Capítulo 27
CAMILLE
—Menuda encerrona —le digo a Luke una vez nos quedamos a solas, con la prueba ya empezada.
—Jenna tiene recursos. Seguro que se maneja bien.
—Conozco a Sean y es muy insistente.
—Bueno, si ella termina por querer que pase algo… Son dos personas adultas, que hagan lo que les plazca.
Me quedo pensando en esas palabras, en lo sencillo que suena cuando lo dice así, y lo mucho que se complica cuando intervienen otros factores.
—¿Dónde vamos? —me pregunta—. Esta es tu prueba favorita, me he puesto contigo dando por hecho eso.
—Pensaba que me habías elegido para que Sean fuese con Jenna.
—Eso ha sido un efecto añadido —bromea—. Después de verte en acción, sé que vamos a ganar.
Me río.
—Lo cierto es que sí, tengo un plan. Ya sé dónde está el tulipán dorado.
Luke se queda quieto por la sorpresa y me mira.
—Si todavía ni hemos empezado —comenta, confundido—. ¿Has hecho trampas?
—Nunca —respondo con rotundidad—. Cada año se encarga un vecino de esconder el tulipán.
La única condición es que tiene que ser un sitio accesible para todo el mundo.
No puedes meterlo dentro de una casa, por ejemplo.
La primavera pasada le tocó a mi madre y lo guardó dentro de un baúl en el Rincón de Maggie. El secreto está en estudiar eso.
—Haces que parezca sencillo.
—Bueno, depende. Hay gente que es más predecible, pero a otros no sabes por dónde cogerlos.
Una vez, Molly escondió el tulipán dentro del retrete de los aseos del ayuntamiento —le cuento—.
No hubo ganador, y se le prohibió participar durante cinco años porque los vecinos consideraron que no jugó limpio.
Ella está orgullosa, porque es la única vez que nadie lo ha encontrado.
Luke suelta una carcajada al escuchar la historia. Ahora la recuerdo con mejores sensaciones, pero no en aquel momento. Estuvimos horas y horas buscando el dichoso tulipán mientras ella nos hacía comentarios jocosos. No toleré demasiado bien la derrota, aunque el enfado se me pasó al poco tiempo.
—¿Y Ruth lo ha escondido en…?
—La biblioteca, obviamente —respondo y sonrío.
—Pues vamos para allá.
—No —me apresuro a negar—. Tienes que entender que durante esta competición no se puede hacer trampas, pero hay muchas técnicas para ganar.
Hay gente que se alía, aunque más tarde se traiciona.
Gente que corre de un lado para otro, pensando que, cuanto más rápido rastreen una zona, más rápido encontrarán el tesoro.
Mi técnica se basa más en estudiar a las personas, pero Cole también es del pueblo. Él tiene una muy buena.
—¿Cuál es su técnica?
—Espiarme —suelto. Luke mira hacia los lados, buscando a su amigo—. No, no nos delates. Mi hermano nos estará siguiendo desde lejos, vigilando mis movimientos con la intención de adelantarse en la recta final.
Tuerzo en una calle y, en lugar de seguir andando por la avenida principal del pueblo, me encamino hacia el bosque.
—¿Dónde vamos?
—A despistarlos.
—¿Corremos?
—Todavía no. Vamos a hacerle creer que está escondido en el bosque y, cuando llegue el momento, los dejaremos atrás.
—Eres un demonio —me dice, divertido—. No conocía esta faceta tuya.
—Hay muchas facetas mías que no conoces, Luke Bedford —replico. No lo digo con ninguna doble intención. Sin embargo, siento diferente mis palabras tras meditarlas. Como si lo hubiese invitado a conocer esas facetas.
Nos limitamos a caminar por el bosque, sumidos en un silencio cómodo.
Tan solo se escucha el cantar de los pájaros y el sonido de nuestros pies sobre la hierba.
Al llegar a un montículo, me detengo. Hay una rampa bastante empinada, como de ocho metros de largo.
Me encamino hacia el arce que crece en el borde.
—¿Qué hace eso ahí? —pregunta Luke y poco a poco sonríe, mientras entiende lo que vamos a hacer.
—Ha llegado el momento de despistarlos —le digo.
Detrás del tronco he escondido unas deportivas y un trineo. Me cambio los zapatos a toda velocidad. Hago un gesto para que se acerque, se suba conmigo y nos lanzamos por la cuesta.
—¡Maldita seas! —Escucho gritar a mi hermano desde lo alto de la rampa.
Él y Hailey también bajan, solo que lo hacen corriendo, mientras que nosotros nos deslizamos a más velocidad.
—¡Corre! —apremio a Luke al llegar abajo.
Nos bajamos del trineo y salimos disparados. Hemos ganado unos segundos de ventaja, pero aún no los hemos despistado del todo. Cojo a Luke de la mano para arrastrarlo conmigo, pues él desconoce el camino.
—¿Qué hacía un trineo ahí detrás? —me pregunta entre risas.
—No son trampas —me justifico, sin dejar de correr—. Lo escondí ayer, solo por si nos hacía falta. Por aquí, gira.
Tiro de su mano cuando llegamos a una intersección.
Me he criado en este pueblo y conozco el bosque como si fuese una calle más de Harper Springs. Cole también. Pero mientras él sigue siempre los mismos senderos, yo he explorado cada rincón de la zona.
Justo en esta encrucijada hay una pared rocosa y, entre esta y los árboles, se forma un pequeño recoveco en el que caben un par de personas.
Más adelante hay un manantial precioso. He venido algunas veces con Caden y hemos jugado a escondernos.
