Tras la tormenta de Harper Springs Capítulo 46
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Capítulo 46

CAMILLE

—¿Estás seguro de esto? —pregunta Cole, mirando a Luke—. Ya sabes lo que dirán mañana los titulares. Todavía puedes unirte a tu equipo.

Hace rato que llegamos a la suite junior en la que se aloja Luke.

Caden se durmió en el camino, exhausto después de un día largo, agotador e inolvidable.

Cole lo llevó a la cama de Luke. Ahora los cuatro estamos tomando un cóctel en una terraza espectacular.

Me parece un momento perfecto. Solo nosotros, sin nadie externo.

¿El problema? Quizá Luke no debería estar aquí.

Quizá lo estén echando de menos junto al resto de los Eagles.

—Estoy seguro. Sé lo que dirán, pero no me importa.

Ya me imagino los rumores. Luke Bedford, capitán de los Eagles, no se unió a la celebración con su equipo después de ganar la Super Bowl —imita a un periodista deportivo, sorprendentemente bien—.

¿Estará castigando a sus seguidores después de las críticas recibidas durante la temporada regular?

¿Se está revelando por dudar de él? Me recuerda a cuando no se presentó en aquella final y ni siquiera dio explicaciones del motivo.

Siempre van a hablar —continúa, ya con su tono habitual—.

Puedes darles y darles y darles, y ellos siempre van a querer más y más y más.

Ya me he cansado de ese juego. He hecho mi trabajo, me he dejado hasta el último aliento para ganar este partido.

No les debo la celebración. No les debo nada, en realidad.

La gente puede decir lo que quiera. Le darán mil vueltas, porque son egocéntricos por naturaleza y necesitan convertirse en el foco.

La realidad es más sencilla. No estoy castigando a nadie, simplemente, estoy festejando el título con las personas con las que quiero hacerlo.

Cole se acerca para darle un abrazo y, cuando Hailey se une a ellos, yo lo hago también. Permanecemos los cuatro unidos, compartiendo un momento único e irrepetible, hasta que Luke se separa.

—Vamos a seguir como se merece —dice y esboza una sonrisa—. Preparando margaritas.

—¡Sí! —exclama su hermana—. ¡Voy contigo! He visto una receta nueva, si encontramos granadas…

Los Bedford desaparecen y Cole y yo nos quedamos en la terraza. Me apoyo en la barandilla de cristal y contemplo las vistas. Nunca he estado en Santa Clara y apenas reconozco ningún edificio, solo una ciudad iluminada que contrasta demasiado con mi pequeño Harper Springs.

Mi hermano se coloca a mi lado, su codo rozando el mío. Noto su mirada clavada en mí antes de girarme hacia él.

—Así que tú y Luke… —empieza.

—Sí, Luke y yo.

—¿Qué hay entre vosotros, exactamente?

Hay curiosidad genuina en su tono, no reproche ni enfado.

—La verdad, no lo sé. Es todo demasiado reciente, no hemos tenido ni tiempo de hablarlo. Nos liamos y, al día siguiente, su entrenador lo llamó y se volvió a Filadelfia.

—¿Es algo serio? ¿O un entretenimiento?

—Si fuese solo un entretenimiento, no sería con Luke. Todavía tenemos que averiguar a dónde lleva esto, pero creo que los dos queremos intentarlo.

—¿Por qué no me lo contaste? —Ahora sí aprecio la decepción en él, no conmigo, sino como si me hubiese fallado en este sentido—. ¿Tú también creías que…?

—No —lo interrumpo—. No es por eso. Luke era el que tenía pánico, no yo. Lo que pasa es que quería que fuese algo nuestro, solo nuestro, antes de implicar a los demás. Claro que os lo quería contar a ti y a Hails, pero es que apenas ha pasado nada.

Cole sonríe, me pasa el brazo por los hombros y se acerca más a mí.

—Si tú estás feliz, yo estoy feliz por ti.

—Luke lleva meses torturándose… —menciono y suelto una carcajada. Cole se ríe conmigo—. Tenías que haberlo visto. En su defensa, puedo decir que aguantó bastante.

—¿Cuánto es bastante?

—Una vez, estábamos bañándonos en un manantial e intenté besarlo. Luke se sumergió en el agua para evitarlo. Me hizo la cobra más épica de la historia de la humanidad.

Mi hermano se ríe y yo con él. En el momento no me hizo tanta gracia, pero ahora, sabiendo todo lo que sé y después de lo que ya ha pasado entre nosotros, se me antoja una anécdota divertida.

—Me parece increíble lo mucho que complicamos las cosas simplemente por no hablarlas antes —afirma Cole—. Pero bueno, yo no soy quién para juzgar. Tampoco lo hice bien cuando empecé con Hails, no se lo conté.

