Capítulo 28
LUKE
El baile de la Herencia de la Primavera es el broche final del festival.
Lo han abierto los vecinos de Harper Springs, pues son los que conocen las coreografías. Parecen sacadas de un capítulo de Los Bridgerton . Incluso la música, que son versiones instrumentales de canciones más modernas.
Después, nos hemos unido los demás. Yo no estoy muy receptivo, pero no he podido evitarlo cuando Hailey me ha empujado con ella. La pista se ha llenado de gente, sobre todo, de turistas que han venido desde otros pueblos para disfrutar de la fiesta.
La canción que suena también tiene una coreografía ensayada, pero solo consiste en un par de pasos con una pareja y, después, las personas de la izquierda avanzan y bailan con el siguiente de la fila.
Me toca con una chica desconocida e imagino que es una de esas forasteras.
—¡Eh! Me suena tu cara —dice en cuanto me ve. Por un momento, temo que me hable de fútbol, un tema que prefiero evitar—. Eres el del cartel, ¿verdad? Yo soy de Kearns. Mi amiga y yo vimos la foto con tu novia y nos gustó el plan.
—No es mi novia —niego enseguida y miro hacia atrás, buscando a Cole. Por suerte, él está bailando con Caden y Camille y no se entera de nada.
Sin embargo, la chica malinterpreta mis palabras y me sonríe de forma coqueta.
—Ah, pues está bien saberlo. ¡Espero que volvamos a coincidir! —exclama mientras avanza al siguiente puesto.
—Felicidades —comenta Maggie, mi nueva acompañante.
La miro con el ceño fruncido, sin entender a qué se refiere—.
Has soportado todo un festival de la Herencia con mi hija.
Esa niña se vuelve loca con esta competición.
Bueno, con cualquiera. Le da igual el honor de la victoria, lo que le pasa es que, cuando se entrega con algo, se entrega con todo.
Y eso vale para un juego o un proyecto profesional, pero también para las personas. Mi Cami es una buena chica.
—Sí que lo es —coincido. No digo nada más.
No sé por qué me ha dicho todo esto, pero tampoco tengo tiempo de preguntárselo porque la fila vuelve a rotar y esta vez la que llega a mi lado es Camille.
La música se detiene en ese instante y todos nos quedamos quietos. Sin embargo, la siguiente no tarda en empezar, una versión de Wrecking Ball tocada por instrumentos de cuerda. Cami se acerca para bailarla conmigo. Sé que no es buena idea. Sé que debería negarme.
Y, aun así, todo lo que hago es aceptar su mano, porque soy incapaz de negarle nada.
Estoy tenso. Parezco un muñeco de madera sin articulaciones. No debería reaccionar así. Camille es mi amiga, la conozco desde hace muchos años. El problema es que lo que he sentido hace unas horas, cuando nos hemos escondido juntos en el bosque, no tiene nada que ver con la amistad.
He tenido que cerrar los ojos y respirar de forma profunda para alejar esa incesante necesidad que ha despertado de besarla.
Y la he acallado. Ha requerido todo mi esfuerzo y sacrificio, pero lo he conseguido.
Hasta ahora, que vuelvo a tenerla cerca y ese impulso incontrolable se abre camino de forma casi imparable.
El primer problema es que detrás de Cami está Cole, bailando con su sobrino y su novia. ¿Cómo puedo traicionarlo así? El mero hecho de pensar en ella ya me va a conducir derecho al infierno.
El segundo problema es que soy la persona más hipócrita y falsa del mundo. Juzgué a Cole por lo mismo que me está pasando a mí.
Yo no soy así.
Puedo frenarlo a tiempo.
—Perdona, tengo que ir al baño con urgencia —me disculpo de forma torpe y salgo disparado sin esperar respuesta.
Me echo agua en la cara para despejarme y me tomo mi tiempo. No sé qué demonios me está pasando. Necesito cambiar el chip.
Regreso a la fiesta un buen rato después y, enseguida, encuentro a Cami en la pista. Está bailando junto a Hails y Taylor. Se dedican a reírse y a disfrutar y desde fuera se ven tan despreocupadas, que siento cierta envidia.
—Pareces preocupado —dice Cole a mi lado. No sé cuándo ha llegado, estaba ensimismado en mis propios pensamientos. Posiblemente, eso me ha delatado.
—Estoy bien —miento, pese a que sé que a él no puedo engañarlo.
—Te sugerí venir aquí porque Harper Springs a mí me trae paz.
Después de todo lo que pasé, este lugar me ayudó a volver a empezar de cero.
Sí, tu hermana también influyó en eso, pero hay cierta magia en este sitio que resulta reparadora para el alma.
Contigo creía que estaba funcionando, pero me he dado cuenta de que no.
Puedes mentirme lo que quieras, lo veo en tus ojos. No hay paz ahí dentro. Solo… tormentas.
Me quedo en silencio, incapaz de responder a eso.
Tiene razón.
Siento como si hubiese una tormenta en mi vida y yo me estuviese escondiendo resguardado bajo un árbol minúsculo y frágil.
Me cubre de unas gotas, pero no impide el peso del cielo que se rompe encima.
No me deja avanzar, ni ponerme a salvo. Solo me mantiene quieto, encogido, para que pueda seguir fingiendo que no me estoy empapando.
Suspiro de forma profunda.
Voy a seguir escondiéndome.
—Ha sido un día agotador —le digo, al igual que he hecho antes con mi hermana—. Camille es muy intensa con las pruebas del festival de la Herencia.
Esta vez sí, Cole se ríe y parece creerme.
—Ya solo queda el broche final.
—¿Todavía hay más? —pregunto, casi asustado.
—Tranquilo, no son más pruebas. Ahora los amigos nos iremos al lago a terminar allí. No más juegos, solo nosotros. Mañana nos volvemos a Nueva York. Es nuestra última noche aquí. Tenemos que aprovecharla.
—La aprovecharemos —afirmo, aunque no sé muy bien cómo voy a hacer para seguir refugiado bajo mi árbol si soy incapaz de pasar tiempo alejado de mi tormenta.