Capítulo 32
LUKE
No sé en qué segundo exacto lo arruino, solo sé que ocurre. Estamos en el agua, los dos juntos después de que yo haya saltado al verla caer. Creía que corría peligro, que pretendía hacer una tontería movida por la ansiedad que le ha provocado el mensaje de Dylan.
El miedo que he sentido no es nada comparado con el que me invade ahora, mientras la observo a escasos centímetros de distancia. Intento recordarme que es Camille, pero creo que es precisamente eso lo que más me gusta. Por eso me da miedo.
Sus ojos me observan con la misma intensidad con la que la contemplan los míos. Me doy cuenta de una cosa tan sencilla como complicada: me muero de ganas por besarla. Sé que no sería solo un beso, ni siquiera solo un polvo, porque Camille es mucho más.
No se trata únicamente de que sea una mujer preciosa, eso es algo que podría notar cualquiera.
Yo la conozco más allá, adoro otras cosas de ella.
Admiro su ambición y su determinación, esa forma que tiene de luchar por todo lo que se propone, ya sea sacar adelante un negocio o criar a un niño sola.
Es una chica inteligente, divertida, leal…
Joder.
Camille es todas esas cosas que siempre he buscado en una chica, pero también es la hermana pequeña de Cole.
Y nunca, jamás en toda mi vida, podría traicionar su confianza.
No importa si él sale con Hailey, todos recordamos lo mal que reaccioné cuando me enteré de su relación.
No soy un hipócrita. No soy un traidor. No puedo serlo. No me lo perdonaría.
Intento pensar en eso, a pesar de que mis manos me delatan y se posan en sus caderas. El contacto de su piel me arde en los dedos y choca con las frías aguas del manantial.
Está tan cerca que puedo contar las gotas que le recorren las pestañas. Sus manos sobre mis hombros. Su respiración temblando contra la mía. Sus ganas contenidas.
Y, durante un instante, un suicida y precioso instante, estoy dispuesto a mandar todo a la mierda y rendirme. Quiero besar a Camille más de lo que debería. Más de lo que me permito.
Ella se acerca aún más.
Y entonces recuerdo cómo empezó esto. Algo impulsivo que rompa con todo. Ella se ha lanzado al agua…
… y yo me sumerjo.
Cierro los ojos y grito con fuerza, lo suficientemente lejos de la superficie para que nada se escuche fuera. Noto el miedo extenderse por cada fibra de mi ser. La sensación de no ser un buen amigo, ni un buen hermano. Ya le fallé a Lucy, no puedo fallarle también a Hailey y a Cole.
Me escondo bajo el agua como el crío asustado que sigo siendo. Intento no pensar en Camille, pero el corazón se me encoge cuando noto cómo nada para salir.
El agua me rodea, fría y silenciosa. Aquí nadie puede ver lo que me pasa por dentro.
Nadie puede notar que sigo roto, incompleto.
Que el árbol bajo el que me cobijo de la tormenta es cada vez más pequeño y me deja más expuesto.
Que las manos me tiemblan conforme me doy cuenta de lo que he hecho, de cómo he rechazado a Camille, porque estoy seguro de que ella pretendía besarme.
Maldita sea. ¿Qué acabo de hacer?
No puedo quedarme abajo para siempre.
La veo saliendo en la orilla. No está huyendo; he sido yo el cobarde que se ha escondido. Salgo detrás de ella. No tengo un plan, ni una explicación, ni siquiera una frase coherente, pero no puedo dejarla marchar sin decir nada.
Cuando la alcanzo, ya está casi en el coche. De nuevo sin pensar en nada más, la agarro por la muñeca.
—Lo siento, Camille. Yo…
El resto no me sale. No encuentro las palabras para explicar que no la he rechazado.
Que no se trata de que no quiera besarla, que el problema es justo lo contrario, que sé que no me bastaría con eso.
Que siento un miedo atroz al pensar en que podría perder algo que para mí significa demasiado.
No es solo mi amistad con Cole, mi amor por Hailey, también podría perderla a ella.
No digo nada.
Ella se suelta, sin hablar, sin dedicarme una mala mirada, sin pedirme una explicación. Simplemente, se escapa entre mis dedos. Eso duele más.
Observo cómo entra en el coche y se va. Me quedo quieto, empapado, sintiéndome como un capullo que acaba de estropear años de amistad. Porque podría haberla besado, o podría haberla rechazado, pero mi reacción ha sido vergonzosa.
Me siento en el borde del embarcadero y hundo la cabeza entre las manos.
Cierro los ojos y el recuerdo vuelve como un golpe.
Su cara inclinándose hacia la mía, su boca tan cerca que casi podía imaginar su sabor.
Sus manos temblando sobre mis hombros y yo, sin quererlo, sosteniéndola por las caderas como si fuese lo más natural del mundo.
Como si su cuerpo encajara tan bien en mis dedos que fuese inevitable.
Eso es lo que más miedo me ha dado, lo inevitable.
Porque nunca pensé que llegaría a sentirme así con Camille. Estaba en una categoría segura: hermana pequeña de Cole, amiga, casi como otra hermana propia. Resulta que está en otra, una más peligrosa. Una que no me conviene.
Me levanto frustrado conmigo mismo y vuelvo a la cabaña. La chimenea está casi apagada, pero no me molesto en reavivarla. Me quito la ropa, me seco, voy directamente a la cama y me dejo caer contra el colchón.
Tengo que hablar con ella y disculparme.
No puedo permitir que piense que ha hecho algo mal, ni que se aleje por un error mío, aunque tampoco me puedo permitir acercarme más y cruzar una línea que para mí es inquebrantable.