—Aunque parezca lo mismo, no creo que lo sea. Luke era un hermano bastante sobreprotector, le hubiese costado entenderlo en cualquier caso.

—Ya nunca lo sabremos, porque los dos hemos cometido el mismo error.

—¿Cuándo te diste cuenta de que no había marcha atrás con Hails, que te gustaba tanto que no lo podías parar?

Cole se queda pensativo, mirando hacia las luces de la ciudad. Sonríe de repente, y me imagino que ha encontrado en su memoria ese momento del que hablamos.

—Ya nos habíamos besado antes, pero creo que el instante real en el que me di cuenta fue la primera vez que vio la nieve en Harper Springs.

Estábamos jugando, la tiré al suelo y caí encima.

Nos besamos, sin más. Solo porque me apetecía.

Ahí me di cuenta de que Hailey me gustaba de verdad.

¿Y tú? Porque me da que lo tuyo quizá se remonta a antes de eso.

—¿Antes? Qué va. Luke y yo éramos amigos, pero no me había planteado nada más. Tampoco habíamos pasado nunca tanto tiempo juntos. No sabría decirte un momento exacto. ¿Por qué crees que es de antes de que tú empezases con Hails? —pregunto sin entender.

Se gira para mirarme y parece confundido.

—¿Has hablado con Luke de esto?

—No, lo cierto es que no. ¿A qué te refieres? —Mi hermano no dice nada. Ha metido la pata, lo noto en su expresión—. ¿Qué pasa? —insisto.

—Deberías hablarlo con él, pero creo que tú le gustabas ya, Cami, no solo desde que empezó a ayudarte con Villa Ruina 2.0.

Frunzo el ceño, pero no tengo tiempo de decir nada. Los Bedford vuelven a la terraza sosteniendo dos copas cada uno. Hails me da la mía, con una sonrisa radiante tatuada en la cara.

—Tenemos que brindar —propone—. Lo siento, cariño, pero esta vez es por mi hermano. ¡Por ganar la Super Bowl !

—¡Y por jugarla! —añado yo en deferencia a Cole. También es un logro haber llegado hasta la final—. ¡Por un partido increíble!

Todos brindamos y bebemos. En una terraza en California, rodeada de la familia, celebramos el título de la mejor forma posible. Luke y Cole no dejan de reír, de bromear, de disfrutar.

No me doy cuenta de lo agotada que estoy hasta que mi hermano anuncia que es hora de descansar y toca retirarse.

—Puedes quedarte aquí —comenta Luke—, así no tienes que mover a Caden.

—En realidad, somos nosotros los que nos quedamos —asegura Hails—. Cole os ha reservado una habitación. Es vuestra última noche juntos antes de tener que separaros de nuevo. Os merecéis disfrutarla. Nos encargaremos de nuestro sobrino.

—¿De verdad habéis hecho eso? —pregunto sorprendida.

—Os cueste lo que os cueste asimilarlo, me parece bien que estéis juntos —afirma mi hermano—. Sí, Luke, sé que ahora vais a follar y no, no me importa. Tampoco digo que quiera veros, solo que entiendo que es algo natural y que va a pasar.

—Yo no… no… —tartamudea Luke, visiblemente nervioso. Evita mirar a Cole a los ojos. A cualquiera, de hecho—. No…

Los otros tres nos reímos por su reacción.

—Déjalo —intervengo—. Sí que habrá sexo. Gracias a los dos, de verdad. Me lo llevo antes de que entre en pánico.

Me dan la tarjeta de la habitación, cogemos nuestras cosas y nos marchamos tras despedirnos.

El nuevo alojamiento es más pequeño y modesto, aunque sigue siendo increíble. Una cama extra grande y un aseo con una ducha enorme.

Luke sigue cohibido cuando entramos y ese detalle me hace reír otra vez.

—Terminarás por acostumbrarte —le digo—. No siempre puedes reaccionar así.

—Lo sé, pero todavía me choca —se defiende.

—¿Vamos a tener sexo igualmente, no?

Ahora es su turno de soltar una carcajada.

—Por supuesto. No sabes lo mucho que te he echado de menos estas semanas…

Ya he tenido un avance antes, en las duchas, pero no pongo objeciones cuando viene hasta mí y me besa con ganas, demostrando con hechos sus palabras.

Se separa demasiado pronto y toma asiento en la cama. Ocupo el lugar de al lado.

—¿Qué tal va Villa Ruina 2.0? —se interesa antes.

Me tenso en el acto. No le he contado nada todavía, prefiero dejarlo para más adelante. Esta euforia merece quedarse intacta después de un día que siempre recordará.

—Bien —respondo de forma escueta—. No quiero hablar de la reforma, estamos celebrándolo. ¿Cuál es el siguiente paso ahora?

