Tras la tormenta de Harper Springs Capítulo 25
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Capítulo 25

CAMILLE

—¡Dale voz! Me encanta esa canción —afirma Taylor, que ya empieza a mover las caderas a su son.

En la radio suena It’s friday night , de Katy Perry y, aunque no es por la noche, es un tema perfecto para este momento.

Hails, Taylor y yo nos estamos preparando para ir al festival.

Hemos hecho una mañana de chicas, como cuando mi cuñada estuvo viviendo aquí hace dos otoños.

Caden se ha ido con Luke y Cole. Él es un chico, como bien me ha señalado la obviedad, así que han venido a recogerlo y ahora está en la cabaña de mi hermano.

Mi casa no tiene nada que ver con la suya, que parece sacada de un cuento de hadas, aunque también podría ser de una película de terror en la que el grupo principal pasa una semana en un sitio aislado y van muriendo uno a uno.

La mía es bastante más modesta. Tengo dos dormitorios, uno para mí y otro para Caden.

La mayoría de los muebles son donaciones de vecinos que restauré y ahora parecen vintage .

Pese a que no casan entre sí, a mí me parecen perfectos.

Cada uno tiene su historia detrás, como el aparador que me regaló Ruth y que perteneció a su abuela, o el cabecero que me dio Amelia porque lo escogió su marido y desde que falleció tiempo atrás no podía verlo sin acordarse de él.

Es un hogar más sencillo, pero me gusta porque es mío, porque lo he hecho yo.

Cole se ofreció en varias ocasiones a correr con los gastos de la obra, de los muebles, incluso a contratar albañiles.

Este es mi proyecto y me hace feliz haberlo conseguido.

He tenido apoyo, por supuesto, tanto de mi hermano como de muchos vecinos del pueblo, pero sigue siendo mío.

Una cosa es dejarme ayudar y otra dejar que otros cumplan mis sueños por mí.

No tengo vistas al lago, pero la parte trasera da al bosque y un arroyo circula cerca.

Aun así, mi casa ahora mismo es una auténtica locura. Tenemos paletas de sombras de ojos, ropa y las tenacillas tiradas por ahí. Estamos preparándonos para el festival.

Las tres cantamos y bailamos mientras nos peinamos, maquillamos y nos reímos.

Lo echaba de menos.

Nunca he sido de tener muchas amigas. En el colegio era bestie de Nicole, una niña de mi clase a la que adoraba.

Fuimos inseparables hasta los dieciséis años.

Entonces, sus padres se mudaron a California.

Al principio seguimos en contacto por teléfono y hablábamos casi a diario, pero la vida adulta nos complicó la amistad.

Primero la universidad le robaba sus ratos libres, después mi maternidad me consumió tanto que apenas tenía tiempo ni ganas de socializar.

Nunca hubo una pelea entre nosotras, simplemente dejamos de esforzarnos.

Ahora, mientras disfruto junto a Hails y a Taylor, me doy cuenta de lo importante que es tener un grupo de amigas con las que divertirse y desconectar.

No importa si a Tay la conocí gracias a mi hermano y a Hailey gracias a Luke, (y también a mi hermano).

Son amigas propias a las que quiero y admiro.

—Voy a matar a Ruth —dice la pelirroja—. ¿Por qué vuestro vestido es tan bonito y el mío parece de amish? Yo quería algo como el tuyo, que se parece al de Ruby Bell.

Hails y yo soltamos una carcajada por la comparación, pero es cierto.

Yo llevo el mismo traje lila que me puse el día del cartel, porque a Ruth le pareció buena idea que las caras visibles de la fiesta aparezcamos tal cual nos han visto.

El vestido de Hailey es similar al mío, solo que el suyo es de un tono amarillo pálido.

El de Taylor, sin embargo, es azul marino, con el cuello blanco y una cofia a juego.

No tiene forma, sino que se asemeja a un saco al que han colocado un fino cinturón marrón.

—Puedo arreglarlo —me ofrezco. No soy tan habilidosa como mi madre con la aguja, pero sé cómo transformar esta pieza.

Taylor se queda en ropa interior sin darle mayor importancia y me pasa el vestido.

Lo extiendo sobre la mesa y, con unas tijeras, corto la falda hasta la altura de la rodilla.

Luego desarmo el sobrecuello blanco y la cofia para crear un ribete más moderno en el borde inferior.

Con los retales que sobran, abro un pequeño escote en pico y lo remato con la misma tela blanca, dándole un toque más actual y favorecedor.

No es ningún milagro, pues apenas he tenido tiempo ni materiales, pero está bastante mejor que antes.

—No sabía que podías hacer eso —comenta Hailey, que mira la nueva pieza fascinada.

—Soy madre. He tenido que aprender a hacer un montón de cosas que antes ni imaginaba que me tocarían.

—¿Y no van a decirte nada? Acabas de destrozar uno de los vestidos del festival de la Herencia —menciona Taylor.

—Ruth quiere convertir esta fiesta en algo magnífico que involucre a la gente de los pueblos de alrededor, ¿no? —me defiendo—. Eso incluye a los jóvenes. Las chicas queremos vestidos bonitos.

—Preséntate al comité el año que viene —me pide Taylor bromeando—. Tienes mi voto.

