Tras la tormenta de Harper Springs Capítulo 47
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Capítulo 47

CAMILLE

La carretera del bosque hacia el Residencial Woods me despeja de nuevo.

Las últimas horas han sido muy intensas.

Esta mañana estábamos en California y ahora nos encontramos de vuelta en Harper Springs.

No he podido despedirme de Cole y Hailey, pues ya se habían ido cuando me he despertado.

Caden estaba con Luke, jugando en nuestra habitación.

La locura empezó después, cuando Luke tuvo que irse porque lo reclamaba su equipo y, por mucho que se disculpara e insistiera en ayudarme, no lo dejé hacerlo.

Bastante dañó su reputación huyendo de la celebración con el equipo para quedarse con nosotros, no podía permitir que lo empeorara.

Entre mi hijo y yo recogimos todo, nos fuimos en Uber al aeropuerto y regresamos a casa.

Estoy agotada después de la intensidad de las últimas horas.

Caden, en cambio, juega sin cesar, lleno de energía y de trazos de euforia remanentes de ayer.

Él ha descansado esta noche, mientras que yo apenas habré dormido tres horas.

No me arrepiento, ha merecido la pena despedirme de Luke.

—¿Por qué vamos al lago? —me pregunta el pequeño—. Creía que nos quedaríamos en casa. Tengo ganas de ver a la abuela.

—Va a ser un momento solo. Necesito coger un par de cuadernos que me olvidé allí, y luego nos pasaremos por el Rincón de Maggie.

—¡Genial!

Voy a retrasar la inauguración del hotel, pero quiero intentarlo de todos modos.

Perderé el 4 de julio y una parte del verano.

Mejor eso que desperdiciarlo entero. Aquí guardo las listas con mis tareas pendientes, además de algunas reservas anticipadas de clientes.

Tengo la información digitalizada también, pero me organizo mejor utilizando mis libretas llenas de frases motivacionales y pegatinas cozy .

Aparco cerca del lago y ayudo a Caden a bajarse. Inspiro con fuerza. Apenas he estado fuera dos días, pero Santa Clara no huele como Harper Springs. Camino con prisa, con la intención de coger los cuadernos y marcharnos rápido. Hoy no quiero entretenerme, estoy deseando descansar.

Primero oigo las voces. Son muchas, muchísimas.

Después vienen las risas. Los golpes secos de martillo, el chirrido de una carretilla contra el suelo, el de la sierra al cortar madera.

Me detengo en seco.

Hay multitud de coches aparcados, y no he caído antes porque venía con el piloto automático activo, como siempre.

Las cabañas están llenas de gente. Vecinos que reconozco al instante.

Primero, algunos del Residencial Woods, como Anthony, Esther o Liam.

Incluso Ruth y Amanda están aquí. Llevan entre las dos unos tablones hacia el interior.

El sheriff Ryan con su equipo, Hannah, Adam, Sean, Taylor y algunos de sus otros amigos.

Helen, Molly y Amelia se encargan de repartir botellas de agua, de llevarles las herramientas que piden.

Hay más de cuarenta personas trabajando, codo con codo, reparando los destrozos que causó la lluvia.

Mi madre da órdenes con un café en una mano, indicando a cada persona cuáles son las prioridades y cómo llevarlas a cabo.

En la otra, sostiene mis cuadernos repletos de listas de tareas pendientes.

Eso es lo que está leyendo en voz alta, lo que falta por hacer.

Y, en medio de la obra, sudando como todos los demás, descubro a dos personas que no esperaba ver aquí.

Cole está subido a una escalera, ajustando una de las vigas. Hailey, con el pelo recogido en un moño improvisado, le guía para que la deje bien colocada.

Tengo el corazón disparado ahora mismo y las lágrimas me empañan los ojos antes de que pueda decir nada.

—¡Mamá, mira! ¡Está el tío Cole! ¡Y la tía Hailey!

Las miradas se posan en nosotros al descubrirnos.

Hails es la primera en girarse. Me regala una sonrisa enorme, luminosa, y se acerca para coger a Caden en brazos y darle un abrazo gigante.

—Ya era hora —me dice a mí.

—¿Cómo…? —pregunto, sin entender—. Esta mañana estabais en California.

—Cogimos un vuelo a las seis de la mañana. Luke se quedó con Caden.

—¿Por qué? —insisto, mi voz apenas un hilo porque tengo un nudo en la garganta.

—Cuando me lo contaste, hablé con tu madre y con Cole. Sabíamos que teníamos que hacer algo. Maggie ha estado trabajando aquí con los vecinos desde que te fuiste a Santa Clara. Tu hermano y yo hemos llegado hace nada, pero tenemos las pilas cargadas.

Cole viene también. Saluda primero a Caden, que sigue emocionado después del partido de ayer. Cuando el pequeño sale corriendo para ver a su abuela, Cole me abraza con ganas.

