Capítulo 41
CAMILLE
—¿Por qué no se lo dices a Cole? Podrías contratar los servicios. Seguro que a él no le importa pagarlo —sugiere Taylor.
Tay ha tardado apenas quince minutos en venir y descubrir por ella misma el desastre.
A pesar de que está intentando animarme, su cara ha reflejado exactamente lo que he visto yo.
Es una catástrofe. No es tan simple como retirar los destrozos y limpiar.
Tenemos que evaluar daños de estructura, rehacer paredes, tejado, suelo…
No se trata de una obra que se pueda llevar a cabo en dos semanas.
—No quiero que mi hermano pague nada —afirmo—. Este es mi proyecto. Quería ser capaz de sacarlo adelante yo sola. No puedo recurrir a él cada vez que necesite dinero. Además, tampoco lo solucionaría. Estos trabajos se contratan con semanas de antelación, ahora mismo no tendrán disponibilidad.
Quizá suene tonto afrontar esta pérdida cuando Cole tiene dinero más que de sobra para cubrir a unos contratistas que se encarguen de la reforma, tal vez incluso ofrecer un gran plus para compensar la urgencia.
Villa Ruina 2.0 es mi proyecto. Una cosa es aceptar ayuda puntual con la reforma, y otra permitir que mi hermano u otra persona se encargue de desarrollarlo. Él, Luke, Hailey… cualquiera de los tres me apoyaría económicamente. De hecho, seguro que se molestan cuando se enteren, pero me da igual.
Me siento una fracasada ahora mismo. Cole es entrenador de uno de los mejores equipos actuales de la NFL, Luke es jugador de otro de los mejores equipos, Hailey es autora superventas del New York Times.
Los tres escogieron profesiones de éxito y han destacado en ellas.
Yo vivo en un pueblo minúsculo y todo lo que quería para mí era ampliar mi Bed and Breakfast a un hotel rural con más habitaciones.
No importa lo pequeños que sean mis sueños, fracaso de todos modos.
—Cole va a enfadarse mucho —continúa Taylor, tratando de convencerme—. Y con motivo. Tú también te enfadarías de ser al revés.
—Nunca lo sabremos, porque a mi hermano le va la vida bastante mejor que a mí —bufo. Estoy un poco antipática y a la defensiva, pero creo que me merezco estar de mal humor después de todo lo que he perdido.
—Pues te ayudaré yo —dice, cambiando la estrategia—. Se lo diré a Adam y a Sean, a algún colega de ellos. Tenemos todavía dos semanas, Camille, no puedes rendirte. No lo haces nunca y no pienso permitir que empieces ahora.
—No es que me haya rendido. Esta reforma está maldita. Ya se vino abajo hace un año, tomamos precauciones para las lluvias, reforzamos la estructura, y ha vuelto a pasar. Creo que es una señal del universo. Villa Ruina 2.0 es una ruina, ya lo dice el nombre.
—Pues entonces lo llamaremos de otro modo —insiste.
—Espero que no sugieras algo como Villa Esperanza… O Villa Milagros, porque a estas alturas, es lo único que podría ayudarme.
—Villa Esperanza suena a mucho decir, pero la idea está ahí. Los daños son grandes, no vamos a engañarnos, pero nada es imposible. Aunque haya que abrir más tarde, se puede intentar. Una ruina tiene muchas posibilidades, solo tiene que renacer de sus cenizas.
Taylor se muestra muy positiva. Escucho sus consejos casi sin intervenir, porque no veo el futuro tan brillante. Siento como si ella viviese en Hawkins y yo en el mundo del revés.
Cuando nos despedimos un rato después, me da un abrazo fuerte que devuelvo a duras penas. Decido poner rumbo al Rincón de Maggie. Una charla con ella siempre me ayuda a verlo de otro modo.
Mi madre se da cuenta de que algo me pasa en cuanto me ve. Antes no entendía ese sexto sentido, como si me conociese incluso mejor que yo misma. Ahora que tengo mi propio hijo lo comprendo perfectamente.
No deja que me acerque a la barra, sino que me hace un gesto para que la siga y sale por la puerta de atrás.
Hace tiempo que no visito el patio trasero del restaurante.
No sé por qué, pues es un lugar precioso.
El arroyo hace un zigzag en esta zona y sigue su camino, pero en esa hondonada que crea, crece un almendro.
Las flores blancas se mezclan con otras tonalidades, convirtiendo el paisaje en un lienzo digno de plasmar.
—¿Qué ha pasado? —me pregunta directamente.
