Al menos Han Yiran había prometido renunciar a su amor por Mo Zhiyuan. Era el mejor desenlace posible, aunque por desgracia Han Yiran había salido herido una y otra vez en el proceso.
Mo Zhiyuan estaba conforme con la situación, pero Han Yiran no. Este se sentía tremendamente culpable ante Shen Ruizhe y quería compensar de algún modo al Maestro de Pico.
Por eso, aunque Mo Zhiyuan le había prohibido expresamente hablar con Shen Ruizhe, le suplicó a Zhang Xukai que le dejara viajar con él al día siguiente.
—Acabo de despertar de un coma —argumentó con una sonrisa forzada—. Zhang Shixiong, el carruaje es bastante grande para dos personas. ¿Podría sentarme con el Maestro de Pico Shen durante el viaje hasta el próximo destino?
Zhang Xukai lo miró con el ceño fruncido. ¿Qué segundas intenciones tendría esta vez? Estaba a punto de negarse cuando la cortina de la ventanilla del carruaje se descorrió y apareció el rostro solemne de Shen Ruizhe.
—Sube, pues —le dijo a Han Yiran.