Capítulo 40
CAMILLE
Harper Springs lleva diez días de lluvias sin tregua.
Algunas veces son más ligeras y otras parece que el mundo se esté viniendo abajo, pero siempre cae agua. La de anoche fue particularmente fuerte. Caden se vino a dormir conmigo porque le daba miedo la tormenta. Yo también agradecí estar con él, me sentía más segura.
Apenas he hablado con Luke desde la videollamada en la que tuvimos sexo.
Caden y yo lo llamamos para felicitarle cuando ganaron el partido contra los Broncos y después no hemos coincidido.
Ni siquiera ahora, que ayer volvió a resultar victorioso y se ha clasificado para la final.
Él está entregado a los entrenamientos, yo estoy inmersa en mi propia vida y es complicado coincidir.
Cada vez me agobio más y más. He perdido a mi mayor ayudante y, además, los días van pasando y Villa Ruina 2.
0 no avanza porque el clima no acompaña.
Siento un nudo constante en el estómago por el estrés y la ansiedad.
Apenas descanso por las noches y nunca despejo del todo la mente, siempre hay una preocupación colapsándola e impidiéndome estar tranquila.
Por eso, cuando voy a llevar a Caden al colegio y compruebo que hoy por fin brilla el sol, una sonrisa se me dibuja sola en la cara.
—Mira, mamá —me dice el pequeño desde su silla de seguridad del coche—. ¿Sabes por qué ha salido hoy el sol?
—¿Por qué?
—Porque ayer le ganó el tío Luke a los Dolphins y es una señal de buena suerte.
—Tienes razón. Seguro que es por eso.
—¿Tú con quién vas a ir en la final? ¿Con el tío Cole o con el tío Luke?
—No lo sé. Gane quien gane, voy a estar feliz por él.
—¿Y triste por el que pierda?
—No, porque seguro que el que pierda está feliz porque su mejor amigo haya ganado.
—Es verdad, seguro que sí. Yo creo que voy a ir con Luke, pero no se lo digas a Cole.
—¿Y eso?
—Cole ya ganó el año pasado. Además, Luke a veces está muy triste, seguro que sería más feliz si ganara. Cole tiene novia, más familia y vecinos. Luke tiene menos gente.
Me quedo pensando en sus palabras. Caden tiene una inteligencia emocional muy madura para su edad, pero a veces sigue sorprendiéndome los razonamientos que hace a sus seis años.
Luke sí que parece triste, aunque cada vez menos.
Y supongo que mi hermano, después de todo lo que pasó, ahora tiene más suerte en la vida.
—Pues yo también voy con Luke —le digo y sonrío.
Me despido de él con un beso en la cabeza cuando llegamos al cole y pongo rumbo a Villa Ruina 2.0. No sé cómo voy a hacer para recuperar el tiempo que he perdido con las lluvias, pero algún milagro se me tiene que ocurrir.
Aparco junto al lago, como siempre, y me acerco a las cabañas.
Noto enseguida que algo no va bien. El corazón se me contrae dentro del pecho, como si fuese una de esas pelotas anti estrés para estrujar y no un órgano vital.
Acelero el paso por la inercia y me encamino hacia la cabaña más grande.
Abro la puerta conteniendo el miedo, creyendo inútilmente que, si no lo dejo salir, no va a materializarse.
Pero se materializa.
Las lluvias han destrozado el salón de la casa.
Una parte del techo se ha derrumbado y los escombros se reparten por el suelo.
Todo está dañado. No. No puede ser. Llevo más de un año trabajando en esta reforma.
Queda menos de un mes para la inauguración.
Ya tengo algunas reservas para el inicio de la temporada de verano.
Todo mi trabajo, mi sueño, mi esfuerzo, se ha reducido a nada.
No soy capaz de moverme. Me quedo plantada en la entrada. El cuerpo no me obedece, aunque tampoco recibe ninguna orden. El suelo está inundado y un goteo constante sigue cayendo desde el agujero del tejado. Siento cada gota como un golpe directo en el pecho.
Consigo dar un paso, y otro. Camino entre restos de madera, polvo húmedo y trozos de azulejos destrozados.
—No… —sollozo. Solo para mí misma, para dejar salir parte de la decepción que siento, del dolor, de la impotencia.
Hay grietas en las paredes. El hueco de la chimenea no es más que un montón de ruina. Así es justamente como me siento ahora mismo.
He invertido mi dinero en esto. Mi tiempo, mis horas sin dormir, sin pasarlas con Caden, con mis amigos, con mi familia. ¿Y todo para qué? Para nada.
Me dejo caer de nuevo en el suelo. Ni siquiera me doy cuenta de que me derrumbo sobre mojado, pero no me importa.
Las manos me tiemblan cuando me cubro con ellas la cara y rompo otra vez a llorar.
El nudo en el estómago crece, crece y crece, presionando la garganta.
Me doblo sobre mí misma, abrazándome el abdomen, intentando sostener algo, lo que sea, de todo lo que se me está rompiendo por dentro.
Siento rabia y un cansancio extremo, y, por encima de todo, siento miedo.
Lloro con el pecho apretado, con la respiración irregular.
Lloro porque estoy enfadada porque todo me salga mal, porque estoy agotada y no ha servido para nada.
Se supone que el sacrificio merecía la pena porque recogería un fruto, un fruto que sería bueno para mí y para Caden. Pero no hay fruto para nadie.
El sonido de mi llanto rebota contra las paredes y me hace sentir todavía más sola.
No puedo decírselo a nadie. No puedo hablar con Luke, ni con Cole, ni con Hailey.
No tengo fuerzas para explicar esto y tampoco quiero que se enteren y se preocupen por mí, no cuando se están jugando su propio sueño.
Solo me quedo ahí, hundida entre los fragmentos de lo que un día fue mi sueño, dejando que el dolor me atraviese sin hacer nada para frenarlo.
No sé cuánto tiempo pasa, pero al final el llanto se apaga un poco.
No llega la calma, solo un vacío pesado, una sensación de derrota que me aplasta.
Me seco la cara con el dorso de la mano, a sabiendas de que volveré a llorar, porque esto no se soluciona con lágrimas, pero tampoco sé cómo se soluciona sin ellas.
Villa Ruina 2.0 ya no me parece una promesa, sino un recordatorio cruel de que no importa si los sueños son más grandes o pequeños, en mi caso, siempre van a romperse.