Capítulo 37
CAMILLE
Me despierto sobresaltada.
Tardo apenas dos segundos en ubicarme. Unos brazos fuertes me rodean y tengo la cabeza apoyada sobre el pecho de alguien.
No, alguien no.
Luke Bedford.
Los recuerdos vuelven de golpe, como un torbellino de emociones. Conozco a Luke desde hace muchos años. Primero lo vi como el mejor amigo de mi hermano, luego como un amigo propio. Ahora, sin embargo, se ha convertido en otra cosa.
Acostarse con una persona a la que conoces desde hace tiempo puede ser extraño, pero no lo percibí así. No me sentí pudorosa, ni tímida. Fue, una consecuencia normal de la relación que tenemos.
Luke respira con suavidad a mi lado, dormido todavía.
Tiene una cara de paz absoluta. Me acurruco un poco contra él para alargar el momento unos instantes más.
A pesar de lo cómoda que estoy ahora mismo, me separo para mirar la hora en el móvil.
Las 6:55. No sé a qué hora nos acostamos ayer, pero debió de ser tarde.
Aun así, venzo la pereza y las ganas de seguir tumbada sobre su piel y me levanto.
Voy directa a la habitación de Caden. Está sumido en un sueño profundo, así que cierro la puerta de nuevo y vuelvo al salón.
Supongo que podría regresar a la cama, pero ahora sí lo siento raro, como si ya no tuviese sentido.
Anoche Luke y yo nos acostamos y tengo muy claro lo que significó para mí, pero no hemos hablado nada, así que no sé lo que significó para él.
En lugar de regresar al dormitorio, me encamino a la ducha. Es una excusa mucho mejor si Luke se despierta.
Cuando salgo del baño, está en la cocina. Vierte el café en dos tazas pequeñas y echa en ambas una onza de chocolate. No sé por qué, pero nunca he imaginado que le guste así.
—Buenos días, Luke —le digo y tomo asiento en uno de los taburetes de la barra.
—Buenos días, Camille —responde. Mi nombre en sus labios me suena diferente esta mañana. Él es la única persona que siempre lo utiliza completo, como si disfrutara pronunciando cada letra.
No distingo nada más en su tono y eso me pone nerviosa. ¿Cuál es el plan a seguir ahora? ¿Ha sido una cosa puntual? ¿Vamos a hablar de ello o a fingir que no ha pasado nada?
—Siento haber salido tan pronto de la cama, no quería despertarte. Necesitaba comprobar que…
—Caden estuviese bien —termina la frase por mí y sonríe—. Lo sé. Sé que no intentabas huir.
—¿Ah, sí? ¿Y por qué estás tan seguro? —pregunto, divertida, porque tengo la sensación de que se lo tiene muy creído.
Luke suelta una carcajada, consciente del motivo de mi cuestión. Me relajo al escucharlo reír. El ambiente sigue siendo bueno entre nosotros.
—Lo primero, porque sé que Caden es lo más importante para ti y te preocupas mucho por él, así que ya imaginaba que irías a verlo en cuanto abrieras un ojo, pese a que ese niño duerme como un lirón.
Y lo segundo es porque me he despertado cuando te has movido y he notado cómo te apretabas contra mí para abrazarme más fuerte.
—Solo estaba comprobando la dureza de tus músculos. —Luke alza las cejas y sonríe de forma burlona—. Dios, estás salidísimo. Hablaba de los pectorales.
—Eres tú la que habla de la dureza de mis músculos, no yo.
Tiende el café hacia mí y lo cojo con ambas manos para calentarme la piel. Es una sensación que adoro, ya sea agosto o diciembre.
—No sabía que te gustara el café con chocolate —comento para romper el silencio.
—Mi favorito es el mocca , aunque los Jenkins me odiéis por eso.
—Yo no. Aunque no se lo digas a mi hermano, revocará tus derechos como mejor amigo.
Se tensa en cuanto nombro a Cole. No es algo exagerado, pero lo noto. Sus hombros se ponen rígidos, la sonrisa tiembla. Bebe un sorbo de café, intentando ganar tiempo.
—Creo que tenemos que hablar de eso —dice por fin.
Siento un vuelco en el estómago.
—¿Hablar de qué? —pregunto, aunque ya lo sé.
Luke se pasa la mano por el pelo, nervioso. Evita mirarme. Creo que ni siquiera sabe cómo empezar.
—De lo que pasó anoche entre nosotros. No es lo que crees —se apresura a añadir. Supongo que está viendo mi cara descompuesta ahora mismo—. No me arrepiento de nada, te lo prometo. ¿Tú sí? —pregunta él y percibo unos nervios muy diferentes.
—No, yo no.
—Necesito contárselo —afirma con rotundidad—. Sea lo que sea esto. Se lo debo.
«Sea lo que sea esto». No sé lo que quiere decir, pero no suena especialmente bien.
—¿Decirle el qué? —replico. La tensión se instala en mi pecho, el cabreo cada vez más latente en mi voz—. ¿Que llevamos semanas tonteando? ¿Que anoche nos acostamos? ¿O que te has arrepentido de meterte en la cama conmigo y quieres pedirle un permiso con carácter retroactivo?
—No es eso y lo sabes.
—Pues es lo que parece. Somos dos personas adultas, Luke.
No le debes a Cole ninguna explicación sobre lo que haces conmigo, ni con nadie.
Él no te la dio cuando se enrolló con Hailey —le recuerdo—.