—Me apuntaré, con los cinco minutos de tiempo libre que me quedan libres a la semana —le sigo la broma—. Venga, que ya vamos tarde y los chicos nos van a matar. Hay que terminar de prepararse. Tengo el complemento perfecto para vosotras.

Les enseño a ambas unos tacones preciosos, a juego con sus vestidos. El de Taylor es más bajo, de color azul oscuro. Los de mi cuñada, en cambio, son negros y más altos.

—¿Estás segura de que es buena idea llevar tacones para un día como hoy? —me pregunta la pelirroja.

—Si vamos a llevar vestidos, tenemos que lucirlos como se merecen.

Una hora más tarde, cuando llegamos al corazón del pueblo, la gente está ahí ya.

Hailey mira todo, emocionada. Las calles repletas de flores, los puestos llenos de comida, la multitud caracterizada con los trajes de época.

Parece casi como viajar en el tiempo, a ese momento en el que Edmund le pidió matrimonio a Margaret hace ya más de cien años.

Taylor se despide con la excusa de buscar a Adam y yo me quedo para explicarle a Hails todas las actividades que se llevan a cabo durante el festival.

Se detiene de golpe para mirar algo y tardo unos segundos en descubrir lo que es.

Colocado en un poste, y con un tamaño tan grande que no sé cómo no me he dado cuenta antes, está el cartel del festival.

Luke mirándome de esa forma tan intensa mientras toca el tulipán de mi oreja.

Me humedezco los labios al recordar el momento, porque los noto repentinamente secos.

—Me encanta —dice ella, observándonos mientras sonríe—. Menuda pose. Os llevaría tiempo conseguir esa toma.

Trago saliva.

—Sí, bastante —respondo de forma vaga.

No la contradigo. No sabría cómo explicar que ya nos estábamos mirando así, que la fotografía realmente fue robada.

—Vamos a por un trozo de tarta —comento para romper el silencio. No es incómodo, ni ha sido tan largo, pero necesito cambiar el flujo de mis pensamientos y evitar que se centren en Luke en este momento—. ¡Está buenísima!

Tiro de ella hacia un puesto de comida que huele a manzanas y canela. Pido una porción para cada una y la devoramos. Reanudamos el recorrido para que continúe viendo en lo que se ha convertido Harper Springs.

—Esto es maravilloso —comenta, todavía con la boca abierta, mientras lo observa todo.

—Y eso que aún no has visto lo mejor —respondo.

Mi cuñada me mira sin entender. Señalo a Cole, que llega desde el otro lado de la plaza como si tuviese un sensor para detectar a su novia. Va guapísimo, como siempre. Sin embargo, apenas me fijo en él, porque justo a su lado se acerca Luke Bedford y acapara toda mi atención.

Lleva la misma levita azul marino que el día de la foto del cartel.

La misma barba de tres días. La misma mirada intensa, profunda.

La mandíbula cuadrada, la nariz recta, la cara que parece sacada de un anuncio de colonias.

Maldita sea. ¿Por qué demonios tiene que ser tan atractivo? Es complicado concentrarse así.

Si mi vestido parece el de Ruby Bell, Luke parece James Beaufort.

—No sé si te refieres a mi hermano o a mi novio —bromea Hails. Ambos han llegado a nuestra altura. Cole la mira a ella. Luke, a mí—. Los dos estáis increíbles.

—Me refería a mi hermano —me apresuro a aclarar. Lo único que me faltaba es que piense que hablaba de él. Aunque, siendo honesta, por mucho que quiera a mi hermano… Luke está más guapo.

—La otra estrella de la fiesta —comenta Cole y me sonríe—. Acabo de ver el cartel. Parece de una película.

—Bueno, Luke es modelo, entiende de estas cosas.

—Tú también estás genial, enana —insiste mi hermano.

—¿Dónde habéis dejado a Caden?

—¿No lo tenías tú? —pregunta Cole. El corazón se me para al instante y miro hacia los lados. Siento que me falta el aire y que voy a entrar en pánico—. Tranquila, era broma —añade en cuanto ve mi reacción—. Se ha quedado con mamá.

—Dios, Cole, no me des esos sustos.

—Venga, anda, empecemos cuanto antes con esto.

—¿No te gusta el festival? —le pregunta Luke—. Tu hermana lo adora.

—Eso es porque Camille siempre ha sido una pequeña loca competitiva. Lo que le gusta es ganarme a todo.

—¡Eso no es así! Me gusta todo lo del festival. Especialmente, el baile y la decoración.

—Sí —continúa Cole, esbozando una sonrisa divertida—. Y también apuntarte a todas las competiciones.

—Este año no me he apuntado a todas —afirmo y sonrío también—. Pero sí que os he apuntado a alguna a vosotros.

—¿Qué? —preguntan Luke y Hailey a la vez.

—¿Qué tenemos que hacer? —termina la chica.

—Nada raro. Estáis apuntados a la de creación de mejor ramo, a la carrera de barriles, y a la búsqueda del tulipán dorado. No he sido mala —aclaro al ver cómo me miran ambos con el ceño fruncido—. Había recital de poesía y decoración de espantapájaros primaverales.

Cole se ríe al escucharme, pero a los Bedford no les hace tanta gracia.

—Ahora sí, vais a conocer la otra parte de Harper Springs —declaro.