Tras la tormenta de Harper Springs Capítulo 48
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Capítulo 48

CAMILLE

Aún no puedo creerme que el día haya llegado.

Han sido unas semanas agotadoras, tanto física como mentalmente. Horas y horas de coordinar, de estrés, de llamadas telefónicas, de pedidos que se retrasaban, de multitud de personas volcadas en cumplir mi sueño.

Hoy nada de eso importa.

Hoy, por fin, vamos a inaugurar el Refugio de Todos.

La explanada frente al nuevo hotel rural está llena de vida.

Parece como un segundo festival de la Herencia de la Primavera.

Alguien, posiblemente Ruth, ha colocado guirnaldas de luces cálidas colgando entre los árboles, a pesar de que todavía es de día.

Hay mesas a rebosar con comida casera, flores decorando cualquier lugar y, lo más importante de todo, dos cabañas perfectamente reformadas y terminadas del todo.

Hailey cumplió su palabra y se encargó del jardín.

El Bed and Breakfast está en el pueblo, pero la nueva localización ayuda en este sentido, pues se trata de un maldito bosque.

Mi cuñada ha plantado algunos arbustos y plantas florecidas con distintos colores y ha hecho un camino de piedras blancas hacia las dos puertas principales.

Imagino que la cantidad de casas para animales (pájaros, mariquitas, distintos insectos, incluso hay una enorme que parece para conejos o gatos) es cosa del Taller de Manualidades de Harper Springs.

Los únicos que faltan son Cole y Hailey.

Después de dejarse el cuerpo y el alma en la reforma, han tenido que volver a Búfalo para firmar la compra del ático que van a compartir.

Me hubiese gustado tenerlos aquí, pero no es tan importante.

Al fin y al cabo, este también es su hogar, pueden disfrutarlo en cualquier otro momento.

Ya han hecho bastante por mí, no quería que, además, sacrificasen eso.

—Molly hizo ese engendro solo para que la suya fuese más grande —está comentando Helen, mientras señala una monstruosidad pintada con tantos colores, que parece haberlo hecho un niño pequeño.

—Calla, envidiosa —le espeta la aludida.

Amanda está haciendo fotos sin parar, como si no quisiese que nada quedase sin inmortalizar.

Me paro frente al cartel de madera y sonrío mientras lo contemplo. Todavía huele a barniz.

El Refugio de Todos.

Paso los dedos por las letras grabadas, por esas hojas de enredadera que crecen alrededor dándole un aspecto más rústico y real.

—¿Nerviosa? —pregunta mi madre a mi lado.

—Mucho —admito—. Y feliz, y aterrada, y agradecida. Todo a la vez.

Maggie sonríe y me aprieta la mano.

—Eso es lo que pasa cuando los sueños son grandes, que despiertan grandes sensaciones.

Asiento y le devuelvo el apretón.

Empiezan a llegar más vecinos. Algunos curiosos, otros emocionados. Parecen orgullosos. El Refugio de Todos se llama así por eso, porque lo hemos hecho entre todos. Ellos han puesto tornillos, levantado paredes, pintado, limpiado. Han cuidado de Caden cuando yo no podía más. Han cuidado de mí.

—Mis nietos ya han alquilado una habitación —me informa Amelia—. Para finales de julio. Se lo van a pasar genial aquí. Han cogido hasta el día de pesca.

No solo hemos llegado a tiempo con el hotel.

Incluso han construido el embarcadero. De momento no puedo ofertar todas las actividades, pero poco a poco.

Me ha dado tiempo a comprar los elementos más económicos, como las tablas de paddle surf y los utensilios de pesca.

Las barcas serán metas para el verano que viene.

Me giro, dispuesta a entrar en las cabañas. Y, entonces, lo veo. El corazón se me dispara al instante, como si fuese un ente propio que quisiese correr hacia él.

Luke Bedford aparece al fondo, caminando despacio.

Lleva unos vaqueros oscuros, una camiseta blanca remangada y, en las manos, un ramo de tulipanes amarillos que destacan incluso desde la distancia.

Son luminosos, alegres y, lo más importante, nuestros.

Sé por qué ha elegido esa flor. Ha debido comprar todas las del mercado, pues lleva más de cuarenta.

Varias personas lo saludan y él devuelve el gesto, cortés, pero enseguida me busca.