Y eso tampoco estuvo mal. Soy su hermana, sí, pero no soy de su propiedad.
Cole entiende eso. Yo entiendo eso. ¿Por qué no lo entiendes tú?
Pese a que mi tono es molesto, Luke mantiene la compostura. Eso me enfada todavía más. Sé que tiene un sentimiento exagerado de lealtad y protección hacia mi hermano, pero no me puedo creer que lo mencione a él primero cuando hablamos de nosotros.
—Precisamente porque él no me dijo nada cuando empezó con Hails. Me hubiese gustado saberlo. Es mi mejor amigo, es un hermano más para mí, creo que merece saber si pasa algo entre tú y yo.
—¿Quieres que lo llamemos y le preguntemos si podemos besarnos la próxima vez? No sé, justo antes de que te declares, o antes de que te desabroches el pantalón.
—Joder, Camille, no me refiero a eso. No me estoy expresando nada bien.
—No, no lo estás haciendo. No entiendo por qué la primera persona que sale en la conversación es mi hermano, en lugar de hablar de ti y de mí.
Luke rodea la isla y se pone a mi lado. Coloca las manos en mis mejillas y me obliga a mirarlo.
—Cole no es lo primero entre tú y yo —asegura, sin apartar sus ojos de los míos—. Lo que pasa es que nosotros lo he dado por sentado. Lo siento, no debería haberlo hecho así. Que yo tenga claro que me estoy enamorando de ti no quiere decir que tú…
El corazón hace una pirueta dentro del pecho y luego sigue latiendo desbocado, como si fuese un atleta tratando de batir el récord de velocidad.
—¿Has dicho enamorando?
—Sí.
No me importa la discusión que estamos teniendo, mi cuerpo me traiciona cuando me lanzo a besarlo. Luke me devuelve el beso. Uno mucho más lento que los que compartimos ayer, más sentido, más visceral.
—No tenemos que hablar de Cole ahora —me dice al separarse—. Podemos empezar de cero, si quieres. Buenos días, Camille.
—Buenos días, Luke.
—¿Has dormido bien?
—No he dormido mal —respondo y esbozo una sonrisa—. ¿Y tú?
—No recuerdo cuándo fue la última vez que dormí así de bien. Posiblemente, nunca.
Sus palabras me ensanchan la sonrisa. Todo rastro de enfado desaparece. Tiene razón cuando dice que debemos decírselo a mi hermano, pero Cole ahora no es la prioridad.
Nos giramos a la vez al escuchar un ruido a nuestra espalda. La cabeza de Caden asoma por la puerta del dormitorio.
—¿Mamá? ¿Hemos dormido en la casa del tío Cole? —pregunta, todavía somnoliento.
—Sí, cariño.
—Qué pro —suelta y se pasa las manos por los ojos para despejarse—. Buenos días, tío Luke.
—Buenos días, enano. ¿Qué te apetece desayunar?
—¿Puedo elegir lo que quiera?
—¡Claro! ¿Por qué no ibas a poder?
—Mamá siempre dice que tengo que desayunar saludable.
Luke me mira de reojo, consciente de que ha metido la pata. Niego, despacio, quitándole importancia.
—Hoy puedes escoger —aseguro.
—¡Tortitas con fresas y chocolate! ¡Y dulce de leche! ¡Y nata! —exclama emocionado.
—No sé si tengo todo eso, pero vamos a buscar.
Caden corre hacia Luke para darle un abrazo y yo me quedo mirando a ambos, con una sensación reconfortante en el pecho. Porque Luke tiene razón al pensar en Cole, pero si en algún momento vamos a intentar ser algo más que amigos, la única opinión externa que tendré en cuenta es la de mi hijo.
El móvil de Luke se ilumina en ese instante y se tensa de nuevo.
El número de mi hermano aparece en la pantalla.
Al mirar, vemos que tiene otra multitud de llamadas que han pasado desapercibidas porque tiene el teléfono en silencio.
Compartimos una mirada de pánico. ¿Acaso tiene cámaras? ¿Ha visto lo que ha pasado?
—Tienes que responder —le digo al ver que no reacciona.
—Hola, Cole —contesta por fin, tan asustado que no puede apenas hablar.
—Pon los informativos. —Lo escucho al otro lado de la línea—. Llámame luego.
Soy yo quien busca el mando de la televisión, la enciende y pone el canal de deportes. Ya están empezados, pero parecen estar dando una noticia sorprendente porque todos están alterados.
—Sin duda, este año la liga está siendo extraordinaria. —Está diciendo uno de los periodistas—. Primero el retraso con las fechas y ahora esto. ¿Quién iba a imaginar que podrían descalificar de esta manera a cinco equipos?
—Una sanción sin precedentes que quiere dar ejemplo —añade otro—. ¿Hasta qué punto puedes castigar a un equipo por una pelea de sus hinchas? Los están utilizando como cabeza de turco.
—A mí no me parece mal. No podemos permitir que el deporte nacional se convierta en esto. Debe dar ejemplo a todos, en especial a los niños. La violencia nunca es la solución.
—Yo estoy encantada. ¡Vamos a tener unos playoff express ! ¡Eso lo hace todavía más emocionante!
Luke y yo volvemos a compartir una mirada, esta vez de desconcierto. ¿Qué está pasando? Vuelve a responder al teléfono, pero esta vez no es Cole.
—No me he dado cuenta, lo tenía en silencio —responde a un saludo que no he llegado a oír—. ¿Qué me he perdido, Nick?