No obstante, Luke no es un niño de seis años, y cuando nos escondemos ahí dentro, estamos mucho más apretados de lo que quedo con mi hijo.
Me llevo la mano a la boca para silenciar mi respiración agitada y hago un gesto a Luke para que haga lo mismo.
—¿Crees que funcionará? —me susurra.
—Enseguida lo sabremos. Tienen que estar al llegar.
—No podemos haberles sacado tanta ventaja. Hailey es rápida corriendo.
—Pero no con tacones —afirmo y ahogo una carcajada.
Los ojos de Luke se iluminan, divertidos.
La diferencia de altura es más que notoria ahora, mientras me observa desde arriba.
Él debe de medir más de un metro noventa, y yo no llego a la altura mínima para no ser considerada una minion.
De pronto, soy consciente de lo cerca que estamos.
Nuestras piernas están en contacto, solo nos separa una minúscula capa de aire.
Luke cierra los ojos y echa la cabeza hacia atrás, como si intentara poner más distancia entre nosotros.
Aprieta con fuerza los puños, también la mandíbula.
Su nuez sube con lentitud cuando traga saliva.
Lo sé porque no me pierdo detalle. Por eso veo también las gotas de sudor que le resbalan por la cara a causa de la carrera, o cómo la camisa se le ha pegado más al torso.
Respira de forma profunda, como si estuviese contando los segundos entre inspiración y expiración. Ahora mismo está tan cerca que…
Me tenso cuando escucho voces cerca.
—¡Voy a encontraros! —anuncia Cole a gritos.
Él y Hailey nos siguen buscando y, en cuanto los oigo, me echo para atrás tanto, que mi espalda choca contra la roca. No estoy preocupada porque nos encuentren, sino que de pronto ha vuelto la cordura a mi mente. Por eso me he separado de Luke, porque no tiene sentido nada de lo que estoy pensando.
Las voces se alejan por el bosque, pero espero un poco más para salir del escondite. Luke no abre los ojos hasta que le digo que ya podemos irnos.
Regresamos al pueblo sumidos en un nuevo silencio, solo que no lo percibo tan cómodo como cuando nos adentrábamos entre los árboles. Ahora la atmósfera entre nosotros ha cambiado, y no sé si únicamente lo noto yo así, o él también tiene esta sensación.
Entramos a la biblioteca como si fuésemos espías, intentando que nadie nos vea.
—La autora favorita de Ruth es Isabel Allende —le informo—. Vamos a mirar por esa zona.
—¿El tulipán cabe dentro de un libro?
—No, es grande. Seguramente esté cerca, pero no en la estantería.
No tardamos en encontrarlo. La biblioteca tiene varias mesas largas, con sus sillas recogidas bajo el tablero para que ocupen menos espacio. Frente a la sección dedicada a los libros de la escritora, sobre una de estas sillas, hay un tulipán dorado metálico y reluciente.
Luke sonríe triunfal cuando lo ve.
—Eres un genio —me dice—. No sabía que te tomases esto tan en serio, pero me has sorprendido. Una nueva cosa que descubro sobre ti.
—Si hay algo de verdad que quieres aprender sobre mí, es que yo todo lo que empiezo me lo tomo en serio. Si no, no me molesto en ello.
Luke me vuelve a mirar de esa forma que empiezo a reconocer como muy suya. Quizá no esté solo relacionada con cómo me observa él, sino con cómo lo percibo yo.
—No, no lo cojas —suelto en cuanto veo a Luke alargar las manos hacia el tesoro.
Me mira con el ceño fruncido, sin entender—.
Ruth quiere hacer de estas fiestas algo popular entre los pueblos vecinos, por eso el premio son cupones para canjear en nuestros locales.
Si gana un forastero, volverá a Harper Springs.
—¿Hemos hecho todo esto para dejar que ganen otras personas? —pregunta, más confundido aún—. ¿Por qué estamos aquí, entonces?
—Por dos cosas. La primera es para controlar quién gana. Si vemos a un vecino, lo cogemos nosotros antes —aseguro—. No vamos a perder si no es por algo que merezca la pena.
—¿Y la segunda?
—Me gusta demostrar a Cole que soy mejor que él —confieso.
Luke suelta una carcajada y asiente, como si de repente lo entendiese todo.
—Pues a esperar, entonces.
Nos quedamos medio ocultos detrás de una estantería, vigilando la zona. Pasa un buen rato hasta que escuchamos llegar a una pareja. Son dos chicas jóvenes y curiosas que miran en todas las direcciones.
—¿Segura que está aquí? He visto a varios correr hacia el bosque. Eran del pueblo porque iban disfrazados. Ellos sabrán más.
—Que no, hazme caso, que he escuchado a una mujer mayor decir que lo había dejado ella misma en una silla.
—Eso suena demasiado fácil.
—Se lo estaba diciendo a un niño pequeño, él no participa. Además, no perdemos nada por comprobarlo. Si no está aquí, iremos al bosque.
Pero no tienen que irse, porque unos segundos después, la primera de ellas levanta el tulipán dorado y grita, emocionada.
—¡Hemos ganado! ¡Corre, tenemos que entregarlo, no vaya a ser que alguien nos lo quite!
Ambas salen disparadas de la biblioteca. Esperamos unos minutos para seguirlas. Cuando llegamos al ayuntamiento, ya están celebrando la victoria.
Sonrío mientras las veo alzar el tulipán entre vítores y aplausos. Luke me roza con el hombro, apenas un gesto, pero suficiente para recordarme la carrera, las risas, el escondite… Todo lo que ha ocurrido.
Y también lo que no.