Capítulo 20
CAMILLE
No hablo más con Luke sobre su conversación con Caden porque me avergüenza admitir que estaba espiando. Lo cierto es que solo me he acercado para ver si ya se había dormido. Cuando he visto de lo que hablaban, no he podido evitarlo.
Me he limitado a darle las gracias. Era lo mínimo que podía hacer.
Lo que le ha dicho ha sido tan bonito, que ha dejado a Caden tranquilo y feliz.
Adoro a mi hijo con todas mis fuerzas y haría cualquier cosa por él, pero no puedo darle un padre.
Tan solo hacerlo lo mejor que sé por mí misma.
Aunque entrego todo lo que tengo y lo hago lo mejor que sé, siempre tengo la sensación de que no es suficiente.
Ver cómo Luke se preocupa de esa forma por él, cómo lo mira con la misma ternura que yo lo miro, me provoca una reconfortante sensación de paz en el pecho.
Taylor, Adam y Sean están charlando mientras comen palomitas. Nos unimos a ellos.
El ambiente es relajado, una de esas noches en las que no hace falta decir ni hacer nada importante para pasarlo bien.
—¿Al final tu hermano viene para el festival de primavera? —pregunta Sean.
—¿Me preguntas por Cole o por Jenna? —replico y arranco una carcajada a Adam y a Taylor.
—Si quisiese preguntar por la pelirroja, lo haría directamente.
—Cole parece que no va a poder, Hails sí. Lo que haga Jen ya es cosa de ella.
Charlamos un rato más sobre todo lo que está preparando el pueblo para celebrar la estación de la floración, sobre nuestros amigos que viven fuera y cotilleamos acerca de los vecinos, hasta que Taylor suelta un largo bostezo.
—Nosotros deberíamos irnos ya —comenta—. Mañana queremos acercarnos a Salt Lake para unas compras y a este paso no habrá quien nos mueva de la cama.
—Ha salido su vena responsable —aclara Adam y se pone en pie—. Nos vemos, chicos.
—Yo creo que me abro también —afirma Sean—. Mañana es mi día de descanso y quiero aprovecharlo.
—Ha sido una gran noche, pero toca despedirse —digo—. Gracias por encargaros, chicos. Caden lo ha pasado genial.
—Y los mayores —añade Taylor—. Nunca olvidaré la imagen de Sean cantando Shake it off.
Todos rompemos a reír, excepto el aludido, que enseña una sonrisa de orgullo.
—Ya sé que no lo olvidarás, Tay, pero lo nuestro sigue siendo imposible. Al menos, mientras salgas con uno de mis mejores amigos.
—Te equivocas de pelirroja —se burla ella—. La que te gusta a ti es más pecosa y vive en Nueva York.
Sean pasa el brazo por detrás de la nuca de su amiga y la mira sin borrar esa sonrisa chulesca del rostro.
—A mí me gustan casi todas las pelirrojas —aclara—. Tú, Emma Stone, Jessica Chastain, Jenna…
—Por mucho que la dejes para el final, todos sabemos que la pondrías la primera de la lista.
—Le echaría un polvo a cualquiera de ellas, la verdad. Menos a ti, claro —se apresura a añadir mirando a Taylor—. A ti te haría el amor.
—Tienes más posibilidades con Emma Stone que con Jen —replica Luke.
Todos volvemos a reír.
Sean es un bocazas y puede parecer un cretino, pero estos comentarios solo los hace como bromas. A la hora de la verdad, no se comporta como un cabrón, aunque sea lo que finge ser.
Terminamos de despedirnos y nuestros amigos se van.
Ya está casi todo recogido, pues Sean se ha encargado de ello, solo quedan los últimos vasos y el bol vacío de palomitas.
—Tranquila, yo me encargo —me dice Luke—. Puedo meter a Caden en el coche también. Ese niño ya va pesando.
—Crece muy rápido —coincido—. No te preocupes, me encargo yo.
Siento un cambio en el ambiente ahora que nos hemos quedado solos. No peor, tampoco mejor, simplemente diferente. Un eco de la conversación que he escuchado vuelve a mi cabeza y me hace sonreír de nuevo.
Y, entonces, se escucha un trueno partir el firmamento en dos.
Esto es Harper Springs, el pueblo de la lluvia, y ambos sabemos lo que significa.
Aquí es cuando se nota que, por mucho tiempo que Luke haya pasado en este lugar, todavía no es uno de los nuestros.
Él sale corriendo, intentando refugiarse antes de que nos caiga el diluvio universal.
Yo sé que es inútil, que una vez el cielo se abre para vaciarse, es imposible escapar.
A mitad de camino, Luke se da cuenta de que no estoy corriendo con él y se gira para mirarme.
—¿Qué haces? —me grita para hacerse oír por encima de la fuerza de la lluvia—. ¡Vas a empaparte!
—¡Ya estoy empapada! —respondo.
Cuando llegamos a la cabaña, el agua nos ha calado por completo. Luke se adelanta para buscar unas toallas y yo me descalzo. El suelo de madera cruje bajo mis pies e intento hacer el mínimo ruido posible para no despertar a Caden.