Caden lo interrumpe antes.

—¡Tío Luke! —grita y se lanza a abrazarlo. Mi hermano se agacha justo a tiempo para recibirlo, deja el ramo en el suelo y lo alza.

—Eh, campeón. Menudo hotel os ha quedado, ¿eh?

—¡Es de mamá! —exclama orgulloso—. ¡Lo hemos hecho entre todos! Yo pinté una pared. ¿Ya has vuelto para quedarte o tienes más cosas del fútbol?

—Ya no me quedan más cosas del fútbol —responde.

Levanta la vista y me busca.

El mundo se encoge un instante, cuando nuestros ojos se encuentran después de dos semanas sin verse.

Camina hacia mí con Caden de la mano y, cuando está lo bastante cerca, lo suelta y le pide que se vaya a jugar con sus amigos. Se detiene a escasos centímetros, sosteniendo el ramo, y me sonríe.

—Felicidades —me dice y me entrega los tulipanes.

Los huelo sin borrar la sonrisa y, antes de nada, me pruebo.

—¿No estás enfadado?

—¿Por mentirme todo este tiempo y decirme que Villa Ruina 2.

0 iba bien y no dejarme ayudarte? —suelta.

No hay reproche en su voz, aunque se nota que no le gustó mi decisión.

Hice caso a Hails y le conté todo, pero le prohibí venir a ayudarme.

Él tenía cosas importantes que hacer y, de todos modos, yo ya tenía muchas manos a mi disposición—.

No, no estoy enfadado. Sé por qué lo hiciste.

Para la próxima, quiero que confíes en mí.

Voy a buscar siempre la forma de apoyarte.

—Lo sé —afirmo con sinceridad.

Me doy cuenta de lo mucho que ha cambiado en estos meses. El Luke Bedford de antes, el que era sobreprotector y necesitaba controlarlo todo, se hubiese enfadado muchísimo más por no poder solucionarlo él. Ahora entiende que no todo es responsabilidad suya, y eso no tiene por qué ser malo.

—Sé que está Caden delante y que puede vernos —empieza—, pero ahora mismo, me muero de ganas por besarte y no voy a poder aguantarme mucho más, así que vamos dentro y…

No lo dejo terminar. Me da igual que esté mi hijo, mi madre, mis amigos y medio pueblo aquí mismo, porque me lanzo a besarlo sin importar nada más.

Luke deja caer el ramo para sujetarme con las dos manos e intensifica aún más el beso cuando siento su lengua abrirse camino. Nos separamos pronto, conscientes de que estamos en público, con las ganas todavía bullendo en la punta de los dedos.

—¡Maldito embustero! —exclama Molly y lo acusa con un dedo—. ¡Sabía que lo de tu novia era mentira!

—¡Deja a mi yerno en paz! —lo defiende mi madre—. Sabíais tan bien como yo que esto iba a pasar tarde o temprano. Todos lo sabíamos, de hecho. Solo faltaba que ellos se dieran cuenta.

La gente se nos echa encima para felicitarnos y, de pronto, el hecho de que estemos juntos parece más importante que la inauguración del Refugio de Todos. No me molesta. En cualquier caso, estamos celebrando lo mismo.

Que los sueños, sean más grandes o más pequeños, se pueden cumplir.

—¡Mamá! —grita Caden, que llega hasta nosotros con Becca—. ¿Tú y el tío Luke…?

—Sí, cariño —respondo.

El pequeño sonríe y hace un gesto de victoria con el brazo.

—¡Toma! —exclama y arranca una carcajada a los adultos. Se acerca a darme un abrazo y luego otro a Luke, que se agacha para recibirlo—. ¿Sabes qué? ¿Te acuerdas cuando me dijiste que se podía elegir a la familia? Pues yo te elijo como mi papá.

Ni Luke ni yo podemos ocultar la lágrima que se nos escapa al escuchar esas palabras.

Es pronto, tenemos muchas cosas que hablar antes entre nosotros, pero la forma tan bonita en la que se quieren el uno al otro me transmite una felicidad infinita.

—Eh, ¿qué os parece si lo celebramos como es debido? —pregunta Liam—. ¡Con un partido de fútbol! ¡Los Bills contra los Eagles, versión Harper Springs!