Capítulo 31
CAMILLE
Hoy Caden vuelve a quedarse a dormir en casa de Becca. La anterior fiesta de pijamas fue en mi casa. Lo están convirtiendo en una tradición.
Hemos llegado al manantial y no sé si a él le ha pasado lo mismo, pero yo no dejo de pensar en las ganas que tuve de besarlo aquí cerca, durante la búsqueda del tulipán dorado.
Ahora estamos sentados en la roca, con los pies rozando el agua.
—Este es mi lugar favorito de Harper Springs —confiesa—. La casa de tu hermano tiene su encanto con el lago y el embarcadero, pero esto… Hay otro tipo de magia aquí.
—Sí que la hay —coincido.
Adoro la belleza de este rincón. El agua cristalina, las rocas alrededor, los árboles que lo rodean… La cabaña de Cole pertenece al Residencial Woods y, aunque cuidan la naturaleza, se nota que es un sitio habitado. Esto es más salvaje, más real.
Nos sumimos en un silencio cómodo. Solo me muevo cuando mi teléfono vibra, convencida de que será Suzanne para que recoja a Caden. No es ella, sino un mensaje de un número desconocido.
Puedes ignorarme lo que quieras, pero no vas a impedir que conozca a mi hijo. Mañana viajo a Salt Lake City y luego iré al pueblo a buscar a Caden. Podemos hacerlo por las buenas o por las malas, pero vamos a hacerlo de todos modos.
Tengo que leerlo un par de veces para procesar lo que sucede y, en cuanto lo hago, comienzo a llorar. El corazón se me acelera y la respiración se vuelve más sonora e irregular. Errática. Apenas me llega el aire a los pulmones y siento cómo me asfixio.
Esto no puede ser real. Dylan no ha vuelto a escribirme desde aquel mensaje mientras estuve en Nueva York y creía que era un asunto olvidado, pero no es así. Va a venir a Harper Springs y quiere conocer a Caden.
No puede conocer a Caden.
No puedo respirar.
El pecho me oprime con fuerza, como si hubiese detectado en mi corazón un agente extraño y estuviese intentando destrozarlo.
El mundo me da vueltas mientras sigo luchando por respirar, sin éxito. El único motivo por el que no me desmayo es porque alguien me sostiene.
Luke está a mi lado, llamándome casi a gritos, pero no termino de escucharlo porque en mi mente solo cabe un pensamiento ahora mismo. Intento centrarme en esos ojos azules, en su mirada preocupada, en lo que quiera que me esté diciendo.
Funciona.
—¡Camille! ¿Qué pasa? ¿Qué ha pasado? ¿Cole está…?
No puedo responderle, mi cerebro está bloqueado. Le tiendo el móvil y dejo que lo lea él mismo. Su gesto se transforma de la preocupación a la rabia mientras descubre el mensaje de Dylan. Deja mi móvil en la roca y coloca las manos en mi cara.
—Respira conmigo, Camille —me pide.
Niego varias veces con la cabeza, no porque no quiera hacerlo, sino porque no puedo. El aire se me escapa a sacudidas, la respiración se vuelve un nudo y las lágrimas me arden en la cara, mezclándose con esa sensación insoportable de asfixia que se cierra sobre mi pecho.
—Dylan no elige cuándo conoce a Caden —dice Luke, su voz firme y a la vez quebrada por la preocupación—.
Ni tampoco si lo conoce o no. Esa decisión es tuya, solo tuya.
No tiene por qué hacerlo, ¿me oyes? Da igual si viene a Harper Springs.
Podemos irnos de aquí. Podemos hacer un viaje de unos días, de unas semanas si hace falta.
O puedo hacer que se vaya y que no vuelva a ponerse en contacto contigo.
Incluso si accedes a verlo, iré contigo.
No tienes que hacer esto sola, te lo prometo.
No te preocupes por Dylan, mis abogados se ocuparán de él.
Ya he consultado y hay leyes que os protegen.
Pero necesito que te relajes, ¿vale? Respira conmigo, por favor. Despacio, Camille. Hazlo conmigo.
Imito sus inspiraciones y expiraciones. El temblor sigue aquí, el pánico sigue aquí, pero se va alejando.
