Capítulo 29
CAMILLE
Nos dividimos en dos coches para ir de vuelta a la cabaña del lago. Yo conduzco el nuestro, con Hails de copiloto y Jenna y Taylor en los asientos traseros. Caden se ha quedado con mi madre.
—Ha sido increíble —comenta Hailey casi sin dejar de reír—. Nunca había visto a Cole así, estaba picadísimo por seguirte y ganar.
—Le pasa desde hace años —afirmo—¸ me conozco sus planes a la perfección.
—Al final han ganado esas dos chicas —interviene Taylor—. El famoso pique de los Jenkins reducido a la nada.
—Oye, ¿y a ti qué te pasa? Estás muy callada desde la búsqueda del tulipán.
Mi cuñada se gira para mirar a Jenna. Lo cierto es que no ha abierto la boca en un buen rato, y eso es muy raro en ella.
—No estarás enfadada por lo de Sean, ¿no? —continúa la rubia.
—Me la habéis hecho —espeta ella, con la mirada perdida por la ventana y la rabia bullendo en la voz.
—Yo no he hecho nada, ha sido mi hermano Luke.
—Luke es un idiota que quería divertirse a mi costa, pero mi amiga eres tú. Vosotras —añade y se gira hacia nosotras para señalarnos con un dedo acusatorio—. Me habéis dejado tirada.
—Venga ya, no habrá sido para tanto —se defiende Taylor.
—Otro día pasas tú las horas con el cretino de Sean, a ver qué te parece luego.
—Yo ya paso las horas con ese cretino. Te recuerdo que es el mejor amigo de mi novio.
—Es insufrible —bufa Jenna.
A pesar de la conversación, se nota el tono bromista con el que hablan. Excepto Jenna, que parece enfadada de verdad. No me he parado a pensar en cómo habrá sido la búsqueda del tesoro para ella.
—Venga, te protegemos de él ahora en la cabaña —interviene Hails—. Voy a cuidar de ti.
—Más te vale.
—¿Podemos hacer una parada antes en Villa Ruina 2.0? Quiero ver cómo avanza el proyecto.
—¡Claro! Está muy cambiado desde la última vez que estuvisteis aquí.
Detengo el coche frente a mi futuro hotel rural y bajamos las cuatro. Taylor sí lo sigue más de cerca, aunque hay avances que no ha visto todavía.
—Ya tenemos instalada la fontanería y el suelo. Estamos con la electricidad, que me están ayudando Esther y Anthony, y después empezaremos a alicatar y pintar paredes.
—Esto tiene otra forma —dice mi cuñada mientras examina todo con atención—. ¿Vas dentro de plazos?
—Sí. Si no ocurre ningún imprevisto, en menos de un mes estarán terminadas.
—Me sabe fatal no poder ayudarte.
—No te preocupes. Este es mi proyecto, cada una tiene el suyo. Me gusta que estés tan volcada con la escritura, eso es buena señal.
—Aun así, deja que plante alguna flor al menos. Algo simbólico.
Me río. Supongo que quiere una participación, por pequeña que sea, ya que en Villa Ruina me ayudó también.
—Esto está hecho.
Termino de enseñarles todas las cosas que hemos hecho Luke y yo y les explico las que tenemos a medias y, un rato más tarde, ponemos rumbo a la cabaña de Cole. Llegamos entre risas, un poco a costa de Jenna, pero la mayoría son tonterías abstractas.
Los chicos ya están allí, tomándose una cerveza en el embarcadero.
Mi hermano me hace un gesto para que lo siga.
No sé qué ha pasado en este tiempo, pero parece nervioso.
Por un momento, considero la idea de que Luke le haya contado algo, como lo rara que es a veces la atmósfera entre nosotros, o que casi lo beso cuando nos hemos escondido durante la búsqueda del tulipán dorado.
—¿Estás bien? —pregunto, porque no soporto más esta tensión—. Pareces nervioso.
—Voy a pedirle a Hails que viva conmigo —suelta de sopetón—. Ahora, en este embarcadero. Quería contártelo a ti primero.
Se me escapa un grito emocionado y me lanzo a abrazarlo. Cole me hace un gesto para que disimule, pero ya es tarde, no puedo contener la alegría. No había visto a mi hermano tan enamorado nunca. Él y Hails se merecen ser felices y pasar juntos toda la vida.
—¡Eso es genial! —exclamo en voz baja, para que no me oigan—. ¿Cómo vais a hacerlo? ¿Búfalo o Nueva York?
—De momento, tiene que ser Búfalo. Ya lo hemos hablado varias veces, ella está dispuesta a venirse conmigo mientras siga en los Bills.
Adora Nueva York, pero llevamos más de un año con la relación a distancia y los dos tenemos ganas de consolidarla.
Ahora mismo, Hails tiene más fácil moverse.
