Capítulo 30
LUKE
La noche está siendo mágica. Sencilla, cotidiana, pero de las que sabes que recordarás con un cariño infinito cuando eches la vista atrás y la revivas.
Cole ha abierto ya varias botellas de champán para brindar por la noticia. El alcohol se nota en nuestros amigos, en especial en Jenna y Taylor. El ambiente de alegría es contagioso.
—Vale, no aguanto más, tengo que soltarlo —dice Jen de pronto. Se tapa la cara con las dos manos, avergonzada—. Me he acostado con Sean.
Las reacciones son distintas. Las chicas gritan, Adam se ríe, Sean adopta un gesto de satisfacción.
—¿Cómo ha podido pasar? —pregunta Hailey—. Si dijiste que ni de coña, que por encima de tu cadáver, que…
—Sé lo que dije —la interrumpe su amiga con los labios apretados—. Ha sido vuestra culpa, por obligarme a ir con él en el dichoso juego ese. —Se gira para buscarme y me apunta con un dedo acusador—. Tú tienes la culpa.
—Yo no os he obligado a enrollaros —comento sin disimular la sonrisa—. ¿Tan malo ha sido para que te arrepientas así?
—Ha sido genial —responde Sean por ella.
—Jen no parece tener la misma opinión —interviene Camille.
—Jen puede decir ahora lo que quiera, pero yo sé que ha disfrutado. Lo que pasa es que soy un caballero y no voy a contar nada.
Adam y Cole sueltan una carcajada.
—¿Un caballero? ¿Tú?
—Pues sí. Cuando quiero, puedo serlo.
—Eso es que quiere repetir —afirma Adam—. Ya sabía yo que ahí había algo.
—No hay nada —masculla Jenna entre dientes.
—Entonces, ¿cómo es que te has liado con él? Esas cosas no son accidentales —pregunta Hailey.
—Alguien nos encerró en el granero, seguro que uno de vosotros —responde Jenna—. Después, yo qué sé, una cosa llevó a la otra…
—Y terminamos echando un polvo genial. No hay por qué avergonzarse, pelirroja. No eres la primera a la que le pasa.
—¿Avergonzarse después de acostarse contigo?
—No, lo de caer rendida a mis encantos y querer repetir.
—Yo no quiero repetir.
—Eso ya lo veremos.
—Fueron Molly y Helen —dice Taylor de pronto. Todas las miradas se centran en ella—. Las que os encerraron.
—¿Y por qué no me liberaste? —la acusa Jenna.
—No sabía lo que habían hecho. Solo las vi alejarse de allí entre risas. Ahora has dicho eso y he atado cabos.
—Suficiente. Ya lo he sacado de dentro, ahora todos lo sabéis, no quiero seguir hablando del tema.
—Porque sé que estás de broma, pelirroja, si no empezaría a ofenderme.
Sean se acerca a ella e intenta pasarle el brazo por la espalda, pero Jen se zafa y se aleja de él.
Las bromas continúan durante un buen rato. Algunos incluso se bañan, movidos por la euforia del momento.
Yo me quedo en los asientos junto al borde del embarcadero. He bebido menos que los demás. Ser jugador de fútbol profesional y tomar alcohol no son cosas que vayan de la mano y, aunque puedo disfrutar de un par de copas, no suelo excederme a menudo.
Cole se sienta a mi lado y me dedica una mirada intensa, de esas que pretenden atravesar todas mis capas para ver qué escondo debajo.
—Enhorabuena —le digo antes de que hable él—. Vivir juntos es un gran paso.
—Lo sé, pero estoy deseando darlo —asegura—. Ya vivimos juntos unos meses, en realidad, en esta cabaña. ¿Qué tal te va a ti?
—Bien, me está sirviendo para desconectar.
Es cierto. Hace tiempo que no miro los telediarios ni las noticias deportivas. Estoy centrado en mí, en este pueblo, en la reforma de Villa Ruina 2.0. Quizá haya perdido el foco con algunas cosas, pero no con lo esencial.
—Me alegro. Ya te dije que Harper Springs tenía un efecto sanador.
Asiento, sin decir nada más. Ambos tenemos puesta la mirada en el lago. Él observa a Hails, cómo ríe con sus amigas. Yo también la observo a ella, concentrado en no mirar a nadie más.
—Luke —me llama Cole, con esa voz firme que utiliza cuando quiere decirme algo importante—. Si hay algo que quieras contarme, lo que sea, o si necesitas hablar de cualquier cosa, estoy aquí. No tienes que cargar con todo tú solo.
¿Qué quiere que le diga? ¿Que no sé si estoy mirando a su hermana pequeña de una forma en la que no debería en absoluto? No puedo responderle eso. Por eso me limito a asentir.
—Lo sé.
—Pues recuérdalo, porque no pasa nada si ahora mismo no quieres contármelo. Estoy a una llamada de distancia y, si lo necesitas, incluso puedo venir aquí. Tú has hecho todo por mí, hermano. Yo también puedo hacerlo por ti.
Cole se levanta sin esperar respuesta y me da un apretón en el hombro. Se lanza al agua, porque sabe que prefiero estar solo ahora mismo. Tengo demasiadas emociones dentro que no sé manejar.
Mientras miro hacia el lago, a ese grupo de amigos que juega a salpicarse, a reírse, a bromear, encuentro las indicadas.
Quizá Maggie tenga razón y dentro de mí haya una tristeza irreparable.
Quizá esté tan perdido que no sepa por qué fallo en el campo de juego.
Quizá sea un hipócrita y mire a la hermana de mi mejor amigo como le dije a él que no mirase a la mía.
Pero esta noche nada de eso existe.
Esta noche salto al lago con ellos, dispuesto a divertirme sin importar nada más.
Cole y Hailey se merecen que dé lo mejor de mí, y el resto ahora mismo no tiene importancia.