Tras la tormenta de Harper Springs Capítulo 38
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Capítulo 38

LUKE

Tengo el corazón desbocado y un shock cerebral que no me deja procesar del todo lo que está sucediendo. Lo he entendido, claro que sí, pero me resulta tan extraño e inverosímil que me cuesta creerlo.

Al responder a Cole he visto varias llamadas perdidas de mi entrenador. Ahora, por fin, he respondido al teléfono y puedo hablar con él. Nadie me lo va a explicar mejor.

—Bedford, llevo llamándote desde las siete de la mañana —suelta. No está enfadado, pero se aprecian los nervios—. Necesito que te presentes en el campo esta misma tarde, volvemos a entrenar.

—Estoy en Utah —digo, todavía incapaz de procesar nada—. ¿Qué ha pasado?

—Han descalificado a los Chiefs. Tampoco dejan participar a los 49ers, a los Seahawks, a los Jets ni a los Bears, así que vamos a jugar unos playoff express los cuatro equipos que caímos antes.

Todos los partidos serán estas dos semanas.

El que gane, se enfrentará a los Bills. Necesito que vengas aquí cagando leches y empecemos a preparar el juego cuanto antes.

—Pero…

—Tienes una oportunidad para redimir la temporada, Bedford.

Este segundo intento es una señal divina o como coño quieras entenderlo, pero nunca nadie la ha tenido y a nosotros nos la están dando.

No quiero escuchar ni una maldita excusa.

Cógete el primer vuelo, ven corriendo o en cohete espacial, me da igual, pero esta tarde te quiero entrenando.

Eres el capitán del equipo, no puedes faltar.

No me deja responder, sino que cuelga de golpe. Yo sigo paralizado, incapaz de responder. Camille y Caden me están mirando.

—¿Qué te ha dicho? —me pregunta ella.

—Quiere que esté esta tarde en Filadelfia para entrenar, directo al estadio.

La realidad me golpea entonces. Irme sería dejar aquí todo atrás.

No es para siempre, no soy tan dramático, pero acabo de asumir por fin mis sentimientos hacia Camille y no puedo simplemente marcharme al día siguiente de acostarme con ella.

¿Qué clase de cabrón sería? No solo eso.

También está Caden, que seguirá dolido por todo lo sucedido con Dylan.

Además, queda menos de un mes para la inauguración de Villa Ruina 2.

0. No puedo dejarla sola con la reforma.

—Entonces, deberías empezar a moverte ya —me apremia—. No te da tiempo a ir en coche, habrá que buscar un vuelo.

—No puedo irme ahora y… —empiezo, pero Caden se lanza a abrazarme y me interrumpe.

—¿Vas a jugar la Super Bowl ? ¡Guau! ¡Qué pro! —No respondo, solo le devuelvo el abrazo—. Me prometiste que la próxima la ganarías. ¿Vas a ganar?

—No lo sé, no…

—¡Bueno, si pierdes no pasa nada! Mi madre siempre dice que lo importante es participar. Además, el tío Cole también juega. Gane quien gane, será un tío mío. Becca va a flipar cuando se lo cuente.

—No es la Super Bowl , hay unos partidos antes y no sé si voy a poder jugarlos…

—Caden, ve a buscar las camisetas del tío Luke —le pide su madre—. Va a dejarnos algunas firmadas antes de irse.

—¡Sí! ¿Puedo coger una para Becca?

—Coge todas las que quieras.

El niño sale disparado hacia el dormitorio y nos quedamos a solas. Solo es una excusa para hablar conmigo, pero no sé si estoy preparado para lo que tenga que decirme.

—¿Qué es eso de que no sabes si puedes irte ahora, Luke? Te esperan en unas horas, tienes que darte prisa.

—Ni siquiera hemos tenido una conversación en condiciones de lo que ha pasado entre nosotros —explico—. Además, aún queda mucho trabajo con la reforma y…

—Luke, deja de ponerme de excusa. Te acaban de ofrecer la oportunidad de volver a jugar y demostrarle a todo el mundo de lo que eres capaz.

Nuestra conversación puede esperar, no es como si te fueses para siempre o no pudiésemos mantener el contacto nunca más.

