Capítulo 15
CAMILLE
La reforma sigue su curso.
En esta última semana hemos terminado de levantar las paredes y la cabaña parece otra. Queda mucho trabajo por delante, pero me hace feliz ver cómo va avanzando. Luke me ha sugerido que contratemos a profesionales para algunas tareas concretas, pero todavía estoy sopesándolo.
Al principio la situación fue un poco extraña.
Después de la noche en el bar de Sandy, sentía cierta tensión entre nosotros.
Más bien, yo sentía cierta atracción por él.
A veces se me escapaban los ojos hacia sus músculos marcados, o me imaginaba que su sudor provenía de una actividad muy diferente…
Pensamientos que no deberían estar ahí y que solo aparecieron en primer lugar por culpa de Taylor y sus tonterías.
Hace un par de días que Luke se fue a Nueva York para hacer un reportaje para la campaña de Rabanne, de la que es imagen.
Me siento extraña. Porque, mientras yo vivo en un pueblo diminuto con un trabajo normal, con amigos aquí que tienen trabajos normales, Luke está haciéndose fotos y grabando vídeos que luego saldrán en televisión.
Mi hermano Cole también vive el éxito de ser una estrella del deporte, pero con él lo siento como algo natural.
Además, es una única persona. Ellos son famosos, Hailey es famosa…
y me choca la idea de que algo tan natural para mí como estar con ellos, para otros podría ser como cumplir un sueño.
Hoy estoy con mi madre y con Caden, ayudándola a recoger tulipanes y lirios. Mi madre tararea una canción antigua mientras corta los tallos con precisión. Caden, con una cara de concentración que a mí me resulta adorable, coloca las flores en un cesto de mimbre.
—Muchas gracias por ayudarme, cariño —me dice Maggie—. Sé que tienes mucho trabajo en Villa Ruina 2.0. Iban a venir Ruth y Amelia, pero no han podido.
—No te preocupes, Luke está de viaje y sola avanzo más despacio. Además, ¿cómo no voy a ayudarte? Para una cosa que me pides… Yo siempre estoy abusando de ti para que te quedes con Caden.
Mi madre deja las tijeras encima de la mesa y me mira, seria.
—Caden es tu hijo, pero también es mi nieto. Me encanta pasar más tiempo con él.
—No quería decir…
—Entiendo y apoyo que necesites tiempo para la reforma. Me gusta que persigas tus sueños y siempre te animaré a hacerlo. Pero incluso si no fuese por eso, seguiría pasando tiempo con Caden. Es un niño encantador y disfruto mucho de su compañía.
—A mí también me encanta hacer cosas con la abuela —interviene Caden, que está con la oreja puesta—. Nos lo pasamos muy bien.
En ningún momento quería insinuar otra cosa, pero me gusta escucharlo de sus labios. Ayuda a aliviar ese sentimiento de culpabilidad que me acompaña en ocasiones.
—Gracias, mamá —digo en cambio. Cojo un nuevo manojo de flores y lo separo por colores, para montar después los ramos—. ¿Dónde están Ruth y Amelia? No se perderían esto por nada del mundo —comento. No es una ironía. Ambas adoran este tipo de tareas.
—Este mes vamos a hacer fundas literarias en el Taller de Manualidades.
Amelia está preparando las máquinas de coser para que haya una por cada dos miembros.
Le están ayudando Liam y Anthony a llevarlas a la biblioteca, porque las haremos allí.
La sala de reuniones es la más grande del pueblo.
Ruth se está encargando del festival de la Herencia de Primavera. Va hasta arriba de trabajo.
Cole y Hailey son amantes del otoño; el aire frío, el bosque teñido de tonos cálidos y esa nostalgia que envuelve el ambiente. Yo, en cambio, vivo esperando la primavera. El paisaje que despierta y se llena de colores vivos, el buen tiempo y, sobre todo, la celebración que hacemos para festejarla.
Cada año, el pueblo entero se transforma en una feria con puestos de comida casera, música en directo, concursos de repostería (que suelen incluir discusiones entre Molly y Helen) e incluso atuendos históricos del siglo XIX.
Familias enteras de los pueblos cercanos vienen a pasar el día disfrutando de la magia de la primavera.
Las calles se llenan de tulipanes de distintos colores y lirios (y también concursos de los mejores ramos), del aroma a tarta de manzana y de risas cargadas de felicidad.
No sé si es por los colores o por la alegría que se respira, pero cada año tengo la sensación de que en primavera, Harper Springs se convierte en el lugar más bonito del mundo.
También guardo muy buenos recuerdos de mi infancia, jugando a ganarle a Cole durante las competiciones.
En especial, la más importante de todas: la búsqueda del tulipán dorado.
—Qué ganas de que llegue —comento con una sonrisa.
—Eras más pequeña que Caden cuando te enamoraste de esa fiesta. Veinte años después, sigues con el mismo entusiasmo —recuerda mi madre.
—Mamá, ¿puedo irme a jugar? Ya me he cansado de las flores —me pide Caden.
—Por supuesto que sí, has hecho un gran trabajo. ¿Quieres montar un rato en bici?
—Sí, pero primero la limonada que hemos hecho esta mañana. —Se gira para mirar a su abuela con orgullo—. Yo he exprimido los limones y le he echado el azúcar.
—Seguro que está deliciosa.
Sirvo tres vasos, dando por hecho que vamos a tomarnos un descanso. Le doy uno a Caden, que se lo bebe prácticamente de un trago y sale corriendo a por su bicicleta.
—¿Cuándo vuelve Luke? —se interesa mi madre y toma un sorbo de su bebida—. Sí que ha quedado deliciosa.
—Mañana, creo. ¿Por?
—Estoy preocupada por él. Luke siempre ha guardado cierta tristeza en su interior, de esa que se vuelve tan profunda que nunca desaparece del todo, pero esta vez lo he visto peor.
Mi madre tiene un sexto sentido para percibir los sentimientos que esconde la gente, incluso aunque se esfuercen en ello. Sé a lo que se refiere con Luke y también sé, en una pequeña parte, a qué se debe esa tristeza, pero no soy yo quien debe compartirlo con ella.
—Me parece que nunca ha estado aquí durante el festival de la Herencia de Primavera —menciona mi madre—. Convéncelo para que venga. Lo pasará bien.
—Claro, se lo comentaré.
—¿Sabes qué? Voy a hablar con tu hermano, a ver si puede apuntarse también. ¡Toda la familia reunida!
Se levanta con energía y se aleja buscando su móvil. La observo mientras el sol se cuela entre las ramas del manzano. Sonrío sin poder evitarlo.
Ese, precisamente, es el espíritu del festival: juntarnos, reírnos, recordar que la vida sigue floreciendo. Y, aunque no quiera admitirlo, pienso en Luke. En cómo será verlo de nuevo bajo las luces, rodeado de música, risas y tulipanes.
Ojalá todo eso le ayude a deshacerse un poco de esa tristeza que lo acompaña desde siempre.