Me quito la chaqueta y la dejo colgada del perchero. De todos modos, ya hemos puesto perdida esta zona.
La ropa se me pega al cuerpo, incluso los calcetines, y del cabello sigue goteando agua al suelo.
Escucho a Luke moverse por la cabaña mientras coge todo lo necesario. Cuando regresa, con varias toallas grandes en la mano, clava los ojos en mí. La intensidad de su mirada consigue que me ruborice. Se da la vuelta enseguida.
—Perdón —suelta con la voz ronca.
Me contemplo un instante para ver qué ha pasado y entonces sí que me ruborizo de verdad.
La camiseta blanca se transparenta y hoy, al salir de casa, me ha parecido una buena idea darle un descanso a mis pechos y no usar sujetador, porque de todos modos no iba a quitarme la ropa de abrigo.
Ahora, sin embargo, mientras me doy cuenta de que Luke me ha visto hasta los pezones, lo que me parece es una idea horrible y nefasta.
Cojo la toalla que me tiende de espaldas para no mirarme y la utilizo para taparme.
—Gracias —murmuro avergonzada.
—Voy a echar más leña a la chimenea —me dice, aún sin mirarme—. Puedes pasar al baño o lo que quieras. Estás en tu casa. Bueno, es la casa de tu hermano, así que eso es obvio —añade, con los nervios palpables en su voz.
Me escabullo hacia el baño con la toalla bien apretada contra el pecho. El pasillo está medio a oscuras, iluminado tan solo con el parpadeo de las llamas que empiezan a revivir en la chimenea. Cierro la puerta detrás de mí y suelto un suspiro.
Dejo la toalla y me miro en el espejo. El cabello pegado a la piel, las mejillas encendidas, las tetas bien visibles bajo la camiseta. Sí, ya no hay misterio. Reprimo un grito de frustración y entro a la ducha.
Dejo que el agua caliente atempere mi cuerpo. Me tomo mi tiempo, lavándome incluso el pelo con un champú de piruleta que huele a Hails.
Estoy saliendo de la ducha cuando escucho un par de golpes en la puerta.
—Te traigo ropa seca —explica Luke sin entrar—. Te la dejo aquí.
—Puedes pasar, tengo la toalla puesta —respondo.
Luke abre, pero evita mirarme. Se limita a dejar la ropa sobre el váter y vuelve a salir.
Tengo que decirle a Taylor que no hay ninguna posibilidad con él. A ver, tampoco es que me estuviese planteando nada, pero este hombre evita mirarme solo porque se me transparentan los pezones, es más que obvio que no tiene ningún interés en mí.
Me seco y me pongo la ropa que me ha traído. Reconozco el pijama de Hailey por sus estrellas de Velaris. Me está un poco grande, pero es algo que me pasa siempre.
Cuando salgo, Luke está agachado frente a la chimenea. Se ha puesto ropa seca. La luz del fuego le resalta los músculos de la espalda bajo una camiseta oscura.
Por fin, se gira para encararme.
—Perdona lo de antes, ha sido sin querer. Yo… —Se rasca la cabeza y deja la frase a medias, cohibido.
—No te preocupes, ha sido fallo mío, no me he dado cuenta de que se transparentaba.
De todas formas, solo son unas tetas, Luke, ni que nunca hubieses visto unas…
—Trato de quitarle importancia. No soy una persona especialmente pudorosa y, aunque enseñárselas no es algo que pretendiese hacer, tampoco quiero que abra una brecha entre nosotros.
—Eh… No, claro que no. Creo que deberías quedarte. —Sus palabras me impactan y eso se refleja en mi cara, porque veo cómo se transforma la suya—. Lo digo por la lluvia —se apresura a añadir—. No me parece seguro que conduzcas ahora. Además, Caden está dormido y…
—Tienes razón.
—Puedes dormir con él, o en la habitación de invitados, lo que prefieras. No me importa ocupar el sofá.
—Me quedo con él, así duermes tú en la otra cama.
Asiente.
—Siempre te ha gustado la lluvia —comenta entonces. No sé si lo dice para romper el silencio o para recordarme lo bien que me conoce—. Ni te has molestado en correr.
—Voy a mojarme igual. Al contrario que tú, que siempre intentas escapar de ella.
Se ríe bajito para no despertar a Caden, y me parece un detalle tan tierno que sonrío con él. Se acerca un poco a mí, sin dejar de observarme. Por un momento creo que va a decir algo. Abre un par de veces la boca, pero la vuelve a cerrar.
—Buenas noches, Camille —suelta al final.
—Buenas noches, Luke —le respondo.
Pasa junto a mí y el roce de su brazo contra el mío me eriza la piel. Lo sigo con la mirada mientras se aleja, la luz del fuego dibujando su silueta antes de que desaparezca tras la puerta.
Cuando me acuesto junto a Caden, me descubro sonriendo sin saber muy bien por qué.