32. El gran salto
El gran salto
brOOKE
A menudo se habla de la intensidad con la que se deben perseguir los sueños si deseas que estos puedan llegar a hacerse realidad.
Sin embargo, una vez escuché que hay algunos que no se persiguen: son ellos los que te encuentran.
Se presentan cuando menos los esperas y poco puedes hacer para esquivarlos.
Creo que eso mismo es lo que me ocurre con la novela autobiográfica que ahora mismo tengo entre manos.
Nunca estuvo en la lista de mis anhelos más profundos y, aun así, es uno de los proyectos más transparentes en los que me he embarcado hasta la fecha.
Siempre supe que me mudaría a Nueva York y que ejercería como periodista de moda en una buena revista; eso lo tenía claro.
Lo que jamás imaginé fue que terminaría en Italia —un lugar que siempre mencioné como destino predilecto— escribiendo, sumergida en una especie de refugio creativo, sobre mi propia historia.
Y mucho menos, con Ryan Blake como personaje central de la trama.
No el director al que admiré a través de una pantalla, sino el chico de cabello azabache, ojos metálicos y carácter fuerte que me desordenó por dentro primero y que, después, me enamoró con su atención, su ambición y su transparencia, a pesar de los errores.
Mañana damos la bienvenida al mes de abril.
Llevo unos días disociada, viviendo un poco fuera de mí.
Algo que rara vez ocurre. Todavía no he encontrado una manera que me convenza de decirle a Ryan mi secreto, y es algo que me reconcome por dentro como nada antes.
Quizá sea ese el motivo por el cual no me apetece otra cosa que permanecer dentro de la masía, junto a mi ordenador y mi cuaderno, escribiendo un final feliz que deseo que ocurra, pero que no sé cómo hacer realidad.
Las únicas personas con las que he hablado en estos días han sido Vale y Sophie; con esta última, para entregarle los reportes y los artículos de tendencias que me pidió para Couture Journal .
Pero sobre todo, para mantener el ritmo de trabajo que le prometí.
Quedamos en llamarnos de nuevo, así que voy a ser yo quien, esta vez, se adelante.
Además, me gustaría pedirle un favor como persona con contactos dentro de la industria editorial.
—Brooke —dice al segundo tono—. Justo iba a escribirte. ¿Cómo estás?
—Bien… dentro de mi propio caos —respondo con una sonrisa que no ve—. Necesitaba escucharte.
—Eso suena a que estás escribiendo mucho —apunta—. O que te estás aislando demasiado.
—Un poco de ambas —admito.
La oigo moverse al otro lado, como si se acomodara en la silla. Conozco ese gesto: modo trabajo activado.
—Tengo algo que proponerte —dice antes de que yo pueda continuar—. Estamos cerrando los contenidos del Fashion Book de verano, el especial que acompañará a la edición en papel. Y he decidido que seas tú quien plantee los reportajes principales.
—¿Yo? —digo con la sensación de ir siempre un paso por detrás del reloj.
—Tú —confirma—. Nadie como mi Brooke para hilar moda, contexto y narrativa. Necesito piezas que no sean solo tendencias: escapadas, búsqueda de identidad, procesos creativos, historias que inspiren. Ya sabes a qué me refiero. Y quiero que lo hagas a tu manera.
Siento cómo algo se recoloca en mi interior.
—Además —añade—, lo bueno del print es justo eso: trabajamos con meses de antelación. Te organizas, escribes, piensas. No es la vorágine del digital. Sé que no estás tan acostumbrada a tratar papel, pero jugamos con margen, tranquila.
—Estupendo, Sophie… Gracias —digo—. Haré un primer esquema y lo pulimos juntas. Oye…, ya que estamos —añado midiendo las palabras—, quería comentarte algo más.
—Ajá —responde atenta.
—¿No conocerás por casualidad algún editor al que poder presentar mi novela? —suelto con expectación—. No se me había ocurrido preguntártelo antes.
—¿Eso es que has avanzado? —se interesa con voz ilusionada—.
Me alegra oírte decirlo. Pero ¿y eso? —añade—.
¿Cómo es que te has decidido a dejar que el mundo entero conozca tu historia?
Con lo que tú eres…, estoy segura de que si me lo hubieran dicho de la Brooke que conocí hace unos meses, no me lo habría creído.
—Ya, yo tampoco —admito riendo—. Pero he pensado que, a veces, lo mejor que puedes hacer es contar tu historia y procurar que otras personas no se vuelvan tan locas viviendo las suyas, ¿no crees?
—Tienes razón, Brooke. Me parece fenomenal. Cuenta con que seré de las primeras en leerla. Y respecto a publicar, no prometo nada, pero… tengo a alguien en mente.
Mi corazón da un pequeño vuelco.
—Dime que no es una broma…
Oigo su risa al otro lado de la línea.
—Sí…, digo no, no es una broma —continúa—. Es una editora con la que coincidí hace un par de años en una mesa redonda sobre narrativa femenina. Se llama Margot Ellis y trabaja en Blue Harbor Books.
—¿En serio? —pregunto sorprendida.
