Tras la tormenta de Harper Springs Capítulo 26
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Capítulo 26

LUKE

La mañana está siendo una auténtica locura.

A pesar de todas las veces que he escuchado hablar sobre este festival, siempre lo he imaginado como algo tranquilo, una celebración en un pueblo pequeño destinada a pasar un día agradable recibiendo la primavera.

Imagino que hubiese sido así, de no ser por la competitividad que hay entre sus vecinos.

Camille nos ha apuntado a un concurso de elaboración de ramos que ha ganado ella misma.

Yo he quedado penúltimo, solo por delante de un octogenario que se había olvidado sus gafas y ha confundido unos hierbajos con «flores de carácter minimalista».

Mi ramo no estaba tan mal. He escogido un tulipán de cada color para hacerlo más llamativo y los he envuelto utilizando un lazo azul.

Sin embargo, el resto se lo ha currado más de lo que esperaba.

Cami ha preparado uno de tulipanes amarillos, sus favoritos, mezclados con lirios blancos y paniculata.

Ha incluido un broche plateado que simulaba ser lluvia y que, al moverlo, capturaba los reflejos del sol y destellaba con distintos colores.

Lo ha sujetado con un sencillo hilo de rafia y, aun así, ha conseguido la máxima nota.

A la carrera de barriles solo ha apuntado a los Bedford. Tampoco he ganado, pero al menos no me he caído, como le ha pasado a más de la mitad de participantes. ¿A quién se le ocurre hacer una competición que consiste en subirse encima de un barril y rodar calle abajo?

Ahora, por fin, estamos en un descanso. Hemos pedido unos burritos en uno de los puestos y nos lo comemos mientras escuchamos a los participantes del concurso de poesía. Desde luego, la prueba más original hasta ahora.

Amanda ha creado un poema bonito, con unas metáforas elegantes y trabajadas. Amelia casi llora mientras leía el suyo, con la voz de una dramaturga shakesperiana.

Es el turno de Molly, que recita su Oda a las flores con una pasión desbordante.

Adoro todas las flores,

son vistosas y coloridas,

huelen maravillosamente,

a melocotones en almíbar

Me gustan las rosas,

con su particular color

y también los tulipanes,

que molan un montón.

Pero sin duda alguna

mis favoritas son las magnolías,

porque suenan como Molly,

y riman con poesía,

lo que voy a ganar hoy.

Suelto una carcajada al escucharla. Algunos ríen conmigo, otros abuchean.

—¡Magnolia y poesía ni siquiera riman! —la acusa Helen.

Lo cierto es que ha acentuado la palabra donde no es para que sí tuviese ese efecto.

—¡Tú calla, que no entiendes de arte! —se defiende la anciana—. Hailey, tú eres escritora. ¿A que sí rima?

Mi hermana hace como que no ha escuchado nada, se da la vuelta y se pierde entre la multitud. Yo aprovecho para seguirla y huir de este espantoso recital. El resto de nuestros amigos nos imita, sin poder parar de reír.

—¿Qué viene ahora? —pregunto con interés.

—La búsqueda del tulipán dorado —anuncia Cami, emocionada de nuevo—. Todos los años, un vecino del pueblo esconde un tulipán metálico en algún punto de Harper Springs. Se busca por parejas. Es el mejor juego de todos. Quien lo encuentre, se lleva la cesta de cupones.

—¿La cesta de cupones? —cuestiona mi hermana.

—Cada local del pueblo mete uno. Un desayuno en el Rincón de Maggie, una comida en el Gato con Botas, un vale de cincuenta dólares para gastar en el anticuario… Los ganadores se lo llevan todo.

—El pueblo es enorme. ¿Cómo vamos a buscarlo por todos sitios? —inquiero.

—Ah, eso depende de la estrategia de cada uno.

—No va a decir nada —interviene Cole—. Adora esta prueba, casi siempre gana ella.

—¿Cómo vamos a hacer las parejas? Somos impares —apunta Hailey.

No estamos solo nosotros cuatro, sino que se han unido también Taylor, Sean y Adam.

—Bueno, eso no es del todo así —dice una voz femenina detrás de nosotros.

Todos se giran para descubrir a Jenna. Las chicas salen corriendo hacia ella y la abrazan. Después, se acerca Adam y, por último, Sean.

—¿Y tú cuándo has llegado? —suelta mi hermana—. ¡No me habías dicho nada!

—Era una sorpresa. Vine esta mañana, me han recogido Cole y Luke.

Hailey nos dedica a ambos una mirada acusatoria, pero no es de verdad.

—Vosotras habéis hecho vuestros planes de chicas —se defiende él—. Nosotros hemos hecho los nuestros.

—No he podido venir antes porque estaba preparándome. Cole me ha dejado un vestido acorde a la ambientación —dice con una sonrisa y da una vuelta para lucirlo. Es de color azul pálido y le sienta bien.

Sean se queda mirándola y yo le doy un codazo a mi mejor amigo para que no pase por alto el gesto.

—Creo que tienen un asunto pendiente —me susurra—. Aunque Jen no quiere nada con él.

—Nunca digas nunca —murmuro de vuelta. Después, añado en voz más alta—. Bueno, yo creo que las parejas están claras, ¿no? Hailey y Cole, Taylor y Adam, Camille va conmigo… Jenna, te toca con Sean.

—Ni de coña —protesta—. Yo me pongo con Cami, tú vas con Sean.

—Me siento herido —bromea el aludido. Se lleva una mano al pecho y finge que le han dolido sus palabras.

—Yo tengo que ir con Cami, somos la imagen visible de esta fiesta —comento y señalo el cartel. Intento no fijarme en él demasiado, en realidad. Esa mirada entre nosotros dice más de lo que debería—. Son órdenes de Ruth.

Camille disimula la sonrisa y Jenna refunfuña. Me encanta hacer rabiar a la mejor amiga de mi hermana, no puedo evitarlo. Jenna es un terremoto, una chica atrevida y echada para adelante, por eso disfruto viendo sus salidas ante cualquier situación.

—Sean, no quiero escuchar ni un solo comentario sobre nosotros —le deja claro—. Pon tu diminuto cerebro a trabajar en la única cosa que nos interesa.

—¿Liarnos? —bromea él. La sonrisa se le borra de la cara cuando Jenna lo fulmina con la mirada.

—Encontrar el maldito tulipán dorado.