—Creo que me equivoqué con mis sueños —respondo, derrotada. Siento todavía el peso de la desilusión aplastándome, al igual que el techo de Villa Ruina—. No importa lo pequeños que sean, siempre se vapulean igual.
—No existen sueños grandes o pequeños, cielo, solo sueños.
No sé por qué se te ha metido en la cabeza ese concepto.
¿Crees que porque tu hermano ha conseguido más fama o dinero ya sus sueños son más valiosos que los tuyos?
No es así —explica. Hay ternura y a la vez reproche en su voz, una mezcla entre la lástima que le provocan mis palabras y la impotencia de que me las crea—.
¿A ti te haría feliz jugar al fútbol? ¿Escribir novelas?
—No, lo cierto es que no.
—¿Y ser la dueña de un hotel rural para llevar a los forasteros un pedacito de Harper Springs?
—Sí, eso sí —respondo, solo porque guarda silencio hasta que lo hago.
—Pues ahí está. La grandeza de los sueños radica en la felicidad que despiertan.
Los tuyos no son grandes, son gigantes, y no creas ni por asomo que, por no ser tan populares como jugar en la NFL, son más sencillos.
Tu capacidad de sacrificio es única y tu mayor cualidad es la resiliencia.
Nadie se adapta como tú a los cambios y a las adversidades.
Cuando te quedaste embarazada de Caden me asusté —confiesa.
Mi madre siempre me ha apoyado con la crianza, nunca me ha dicho nada malo al respecto, a pesar de que yo era todavía una adolescente y que perdí mi vida tal y como la conocía, por eso me sorprenden sus palabras—.
Eras tan joven… Creía que cometías un error al tenerlo, que te perderías por el camino.
No por ti, sino porque diecinueve años es una edad con la que descubrirse a sí misma, ir a la universidad, o no ir, da igual.
Experimentar la vida adulta. Pero llegó Caden y conseguiste que estuviera todavía más orgullosa de ti.
Después lo volviste a lograr con el Bed and Breakfast y sé que ahora triunfarás con las cabañas del lago, porque si alguien puede conseguirlo, esa eres tú.
Cuando termina de hablar, las dos tenemos los ojos llorosos.
Mi madre ha sido siempre mi mayor apoyo, la persona a la que recurro cuando tengo miedo, o problemas, o simplemente quiero compartir un momento feliz.
Aunque no lo haga de primeras, siempre termino yendo a ella, porque tiene las palabras exactas para animarme en cualquier situación.
—Gracias, mamá —digo y me lanzo para darle un fuerte abrazo.
Ella me lo devuelve con ganas, un gesto que me hace sentir niña de nuevo y, a la vez, una adulta respetada y querida.
—¿Sabes lo que tienes que hacer? —me pregunta una vez nos separamos.
—¿Qué?
—La Super Bowl es dentro de un par de días. ¿No querías ver el partido? Pues ve. Caden y tú lo pasaréis genial, y gane quien gane será alguien de la familia. Ya pensaremos en Villa Ruina 2.0 a la vuelta. Ahora te mereces estas vacaciones.
Asiento, sin decir nada. Claro que me apetece ver el partido y animar a Luke y a Cole, porque pienso hacerlo por igual, a pesar de que se enfrenten entre ellos. Sin embargo, me hubiese gustado más disfrutar ese momento sabiendo que el hotel está casi terminado y con la inauguración a las puertas.
No pasa nada.
Puedo dejar a un lado mis problemas y acompañar a la gente que quiero en uno de los días más importantes de sus vidas.
Me despido de mi madre con otro abrazo.
Respiro hondo mientras vuelvo al coche. El cielo sigue despejado, como si insistiera en recordarme que no todo está perdido. Cojo el móvil y abro la primera conversación, que es la de Luke. Me ha escrito hace tan solo unos segundos.
¿Qué tal va Villa Ruina 2.0? Llegaré para la inauguración, te lo prometo Estamos en la recta final. El entrenador no para de meternos caña, pero ya solo quedan dos días
Dile a Caden que la ganaré para él, y dale un beso de mi parte Y otro para ti
Te echo de menos Buenas noches, Camille
Yo también te echo de menos Buenas noches, Luke
No añado nada más. No hablo de Villa Ruina, ni del miedo, ni de las lágrimas. No le dejo ver cómo de ciertas son las primeras palabras.
El peso en el pecho afloja un poco. No es el momento de arreglarlo todo, solo de acompañar a mi familia en el camino de sus sueños.
Ya veré más tarde lo que queda de los míos.