—Sé que Villa Ruina 2.0 es tu proyecto y que querías hacerlo tú, que no nos ibas a dejar ayudarte económicamente, pero en Harper Springs somos familia.

Si alguien nos necesita, ahí estamos todos para apoyar.

Este es tu sueño, Cami, y no vas a renunciar a él ni a postergarlo solo por unas pocas lluvias.

—Sentimos no haber hecho más —añade Taylor, que se ha acercado también—. Antes, me refiero, mientras la construías tú sola, o con ayuda Luke. A veces, nos sumimos en nuestra propia rutina y no nos damos cuenta de que la vida va pasando.

—Hasta que sucede una catástrofe —interviene Adam—, y entonces todos espabilamos y nos damos cuenta de lo que hay. Incluso Sean.

—¡Eh! ¿Por qué tengo que recibir siempre el insulto fácil? ¡He llegado incluso antes que vosotros!

—Eso es cierto —admite Tay—. Creo que está intentando cambiar para ver si así puede repetir con Jenna.

Yo no digo nada, solo puedo llorar, emocionada.

Entiendo lo que dice mi hermano, lo de que este tipo de cosas son las que más unen.

Aun así, no esperaba llegar y encontrarme a tanta gente trabajando en mi sueño.

No solo reparando los daños de las lluvias, sino terminando la obra para dejarla increíble.

Mi madre se adelanta y me rodea con los brazos, sin darme opción a nada más.

—Todos los sueños son grandes, mi niña, y siempre vamos a ayudarte a cumplirlos.

Suelto una risa nerviosa que se mezcla con un sollozo traicionero.

Cole se coloca frente a mí.

—No vas a hacerlo sola, Cami.

—La familia siempre se cuida —añade Hails.

Miro de nuevo alrededor. Veo a gente que ha dejado de lado su propio trabajo para venir a ayudarme con el mío. Están cansados, cubiertos de polvo, y ahí siguen, esforzándose.

—Gracias —consigo decir, todavía llorando—. No sé cómo voy a poder agradeceros esto.

—Convirtiendo esta reforma en un gran hotel para el pueblo —responde mi hermano—. Eso se transformará en más turismo y más ganancias para Harper Springs. Al final, todo suma.

Caden viene corriendo y se lanza hacia Cole, que lo alza en brazos con facilidad y le da un sonoro beso en la mejilla.

—¿Vas a ayudarnos, campeón?

—¡Sí! ¡Sé utilizar el martillo, la sierra y el destornillador!

—Pues vamos a poner unos tornillos que están flojos…

Se alejan juntos hacia la cabaña grande.

Yo me seco las lágrimas y respiro hondo. No estaba preparada para esto, pero, si lo pienso bien, tampoco me extraña. En Harper Springs somos una pequeña gran familia, ese es el motivo principal de que adore este pueblo.

El hotel no es solo mi proyecto, ahora es un poco de todos. No hace que lo sienta como un fracaso, sino como algo más grande, más bonito. Compartir un sueño es una sensación increíblemente maravillosa.

—No te relajes —comenta Hailey de pronto—. Nosotros nos encargaremos de tener las cabañas listas a tiempo, pero hay cosas que tienes que hacer tú. Necesitamos los muebles, la decoración, tienes que gestionar las reservas… —empieza a enumerar—. Ve a casa y ocúpate de eso.

—¿Cuánto tiempo vais a quedaros? —pregunto en cambio—. Cole tendrá entrevistas y eventos, ¿no? Y tú estabas en plena gira promocional. Y querías inspirarte para escribir otros libros. No quiero…

—Cole no tiene que ir a nada de eso —me interrumpe—.

Él es el segundo entrenador, Aaron se encargará de todo.

Y yo no tengo ninguna presentación hasta dentro de un mes, porque me dejé la agenda libre para ayudarte con el jardín y poder venir a la inauguración.

Además, he empezado a tener una nueva idea para un par de novelas.

—¿Ya? ¿Tan pronto?

—Sí —responde y dibuja una sonrisa sincera, feliz—. Harper Springs me las ha inspirado. Bueno, y tú, y tu hermano. Creo que voy a tomarme un descanso de la fantasía. Me apetece probar con un libro meramente romántico.

—Me encantará también, seguro.

—Pues ahora vete, nosotros nos quedamos a Caden. Tienes mucho trabajo que hacer si quieres inaugurar esto en un par de semanas.

—Gracias, Hails. De verdad, por todo.

—No hay de qué. Cami —me llama, casi cuando ya estoy en el coche—. Deberías decírselo a Luke. Nosotros no lo hemos hecho, pero creo que merece poder elegir.

Asiento, sin decir nada más.

No me salen las palabras. No por Luke, sino por todo lo demás. Por esta sensación cálida que se ha instalado en mi pecho y no deja de crecer. Por estas fuerzas renovadas que siento al ver Villa Ruina 2.0 tan avanzada.

Ni siquiera lo siento ya como Villa Ruina, sino como otra cosa, como un refugio.

El Refugio de Todos.