—En serio. Publica historias escritas por mujeres. Os entenderíais a la perfección. Su equipo tiene algo que creo que encaja contigo: cuidan mucho las voces, no buscan historias perfectas, sino necesarias…
Trago saliva.
—No suena nada mal…
—No lo es —dice.
—Sophie… —empiezo—. No sé si estoy preparada para algo así.
—Brooke, tampoco lo estabas cuando comenzaste en Couture Journal .
Eso es buena señal —responde sin dudar—.
Si lo estuvieras del todo, no valdría la pena.
Mira, voy a hacer una cosa: voy a hablar con ella ahora mismo.
Le contaré quién eres, lo que haces y que estás escribiendo una novela autobiográfica desde Italia.
Si le interesa, lo siguiente sería una reunión informal, en remoto, claro. Sin presión. Para que os conozcáis.
—¿Y si no le gusta? —pregunto con cierto temor.
—Entonces no pasa nada —dice con calma—. No le va a gustar a todo el mundo, Brooke. Va de encontrar a la persona adecuada. Y créeme, existen. Eso no define tu obra.
Asiento, aunque ella no pueda verme.
—Vale —digo al fin—. Hagámoslo.
—Perfecto —responde satisfecha—. Envíame cuando puedas un pequeño resumen. Pero no un pitch de editorial, ¿eh? Eso ya te lo pedirá ella si acaso. Quiero algo que seas tú. De qué va, por qué la estás escribiendo y qué te ha llevado hasta ahí. Yo me encargo del resto.
Sonrío.
—Gracias, Sophie. Ya he perdido la cuenta de las cosas que tengo que agradecerte. Eres la mejor amiga-jefa del mundo.
—Para eso estoy —dice—. Y ahora, respira. Estás haciendo algo grande. Aunque todavía no lo veas.
Cuelgo la llamada con Sophie y me quedo un momento mirando la pantalla del móvil en negro. Hay conversaciones que no terminan cuando dos personas se despiden, sino cuando una empieza a asimilar lo que se ha dicho. Esta es una de ellas.
Vuelvo al escritorio. El cuaderno sigue abierto por la última página en la que escribí y taché la misma frase cinco veces.
El portátil descansa a un lado, cerrado, como si también necesitara una tregua.
Me prometí dedicar ciertas horas al día a Couture Journal para poder organizarme, también, con el contenido de la novela, pero no consigo relajarme.
Y menos todavía lo voy a hacer ahora, después de hablar con Sophie.
Mi cabeza va demasiado rápido. Decido ir a prepararme un café.
Mientras el agua hierve pienso en lo que hemos hablado.
Decir en voz alta que quiero compartir este manuscrito —aunque todavía no sé siquiera si se le puede llamar así— lo ha hecho más real…
y también más aterrador, para qué mentirnos.
Vuelvo a la habitación con la taza humeante entre las manos.
Me siento en la cama, apoyo la espalda en el cabecero y abro el portátil, solo para ver qué se me ocurre sobre las propuestas que me ha pedido Sophie de cara a la próxima edición del Fashion Book de Couture Journal .
Antes de eso, consulto el correo casi por inercia, sin esperar nada en concreto.
Hay un mensaje nuevo. El asunto hace que frunza el ceño.
De: Sophie Brown [email protected]
Enviado el: lunes, 31 de mayo de 2025 16.32
Para: Margot Ellis [email protected], Brooke Bennett [email protected]
Asunto: Una pequeña sorpresa antes de que se enfríe el café
Querida:
Te dije que me dieras unos minutos… y aquí estoy, cumpliendo mi palabra.
Te presento a Margot Ellis, editora de Blue Harbor Books, una de las mujeres que mejor saben reconocer una buena historia cuando la tienen delante (y que, además, tienen la costumbre de publicarlas).
Creo que las dos tenéis mucho que contaros.
Con cariño —y los dedos cruzados—,
Sophie
Estoy aún leyendo el correo de Sophie cuando, sin darme tiempo a respirar, aparece otro mensaje en el mismo hilo.
De: Margot Ellis [email protected]
Enviado el: lunes, 31 de mayo de 2025 16.40
Para: Sophie Brown [email protected], Brooke Bennett [email protected]
Asunto: Re: Una pequeña sorpresa antes de que se enfríe el café
Estimada Brooke:
Sophie me ha hablado de ti con ese entusiasmo que solo reservas para personas en las que crees de verdad, así que no he podido resistirme a escribirte.
Si te parece bien, me encantaría que nos reuniéramos para que me cuentes tu proyecto y tu propuesta editorial.
Tengo disponibilidad mañana martes a las 9.00 o el viernes a las 13.30 en hora americana.
Quedo atenta a lo que te venga mejor.
Un cordial saludo,
Margot Ellis
Editora
Blue Harbor Books
Leo el correo de Margot Ellis con atención, como si fuera un contrato. Me fijo en las palabras, en el tono, en los huecos entre líneas. Intento averiguar qué piensa de mí alguien que todavía no me conoce.
«Reunión. Presentación. Propuesta editorial».