—Mañana habrá una rueda de prensa. Hablaremos sobre el título, me preguntarán dónde estuve, tendré que decir que me encontraba indispuesto.

—¿Tan difícil es que entiendan que solo querías escoger con quien celebrarlo?

—La gente no entiende esas cosas, se cree que, porque tenemos profesiones públicas, somos de su propiedad.

Podría hacerlo, pero sé que eso pondría a Sirianni en un aprieto.

Dirían que no tiene autoridad, que Luke Bedford se salta las reglas.

Es más fácil si mentimos. Después, vendrán muchos compromisos y reuniones aburridas.

Seguramente, firmas de nuevos contratos de cesión de imágenes.

Y, cuando termine todo, volveré a Harper Springs.

A la inauguración también iré, por supuesto —afirma y dibuja una sonrisa radiante.

Yo lo imito, aunque la mía no es tan sincera.

—Tus seguidores te adoran de nuevo —intervengo para no seguir hablando de la reforma—. Es increíble lo bien que has jugado estos partidos. ¿Has encontrado eso que te hacía fallar?

No responde de inmediato, sino que se toma su tiempo, meditando las palabras antes de dejarlas salir.

—Sigo sin saber qué era exactamente —confiesa—. Creo que se trataba de mí, sin más, que estaba bloqueado. No solo el juego, todo en mi vida. Era como si estuviese reprimiendo tanto y de tantas formas diferentes, que hubiese perdido el foco. Contigo, por ejemplo.

—¿Conmigo? —repito al ver que no continúa.

—Durante el baile del festival de la Herencia de la Primavera, tu hermano me dijo que dentro de mí no había paz, solo tormentas.

Esa frase se me quedó grabada, porque dio en el clavo.

Estaba todo tan enredado, que me había perdido.

Harper Springs me ha hecho valorar lo realmente importante.

No solo eso. Me ha permitido conectar con aspectos míos que me saboteaba porque, supongo, una parte de mí pensaba que no merecía ser plenamente feliz.

El día que nos besamos en la cocina me di cuenta de que no habías empezado a gustarme en esas semanas.

Fue como si los instantes se fuesen liberando poco a poco, como si fuese recordando momentos en los que me fijé en ti en el pasado y los había ignorado, y encerré esas sensaciones en un lugar de mi cabeza en el que no tenía acceso, y de repente se abrieron todos de golpe y me arrollaron.

Me gustas desde hace tanto tiempo que ni siquiera puedo decirte el origen exacto.

Y creo que, al permitirme ser sincero conmigo mismo y liberarme de eso, otras cosas fueron en bloque.

Todavía siento que queda algo enredado, unos truenos lejanos que no me sueltan del todo, pero voy por buen camino.

Estoy más cerca del Luke que quiero ser.

Me quedo en silencio, con el pecho apretado y la garganta hecha un nudo.

Mi hermano ya me dijo que lo de Luke venía de antes, pero nada podía prevenirme para una declaración así.

Luke no suele hablar de esta manera, con esa honestidad cruda, sin barreras.

Saber que yo he sido parte de todo este proceso me desarma por completo.

Me mira con una mezcla entre calma y vulnerabilidad que me atraviesa. No hay rastro del quarterback seguro, del ídolo de masas. Solo está él. El verdadero Luke Bedford. El hombre al que conozco, no el que pertenece a un ejército de fans.

—Siento que cualquier cosa que diga ahora no va a estar a la altura de tus palabras —suelto y le arranco una carcajada—.

Estoy feliz por ti, porque estés encontrando la manera de hacer desaparecer esa tristeza que siempre te acompaña.

Me gusta ser parte de ello. —Luke alza la mano y me aparta un mechón de pelo que se me ha escapado, en un gesto de infinito cariño—.

Y, bueno, por si no lo habías notado hasta ahora, yo también me estoy enamorando de ti.

Me gusta cómo eres conmigo y también cómo eres con Caden.

Taylor me dijo una vez que yo no me merecía a alguien que no huyese, sino a alguien que quiera quedarse.

—Yo quiero quedarme —asegura, de forma tan rotunda que me hace sonreír.

—Lo sé. Sé que…

No me deja terminar. Sus labios encuentran los míos con una urgencia distinta, más profunda, más cargada de esos sentimientos que no nos habíamos dicho antes. Cuando se separa, apoya la frente contra la mía y me sonríe con una felicidad y una sinceridad abrumadoras.

—Feliz Super Bowl —susurro bromeando.

—Feliz nosotros —me corrige él.

Vuelve a besarme, esta vez mientras me acaricia. Nos deshacemos de la ropa y me tumba en la cama.

Pase lo que pase mañana, esta noche ya será imborrable.