Tras la tormenta de Harper Springs Capítulo 24
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Capítulo 24

LUKE

Como jugador profesional de la NFL, visitar aeropuertos es una rutina más de mi día a día. A pesar de que no tiene que ver con el deporte, el que mejor conozco de todos es el de Salt Lake City. Nada tiene que ver con trabajo, ni con orígenes, sino con lo que considero un verdadero hogar.

Ahora mismo no estoy aquí de visita. He venido a recoger a Cole y a Hailey para que pasen unos días en Harper Springs.

Al final, han conseguido liberarse los dos para el festival de la Herencia de la Primavera.

Es algo extraño, pues suele ser mi mejor amigo quien viene a buscarme para que yo me despeje en el pueblo.

Camille y Caden se han apuntado también. El pequeño va detrás, subido en su silla y sin dejar de parlotear sobre lo geniales que son sus tíos. Ya es de noche, pero aguanta despierto porque está deseando verlos.

Hace mucho tiempo que los conozco. Llevo más de un mes viviendo aquí. Y, sin embargo, todavía se me sigue calentando el corazón con detalles como este. No importa la hora, ni el cansancio, ni el sueño… Son una familia unida y se quieren de una forma muy sana y bonita.

—¡Venga, rápido! ¡Tenemos que llegar antes de que se bajen del avión! —exclama Caden en cuanto detengo el coche.

Cogido a una mano de cada uno, echa a correr hacia el interior de la terminal. Él no sabe el camino, así que lo vamos guiando según vemos en las pantallas la información de su vuelo. Está tan emocionado, que casi se lleva por delante a un guardia de seguridad.

—Lo siento —se apresura a disculparse Camille—. Caden, tienes que tener cuidado con las personas. Podías haberte chocado y os hubierais hecho daño los dos.

—¡Perdón! —se disculpa con su madre. Después, se gira hacia el hombre—. Perdone, señor policía. Es que mis tíos llegan hoy de viaje y no quiero llegar tarde.

—No te preocupes, campeón —responde el guardia—. Pero hazle caso a tus padres y ten cuidado.

—No es su padre —niega ella—. Es un amigo.

Camille me mira y yo me revuelvo un poco, incómodo. No ante la idea de que nos relacionasen a Cami y a mí, a pesar de que no hay nada entre nosotros, es otra sensación. Una que tiene más que ver con la idea de ser padre, sobre todo si es de un niño tan adorable como Caden.

—¡Seguro que tus tíos se alegran mucho de verte! —exclama el guardia de seguridad mientras nos alejamos.

—De mayor quiero ser policía —afirma Caden con una sonrisa enorme dibujada en los labios.

—Ese hombre era guardia de seguridad, son profesiones diferentes. Además, creía que querías ser jugador de fútbol.

—Voy a ser las dos cosas —asegura con una rotundidad envidiable—. Y también trabajaré en tus hoteles, mamá. En invierno en el Bed and Breakfast y en verano en el que está junto al lago.

—No sé si vas a tener tiempo para hacer todo, cariño —comenta Camille y sonríe con él.

—Claro que sí. Hay tiempo para todo.

Su madre se ríe y yo la imito. Ojalá ver el mundo con la misma inocencia que un niño de seis años.

Nos toca esperar unos veinte minutos, en los cuales Caden no deja de preguntar cuánto falta, hasta que vemos aparecer a Cole y a Hailey entre los pasajeros que bajan del avión.

Vienen corriendo hacia nosotros y sueltan las maletas a nuestro lado.

Cole se agacha frente al niño para darle un abrazo y Hailey nos intenta abarcar a mí y a Cami con los brazos.

—¡Cómo me alegro de veros! —grita emocionada—. ¡Vamos a pasar un fin de semana genial!

—Es tu primera vez en el festival de la Herencia de la Primavera —responde Camille—. Tienes que cumplir varias tradiciones.

—Las cumpliré todas —responde convencida—, pero, primero, tenemos que descansar. Ha sido un día agotador.

—¿Qué tal ha ido la presentación del libro? —pregunto yo.

Hailey está en plena gira de promoción de La última era mientras ultima las correcciones de la segunda parte. Ha conseguido escaparse unos días porque viene directamente desde Las Vegas y su próxima parada es el lunes por la mañana en la propia Salt Lake City.