Y me las apañaré con Villa Ruina. No vas a postergar tu sueño por el mío.

—Pero…

Camille coloca las manos en mis mejillas y me mira con intensidad.

—Le prometiste a mi hijo que ganarías la Super Bowl . ¿Vas a fallar a tu palabra?

Poco a poco, esbozo una sonrisa.

—Ya sé de dónde aprendió Caden los trucos de manipulación —la acuso y suelto una carcajada—. También te prometí a ti que te ayudaría con Villa Ruina.

—Y me has ayudado, más de lo que crees.

La tensión desaparece y la sustituye la adrenalina. ¿Cómo voy a llegar a Filadelfia en tan poco tiempo? ¿Cómo vamos a jugar unos partidos tan importantes cuando llevamos meses sin entrenar?

—¡Ya tengo las camisetas! —exclama Caden, que llega corriendo con varias prendas arrastrándolas por el suelo.

Firmo todas mientras Camille se encarga de detalles técnicos como buscarme el vuelo, pues no me da tiempo a llegar conduciendo. Me ayudan también a preparar las maletas, incluso se ofrece a llevarme al aeropuerto.

Antes de entrar en el coche, vuelvo a mirar hacia atrás, hacia esa cabaña mágica que ha sido un hogar durante unas semanas únicas y maravillosas.

Harper Springs tiene un encanto especial, uno que ya intuía, pero que no conocía tan en profundidad hasta que me quedé a vivir aquí.

No solo la casa, sino también las personas con las que he compartido la experiencia. Caden y, por supuesto, Camille.

La despedida en el aeropuerto es rápida, llena de abrazos, pero no de besos.

—¿Vas a volver a casa cuando ganes? —me pregunta el niño.

Mi casa es distinta de la suya. Yo no vivo en el pueblo, sino en Filadelfia, y ese es otro punto importante que no he tenido ocasión de hablar con Camille.

Sin embargo, me limito a asentir.

—Claro que sí. Le enseñaremos el trofeo a Becca.

—¡Genial! —grita y me da otro abrazo.

Cuando es el turno de su madre, tiro de sus muñecas para atraerla hacia mí y abrazarla.

Tengo ganas de más, de mucho más. De buscar su boca para saborearla una última vez antes de que tenga que irme, de memorizar la forma en la que mueve los labios para que se adapten a los míos.

Sin embargo, me contengo. Camille no va a besarme con Caden delante y entiendo y respeto esa decisión.

Es demasiado pronto, el pequeño podría confundirse y dar por hecho cosas de las que ni siquiera hemos tenido oportunidad de hablar.

Camille apoya la frente en mi pecho y alarga el momento unos segundos. Respiro su olor, intentando grabarlo en un lugar seguro de la memoria.

—Tienes que irte ya, perderás el vuelo —me dice al separarse—. Demuéstrales a todos que se equivocan, que todavía queda Luke Bedford para rato.

—Tú no tienes que demostrar nada a nadie, llevas años haciéndolo —respondo.

—No quería decir…

—Sé lo que querías decir, Camille, no te preocupes —la interrumpo. No me he tomado a mal sus palabras, son de ánimo, de una buena amiga. Simplemente quiero que sepa lo orgulloso que estoy de ella—. Te avisaré cuando aterrice. Cuida de mi coche hasta entonces.

—Lo haré.

—Despídeme de tu madre y de los demás.

—Lo haré, no te preocupes. Vete ya, anda.

Me inclino y le beso la frente con cuidado, despacio, dejando que sienta el peso de ese gesto como si se lo hubiese dado en los labios. Me despido una última vez de Caden, agarro mi maleta y me alejo rumbo al control de embarque.

Mientras avanzo, el teléfono vibra en el bolsillo. Lo saco para descubrir un mensaje suyo.

Yo también me he quedado con ganas de besarte.

Sonrío.

No tengo ni idea de cómo van a salir los partidos, ni de si habré superado ese bloqueo que no me dejaba jugar bien al fútbol. Por primera vez, no me importa.

Da igual lo que opinen miles de desconocidos sobre mí. Solo me interesa lo que piensa mi familia, y estoy seguro de que, haga lo que haga, van a estar felices por mí.