Cuando era más pequeña y una situación me desbordaba, mi hermano me enseñó cómo romper la jaula desde dentro. El cerebro se queda prisionero dentro de ese mismo miedo y hay que sacarlo de golpe, obligarlo a sentir algo más intenso, algo que lo interrumpa.
Por eso me separo y me tiro al manantial.
No lo pienso, solo dejo que el agua me engulla y el frío se lo lleve todo. Escucho a Luke caer justo después. Se acerca nadando con desesperación, pero salgo antes a la superficie.
Veo el pánico en sus ojos, ese segundo eterno antes de que suspire aliviado y relaje los hombros.
—Joder, Camille, creía que… —No termina la frase.
—Lo siento —susurro—. No quería asustarte. Solo necesitaba respirar.
Su gesto se suaviza tras confirmar que no me he hecho daño. Que no trataba de hacerme daño.
—A veces, esto me ayuda —admito.
—¿Lanzarte al agua de golpe? —Esboza una sonrisa pequeña, frágil, como si no supiera si bromear o abrazarme.
—Hacer algo impulsivo, algo que rompa con todo y me saque del bucle.
—Algo que rompa con todo… —repite con un susurro.
Se queda pensativo, como si esas palabras le removieran algo dentro.
El silencio cae sobre nosotros como otra capa de agua.
Entonces, soy consciente de la cercanía.
Él hace pie, yo me mantengo a flote moviendo las piernas.
El manantial está aún frío. Las gotas resbalan desde su pelo desordenado hacia su piel.
Su mirada se vuelve más intensa cuando me la devuelve.
Desde esta distancia, siento su aliento en las mejillas.
Desliza la vista hasta mis labios un instante, solo uno, lo suficiente para que perciba el cambio en su respiración, para que vea ese movimiento de nuez al tragar saliva.
Solo tendría que moverme un par de centímetros. Solo eso.
¿Quiero hacerlo? Joder, sí. Puedo decirme las veces que quiera que Luke es solo un amigo, pero lo cierto es que estas semanas con él me están haciendo verlo de otra manera.
Lo que pasó (o lo que no pasó) durante la búsqueda del tulipán dorado solo me ha servido para reafirmarme.
No quiero besar a mis amigos, en cambio a Luke…
Apoyo las manos en sus hombros y, en el acto, él lleva las suyas a mis caderas.
Me digo que es para ayudarme a flotar, pero sus dedos me rozan con lentitud, con una suavidad extrema, como si creyese que pudiera romperme entre sus manos.
La caricia me estremece y siento una corriente eléctrica recorriéndome entera.
Me rindo. Sé que he perdido del todo la cabeza cuando decido recortar esos centímetros…
… y entonces es Luke quien se sumerge.
Aparta las manos de mis caderas y desaparece bajo el agua. En la escala de cobras, creo que esta va directa a la primera posición.
En la escala de vergüenza, necesito que el manantial me trague y me escupa en Australia. O mejor, que no me escupa nunca y dejen mi cadáver en el fondo, porque no sé cómo voy a hacer para volver a mirarlo a la cara después de lo que acaba de pasar entre nosotros.
Luke sigue abajo, así que nado hacia la orilla para salir. Necesito escapar de aquí. Él se ha escondido primero, yo solo voy a continuar la retirada.
Recupero mi móvil y salgo corriendo. Mi intención es llegar al coche y encerrarme en mi casa, pero una mano me detiene antes. Me giro despacio. Luke está ahí, con el pelo empapado, el pecho subiendo y bajando de forma acelerada, sujetándome con una delicadeza que casi resulta dolorosa.
—Lo siento, Camille. Yo… —empieza, pero la frase se rompe antes de nacer.
Yo tampoco sé qué decir, así que evito la incomodidad de ambos soltándome de su agarre y volviendo al coche. En algún momento tendremos que hablar de lo que ha pasado, pero no en este.
Enciendo la calefacción y arranco.
Necesito poner mi cabeza en orden.
Necesito reparar mi error antes de perder también su amistad, porque no estoy preparada para que Luke desaparezca de mi vida.