—¡Genial! Todavía no me acostumbro a que venga tanta gente a verme.

—Han pasado varios años y todas tus publicaciones son best sellers , ¿cuándo empezarás a creértelo? —cuestiono de vuelta.

Mi hermana siempre ha llevado a cuestas un síndrome del impostor muy grande, pero ha trabajado en ello. Creía que ya había superado sus problemas de autoestima.

—No digo que no lo merezca, solo que se me hace extraño. Tú eres futbolista, la fama es algo que va acompañado de tu profesión, pero porque es algo mediático, no sé. Escribir es mucho más solitario, por eso me choca tanto cuando salgo al mundo real y me encuentro esto.

—Es más que merecida —coincide Cole, que ya ha soltado al niño. Se acerca a Hails y le da un beso rápido en los labios. No miro el gesto. No puedo evitarlo, es un acto reflejo casi—. Eres la mejor escritora que conozco.

—Soy la única escritora que conoces —replica mi hermana.

—Coincidí en una fiesta con Rebecca F. Kuang y con Leigh Bardugo —se defiende él con tono bromista—, pero sigues siendo mi favorita.

—¡Tía Hails! —exclama Caden y la abraza también a ella.

Camille y yo aprovechamos para abrazar a Cole. Recuperamos las maletas y nos encaminamos de vuelta hacia el coche.

—¿Puedo dormir hoy con vosotros? —pregunta el niño desde su silla, dirigiéndose a su tío.

—No, cariño —responde Camille—. Hemos hablado de que los íbamos a dejar descansar, ¿recuerdas? Mañana pasarás con ellos todo el tiempo que quieras.

Cole intercambia una mirada con su hermana a través del espejo retrovisor, pero ella niega con sutileza.

—Mañana te vienes a dormir, ¿quieres?

—¡Genial!

Hacemos el camino de regreso poniéndonos al día. Ahora entiendo a Camille cuando habla de la sencillez de la vida en Harper Springs. Mientras que ellos tienen decenas de anécdotas que contar, nosotros solo podemos hablar de la reforma en Villa Ruina 2.0 o de lo mucho que los ha extrañado Caden.

Cuando ella lo dice, hace que suene como algo negativo. A mí no me lo parece. Disfruto de esta sencillez, del hecho de saborear cada pequeño momento sin preocuparme por nada externo.

El pequeño se queda dormido enseguida. Ha aguantado lo que ha podido, pero es muy tarde para él y el cansancio ha terminado haciendo mella.

Aparco delante de la casa de Camille.

—Saco yo a Caden —comenta Cole—. Lo dejaré en su cama.

—No te preocupes. Voy en un momento —me adelanto—. Tu día ha sido más agotador que el mío.

—No voy a decirte que no. Nos vemos mañana, enana. Nos espera un fin de semana intenso.

—Qué bien lo sabes —responde ella y ambos se ríen.

Hails y yo intercambiamos una mirada de desconcierto. Nunca hemos estado en Harper Springs durante esta celebración y, aunque no sé qué puedo esperar, imagino que la vivirán con la misma intensidad con la que hacen todo.

Tomo en brazos a Caden y entro con Camille para dejar al niño acostado en su cama. Ella lo arropa con delicadeza y le da un beso. Deja la puerta entreabierta y salimos hacia el recibidor.

—Gracias por traerlo —me dice—. Cada vez me cuesta más cogerlo en brazos, se está haciendo muy grande.

—Eso, y que tú eres diminuta —bromeo.

Camille se ríe en voz baja para no despertar a su hijo.

—Mañana va a ser un día largo. Más vale que descanses.

—Empiezo a temer este festival. No me habías dicho nada malo hasta ahora.

—No quería que huyeras antes de verlo.

—Imagino a quién tengo que temer —aseguro, pensando en el trío de ancianas locas que tendrán algo preparado.

La carcajada de Camille es menos silenciosa ahora, pero la amortigua tapándose la boca con la mano.

—Buenas noches, Luke.

—Buenas noches, Camille.

Y no, no necesito grandes hazañas ni logros, porque soy feliz con estos pequeños momentos.