Búfalo no será para siempre. También hemos hablado de que, en el futuro, ambos queremos ampliar la familia y tener niños.
Cuando llegue el momento, ella elegirá dónde.
Me da igual si es Nueva York, Harper Springs o en España. Yo lo que quiero es que estemos juntos.
Lo abrazo de nuevo, esta vez con más fuerza. Soy muy feliz ahora mismo. Después de todo lo que pasó mi hermano hace unos años, estoy muy ilusionada con su perspectiva de futuro.
—¿Cuándo se lo vas a decir? —pregunto. Necesito saber cuánto tiempo tengo que guardar este secreto.
—Pues casi que ya, porque al final se te escapa —me responde bromeando. Me pasa el brazo por detrás de la cabeza y lo apoya en el hombro—. Vente conmigo, así me pondré menos nervioso.
—Vamos.
Nos encaminamos juntos hacia Hailey, que ya nos está observando. Todo el grupo nos mira, en realidad. Supongo que no he sido nada disimulada con mis gritos de felicidad, pero se me han escapado sin que pudiera controlarlos.
—¿Está todo bien? —pregunta ella y pasa la mirada de uno a otro.
—Había preparado un discurso más bonito, en el que estábamos los dos solos junto al lago, pero supongo que así, rodeado de nuestros mejores amigos, tiene más sentido que lo haga.
—Le va a pedir matrimonio —murmura Sean.
—Cállate y deja que sea él quien hable —le espeta Jenna.
—No quiero seguir despidiéndome de ti cada dos semanas, ni contando los días para volverte a ver. Quiero que vivamos juntos para poder disfrutar de ti cada instante de mi vida. ¿Te mudarías a Búfalo conmigo?
Hailey asiente, los ojos inundados de lágrimas de emoción, incapaz de articular palabra. Dejamos que se abracen y se besen y compartimos la alegría entre nosotros.
—¡Me abandona! —exclama Jenna de forma dramática.
Hails se lanza a abrazarla a ella entonces.
—¡Seguiré yendo de visita! Y te daré tiempo para que encuentres a alguien, no voy a dejarte tirada con el alquiler.
—Podemos seguir pagando el alquiler si a ambas os parece bien —propone Cole—. No quiero que renuncies a esa casa, solo que pases más tiempo conmigo.
Con la emoción de los abrazos, no me he dado cuenta de lo cerca que estoy de Luke. Él me mira también, como si acabase de ser consciente de que nos estamos tocando. No es momento de sentirse así.
Retrocedo medio paso, lo justo para que el aire vuelva a circular entre nosotros, aunque no lo suficiente para eliminar la electricidad que se ha encendido. Luke parpadea incómodo y se pasa una mano por la nuca. No dice nada. Yo tampoco.
Hailey y Cole siguen en su nube, celebrándolo con el resto del grupo. Es un momento bonito, perfecto. Por eso, me alejo de Luke para unirme a ellos.
—¿Nos invitaréis al pisito de enamorados, no? —pregunta Adam.
—¿Acabas de decir pisito? —responde su novia—. Seguro que Cole compra un ático con vistas a Canadá.
Todos reímos. El ambiente de felicidad se queda en el grupo, flotando como una nube difícil de disipar.
Poco a poco, la gente reanuda sus tareas.
Mi hermano propone celebrarlo con unas hamburguesas y va con Adam para traer la barbacoa portátil.
Taylor y Hailey se encargan de ir a buscar la comida y la bebida.
Sean vuelve a tirarle los trastos a Jenna, y ella se aleja rumbo al bosque, aunque él la sigue igualmente.
Yo me quedo en el borde del embarcadero, sentada con los pies descalzos rozando el lago. Me siento feliz por Cole y Hails y, mientras pienso en ellos, recuerdo la conversación que tuve con Taylor, cuando me dijo que me saboteaba y que yo también merezco encontrar a alguien.
Alguien que quiera quedarse.
Siento pasos detrás de mí. No me hace falta mirar para saber quién es.
—¿Puedo? —pregunta Luke, señalando el hueco a mi lado.
Asiento. Dejo un espacio prudencial entre ambos.
—Menuda noticia, ¿eh? —me dice—. Me alegro mucho por ellos.
—Y yo. Ambos se merecen todo lo bueno que les pase.
—Sí que se lo merecen —comenta, con la mirada perdida en el agua de pronto. Me pregunto si está pensando en algo más, en si él merece lo mismo.
—Tú también —le recuerdo, porque creo que a veces se olvida de ello, como si tuviese que seguir castigándose por un pasado en el que los errores no fueron suyos.
—Y tú también —me contesta de vuelta.
Me limito a sonreír, consciente de la razón que tiene.
Antes de que pueda decir nada, Taylor y Hails se acercan desde atrás y nos empujan a traición.
Y empieza una noche de risas, bromas y juegos, de esas que se convierten en inolvidables por la felicidad que las rodea.